El presidente no sabe qué inventar para decir que ganó, mientras crece el fastidio con la guerra y los altibajos constantes del mercado. La derecha israelí se desmadra.
Las abuelas tenían una frase leve pero lapidaria para ciertos tarambanas: ah… este muchacho. Todo estaba en el tono, desilusionado por el abismo entre el potencial del mozo y lo que andaba haciendo.
Donald Trump ya no es mozo, sus abuelas descansan en paz, pero la frase se le aplica. Hace un mes que tiene al mundo pendiente por el cese al fuego con Irán. Cada vez es mayor la percepción de que inició la Operación Furia Épica -qué nombre decadente- porque quería, sin mayores razones, y el fastidio por el constante subibaja en los mercados petroleros y accionarios se potencia por esa percepción.
Las petroleras ganan más que antes, como mostraron este jueves al presentar sus informes trimestrales a sus inversores. Pagan más por el crudo, pero remarcan lindo y se quedan con buenas diferencias. El resto del mundo se joroba, con países muy dependientes del crudo jodidos de verdad.
Y Trump dice un día una cosa, y otro día otra. Que ya les ganamos, que están negociando, que no tienen con qué, que en cualquier momento los evaporamos. Cuando se pone malito, las bolsas bajan. Cuando habla de negociar, suben.
Irán cada tanto emite una declaración recordándole al mundo que siguen ahí, pese a que el Pentágono bombardeó 13.000 blancos en 38 días y dejó un serio tendal.
Se calcula, con alguna seriedad, que los ayatolas tienen la mitad de su arsenal todavía intacto. Es difícil calcular con precisión en un país tan amigo del secreto y con un gobierno tan totalitario, pero buena parte del estimado viene de contar disparos y contrastar el número con lo que se estimaba que había antes en los galpones.
Desde que empezó el bloqueo del Estrecho de Ormuz, Irán atacó trece veces navíos norteamericanos o civiles escoltados por los norteamericanos. No hicieron mucho daño, pero muestran una capacidad de ataque real. Washington dijo, tersa y misteriosamente, que los ataques “no llegaron al umbral de reiniciar los combates”.
Esto es, evidentemente, una decisión política. En medio de sus zigzagueos, Trump dijo que iba a rescatar los buques varados “por razones humanitarias”, y al día siguiente dijo que no, que no iba a rescatar a nadie, que el bloqueo seguía. Curioso: los dos bandos dicen que están bloqueando el mismo lugar.
El canciller Marco Rubio trató de poner un poco de orden en este novelón diciendo que los objetivos de la guerra ya estaban cumplidos, que bastaba pactar con Irán para que no reconstruya. Esto es absolutamente falso: el principal objetivo era que Irán nunca tuviese un arma nuclear, a lo que Trump, medio que espontáneamente, le agregó en su discurso que también había que destruir sus baterías misilísticas, hundir su armada, cortarle el apoyo a Hamas y Hezbolá, y crear las condiciones para que los iraníes cambiaran su gobierno.
De todo esto, sólo se cumplió lo de la armada, porque a Teherán sólo le quedan lanchas rápidas. El uranio enriquecido sigue en algún lugar que nadie conoce, los misiles siguen volando y de Hamas y Hezbolá se encargaron los israelíes, sin resultados definitivos. Los ayatolas siguen a cargo, pese a que Trump encontró el argumento de que no son los mismos ayatolas de hace un par de meses, con lo que sí hubo cambio de gobierno.
En fin…
Las partes tienen problemas para sostener la guerra, de diferentes gravedades, pero igualmente reales. Trump tiene elecciones en noviembre y la cosa no le pinta bien. Se da por descontado que va a perder la mayoría en diputados y los demócratas ya sueñan con robársela en el Senado. Esto paralizaría al Presidente Naranja. La guerra se transformó en un enorme argumento contra los republicanos, que les puede rendir votos a los opositores.
De paso, como la guerra ya es claramente ilegal porque el primero de mayo se cumplieron sesenta días de operaciones sin permiso del Congreso, Trump inventó que la guerra había terminado.
Lo de Irán es mucho más grave. La economía que ya era un desastre -inflación, recesión, devaluación- se cae a pedazos, con la mayoría de las fábricas paralizadas por faltas de insumos.
