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Exministro Desideri: “Milei implosionó todo”

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Desideri propone acordar una hoja de ruta para los próximos diez años.

Fabricio Navone, conductor del programa 52 minutos, dialogó con el exministro de Producción de la provincia de Santa Fe Cristian Desideri, quien alertó sobre la crisis en distintas ramas industriales del país y sobre cómo impacta el avance de los productos chinos de alta tecnología, impulsados por el dumping y por una mejora en la copia de productos de alto valor agregado.

—Mientras hacíamos alusión a la crisis en la línea blanca, dentro de la crisis industrial a la que nos está sometiendo el modelo de Javier Milei, y cerraba Electrolux, Cristian Desideri recomienda seguir el tema de la industria carrocera, otro de los entramados productivos muy importantes de Villa Gobernador Gálvez. Hay grandes industrias carroceras que se alimentan también de un montón de tallercitos que hacen piezas en tornerías. Y parecen estar en alerta roja.

—Desideri: Efectivamente, la industria en general está muy afectada por este plan económico. La línea blanca, sin lugar a dudas. Ahora comienzan a resentirse otros sectores y subsectores del entramado industrial. La industria carrocera atraviesa una situación muy compleja. Por ejemplo, hay unas 50 o 60 empresas que trabajan para las terminales de buses en esta región, que se ha especializado en micros de media y larga distancia y minibuses para traslados escolares.

—¿En qué rubros está afectando la producción?

—Desideri: Los chasis y motores, en su gran mayoría, están viniendo de Brasil. Eso es muy importante en lo que significa el costo de la unidad y también por la cantidad de empresas proveedoras de las terminales que van teniendo cada vez menos posibilidades por el ingreso de productos importados. Esta situación termina generando falta de crédito para las empresas que necesitan renovar las unidades por exigencia de la CNT. La importación de esos chasis, motores y otros componentes hace que se vaya reduciendo el uso de mano de obra local. Y, por último, se está produciendo un recambio tecnológico y hay una pulseada porque China está facilitando la importación de unidades eléctricas, mientras que en Vaca Muerta tenemos que aprovechar el gas natural comprimido. Se genera así la discusión sobre trabajar con gas o con electricidad.

—Eso depende de si el Gobierno, que lo está evaluando, no extiende por decreto la vida útil de los colectivos.

—Desideri: Claro. Eso complejizaría aún más la situación para las terminales y los proveedores, porque podría significar una mayor caída de la demanda.

—Usted dice que no hay un modelo para readaptar el sistema productivo interno.

—Desideri: Exactamente. Y no solo eso. Ni siquiera se están planteando plantas de fertilizantes derivados del petróleo, porque lo único que se está planteando es infraestructura para que pueda exportarse el gas natural comprimido o para su licuefacción. Eso demuestra, claramente, que los recursos naturales que tiene el país no van a tener ningún valor agregado. Si les diéramos valor agregado, estaríamos multiplicando por cuatro o por cinco la actividad económica y generaríamos mayores beneficios.

—Hace unos días me llamó un exfuncionario y me recordó el tramo que falta del gasoducto Néstor Kirchner, que debía llegar hasta Santa Fe y que podría inyectar mucho gas a la provincia, que hoy no tiene, y permitir, por ejemplo, fabricar urea, el principal fertilizante para el trigo, e ingresar más dólares.

—Desideri: Sí. Es importante señalar que esta crisis industrial es distinta de las anteriores por un fenómeno en el que convergen tres situaciones que están interactuando entre sí. Primero, hay un cambio tecnológico global. Cuando ves lo que sucede en los países desarrollados, hay una destrucción de empleo, pero no solo por la IA, sino porque existe todo un sistema tecnológico que está interactuando y desplazando gente que no puede reincorporarse rápidamente al mercado de trabajo. Después, hay un cambio en los tipos de empresa. Por ejemplo, la industria siderúrgica que conocimos, pensando en el industrialismo militar del general Savio, ya no existe de esa manera en ningún lugar del mundo. Hay un nuevo modelo de reconfiguración industrial. Y, por último, hay nuevas generaciones conduciendo las empresas, que tienen otra dinámica, otra mirada. Son los hijos de la posmodernidad, que piensan en el lucro inmediato y tienen una visión de largo plazo mucho más corta. Estos tres fenómenos, en una industria argentina sin política industrial, con un dólar atrasado y con una apertura indiscriminada, están generando un combo que todos los días nos hace ver los efectos de la desindustrialización.

—¿Podemos dar ejemplos locales?

