Una empresa creada en la incubadora de la Universidad Nacional de San Martín avanza en la futura reproducción y crianza de cerdos genéticamente modificados y libres de patógenos para ampliar la disponibilidad de órganos como corazón y riñones aptos para trasplante en humanos.
El emprendimiento tecnológico, que compite con empresas similares de China y Estados Unidos, aspira a erradicar los tratamientos de diálisis, ser referente regional en la materia y proveer un modelo de preproducción y crianza de este tipo de cerdos en toda América latina.
La historia argentina en materia de xenotrasplantes -el uso de células, tejidos u órganos animales en seres humanos- comenzó hace varios años. En 2000, un equipo del Hospital Italiano de Buenos Aires logró conectar durante cinco horas a una persona con insuficiencia hepática fulminante a un hígado porcino aislado que funcionó como un soporte externo hasta la llegada de un órgano humano.
Entre 2011 y 2014, el Hospital Eva Perón de San Martín realizó dos ensayos con 22 pacientes con diabetes tipo 1 que recibieron islotes pancreáticos de lechones encapsulados en la cavidad abdominal, sin inmunosupresión sistémica. Aunque los estudios no lograron demostrar una eficacia concluyente, se detectaron señales favorables en el control de la glucemia y la reducción de hipoglucemias.
Ahora se apunta a obtener órganos porcinos compatibles con la intención de promover trasplantes de órganos de cerdos genéticamente modificados a seres humanos.
La tijera genética
En 2023, investigadores de la UBA, el CONICET y el INTA anunciaron cinco cerdos genéticamente modificados. En 2025, un riñón porcino modificado fue perfundido fuera del cuerpo con sangre humana y evitó el rechazo hiperagudo durante la prueba.
En mayo de 2026, la Universidad Nacional de San Martín (UNSaM) y la empresa Crofabiotech, creada en la incubadora de esta universidad pública, informaron el nacimiento del primer cerdo clonado de América Latina con tres genes inactivados mediante CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, por sus siglas en inglés), una novedosa herramienta molecular que permitió editar el ADN de organismos vivos de manera rápida, barata y precisa, y que funciona como una especie de «tijera genética» capaz de cortar el ADN en un punto específico para eliminar, añadir o modificar genes.
El antecedente regulatorio también es relevante: en 2006 el xenotrasplante fue incorporado como práctica experimental sujeta a autorización sanitaria nacional.
Desde Y ahora qué? consultamos a los voceros del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), actor ineludible en la discusión regulatoria: “en materia de xenotrasplante el INCUCAI tiene competencia específica como organismo regulador, además de integrar la Comisión de Xenotrasplante. Como en toda actividad de trasplante de órganos en seres humanos, tendrá un rol en esta nueva práctica para evaluar y definir los criterios para la habilitación de establecimientos y profesionales que la lleven a cabo. También para definir los criterios de inclusión en Lista de Espera de pacientes y, finalmente, los criterios de distribución y asignación de estos órganos provenientes de animales y en el registro del seguimiento de post trasplante de estos pacientes”, expresaron sus voceros a este medio.
El médico cirujano integrante de la empresa incubada, Adrián Abalovich, explicó que antes de un ensayo clínico, los órganos deberán superar estudios de laboratorio y pruebas en receptores con muerte cerebral. También harán falta controles en materia de bioseguridad, trazabilidad y posibles infecciones.
Cerdos ‘triple knockout’
Y ahora qué? conversó con Abalovich, jefe del Servicio de Emergencias del Hospital Eva Perón, profesor de la UNSaM, coordinador de la Comisión de Xenotrasplantes de la Sociedad Argentina de Trasplantes e integrante de Crofabiotech, startup incubada en esa casa de altos estudios para entender de dónde venimos y hacia dónde camina la ciencia en este tema que -concretamente- puede salvar la vida de muchas personas en un futuro no muy lejano; una vez más, gracias a la ciencia desarrollada por científicos e investigadores argentinos.
—¿Qué problema buscan resolver los xenotrasplantes?
–Abalovich: La escasez de órganos humanos. La mayoría de quienes esperan un trasplante necesitan un riñón. En Argentina hay alrededor de 7.000 personas en lista de espera y unas 30.000 en diálisis. Ese tratamiento obliga a conectarse a una máquina tres veces por semana y afecta mucho la calidad de vida. El xenotrasplante exitoso amplía la oferta de órganos y evitaría que esas personas tengan que seguir dializándose.
–¿Por qué trabajan con cerdos y qué aporta la edición genética?
–Abalovich: Sus órganos tienen tamaños y funciones adecuados, pero un órgano de un cerdo común sería rechazado en minutos. El ser humano tiene anticuerpos contra ciertos azúcares porcinos y eso provoca un rechazo hiperagudo. Con CRISPR-Cas9 se pueden inactivar los genes que producen esas moléculas -un knockout– o agregar genes humanos -un knock-in– para mejorar la compatibilidad.
