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El día que los robots quieran levantar la Copa del Mundo

La inteligencia artificial ya no deja resquicio por dónde meterse. Y el fútbol no es la excepción. En este hermoso deporte la IA ya es capaz de analizar tácticas, anticipar lesiones, recomendar fichajes y ayudar a los árbitros. Y ahora el próximo desafío suena mucho más ambicioso. Un proyecto conocido como RoboCup pretende desarrollar para 2050 un equipo de robots humanoides autónomos capaz de derrotar al campeón mundial de fútbol. La tecnología avanza, pero todavía queda una pregunta sin respuesta: ¿un partido sin emociones humanas seguirá siendo fútbol?

Es que la IA ya se convirtió en una herramienta cotidiana del fútbol profesional. Los sistemas de seguimiento pueden reconstruir los desplazamientos de los 22 jugadores, medir distancias y velocidades, detectar espacios libres, reconocer mecanismos defensivos y proponer diferentes movimientos.

Un caso emblemático es TacticAI, desarrollado por Google DeepMind junto con el club inglés Liverpool: el modelo analizó saques de esquina y produjo alternativas tácticas que, durante una evaluación con especialistas, fueron preferidas a las jugadas originales en el 90% de las comparaciones.

Su función, sin embargo, fue la de asistir a los entrenadores y no reemplazarlos. Por ahora.

La IA también es capaz de combinar los datos de cámaras, GPS y dispositivos portátiles para regular las cargas de entrenamiento, advertir signos de fatiga y calcular riesgos estadísticos de lesión. En el arbitraje, las cámaras de seguimiento, el sensor incorporado a la pelota y los modelos tridimensionales ya participan en la detección semiautomática del fuera de juego.

Por otro lado, en la contratación de jugadores, los algoritmos permiten comparar miles de perfiles y encontrar futbolistas que respondan a necesidades precisas. Los beneficios son evidentes: más información, decisiones más rápidas, entrenamientos individualizados y mejores herramientas de prevención.

Pero, ninguno de estos sistemas es infalible porque ofrece probabilidades que deben ser interpretadas por entrenadores, médicos y árbitros.

Algunas claves:

* La IA ya interviene en la preparación táctica, el control físico, la prevención de lesiones, el mercado de pases y el arbitraje.

* RoboCup no es una empresa ni un proyecto localizado en un solo laboratorio: es una iniciativa científica internacional integrada por universidades, institutos y equipos de investigación de numerosos países.

* Su objetivo para 2050 es que once humanoides autónomos jueguen bajo las reglas oficiales y derroten al último campeón mundial humano.

El proyecto humanoide

El proyecto más audaz que existe hasta el momento se llama RoboCup. Se trata de una iniciativa nacida en Japón a partir de las reuniones que mantuvieron en 1993 investigadores como Minoru Asada, Yasuo Kuniyoshi e Hiroaki Kitano.

La primera competencia internacional se realizó en 1997 y desde entonces el proyecto es conducido por la RoboCup Federation, actualmente presidida por el investigador Ubbo Visser, de la Universidad de Miami, Estados Unidos.

Entre los fundadores institucionales de la extraña federación también se encuentran Asada, de la Universidad de Osaka; Kitano, del Systems Biology Institute, y Manuela Veloso, de la Universidad Carnegie Mellon.

El objetivo principal es que, “a mediados del siglo XXI”, un equipo de robots humanoides completamente autónomos se enfrente y derrote, respetando las reglas de la FIFA, al campeón más reciente de la Copa del Mundo de ese momento. Un experimento inquietante.

RoboCup no se desarrolla en una única ciudad: funciona como una red mundial de universidades, laboratorios, estudiantes y especialistas en robótica.

Sus campeonatos cambian anualmente de sede y cuentan con categorías de robots pequeños, medianos, humanoides y simulaciones digitales.

En la llamada Humanoid Soccer League, las máquinas deben identificar la pelota y los arcos, caminar sobre dos piernas, recuperar el equilibrio después de una caída, pasar, rematar y coordinarse con sus compañeros. Todo eso sin ser manejadas a distancia.

El fútbol como laboratorio

El fútbol es utilizado como un gran laboratorio para estudiar visión artificial, locomoción bípeda, aprendizaje automático, planificación, comunicación entre robots y la toma autónoma de decisiones. Sí, toma de decisiones.

El proyecto RoboCup alcanzó un hito entre el 30 de junio y el 6 de julio de 2026 -casi en el mismo momento de la Copa del Mundo humana- cuando más de 3.000 competidores, investigadores y estudiantes se reunieron en Songdo Convensia, en Incheon, Corea del Sur.

Allí, por primera vez se disputó sobre una cancha física un partido completo de once robots contra once robots: el equipo B-Human, de Bremen, venció por 4 a 0 a HTWK Robots, de Leipzig. ¿Qué tal?

Según el informe final del juego, las máquinas fueron capaces de ubicarse, avanzar, pasarse la pelota y resolver situaciones sin intervención humana directa.

El resultado mostró el progreso alcanzado, aunque se demostró que los robots continúan siendo mucho más lentos, rígidos y vulnerables a las caídas que cualquier futbolista profesional. Un hecho histórico, pero que abre incógnitas.

