La Argentina necesita comenzar a transitar un camino de gran transformación, no sólo de reconstrucción, que beneficie a la mayoría y evite seguir concentrando la riqueza y el poder en pocas manos. Para eso es necesario articular cuatro dimensiones: programa, sujeto del cambio, relato y poder. Criticar al gobierno de Javier Milei o limitarse a organizar la resistencia no alcanza para construir una alternativa. El desafío consiste en elaborar nuevas ideas, formar cuadros, definir una estrategia productiva y tecnológica y construir el poder político necesario para transformar la estructura del país.
“Seis personajes en busca de un autor”, de Luigi Pirandello, podría asemejarse a “varios candidatos en busca de una presidencia”, incluyendo a Milei y a todo el espectro de amagues en cierne. ¿Qué hay detrás de cada uno? ¿Siguen siendo lo mismo que ya se conoce de ellos, con encuestas que los muestran con rechazos de hasta 60 por ciento, o han modificado sus posturas, están haciendo algún mea culpa o tratando en secreto un plan que enamore nuevamente a los argentinos?
Por ahora sólo se ve la búsqueda de posicionar o mejorar sus respectivas imágenes, pero en el fondo no se visualiza otra cosa que bastante más de lo mismo de siempre. Lo que se ve sólo augura intentos para administrar más amigablemente la crisis estructural en la que se encuentra la Argentina desde hace varias décadas. Mientras tanto, el famoso “outsider” no aparece.
La Argentina necesita comenzar a transitar un camino de gran transformación (no sólo de reconstrucción) adaptado al mundo actual. Un modelo que beneficie a la mayoría del pueblo y no siga concentrando la riqueza y el poder en muy pocas manos.
No se puede seguir con la destrucción actual ni volver al pasado, ya claramente rechazado por la ciudadanía.
Para realmente empezar a transitar un camino que lleve a transformar la Argentina en el sentido propuesto, y no seguir administrando la crisis terminal, como hicieron los gobiernos que precedieron a Milei, será necesario articular al menos cuatro dimensiones: el programa (el qué), el sujeto del cambio (quién o quiénes), el relato (entender el presente y dar esperanza al futuro) y el poder (capaz de construirlo).
* El programa responde qué se quiere transformar y cómo hacerlo.
* El sujeto responde quién o quiénes pueden llevar adelante esa transformación y qué intereses sociales son capaces de articular.
* El relato convierte esa propuesta en una interpretación inteligible del presente y en una imagen deseable del futuro.
* El poder proporciona la capacidad efectiva para modificar estructuras, vencer resistencias y convertir decisiones en realidad.
Todas esas dimensiones son interdependientes y circulares:
* Si tenés programa, pero no sujeto, sos un think tank, no un movimiento político.
* Si tenés sujeto, pero no relato creíble, diferenciado y esperanzador, sos un nuevo administrador de la crisis.
* Si tenés relato, pero no poder, sos un comunicador sin capacidad de transformación.
* Si tenés poder, pero no programa, podés destruir una estructura perimida, pero no necesariamente construir una nueva.
Un riesgo
Criticar lo que hace Milei no explica automáticamente lo que debe hacerse para transformar positivamente al país. Eso requiere una mirada amplia y abierta a todos los interesados en potenciar a la Argentina.
Algunos políticos están sólo interesados en organizar la resistencia y no la transformación real. Agrupar o reunir políticos, empresarios y trabajadores perjudicados por el modelo vigente, si bien es necesario, no es suficiente. Corre el riesgo de convertirse sólo en una coalición defensiva de intereses amenazados.
Dentro del campo popular hay muchos que proponen más dureza, combatividad y menos diálogo con el gobierno, es decir, resistir o enfrentar su desastroso programa, pero sin plantear uno nuevo.
Otros, bastante imberbes, sólo esperan su caída, sin preparar nada nuevo.
La verdadera cuestión es otra: para realmente representar y defender al conjunto mayoritario de la sociedad se debe encarar un trabajo de construcción política sostenible en el tiempo y atendiendo a todas las dimensiones anteriormente mencionadas.
Ideas y cuadros
No tiene sentido llegar al gobierno sin preparar nuevas ideas realistas y sin cuadros político-profesionales capaces de llevar adelante las políticas diseñadas.
El amiguismo o la subordinación personal deben ser desterrados de la praxis política.
Es necesaria una conducción capaz de crear el poder necesario, articulando los acuerdos políticos internos y estratégicos internacionales capaces de cumplir con un modelo nacional sostenible que adquiera, crecientemente, mayores grados de autonomía estratégica. Es decir, hace falta diseñar y construir una estructura política, con cierta unidad de concepción, sobre la base de lo existente, pero incorporando crecientes asociaciones con todo el movimiento nacional.
Hay una gran diferencia entre resistencia y transformación. Es un desafío político nada simple porque involucra actualizar el programa, el sujeto, el relato y construir el poder necesario, todo simultáneamente.
El mundo es demasiado complejo y cambiante como para repetir los modelos anteriores. Los cambios tecnológicos del mundo moderno están transformando el poder y la geopolítica global, también el “trabajo” en sus formas anteriores y la estructura productiva, por lo que confiar en repetir viejas “concertaciones” obrero-empresarias puede no ser realista, así como creer que la política puede tener una rápida reconstrucción moral de su vínculo social. Todo ello debería ser necesario practicarlo, pero no constituye todavía una estrategia de poder.
Una de las lecciones más importantes del fenómeno Milei es precisamente que una transformación política necesita algo más que valores: necesita una interpretación del presente, una identificación de los obstáculos, capacidad de comunicación, organización y una estrategia concreta para modificar relaciones de poder.
Tomar definiciones
Un ejemplo práctico para repensar nuevamente es el tema de la “industrialización”. Si se habla de un “proyecto industrial”, es necesario comenzar a definirlo: ¿qué sectores estratégicos?, ¿cuál es la estrategia tecnológica?, ¿qué tipo de apertura?, ¿qué actividades proteger y durante cuánto tiempo?, ¿qué contraprestaciones exigir a las empresas beneficiadas?, ¿qué política cambiaria y tributaria?, ¿qué infraestructura?, ¿cómo financiar la inversión?, ¿qué lugar asignar a Vaca Muerta, la minería, la agroindustria, el software y la inteligencia artificial y cómo garantizar los estrictos controles ambvientales para su explotación?, ¿cómo aumentar la productividad sin convertir automáticamente cada innovación tecnológica en precarización o destrucción de empleo?, ¿qué capacidades deberían permanecer bajo control nacional?, ¿qué objetivos concretos podrían establecerse a cuatro, ocho y quince años? Así con cada una del resto de las actividades nacionales.
No se trata, a esta altura, de disponer de respuestas definitivas para todas estas preguntas. Por ahora consiste en mostrar que existe capacidad para formularlas, establecer prioridades, tomar decisiones y construir los instrumentos necesarios para ejecutarlas. Supone conocimiento de las cadenas productivas, comprensión tecnológica, cuadros técnicos, presencia territorial, capacidad comunicacional, articulación política y una concepción propia del desarrollo. En otras palabras, transformar poder de resistencia o defensivo en capacidad estratégica de transformación.
Marchar hacia la construcción de una alternativa real y no seguir haciendo lo mismo de siempre (administrar la crisis estructural) significa lograr un gran acuerdo político acerca de aquello que debe construirse para transformar el país, a favor del bien común y de los intereses nacionales.
Ricardo Auer es integrante de FUERZA SUMA FS+.