1 Giselle, semifinal y algo más - ¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

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Giselle, semifinal y algo más

Episodio XXXIII.

Descubrieron que el vicio ludópata de la patidifusa Romina era muy leve al lado de otras personas que apuestan a la par de estos tiempos. “De este mundo extraño”-pensó Stella.

A la par significa “al ritmo de”. “Al ritmo de” están los que apuestan en cada corner o en cada tiro libre, en cada falta, o si fue orsai o no; y no digo nada de las apuestas en los penales o en las jugadas rapiditas dentro del área chica. Rápido. Siempre todo rápido. Ganarle al tiempo, porque los minutos y los segundos son nuestros enemigos…

Y esto de ganarle al tiempo se le vino a la cabeza en estos dos días densos que parecían interminables. Me refiero al lunes y al martes. Había más partidos por ver, pero siempre algo que hacer. “Como dijo el negro Dolina,- pensó Giselle, – leer un libro significa no estar leyendo otro libro.” Lo mismo le pasaba a ella con este mundial. Si se sentaba a mirar los partidos, tenía que abandonar algunas tareas domésticas, lecturas obligatorias, cosas de trabajo. A Federico, a Ricardo jamás les pasaba algo así. Si había un partido suspendían todo sin culpa porque las pasiones son así. La mayoría de los hombres llevan el fútbol en el cuerpo porque jugaron de chiquitos. Ella, como sus amigas, alguna vez pateó una pelota, o se prendió en algún partido mixto y abandonó en la mitad. Ahora se arrepiente de no haber jugado más en la infancia. Ahora contempla a nenas jugando en los parques o a veces, mira los partidos de fútbol femenino y le viene un sentimiento de justicia en el corazón.

El miércoles no llegaba, los dos días se hacían largos y Giselle se repetía que esto era sólo fútbol pero la memoria la desafiaba y le traía las imágenes de dos amigos de ella, Marcelo y Sergio, que de pronto a los primeros días de abril del ’82 no estaban ni contestaban el teléfono. Bueno, es cierto que en esos años Entel nos traicionaba. Hasta que un día aparecieron los dos en una reunión de amigos. Aparecieron con el pelo rapado, rapadísimo y esa fue la maldita  señal de que, sí, qué desastre, te tocó la colimba otra vez, aunque esta vez no, no era la colimba, era algo peor. Unos meses sin comunicación; las radios y  la tele mintiendo a cuatro manos y una derrota previsible e indigna. Igual,  los dos amigos son héroes.

Pero esto es sólo fútbol. ¿Qué tienen que ver las Malvinas, Lago escondido, las invasiones de 1806 y 1807, las ocupaciones fallidas en nuestro Río de la Plata, el pacto Roca-Runciman, la oligarquía anglófila que nos tocó, el esperpento entreguista que gobierna? Esto es sólo una semifinal, un encuentro deportivo.

–Seamos sinceros,–dijo Giselle en la mesa con la banda familiar reunida.- Seamos sinceros. ¿Esto es sólo un partido o algo más que un partido?- Stella; Natalia; Romina; Ricardo; María Eugenia y Federico, el nuevo novio, la observaron sin contestar. El partido estaba por empezar.

–Digamos la verdad. A los ingleses los aborrece todo el mundo. Sus vecinos, sus ex colonias en Asia, Africa y Latinoamérica. Nadie los quiere.

–¡Totalmente! –Gritó Ricardo. –Y prendió el porro inaugural

–¡Más vale! ¡No los quiere nadie!- Stella exclamó y sirvió champagne.     Recordemos que en esa casa se habían prohibido la birra y las comidas chatarras y la pobre Romina tenía vedado el uso de computadoras y celulares.-      Por supuesto, –siguió Stella,– el mundo entero tiene puesta la camiseta celeste y blanca. Y somos todos devotos del barrilete cósmico.

Brindaron arriba de la comida. Hicieron otro locro aunque fuera las tres y media de la tarde y se dispusieron a la mesa en los mismos lugares del partido contra Egipto porque la cábala había funcionado. El barrio estaba todo preparado. Las banderas en los balcones. El aire que se cortaba con tijera. Televisores en los bares. El temor al delay y gritos. Fotos del Diego por toda la casa y, otra, por qué no, del Rata Rattín.

II

Silencio en las calles. No descansa ningún músculo y mucho menos la ambición. En el primer tiempo todos pensaban que iríamos a penales; parecían muy parejos estos equipos. A los diez minutos del segundo tiempo la cosa se puso fea. Nuestros amigos cambiaron los lugares en la mesa, hasta que  Natalia sugirió que se dejaran de joder con las cábalas. Vinieron los cambios de jugadores, el juego temerario en el área de los ingleses y Síííí, esto fue más que un partido, antes de los noventa minutos y después de los adicionales, les ganamos a la potencia que más daño le hizo a la humanidad a lo largo de la historia. Y se lo dedicamos a nuestros soldados y al Diego.

Al obelisco todos. En el cochazo de Ricardo hasta Córdoba y la 9 de Julio, a caminar, a mezclarse con la multitud. Ya en Corrientes, Ricardo y María Eugenia se entregaron a la fiesta. Nati, Stella, Giselle y Federico sintieron algo en el cuerpo. Una vibración. Por más campeones o vencedores de semifinal, a ellos les llegó el mal aire de la represión en el Congreso. Aunque ya hubiera pasado, aunque ya fuera costumbre, ellos cuatro sintieron los gases, las motos, los cuerpos corriendo, los caídos y las corridas que el viento no había terminado de llevarse.

Giselle bailaba, cantaba, pero también pensaba. ¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos ganado? ¿Sería otra nuestra identidad? Todavía no somos campeones, pero les ganamos y eliminamos a los civilizados más sanguinarios de la historia. ¿Y si no hubiéramos vencido, cómo nos identificaríamos hoy los argentinos? ¿Como tristes eliminados en semifinales teniendo al rey del fútbol en el equipo? ¿Cómo se conformaría la identidad argentina? ¿Y ahora, qué seremos luego del domingo?

Este era el pensamiento de Giselle mientras se metía dentro del cuerpo de la multitud. Pero se quedó en la Plazoleta. Ricardo, la jueza, Nati, Stella y Federico llegaron al centro, al meollo del cuerpo, es decir, al Obelisco mismo. A la valla: el centro del cuerpo estaba cercado.

¡Pero, igual, con todo lo bueno y con todo lo malo, ahora, vayamos por la cuarta estrella!!!

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