¿Y ahora qué?

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Taplin: “La inversión inicial de Palantir vino de la CIA”

Es un hombre de los años ‘60. Jonathan Taplin, nacido en los Estados Unidos en 1947, estuvo muy activo en el festival de Woodstock de 1969, cuando era representante del conjunto The Band. Lo marcaron las luchas por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. Además, fue el manager de Bob Dylan y de Janis Joplin. Y sigue activo, porque es una de las figuras mundiales más escuchadas cuando advierte sobre el peligro que representan los que él mismo llama “cuatro jinetes del Apocalipsis”. Son Elon Musk, Mark Zuckerberg, Marc Andreseen y Peter Thiel. De visita en Buenos Aires invitado por la Universidad de Avellaneda, concedió a Y ahora qué? la entrevista que sigue.

Taplin produjo la primera película muy conocida de Martin Scorsese, Mean Streets, Calles peligrosas, en 1973. Académico, director emérito del Laboratorio de Innovación en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, tiene un descubridor argentino. Se trata de Jorge Zaccagnini, presidente de la asociación civil Infoworkers y director del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda, que acaba de editar el último libro de Taplin, “El fin de la realidad”. Uno de los objetos de estudio de la obra es, por supuesto, Peter Thiel.

–Thiel se está instalando en la Argentina. ¿Representa un peligro?

–Sí. Peter Thiel probablemente quiere venderles un producto fabricado por su empresa, Palantir. Y es un producto de vigilancia. En su versión más extrema, permitiría que el gobierno use reconocimiento facial, reconocimiento de patentes de autos, todas las bases de datos de la seguridad social y de los organismos fiscales para intentar ubicar quiénes son los disidentes y quiénes se oponen al gobierno.

–¿Cómo funcionaría ese sistema?

–Incluso en lugares abiertos de Buenos Aires, donde no existe una obligación ni una expectativa de privacidad, ya vi que hay muchas cámaras de circuito cerrado, y probablemente también tengan micrófonos. Entonces, es peligrosa la capacidad de absorber esta cantidad gigantesca de contenido y luego —y ahí es donde entra Palantir— usar inteligencia artificial para rastrear ese volumen enorme de material, que ningún ser humano podría revisar, hasta encontrar ciertas señales o ciertos tipos de personas que el Estado quiera tipificar.

–¿Así funciona en los Estados Unidos?

–Sí, para localizar inmigrantes ilegales. Pero existe la sospecha de que eventualmente se usará también para buscar personas que se opongan a Donald Trump.

Entonces uno debería pensar que Thiel no llega sólo para hacer un gran negocio. O en todo caso es un negocio que se erige sobre el ejercicio de un poder enorme, la vigilancia, la inteligencia y la seguridad.

–Sí. La inversión inicial en Palantir vino de la CIA. Así que la empresa siempre estuvo profundamente involucrada con las áreas que mencionás.

–¿La CIA fue el origen de los fondos o del proyecto mismo?

–La CIA le dio el primer dinero a Peter Thiel para fundar Palantir. El capital de riesgo vino de la CIA. Por eso Palantir siempre estuvo involucrada con el establishment de seguridad nacional. Realiza muchos proyectos para el Departamento de Defensa, ahora llamado Departamento de Guerra. Entonces hay que tener cuidado. Hay que preguntarse por qué Peter Thiel está en la Argentina tratando de vender productos. Te aseguro que no vino de vacaciones. ¿Y quién te imaginás que va a pagarle a Palantir por sus servicios?

–Nosotros.

–El gobierno.

–A eso me refiero. Con nuestro dinero, el Estado le pagará a Palantir. Y lo usará contra los propios argentinos. Nosotros, el pueblo.

–Exactamente. Y así es como funciona el complejo industrial-militar. Cobran. Del mismo modo en que Elon Musk cobra por Starlink. A estas personas les gustan los monopolios. Peter Thiel dijo que la única manera de obtener ganancias es constituir un monopolio. Así que estoy seguro de que a Palantir le encantaría ser la única empresa de análisis de datos para el Estado argentino. También estoy seguro de que a Elon Musk le gustaría ser el único proveedor de internet satelital en la Argentina. Y si eso significa financiar políticos, lo harán, como ya demostraron en los Estados Unidos. Elon Musk financió a Donald Trump el año pasado con 300 millones de dólares.

–Seguramente sabés que en la campaña electoral Javier Milei decía que la mejor forma de propiedad es el monopolio.

Lo sé. Milei se presenta a sí mismo como libertario, y Peter Thiel y Elon Musk también son libertarios. Pero expliquemos bien algo: “libertario”, en realidad, para ellos significa que no debería haber regulación. Y, hasta donde puedo ver hay muy poca regulación sobre los negocios de Peter Thiel o Elon Musk. Lo mismo podría suceder aquí, aunque vengo de los Estados Unidos y no estoy tan informado sobre la política argentina.

–¿En Estados Unidos hay alguna regulación o no hay ninguna?