Es que el avance también plantea riesgos referidos a la apropiación de datos biométricos, los sesgos en la selección de talentos, la ventaja creciente de los clubes ricos -aunque eso ya existe- y la dependencia excesiva de recomendaciones algorítmicas.

En cuanto a los humanoides, lo demostrable es que podrían llegar a convertir goles, elegir sistemas de juego y representar festejos programados, pero –todavía- no hay evidencia de que puedan sentir alegría, frustración, miedo o pertenencia. Sería increíble. ¿No? .

Pareciera muy difícil, casi imposible, que un humanoide pueda sentir todas las emociones por la que atraviesa un futbolista antes, durante y aún después de una competencia. Nunca, al menos por ahora, un robot podrá sentir la adrenalina que siente un jugador de fútbol.

El robot, por caso, siempre se despertará o más correctamente se activará -el día del partido- de la misma manera que siempre; al contrario de lo que puede pasarle y le pasa al humano.

Las opiniones se debaten entre el entusiasmo y los limites

Para el doctor Jorge Rocco psiquiatra, con una amplia experiencia con planteles de fútbol la cuestión es clara:

“La IA nunca podrá reemplazar el vínculo del entrenador con el jugador”. Rocco consultado por “Y… ahora Que” subraya que “la inteligencia artificial es una herramienta importante para muchas cosas pero, como diría el General Perón, todo en su medida y armoniosamente. Por eso la IA tiene límites”.

El profesional subraya que en el caso del fútbol: “la IA podrá mostrar cómo enfrentar al rival, cómo se para en el campo o qué debilidades puede tener; pero si el DT no logra explicárselo a su jugador, eso no servirá de nada, porque ese vínculo es irremplazable”.

”Es lo mismo –dice Rocco- que si en mi especialidad, yo le preguntara a la IA que me la paso todo el día pensando en situaciones catastróficas de la vida. Entonces la IA me responderá que sufro un trastorno de ansiedad generalizado. ¿Cómo lo resuelvo?: Solo puedo resolverlo con alguien que me escuche y me ofrezca herramientas. Y la IA no es precisamente, la que me lo pueda resolver”.

En tanto en el mundo las opiniones publicadas sobre la cuestión muestran diferentes puntos de vista. Para Arsène Wenger, ex entrenador del Arsenal y director de Desarrollo Global del Fútbol de la FIFA: “La IA transformará nuestro juego como transformará a la sociedad” y anticipó que los técnicos podrán consultarle durante los partidos qué modificaciones realizar; aunque aclaró que todavía no se alcanzó esa instancia.

Algo más cauteloso, Mikel Arteta, entrenador del Arsenal, advirtió que los datos deben interpretarse correctamente y subrayó que la tecnología “no puede sustituir el componente humano en la conducción de los futbolistas”.

Desde la dirigencia, Javier Gil, responsable de IA de LaLiga, de España, afirmó que esta tecnología ya forma parte del “ADN” de la competición española y destacó su utilización en el análisis deportivo, la producción audiovisual y la relación con los espectadores.

La psicóloga deportiva británica Josephine Perry reconoció por su parte, que al principio temió que estas herramientas desplazaran a los profesionales, pero ahora considera que pueden “ayudar” a los atletas en la visualización, la fijación de objetivos y la preparación mental.

Los investigadores Zhe Wang y Petar Veličković, desarrolladores de TacticAI en Google DeepMind, remarcaron que el sistema fue concebido como un “asistente” que ofrece información táctica a los entrenadores, no como su reemplazo.

Entre los futbolistas todavía predominan menos las declaraciones individuales que las advertencias colectivas:

Es que el fútbol humano no interesa solamente por la eficacia: importan el error, el cansancio, la historia personal y la identificación de los hinchas.

Por eso, aún si el proyecto RoboCup alcanzara su meta en 2050, es muy probable que no sustituya a los jugadores, sino que inaugure otro espectáculo, diferente.

La película “Yo Robot” se anticipó

La pregunta ya no será si las máquinas pueden jugar, sino que habrá que preguntarse si una victoria que no tenga emoción, ni pasión, ni memoria, puede conmovernos como un verdadero partido de fútbol.

En 2004 la película “Yo Robot” con Will Smith como protagonista dejaba la advertencia sobre los peligros de ceder el control y el libre albedrío a la inteligencia artificial.

La historia refiere a que la dependencia total de la tecnología y la lógica fría pueden volverse en contra de la humanidad si se pierde la ética. La película ubicaba ese momento en 2035, 15 años antes del proyecto RoboCup para el fútbol.

Lo cierto es que podrán crearse proyectos, y buscar humanoides que imiten jugadas y festejen goles. Pero, en el fútbol, lo que no se podrá cambiar será la impronta del futbolista. Es decir, el rasgo humano.

Esa habilidad innata del jugador (Pelé, Maradona, Messi y tantos otros) que tiene a la pelota como su amiga mágica e inseparable. Esa llamada la caprichosa o la redonda que será la que siga mandando en el deporte más bello y atractivo que se haya inventado hasta nuestros días.

Y eso, los humanoides y los robots no lo entenderían.

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