La discusión por la fusión entre Telecom y Telefónica no se agota en los porcentajes de mercado ni en la cantidad de clientes que deberían cambiar de manos. Lo que está en juego es más amplio: quién controla las redes por donde circulan los servicios de conectividad, pero también buena parte de la información, los contenidos y la vida cotidiana conectada. En ese cruce entre negocios, infraestructura y política pública, Agustín Espada ayuda a ordenar una trama que muchas veces aparece presentada como un simple movimiento empresario, pero que toca el corazón del sistema infocomunicacional argentino.
Agustín Espada es investigador del CONICET, director de la Maestría en Industrias Culturales de la Universidad Nacional de Quilmes y profesor de la UNQ y de la Universidad de San Andrés. En esta entrevista con ¿Y ahora qué?, este experto en industrias culturales y tecnologías analiza por qué son insuficientes los condicionamientos oficiales a la operación, qué lugar ocupa Clarín en el mapa de las telecomunicaciones, cómo se articula el argumento de la escala con la concentración y qué herramientas regulatorias podrían equilibrar un mercado cada vez más integrado.
—El Gobierno condicionó la operación a la cesión de 6 millones de clientes móviles, devolución de espectro y desprendimientos en internet fija. ¿Estas condiciones alcanzan para evitar una posición dominante o llegan tarde frente a una integración que, en los hechos, ya empezó a ordenarse?
—No. Las condiciones no alcanzan para evitar una posición dominante, no por una cuestión de tiempo sino por las características de esas condiciones. Si pensamos que obligan a desinvertir 6 millones de líneas móviles cuando Telecom compra 18 millones, estamos hablando de un porcentaje menor de esa operación. Y cuando leemos que obligan a desinvertir algo así como 210 mil clientes de banda ancha al hogar, frente a una operación que implica incorporar un millón y medio de clientes de internet al hogar, también vemos que el porcentaje es muy bajo. Además, esto hay que leerlo no solo sector por sector, sino también entendiendo que esas condiciones no alcanzan para que otro actor compita con Telecom en igualdad de condiciones: no hay otro actor que pueda prestar todos los servicios a nivel nacional. Aunque bajen un poco los porcentajes de participación de la empresa resultante en cada segmento, sigue siendo ampliamente dominante en internet móvil, telefonía móvil, telefonía fija, televisión paga e internet al hogar. Por eso, estas condiciones no van a conseguir evitar la posición amplísimamente dominante de Telecom en el mercado de las comunicaciones.
—Cuando hablamos de concentración en telecomunicaciones, muchas veces miramos cantidad de clientes, espectro o participación de mercado. Pero en este caso también aparecen infraestructura, redes, contenidos y capacidad de empaquetar servicios. ¿Dónde está, para vos, el verdadero núcleo del poder concentrado?
—El empaquetamiento de servicios es un aspecto fundamental. Poder meter en una misma factura cuatro servicios distintos, como solamente puede hacer Telecom, implica un poder de mercado fuerte. Esos cuatro servicios son telefonía fija, telefonía móvil, televisión paga e internet al hogar: el cuádruple play. Además de eso, está la espalda económica que te da la facturación que tenés de telefonía móvil, sobre todo al ser tan dominante en el segmento más lucrativo. Ahí, con el 57% o 58% del mercado, te quedás con el corazón económico de todos los servicios comunicacionales. Y, por supuesto, esto le da al Grupo Clarín, principal accionista de Telecom, una espalda financiera muy relevante en materia de producción de contenidos. Ahí es donde se combinan los dos lados de la misma moneda: los servicios y la producción de contenidos. Básicamente, porque Clarín está metido en los dos lados de esa moneda. Eso le da un poder de mercado amenazante hacia el resto de los productores de contenidos, porque es el principal dueño de los caños, de los tubos y de las redes por las cuales tiene que circular toda la producción cultural, informativa y mediática del país.
—Ese cuádruple play y este aumento del poder de Clarín, ¿son solo un problema económico o también afectan las condiciones de producción, circulación y consumo de información?
—La afectación es indirecta, pero no es menos relevante. ¿Por qué es indirecta? Porque le da espalda económica al grupo para invertir en producción de contenidos con lo que gana en los servicios comunicacionales. Sobre todo porque las cuentas y los balances de las unidades mediáticas del Grupo Clarín dan pérdidas y son financiadas con lo que se factura en otros segmentos y en otras industrias, como las telecomunicaciones. Por otro lado, ser el dueño de las principales redes de conectividad a internet del país le da una capacidad de incidencia sobre la circulación de bienes y servicios infocomunicacionales que es peligrosa en términos de libertad de expresión. Que un competidor en materia de producción de contenidos sea, al mismo tiempo, el actor al que tenés que contratar para distribuir esos contenidos lo coloca en una posición de mercado muy beneficiosa, con capacidad para imponer condiciones muy desventajosas a su competencia.
