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Netanyahu, las advertencias que no quiso escuchar antes del 7 de octubre

Una investigación publicada por Haaretz y basada en un nuevo libro de los periodistas Shlomi Eldar y Ruth Yuval sostiene que Benjamin Netanyahu recibió personalmente, unos diez días antes del ataque del 7 de octubre de 2023, una advertencia del presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed. El líder emiratí le transmitió que Yahya Sinwar preparaba una gran operación de Hamás. Netanyahu habría restado importancia al aviso y no lo habría compartido con los máximos responsables de la seguridad israelí. 

La oficina del primer ministro israelí negó que esa conversación haya existido. Una fuente emiratí, en cambio, confirmó a The Times of Israel que la llamada tuvo lugar. 

La revelación se suma a una acumulación de advertencias previas al 7 de octubre: mensajes provenientes de Egipto, alertas internas del Shin Bet y señales registradas por la inteligencia militar. No todas fueron precisas ni todas llegaron personalmente a Netanyahu. Tampoco ninguna anticipó con exactitud la magnitud de la ofensiva que mató a unas 1.200 personas en Israel y produjo el secuestro de 251. Pero el nuevo material debilita la defensa política construida durante tres años por el primer ministro, según la cual nadie le había advertido sobre un ataque de Hamás antes de aquella mañana. 

La información nueva tiene una potencia especial porque llega pocas semanas después de que el propio Netanyahu volviera sobre una de las preguntas que lo persiguen desde el 7 de octubre: por qué nadie lo despertó aquella madrugada.

Su explicación fue que los responsables militares y de inteligencia decidieron deliberadamente no avisarle. Dijo que, si hubiera sido alertado, habría ordenado poner en estado de máxima preparación a las Fuerzas de Defensa de Israel y que así el ataque podría haberse evitado. Incluso sostuvo que sus jefes de seguridad sabían que él reaccionaría de esa manera y que precisamente por eso no lo despertaron. 

El relato recién conocido cambia el eje. La pregunta ya no es solamente qué ocurrió entre la medianoche del 6 y las 6.29 de la mañana del 7 de octubre. Es también qué hizo Netanyahu con las señales que llegaron durante las semanas anteriores.

Según la reconstrucción publicada por Haaretz, basada en Kidnapped: 843 Days of Abandonment, el libro de Eldar y Yuval, el origen de la advertencia estuvo en los propios contactos indirectos que Hamás mantenía con Israel. A mediados de 2023 existían negociaciones alrededor de los israelíes retenidos en Gaza y de una eventual liberación de presos palestinos. En ese circuito participaban intermediarios palestinos y funcionarios del Shin Bet. Las conversaciones llegaron a estar relativamente avanzadas. 

Pero a comienzos de septiembre Sinwar, jefe de Hamás en Gaza, dejó de participar normalmente de esos contactos. Antes de desaparecer de ese circuito habría transmitido dos mensajes particularmente inquietantes. Según el libro, primero dijo que preparaba una “gran sorpresa” y utilizó la palabra árabe zilzal, “terremoto”. En otro encuentro habló de una operación extraordinaria. Los intermediarios interpretaron que podía tratarse de algo mucho mayor que una maniobra destinada a presionar por un acuerdo de intercambio de prisioneros. 

La información terminó llegando al presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed. Emiratos había normalizado relaciones diplomáticas con Israel en 2020 mediante los Acuerdos de Abraham y mantenía canales abiertos tanto con actores palestinos como con el gobierno israelí.

Bin Zayed habría considerado la información suficientemente grave como para llamar personalmente a Netanyahu. La conversación habría durado unos 45 minutos y se habría producido aproximadamente diez días antes del ataque.

Según la investigación, el presidente emiratí le explicó que Sinwar preparaba un acontecimiento de gran magnitud capaz de provocar un baño de sangre, desestabilizar Medio Oriente y poner incluso en peligro los Acuerdos de Abraham. Netanyahu habría reaccionado con tranquilidad. Le respondió que Israel tenía controlada la situación en Gaza, que estaba preparado para distintos escenarios y que, si Hamás realizaba alguna acción importante, probablemente se produciría en Cisjordania. 

Hay otro dato especialmente delicado. La información no habría sido transmitida por Netanyahu a los responsables israelíes de seguridad.

The Times of Israel informó además que una fuente emiratí familiarizada con aquella conversación confirmó que efectivamente se produjo. El gobierno de Emiratos no confirmó ni negó públicamente el contenido de la llamada. Se limitó a señalar que desde el establecimiento de relaciones con Israel existen canales abiertos y directos y que la inteligencia relevante se comunica cuando corresponde. 

Netanyahu niega todo. Su oficina calificó el informe como falso y sostuvo que el primer ministro no recibió de Emiratos ninguna advertencia antes del 7 de octubre. Ahora anunció además que demandará por difamación a Haaretz y a Shlomi Eldar. Según su versión, revisiones internas no encontraron registro de la conversación denunciada. 

La controversia no termina con Emiratos.

Este miércoles apareció otra pieza. La radio del Ejército israelí informó que el Shin Bet había transmitido a Netanyahu advertencias recibidas de la inteligencia egipcia. Los egipcios habían hablado de la intención de Hamás de “hacer temblar el suelo de Gaza”. El aviso era general. No contenía fecha, hora, lugar ni descripción del ataque. Y dentro del Shin Bet se interpretó, al menos parcialmente, que Sinwar intentaba presionar en las negociaciones relacionadas con rehenes y presos. 