Antes de la guerra ya había un millón de desocupados, ahora se esfuman cien mil empleos por mes. El gobierno ya mostró que reprime sin piedad cualquier protesta, pero por las dudas está repartiendo alimentos y seguros de desempleo.
Indiana
Pero no todas son malas para Trump, que la política nacional a veces te da alegrías.
Esta semana hubo internas republicanas en el muy conservador estado de Indiana, al oeste del país, y fueron para alquilar balcones.
Es que el año pasado, el Naranja se enojó -y mucho- con un grupo de senadores provinciales que se negaron a votar un cambio de distritos electorales que beneficiara a los republicanos. Lo hicieron de honestos, nomás, que quedan en ese partido, y Trump prometió que los iba a desbancar con candidatos propios. Llovieron dólares como nunca se había visto en una campaña local, los carteles y avisos fueron muy agresivos, y llegaron manadas de voluntarios de otros lares a tocar timbres.
Y funcionó: de los siete candidatos, cinco perdieron mal, uno quedó en un empate -están recontando los votos- y uno solito ganó. Y ganó porque hasta The Federalist, órgano oficial de la derecha más derechista, consideraba al candidato propio un impresentable.
El Presidente disciplinó hacia adentro y mostró que su dominio sobre el partido es absoluto. The Federalist festejó el triunfo sobre “la parte del partido que no entiende” que “el pueblo americano” quiere deportaciones, elecciones manipuladas y ajuste social, “echar a los jueces corruptos, limitar a las corporaciones y despedir en masa a los burócratas inútiles”. Es que “a los votantes les gusta Trump, no por su peinado y sus comentarios a veces embarazosos, sino porque está cambiando al Partido Republicano”.
Israel
Otro tema tapado por Irán es lo que anda pasando en Israel, que se puede resumir en un descontrol absoluto de la derecha dura que gobierna el país. Pese al cese el fuego, Benjamín Netanyahu bombardeó Beirut de nuevo esta semana, oficialmente para matar a un comandante de Hezbolá. Pero lo peor está pasando en Cisjordania, en el Estado de Palestina.
Los colonos ultraortodoxos comenzaron una campaña de violencia que ya está vaciando aldeas enteras en el valle del río Jordán. Y lo de violencia es literal: muertos a balazos y hasta la violación de Suhaib Abualkebash, una mujer de 29 años, delante de sus hijos.
Desde que empezó la guerra en Irán, el 28 de febrero, hasta el 27 de abril, ya hubo 13 palestinos muertos, unos 300 heridos y 622 expulsados de sus casas, según la ONU.
Para mostrar el crecimiento de la violencia, la ONU destacó que en todo 2025 hubo 15 asesinatos. El promedio de ataques es de casi 7 por día.
Todo esto es impune, porque según la ley israelí, es la policía la que tiene jurisdicción sobre los colonos, estén donde estén. Pero según la ONG israelí Yesh Din, el 93,6% de los casos nunca se resuelven.
Y no es extraño, ya que el jefe de la policía es Itamar Ben-Gvir, un conocido político de extrema derecha que hasta fue condenado penalmente por incitar al racismo y apoyar a una organización terrorista.
Tropas
Los gobiernos de Kenia y Sudáfrica denunciaron una campaña para llevar engañados a africanos a combatir en Ucrania. Muchos, aclaran, van como mercenarios, pero a la mayoría los tientan con empleos civiles, pero terminan por la fuerza con uniforme.
Las empresas de reclutamiento se disfrazan de agencias de viaje o de empleo y se anuncian por WhatsApp o Telegram.
Según el servicio de inteligencia de Kenia, van mil reclutados en ese país, de los cuales apenas treinta volvieron para contarla.
El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, aprovechó ser miembro de los BRICS y llamó a Vladimir Putin, pidiendo una solución.
Moscú le mandó de vuelta 17 compatriotas, evacuados del frente de combate.
El senador keniano Okoiti Andrew Omtatah usó una frase terrible para definir el tipo de miseria que lleva a sus compatriotas a aceptar estos riesgos: “es como si un buque negrero anclara en Mombasa con un cartel que dice ‘se necesitan esclavos en el primer mundo’ y el barco se llenara”.