–No, no hay. En el sector de internet, en los Estados Unidos nadie puede demandar a Facebook, nadie puede demandar a Google, nadie puede demandar a X por lo que aparece en sus plataformas, aunque sea difamatorio. Es un tipo de protección que no se le otorga a ninguna otra empresa en los Estados Unidos. La idea original era que internet necesitaba protecciones especiales para poder florecer. Pero ahora Google es la empresa de mayor capitalización bursátil de Estados Unidos. Ya no es una pequeña compañía que necesita ayuda. Por eso algunas de estas cosas tienen que cambiar. Y especialmente en la era de la inteligencia artificial. Los músicos de todo el mundo —y yo vengo del negocio de la música— vio cómo su contenido fue descargado dentro de alguno de estos modelos de fabricación musical con inteligencia artificial, sin compensación, sin permiso, simplemente tomado de YouTube. Ahora, Spotify informa que todos los días se suben 25.000 canciones generadas por inteligencia artificial. Repito: todos los días.

–¿Qué producen?

–Lo que se llama “AI slop”, basura de inteligencia artificial. Es simplemente basura. Puede sonarte un poquito como Bob Dylan, pero no es Bob Dylan. Alguien le ordena a la IA: “Escribime una canción contra la guerra como Bob Dylan”. Y el sistema la escribe.

–Trata de copiarlo.
–Completamente. Pero, ¿cómo sabe cómo suena Bob Dylan? Porque tomó todas las canciones de Bob Dylan y las incorporó a su sistema. Así aprendió. Y estas personas usan una figura llamada “uso justo”, fair use, para argumentar que tienen derecho a extraer esos elementos y educar a sus sistemas. Pero es un abuso completo de la idea de uso justo.

Con este sistema, o con estos monstruos como Palantir y Peter Thiel, ¿podemos esperar más guerras?

–Sí.

–¿Qué tipo de guerras?

–Partamos de la base de que Palantir gana dinero con la guerra. La empresa de drones de Peter Thiel, Anduril, gana dinero con la guerra Irán todo el tiempo. Suministra la mayoría de los drones que Estados Unidos está usando contra los drones iraníes, porque Estados Unidos se dio cuenta rápidamente de que estaba usando misiles de 10 millones de dólares para derribar drones de 25.000 dólares. Eso no tenía mucho sentido. Entonces ahora fabrican sus propios drones gracias a Peter Thiel y Marc Andreessen. Y ganan mucho dinero.

–Uno podría suponer que a la vez, ya que les conviene a ese punto, estimulan más guerras.

–Ciertamente. Creo que parte del problema político de Donald Trump hoy es que hizo campaña con la promesa de que no habría más guerras estúpidas. Y luego cambió completamente esa promesa. Invadió Venezuela y capturó a su presidente. Invadió Irán. Quiere invadir Panamá y quiere invadir Groenlandia. Estados Unidos se convirtió en la gran nación imperialista, algo que no era de esta manera exacta desde 1890.

—Sin embargo, Trump no es un guerrero popular en los Estados Unidos.

–No es popular en absoluto. Sus índices de aprobación positiva bajaron al 32 por ciento.

–¿Cómo influye la desaprobación en las elecciones de medio término que se celebrarán en noviembre?

–Me preocupa que Trump se asuste. Que tenga tanto miedo de perder poder que haga cosas extraordinarias para interferir en la elección. Podría declarar un estado de emergencia y desplegar sus fuerzas de seguridad interna, llamadas ICE. Y alrededor de cada centro de votación podría colocar hombres armados y enmascarados. No hace falta decir que eso probablemente intimidaría a muchísima gente.

–¿Tiene el poder político para hacer eso?

–Sí, tiene el poder para hacerlo.

–¿Incluso si ahora no es popular?

–Sí. Por ejemplo, la razón por la que ICE, la fuerza migratoria, entró en Minneapolis fue que Trump declaró que Minneapolis estaba en una situación de emergencia. Y entonces podía hacer lo que quisiera. Como el Congreso es tan pasivo y todos le tienen tanto miedo que nunca se oponen a nada de lo que hace, básicamente puede gobernar como un rey. Por eso las manifestaciones contra Trump se llaman “No More Kings”, “No más reyes”. Porque así es exactamente como está gobernando el país.

–Pero las manifestaciones fueron enormes.

–Es que hay una fuerte oposición a Trump. Por eso la pregunta es si él puede mover los hilos de tal manera que afecten el resultado de las elecciones de medio término. Porque si las encuestas son correctas, los republicanos van a perder completamente el poder. Van a perder tanto la Cámara de Representantes como el Senado. Hay otra pregunta. ¿Puede decir, si pierde, que las elecciones fueron un fraude? Lo viene diciendo de antemano.

–Muchos autores ya hablan no sólo de tecnofeudalismo sino de tecnofascismo. ¿De dónde surge la oposición a estos magnates dentro de los Estados Unidos?