—Telecom sostiene que la operación le permitiría ganar escala para invertir en fibra óptica y 5G. ¿Cómo evaluás ese argumento? Entiendo que la escala es una condición necesaria para invertir. ¿O, acaso, puede funcionar como justificación para naturalizar mercados cada vez más concentrados?
—La cuestión de la escala es real. El mercado de los servicios comunicacionales es un mercado de alta intensidad de inversión. Se necesita todo el tiempo actualizar e invertir en las redes que se tienen para ofrecer los servicios que los consumidores y usuarios demandan. Por el alto nivel de inversión que exige el sector, se necesita mucha espalda financiera. Y esa espalda, a su vez, depende de tener escala. Ahora bien, Clarín compite con actores regionales e internacionales teniendo todo su poder de mercado y toda su facturación, o el 90% de su facturación, en Argentina. Clarín compite con Claro y con Millicom, por ejemplo, dos empresas con participación de mercado en muchos países de la región. Clarín nunca salió de Argentina para competir y crecer en facturación por fuera de nuestras fronteras. Solamente lo consiguió en Uruguay, donde no se pudo meter en telefonía, sino solo en televisión paga. Esto habla de la excepcionalidad argentina y de la excepcionalidad de Clarín dentro del caso argentino. Tiene un nivel de facturación, no digo similar, pero sí bastante competitivo frente a Claro o Liberty, pero lo tiene en un solo país: Argentina, donde es ampliamente dominante. Entonces, la cuestión de la escala es cierta, pero debería pensarse a nivel de expansión internacional y no solo nacional, que es la única cancha donde siempre termina jugando Clarín.
—La decisión oficial parece intentar construir o preservar otro operador. ¿Es realista pensar que, con estos condicionamientos, pueda aparecer un competidor con escala nacional frente a Telecom?
—Es poco probable que, sobre la base de estas condiciones, surja un nuevo actor con capacidad real de competir con Telecom. Primero, porque la cantidad de usuarios que debería desprenderse la empresa resulta poco competitiva. Si miramos el mercado de telefonía móvil, ese nuevo actor entraría con alrededor del 9% del mercado para disputar con Claro, que tiene cerca del 33%, y con Telecom, que quedaría con el 56% o 57%. Pensar que pueda ser atractivo para una empresa invertir en ese escenario es complejo. Y, por otro lado, porque para competir en los otros segmentos se necesita una infraestructura física de escala nacional que solamente tenían Telecom y Telefónica, y con esta operación queda todo en una sola mano. ¿Puede ser que se meta algún actor que ya está en el mercado, como Telecentro o DirecTV? Sí, puede ser. Esa puede ser una alternativa. Pero, de todas maneras, las condiciones de competitividad no son las mejores ni están cerca de serlo.
—En internet fija y televisión paga, la competencia no se juega igual en todo el país. Hay cooperativas, pymes y operadores locales que tienen arraigo territorial. ¿A ese nivel Telecom también puede arrasar con la provisión de servicios o ahí funciona otra dinámica?
—Yo creo que ahí donde están esos actores locales, que tienen un arraigo en la economía y en la sociedad local, Telecom no va a arrasar, más allá de que esos actores no compitan en el segmento más importante y más lucrativo, que es el de la telefonía móvil. El segmento de cooperativas y pymes, que atienden las necesidades en ciudades de pequeña y mediana escala, va a seguir sobreviviendo. Lo que veo difícil es que sea ese sector el que se haga cargo de esa parte del mercado que tiene que dejar Telecom. Ahí veo una competencia firme, sobre todo porque, en televisión e internet, la infraestructura física es un activo crítico y fundamental. Allí donde Telefónica y Telecom no tienen ese tendido, no creo que lo hagan por una cuestión económica: eso ya debe estar estudiado. En ese sentido, la posición va a ser bastante parecida. Pero no hay que perder de vista que, en el rubro de las telecomunicaciones, existe un mercado mayorista de conectividad: las redes a través de las cuales llega internet a esas provincias. Con esta operación, Telecom queda casi como un jugador muy exclusivo en ese mercado. Esos operadores locales tienen que contratar el servicio de conectarse a la red mayorista de un tercero, que en muchos casos va a ser Telecom y, en otros, la REFEFO, la red estatal. Ahí las condiciones seguramente sean muy favorables para esta empresa.
—¿La red estatal tiene capacidad de competir en ese mercado mayorista? ¿Qué habría que haber hecho para generar una infraestructura capaz de equilibrar ese poder?
—La REFEFO surgió como una red mayorista con la intención, por ejemplo, de bajar el costo mayorista del mega de conexión a internet. Pero lo cierto es que es una red que tiene años de desinversión. Y, justamente, esa desinversión tiene que ver con dejar mayor lugar a las empresas privadas en el mercado mayorista. Acá estamos viendo algunas de esas consecuencias.
