El commander in chief de los Estados Unidos quiere Groenlandia aunque le cueste la OTAN. Y se inventa una ONU para ser presidente de por vida. No se salvan ni los emigrantes cubanos: ahora también ellos son comunistas peligrosos.
Esta debe ser la semana en la que Donald Trump se desató hasta mostrarse como es: astuto pero no inteligente, narcisista pero inseguro, ambicioso pero irresponsable. El circo que armó en la reunión de Davos, entre Groenlandia y su idea de un reemplazo de la ONU, muestra cómo un ego sin límites al frente de una potencia militar y económica puede romper los esquemas globales.
Es difícil encontrarle la vuelta a Trump en términos racionales, como se la podíamos encontrar a los Bush, defensores del status quo, o mismo a Barack Obama, un Kennedy del siglo 21 que era progresista en casa e imperial en el extranjero. Es que la arbitrariedad, la ideología de señora gorda, el capricho, la ansiedad por ser alguien de Trump confunden todo. Hay una avaricia de hacer plata como sea, mezclada con intereses imperialistas, de difícil análisis. Basta mirar fijamente un discurso entero del Presidente Naranja para ver que es un obcecado y un confuso, todo a la vez y en simultáneo.
Que Trump culpe al gobierno y al pueblo de Noruega por no darle el Nobel de la Paz es de una ignorancia estupenda. Y cuando le señalaron que no es el gobierno sino un ente privado, el Comité Nobel, el que los adjudica, Trump puso jeta torva y respondió, “vos te creés que no tienen nada que ver…” Es una jeta familiar para uno, la del canchero de por acá, que es igual a la del canchero de por allá.
La irresponsabilidad es muy difícil de entender, ya que Trump está quebrando en pedacitos el orden mundial creado apenas terminó la segunda guerra mundial que coronó la supremacía norteamericana y grabó en piedra la prioridad de contener al bloque soviético. Era un orden mundial que blanqueaba cualquier cosa que se le ocurriera a Washington: inventos crueles como la Guerra Eterna y Global al Terrorismo, que tanta barbarie justificó. Y que le permitió ser la mayor economía del mundo, lejos, y meterse a los codazos donde no lo invitaran.
Esta semana, Trump se cargó a la OTAN y a las Naciones Unidas, todo junto. Es algo que te deja con la boca abierta y que lleva a revisar aquello de que si la historia es movida por vastos procesos históricos o grandes personalidades -grandes en el sentido de que ocupan mucho espacio. Es que los razonamientos para justificar al Jefe son tenues y, diría José Pablo Feinmann, ex post facto, armados para darle letra después de que lo hizo.
Por ejemplo, definir a las Naciones Unidas como un ente inútil, vueltero, perezoso. Es cierto que la ONU falla en algo básico, que es mantener la paz, pero lo hace por la estructura que le dieron los Estados Unidos, con un Consejo de Seguridad con las viejas grandes potencias de 1946 con poder de veto. Cualquiera puede cuestionar una entidad donde Francia o Inglaterra puedan vetar algo que no sea el menú del desayuno, pero es lo que hay. Y lo que propone Trump, el Consejo de la Paz donde hay que pagar mil millones de dólares para ser miembro y donde él va a ser presidente de por vida, es truchísimo.
¿En serio el tipo cree que alguien le va a dar bola en 2029, cuando se acabe su mandato?
Podrían tener 30 bases
Lo de Groenlandia es todavía más descarnado y bobo. Todo el argumento económico- estratégico se cae solo: Estados Unidos tiene hace décadas derecho a excavar lo que quiera y montar las bases que quiera, por el tratado firmado en 1951 con Dinamarca. Tienen apenas una base, podrían tener treinta, pero la guerra fría se terminó hace rato y no es necesario tanto gasto para controlar a Vladimir Putin, que siempre atiende el teléfono.
Trump, con su torpeza verbal, trató de justificar su idea de anexar la mayor isla del mundo, pero no pudo. Al final, terminó hablando como el especulador inmobiliario que siempre fue: una cosa es invertir en una concesión o un alquiler, otra es tener la certeza de la propiedad completa. No es problema, porque atrás del presidente está la Fundación Herencia, la Heritage Foundation, que le pone letra al balbuceo. Esta semana, la Fundación publicó un detallado artículo para que los republicanos MAGA puedan apoyar a su presidente.