–¿Qué significa que los animales genéticamente modificados sean ‘triple knockout’?
–Abalovich: Que se inactivaron tres genes relacionados con los azúcares que desencadenan ese rechazo hiperagudo. Es un avance importante, pero no resuelve todas las barreras: también hay proteínas porcinas que el sistema inmunológico humano reconoce como extrañas. Por eso habrá que realizar nuevas ediciones y continuar los estudios.
–¿Por qué la crianza es tan importante como la modificación genética?
–Abalovich: Porque no alcanza con producir un cerdo compatible. Debe criarse en condiciones libres de patógenos para el ser hombre: sin virus, bacterias, parásitos ni hongos transmisibles. El alimento debe esterilizarse, el agua tiene que ser segura y el aire, filtrado. Se necesitan granjas de alta bioseguridad, controles permanentes y trazabilidad completa.
–¿Qué órganos tienen mejores perspectivas para ser trasplantados y cuándo alcanzan el tamaño necesario?
–Abalovich: Riñones y corazón son los que han mostrado mejores resultados para ser trasplantados. El hígado se estudia principalmente como puente hasta la llegada de un órgano humano, mientras que el pulmón todavía presenta mayores dificultades. En general, a los seis o siete meses de vida, el riñón de un porcino ya puede tener un tamaño adecuado para ser trasplantado a una persona adulta; para niños habría que estudiar animales de menor crecimiento (N. de la R.: pig o mini pig).
–¿En qué etapa está el proyecto argentino y cómo interviene el INCUCAI?
–Abalovich: Los primeros cerdos triple knockout nacieron por clonación y son hembras. Ahora hay que multiplicarlas, obtener machos, cruzarlos, realizar nuevas ediciones y completar estudios de laboratorio. Luego, los órganos deberán evaluarse en receptores con muerte cerebral, con autorización del INCUCAI. Recién si esos pasos funcionan podría plantearse un ensayo clínico. Es un proceso de varios años y no hay que generar falsas expectativas porque, por ahora, no podemos dar fechas de inicio de este tipo de trasplantes.
–¿Qué rol debería cumplir el Estado?
–Abalovich: Central porque si bien la inversión privada es necesaria, el Estado puede facilitar importaciones, reducir cargas impositivas, apoyar en infraestructura y ayudar a producir estos animales a un costo razonable, además de regular y controlar los procesos. Si la tecnología reduce la cantidad de personas que se dializan, parte del enorme gasto actual que se produce por la dialización podría redirigirse a los xenotrasplantes, mejorando significativamente la calidad de vida de los pacientes.
–¿La producción puede escalarse?
–Abalovich: Sí. Una cerda suele tener entre diez y trece crías por parición y, potencialmente, cada animal aporta dos riñones. Podrían existir varios establecimientos, por lo que la cantidad de cerdos no sería una limitación. El desafío pasará por sostener la inversión, la bioseguridad y equipos multidisciplinarios de veterinarios, biólogos, biotecnólogos, médicos, reguladores, economistas y especialistas en patentes.
–¿Por qué es estratégico desarrollar esta tecnología en el país?
–Porque Argentina y América Latina no deberían depender exclusivamente de unas pocas empresas de Estados Unidos o China que provean lo que podemos hacer en Argentina. Un desarrollo propio permitiría formar recursos humanos locales, producir conocimiento y procurar, si los xenotrasplantes demuestran seguridad y eficacia, que los órganos lleguen -a través del Estado nacional- a toda la población y no queden limitados a unas pocas personas.
Lo público funciona
Fundada en 2022 por profesionales de las Escuelas de Bio y Nanotecnologías (EByN), Economía y Negocios (EEyN) y Ciencia y Tecnología (ECyT) de la UNSAM, Crofabiotech trabaja en el desarrollo de soluciones biotecnológicas de vanguardia con impacto global en la salud humana, entre sus investigaciones se destaca este tema de los xenotrasplantes.
El equipo fundador de la startup está integrado por Adrián Mutto, especialista en reproducción y mejoramiento genético animal e investigador de la EByN; Adrián Abalovich, médico cirujano especializado en trasplantes de la ECyT y Mariela Balbo, especialista en negocios y finanzas de la EEyN y coordinadora del Área de Vinculación de la Secretaría de Extensión y Vinculación (SEyV).
Con una fuerte impronta interdisciplinaria y anclaje en la universidad pública, Crofabiotech trabaja en biotecnología con profesionales locales buscando impacto a nivel internacional.
En marzo de este año, la empresa biotecnológica fundada por estos docentes e investigadores de la UNSAM fue seleccionada entre más de 2.000 startups de todo el mundo como finalista en uno de los encuentros de innovación más importantes de América. El reconocimiento posiciona a Crofabiotech como una de las iniciativas en salud más relevantes de la región.