–Primero, de los artistas y de los periodistas. The New York Times está demandando a OpenAI porque OpenAI absorbió todo el contenido periodístico de The New York Times para entrenar su modelo. Por eso lo demandan por mucho dinero. También hay muchos músicos que demandan a estas empresas que producen música basura con inteligencia artificial. Getty Images demanda a Stable Diffusion, la empresa que robó todas sus imágenes y ahora se las vende a la gente para que haga nuevas imágenes con ellas. Así que hay muchas batallas en los tribunales. Y además hay legislaturas estatales que están aprobando regulaciones realmente nuevas.

–¿Dónde?

–California. Y hay que pensar en California: es la cuarta economía más grande del mundo. No es solo un Estado. Es como un país. Entonces, cuando California aprueba una norma, todas estas empresas realmente tienen que prestar atención.

–¿Qué tipo de norma sería la de California?

–Una ley que establece que cada uno de estos modelos de inteligencia artificial debe ser inspeccionado antes de que se le permita salir al público. Y California está a punto de aprobar también una ley según la cual esas empresas no pueden tomar sin permiso y sin el pago correspondiente contenido protegido por derechos de autor para entrenar sus modelos.

–¿Cómo reacciona Trump?

–Firmó una orden ejecutiva diciendo que es ilegal y pelea contra California en los tribunales. Ya veremos. La cuestión del federalismo es realmente importante y debe ser defendida, sobre todo para quienes crecimos con la ilusión de que habría controles y contrapesos. La manera natural en que fue diseñado el sistema estadounidense era con tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Pero hoy el Ejecutivo tiene en su bolsillo tanto el poder legislativo como el judicial. Así que en realidad gobierna uno solo: el rey, el rey Trump.

–¿Cuál es tu recorrido personal desde Woodstock hasta ahora? ¿Por sos tan activo contra los cuatro monstruos?
–Bueno, obviamente crecí en los años 60, en Estados Unidos, con dos movimientos sociales muy grandes. Uno fue el movimiento por los derechos civiles: que la población negra pudiera votar, que pudiera ir a los mismos restaurantes que todos los demás. Fue un movimiento muy poderoso, y también en ese momento fue clave el apoyo de los artistas. Recordá que Bob Dylan cantó en la Marcha sobre Washington encabezada por Martin Luther King. Y luego estuvo la guerra de Vietnam. No hace falta decir que cualquier joven como yo podía ser reclutado, y no quería ir a la guerra. Y de nuevo, los artistas fueron parte de ese movimiento disidente que intentaba detener la guerra de Vietnam. Hubo marchas enormes de manera permanente desde fines de los años 60. Lo que falta hoy es la protesta de los artistas. ¿Dónde están los jóvenes artistas protestando contra Trump? Protestan los mayores, como Bruce Springsteen. También Bono. Pero los jóvenes están callados.

–¿Por miedo?

–Tengo una teoría: la inteligencia artificial tiene una manera de volver pasiva a la gente. Yo enseñé mucho en la universidad. Hoy un alumno podría preguntarse por qué debería estudiar tanto si puede dejar que ChatGPT escriba su texto sobre un tema. Eso es muy frustrante para los profesores, porque cada vez es más difícil distinguir qué fue escrito por una herramienta inteligencia artificial y qué fue producido por un estudiante. Recuerdo el caso de un colega. Descubrió que uno de sus alumnos había escrito un largo ensayo con inteligencia artificial. Se dio cuenta porque todas las citas estaban mal. Hasta había publicaciones inexistentes. A veces la inteligencia artificial hace eso: alucina. Entonces llamó al estudiante. Era un joven de 20 años, y bastante insolente. Le dijeron: “Vamos a reprobarte este trabajo. Vas a tener una F”. Y en la era de la inflación de calificaciones, nadie recibía la F que equivale a un aplazo.

–Te escucho y voy descubriendo otro peligro: la inteligencia artificial está haciendo que los jóvenes sean más pasivos.

–Sí. Y cuando se lo decís a un chico te responde: “¿Por qué no podría usar esto?”.

–¿También puede hacerlos más pasivos políticamente?

–Claro. Aldous Huxley escribió Un mundo feliz. Ese mundo no era como el de George Orwell, con una bota pisándote el cuello. En el mundo de Huxley la gente se entretenía, tomaba drogas y estaba tan extasiada que no se preocupaba por que el gobierno les dijera qué hacer. Me temo que ese es el lugar en el que hemos caído. Por suerte ustedes todavía tienen en la Argentina un movimiento sindical que parece bastante fuerte. En Estados Unidos, el movimiento sindical es muy débil. Desde los años 80, la derecha hizo todo lo posible para que a los sindicatos les resultara imposible actuar. Antes los gremios solían ser la gran fuente de financiamiento del Partido Demócrata. Ahora ya no lo son. Entonces en un momento el Partido Demócrata tuvo que ir a Silicon Valley a buscar dinero, pero hoy ni siquiera esa relación les funciona.

–¿Estás horrorizado? ¿Sos optimista o pesimista?

–Soy optimista. Creo que, al final del día, la gente no va a tolerar gobiernos autoritarios. En Estados Unidos hay una larga historia de resistencia. Y en la Argentina también ustedes tienen esa tradición de resistencia a los autoritarismos

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