—¿Qué incidencia tiene el capítulo previo de la fusión entre Cablevisión y Telecom en la posición que hoy tiene Telecom para seguir avanzando sobre el mercado?
—Es fundamental. Si en esa fusión Clarín no hubiese entrado al rubro de las telecomunicaciones móviles, no habría tenido la espalda económica para llevar adelante esta operación. Esta compra implica que el Grupo Clarín, o el Grupo Telecom, como queramos verlo, tomó una deuda de 1.200 millones de dólares. Esa deuda solamente se consigue cuando tenés una promesa de rentabilidad tan grande como la que puede prometer Telecom con lo que ya tenía y con lo que tiene a partir de la compra de Telefónica. Ese capítulo de la historia de 2017 es fundamental en este proceso de crecimiento, porque le permite saltar a un mercado muchísimo más lucrativo, que es el de la telefonía móvil.
—La salida de Telefónica de buena parte de América Latina también habla de un cambio regional: grandes grupos que se repliegan, mercados que se consolidan y necesidad creciente de inversión en redes. ¿La Argentina es un caso excepcional o forma parte de una tendencia global de concentración de las telecomunicaciones?
—La excepcionalidad del caso argentino en la evolución de las telecomunicaciones en la región es que en Argentina existe un gran jugador local que no enfrenta, como ocurre en otros países, la competencia de jugadores regionales o transnacionales. En el resto de los países existen empresas internacionales que compiten entre sí y que tienen presencia en distintos países, como Millicom, Tigo, Liberty Latin America o Claro. En cambio, para Telefónica, Brasil es el único país donde todavía tiene un activo de relevancia. Todas compiten con algún actor local, pero casi siempre la cantidad de jugadores en igualdad de condiciones para la competencia es de dos a cuatro, contemplando todos los sectores mencionados. En Argentina se da el mismo proceso de consolidación que se viene dando en América Latina, sobre todo a partir de la salida de Telefónica del continente —salvo Brasil—, pero esa consolidación se da a favor de algún jugador local que casi no tiene competencia. Esa es la excepcionalidad argentina dentro de una tendencia regional de las telecomunicaciones que tiende a reducir la cantidad de jugadores en el mercado.
—Frente a este achicamiento del mercado, la integración y la concentración, ¿qué herramientas regulatorias serían ahora más necesarias que nunca?
—Creo que hay condiciones que el Gobierno se olvida de poner, como la necesidad de tender redes físicas allí donde no es rentable, establecer precios de abonos más bajos en zonas desprotegidas o desfavorecidas geográfica o económicamente, y pagar mayores tasas para financiar el Fondo de Servicio Universal, de modo de garantizar la conectividad allí donde no es rentable. Ese tipo de herramientas regulatorias tienen la capacidad de mermar en algo este poder de mercado.
—Frente a este movimiento de mercado y condicionamientos superfluos, ¿qué dirías respecto de la tensión entre el gobierno de Milei y Clarín? ¿Es más discursiva o más de fondo?
—Creo que la disputa pública del Gobierno con Clarín se da en un nivel discursivo, y especialmente hacia algunos periodistas. A Milei le sirve más pelearse con periodistas que con medios de comunicación. Si bien sigue teniendo ese tuit fijado que habla de los favores que distintos gobiernos le hicieron a Clarín, lo cierto es que esta operación se inscribe en esa misma línea de favores de distintos gobiernos al Grupo Clarín, que le dieron su cuota de crecimiento. Y, además, marca que en el ámbito de los negocios y la economía real de las telecomunicaciones no hay ningún tipo ni nivel de pelea. Por supuesto que hay que hacer el análisis político del contexto en el cual se da esta decisión, que es el de un gobierno debilitado políticamente por el caso Adorni y por el contexto económico. Pareciera que el Gobierno tiene menos argumentos o menos potencia política para pelearse con el principal proveedor de servicios comunicacionales y productor de medios de comunicación de nuestro país.
—¿Por qué Clarín, teniendo tanta expansión a nivel nacional y tamaña espalda financiera, no se expandió a nivel regional? ¿Es una decisión idiosincrática o responde a otros motivos?
—Creo que Clarín no se expande a nivel regional porque para eso hay que tener una espalda financiera —es decir, un nivel de apertura de acciones al mercado bursátil— que el grupo no tiene. Y, sobre todas las cosas, porque el Grupo Clarín se sigue manejando como una empresa de nombres propios: los accionistas de Clarín siguen siendo muy relevantes para su gestión y no quieren perder ni ceder el control de la empresa. Eso hace que no logre tener la espalda necesaria para expandirse a otros mercados a nivel regional. También se puede pensar que la realidad de la expansión de Clarín en Argentina tiene que ver con los condicionamientos políticos que ejerce a través de sus medios de comunicación, que tienen relevancia en el país y que, por lo tanto, sirven para presionar a gobiernos a partir de las herramientas de influencia en la opinión pública y en el discurso público. Esta es una segunda línea de lectura, viable para analizar.