—Desideri: En nuestra zona es muy marcado. Hay una fábrica de asientos que trabaja para una terminal automotriz y que deja a 80 personas sin trabajo. También está lo que estamos viviendo con las industrias de línea blanca o con la industria de implementos agrícolas, donde tractores y cosechadoras ya están siendo reemplazados por equipamientos chinos, que están primeros en el ranking de ventas. Si hablabas con fabricantes de cosechadoras hace cinco años, te decían que no sería posible que los chinos entraran con cosechadoras porque no conocen nuestra tierra o porque no saben cómo es la siembra acá. Bueno, el futuro llegó y van por más. Estamos en un sistema económico cada vez más concentrado, donde la participación industrial será cada vez menor. Y hay que ponerlo en perspectiva porque sabemos que la industria en la Argentina es la que mejores salarios ha pagado históricamente y ha derramado en un sinnúmero de actividades. También demanda ciencia, tecnología e innovación en la educación pública. Por eso digo que es un entramado muy complejo para analizar. Los economistas heterodoxos dicen que hay que mirarlo de una manera sistémica, como un sistema completo. Es real, porque cuando se pierde una empresa no se trata solamente de las personas que dejan de percibir su salario. Hay toda una situación social que después continúa en el tiempo y se va deteriorando.

—Usted habla mucho con empresarios locales, que están ligados al agro, a la industria o a la metalmecánica. Muchos de ellos consideraban imposible que China pudiera entrar en el mercado de maquinarias agrícolas. Y muchos apostaron a Milei y siguen, en gran medida, apostando a este modelo.

—Desideri: El sector empresarial está tan fragmentado como la sociedad misma. Hay empresarios que claramente dicen: “Aunque yo pierda patrimonio, este es el modelo y hay que seguir consolidándolo”. Otros dicen que tratan de ajustarse y aclimatarse a los tiempos que corren. Podríamos decir que son los empresarios anfibios. Y luego están aquellos que dicen que, si destruyen el mercado interno, la producción nacional y el empleo nacional, no tenemos salida. El sector empresario no tiene una posición homogénea y es complejo analizarlo desde una única respuesta. Lo que sí es cierto es que muchos años de altísima inflación dejaron secuelas muy importantes en la sociedad y en los empresarios. Esto de no saber cuál era el costo de reposición, que los puntos de equilibrio y los costos no eran reales, que sabías que para importar algo era arbitrario todo lo relacionado con la habilitación de la Aduana o de la Secretaría de Comercio… En fin, hay distorsiones que se fueron acumulando. Milei implosionó todo y permitió que llegara lo importado, y empezamos a competir en condiciones totalmente desfavorables porque el 60 por ciento, como mínimo, de los productos que exporta China tienen beneficios del Estado, subvenciones y dumping. Es imposible competir.

—¿Es decir que si acá venden a 80 dólares, en China sale 180?

—Desideri: Exactamente. Y con una economía de escala que piensa. Porque, ¿qué te dicen los chinos? “En el año 2030 aspiramos a tener el 50 por ciento de la producción global de todos los bienes y servicios”. Hoy están en el 35. Pero ¿en cuatro o cinco años van a poder hacer eso? Y sí, porque ya es exponencial lo que están haciendo ahora. El mundo les deriva cosas para que China fabrique más barato, para que ellos lo subvencionen y, luego, destruyan los otros mercados internos y sus empleos.

—¿Cómo miramos hacia adelante?

—Desideri: La gente lo que busca son respuestas y esperanzas de futuro. ¿Qué le tenemos que plantear? Una concertación y decir: “Esta es la hoja de ruta de los próximos diez años”. Y en diez años vas a estar en el mercado global, vas a tener tiempo para hacer investigación, desarrollo e innovación, para adaptar el management, para adaptar la gestión integral de la empresa, pero después no vengas a pedirle a papá Estado que vaya a ayudarte. Este tipo de desarrollo lo hicieron en el País Vasco en la década de los 80, cuando había otro mundo. Ahora, la complejidad de un actor como China, que quiere concentrar el 50 por ciento de la producción mundial, interpela a todos los países. Fijate que Trump, aun poniendo aranceles y medidas paraarancelarias, no puede frenar el ingreso de productos chinos.

—¿Y Europa?

—Desideri: Europa está más a la zaga que Estados Unidos porque, en materia de patentes de invención, la industria alemana, que era justamente la cabeza de Europa, ha quedado muy atrás. Basta mirar el proceso tecnológico. China solamente gradúa un millón y medio de ingenieros por año, que equivale a la sumatoria de todos los ingenieros graduados en el resto del mundo y que, además, en los dos últimos años de la carrera ya empiezan a trabajar en las empresas. Ahí hay un potencial, una juventud y una riqueza desde el punto de vista biológico y conceptual que permiten que mejoren todo mediante benchmarking. Es decir, realizan un proceso continuo de investigación y análisis que consiste en comparar los procesos, productos, servicios o indicadores de rendimiento de una empresa con los de los mejores referentes del sector o líderes del mercado. Así copian y, por ejemplo, mejoran los autos: toman como referencia a los mejores —alemanes, italianos, franceses—, los ofrecen a precios de dumping y los venden un 40 o 50 por ciento más baratos.

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