Lo primero que explican es que en Groenladia hay mucho uranio, pero los políticamente correctos prohibieron extraerlo en 2021 por razones de medio ambiente. En el mismo sector donde hay uranio, en Kvanefield, también hay “vastos” yacimientos de tierras raras, y en la costa este hay “grandes” reservas de gas y petróleo. “Hasta ahora, Dinamarca no extrajo ninguno de estos recursos, pero los EEUU podría usarlos”.
El siguiente recurso es la ubicación de la isla, justo al sur del casquete ártico, que es por donde vendrían a volar los misiles nucleares rusos en caso de guerra. Groenlandia sería parte clave del Domo Dorado, el sueño defensivo de Trump con misiles puestos “adelante” para bajar los de Moscú. También sirve para controlar las comunicaciones y los movimientos de submarinos rusos en el Atlántico Norte.
Contra Dinamarca
Hasta acá, es una lista de razones por las cuales Groenlandia sería una linda parcela para adquirir, como colonia, protectorado o futuro estado en la Unión. Luego vienen las razones por las cuales Dinamarca no se merece tener la isla. Por ejemplo, que gastan apenas el 1,35 por ciento de su PIB en defensa, contra el tres por ciento que sacrifican los yankees, y que gaste lo que gaste, la pequeña Dinamarca no podría defender la enorme isla.
Y aquí viene un bolazo de los grandes, la historia de que Estados Unidos tuvo que “ocupar Groenlandia” para salvarla de los nazis, que habían invadido Dinamarca en abril de 1940. Washington de ninguna manera ocupó la isla, fueron los groenlandeses y el embajador danés en Washington quienes le pidieron a Estados Unidos que por primera vez abriera un consulado en la isla y pusiera un par de buques a mano. EEUU no estaba en guerra en ese momento -eso vino recién en diciembre de 1941, con Pearl Harbor- y la preocupación era que los británicos, no los alemanes, ocuparan Groenlandia.
Hitler ni probó. Lo único que hizo fue mandar un avión de reconocimiento en 1940, después de que los ingleses demolieran las bases de pesca noruegas en el este de la lista.
Para la Fundación, “EEUU debería haberse quedado con la isla, pero, y esto fue un grave error, se la devolvió a Dinamarca después de la guerra”. Esto es, el actual realismo predatorio de Washington justifica reescribir la historia.
Como Europa se opone, Trump los amenazó con más aranceles. Hubo una reunión privadísima y el presidente Naranja salió diciendo que no va a haber aranceles, que no va a invadir con militares y que hay un “arreglo a largo plazo, por toda la eternidad” por la isla.
Pero no quiso decir qué era.
Ni los gusanos
Los cubanos en Estados Unidos siempre tuvieron coronita. Eran refugiados de la sucursal soviética del Caribe y entonces nadie les pedía demasiados papeles. Pero se acabó: la manía deportadora de Trump ya expulsó directo a la isla a 1600 cubanos en 2025, y un número indefinido pero todavía mayor fue echado hacia México. La excusa suele ser que cometieron algún delito en los setenta y ochenta, lo que da una idea de la edad de los deportados.
Muchos de estos cubanos fueron detenidos y llevados al Alcatraz de los Yacarés, la prisión en los pantanos de las Everglades en Florida. Hay una espectacular foto de los presos armando un SOS con remeras en el patio de la prisión. Y olvídate de inmigrar desde Cuba ahora: los que antes eran refugiados del enemigo comunista, ahora son enemigos comunistas. Desde diciembre, no hay más visas para cubanos por orden presidencial.
En el ranking
Mientras tanto, en el mundo real, pasan cosas raras. Canadá acaba de comprar una flota entera de autos eléctricos chinos, explicando que se los compra porque China se está mostrando “como un socio comercial de confianza”.
El ranking Leiden, que compara las universidades del mundo, acaba de destronar a Harvard, que pasó de primera a tercera. La primera ahora es la Universidad de Zheijiang, la segunda es la de Shangai. De hecho, China tiene ahora ocho de las diez mejores universidades del mundo.
Y Estados Unidos está por perder la certificación de país libre del sarampión, que tiene desde hace más de un cuarto de siglo. Ya hubo dos muertos en el último trimestre y el bicho se está expandiendo por el oeste. Sarampión… es por la prédica del ministro de Salud, el terraplanista Robert Kennedy, que acaba de anunciar junto al canciller Marco Rubio otra retirada más: Washington se va de la Organización Mundial de la Salud.