Eso importa porque después del ataque ya había aparecido otra versión egipcia. Un funcionario de inteligencia de El Cairo aseguró que Israel había recibido reiteradas advertencias de que Hamás estaba preparando “algo grande”. También se informó que el entonces jefe de la inteligencia egipcia, Abbas Kamel, había transmitido una advertencia a Netanyahu. La oficina del primer ministro negó igualmente ese contacto. 

No es correcto afirmar que Egipto conocía el plan exacto del 7 de octubre y que se lo entregó a Netanyahu. Las informaciones disponibles no demuestran eso. Sí muestran que existieron alertas externas sobre una escalada significativa procedente de Gaza y que esas señales fueron interpretadas dentro de Israel a partir de una convicción ya instalada: Hamás estaba disuadido y no quería una guerra general.

Ese fue uno de los grandes errores.

También hubo advertencias internas.

El 23 de julio de 2023, en medio de la profunda crisis provocada por la reforma judicial del gobierno de Netanyahu, el entonces director del Shin Bet, Ronen Bar, pidió reunirse con el primer ministro. Según una reconstrucción de Ynet, le dijo que Israel se encaminaba hacia una guerra porque sus enemigos interpretaban la fractura política interna como una señal de debilidad. Bar no identificó entonces a Gaza como escenario principal y aparentemente temía más una guerra con Hezbollah o una escalada desde Cisjordania. Pero la advertencia estratégica existió. La oficina de Netanyahu negó después que hubiese recibido una alerta sobre una guerra en Gaza. 

Seis días antes del ataque apareció otra señal. Según informaciones difundidas a partir de las investigaciones internas del Shin Bet, Bar se reunió con Netanyahu el 1 de octubre y propuso volver a considerar acciones ofensivas contra la dirigencia de Hamás, entre ellas una operación contra Sinwar. El gobierno niega esa versión y sostiene que lo discutido fue otro tipo de escenario. 

Mientras tanto, dentro de la inteligencia militar israelí existía desde 2022 un documento conocido como “Muro de Jericó”. Describía con sorprendente semejanza un escenario de ataque masivo de Hamás contra puestos militares y localidades israelíes, con irrupciones a través de la frontera y secuestro de civiles y soldados.

En septiembre de 2023 integrantes de la Unidad 8200 advirtieron que los ejercicios de Hamás mostraban que ese plan ya no debía ser considerado una fantasía. El problema fue que la conducción de inteligencia descartó la posibilidad de que Hamás tuviera intención y capacidad para ejecutarlo. 

En este punto existe una diferencia fundamental para evaluar responsabilidades. No hay evidencia de que el documento “Muro de Jericó” haya sido mostrado personalmente a Netanyahu. Las investigaciones conocidas indican, por el contrario, que los responsables de inteligencia militar no lo elevaron al primer ministro, al ministro de Defensa ni a otros niveles superiores. 

La responsabilidad política de Netanyahu no necesita entonces basarse en atribuirle informaciones que no recibió. La nueva acusación es otra: que recibió advertencias propias, especialmente la que habría llegado directamente del presidente de Emiratos, y que no les otorgó la importancia que habrían merecido.

También está documentado que, durante la madrugada del 7 de octubre, los propios servicios de seguridad interpretaron incorrectamente varias señales. Se activaron tarjetas SIM israelíes dentro de Gaza, altos dirigentes militares de Hamás bajaron a los túneles y se detectaron preparativos inusuales. Ronen Bar reunió a responsables del Shin Bet durante la madrugada, pero el organismo terminó considerando posible que Hamás simplemente estuviera adoptando precauciones frente a un eventual ataque israelí. Nadie previó la escala de lo que ocurriría pocas horas después. 

Por eso el fracaso del 7 de octubre fue mucho más amplio que Netanyahu. Hubo errores enormes del Ejército, de la inteligencia militar, del Shin Bet, de la estructura de vigilancia fronteriza y de quienes construyeron durante años la teoría de que Hamás había abandonado los grandes objetivos militares porque prefería conservar el gobierno de Gaza.

Pero esa constatación tampoco exonera al primer ministro.

Durante años Netanyahu sostuvo una estrategia basada en administrar el conflicto palestino y mantener separados políticamente a Gaza y Cisjordania. Hamás podía ser contenido mediante una combinación de presión militar, concesiones económicas y acuerdos indirectos. La posibilidad de una invasión destinada a ocupar durante horas localidades israelíes, asesinar masivamente civiles y secuestrar centenares de personas fue considerada prácticamente inconcebible.

El 7 de octubre demolió esa doctrina.

La disputa sobre las advertencias tiene ahora una importancia adicional porque Israel celebrará elecciones el 27 de octubre. Netanyahu intenta construir su campaña alrededor de su condición de conductor de un país que atravesó una guerra regional gigantesca. Sus adversarios vuelven, en cambio, al punto de partida: quién era responsable del gobierno cuando se produjo el mayor fracaso de seguridad de la historia israelí. 

Gadi Eisenkot, ex jefe del Estado Mayor y principal rival electoral de Netanyahu, sostiene que las nuevas revelaciones muestran que el primer ministro desoyó numerosas advertencias. El ex primer ministro Naftali Bennett lo responsabilizó personalmente por el fracaso. Netanyahu responde que quienes fallaron fueron los organismos de seguridad que no interpretaron correctamente la inteligencia y que, en la madrugada decisiva, ni siquiera lo despertaron. 

Ésa es precisamente la razón por la cual la discusión sobre una comisión estatal de investigación resulta central. Netanyahu se ha resistido hasta ahora a constituirla. Una investigación independiente debería reconstruir no solamente qué supieron el Ejército y los servicios secretos, sino también qué información recibió cada autoridad política, cuándo la recibió, qué respondió y por qué determinados indicios fueron descartados.

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