La Argentina es objeto de un experimento neoliberal que excede la capacidad dañina de otras instancias semejantes del pasado. La Batalla Cultural está en curso, y adquiere una dimensión metafísica insoportable.
Si todo vale, si no quedan diferencias claras y distintas entre una cosa y otra, nada vale. Y habrá que demorar (palabra clave en estas líneas, como se verá) todo lo dicho y por decir en el ámbito de las concesiones lingüísticas para que el entramado de metáforas habilite el acceso al reino de los símbolos.
En Magnifica Humanitas, su primera encíclica, el papa León XIV advirtió que el desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia los totalitarismos. Y describió a los súbditos de dichos regímenes -y también promotores de los mismos- citando palabras de la filósofa alemana Hannah Arendt, quien aseguró que ellos no son los ideológicamente convencidos sino “las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso”, es decir, las normas del pensamiento.
Puesta a funcionar en la Argentina actual, la mirada de Arendt hallaría una ratificación absoluta de sus ideas, y tropezaría con las peripecias del último ejemplo paradigmático de quienes animan, mal que les pese, un juicio marxiano que circula en El 18 brumario de Luis Bonaparte y las Tesis sobre Feuerbach, entre otras obras.
En efecto, si es cierto que el hombre es producto y artífice de la historia, la expansión creciente del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) no harían más que corroborarlo, como lo prueba el resonado caso de Fernando Cerimedo, quien también responde por su nombre de guerra: El Granjero.
Frutos de la granja
Emergente procaz de la nueva derecha, El Granjero tiene 45 años y está preso en Bolivia, acusado de intento de femicidio contra su ex pareja Nadia Beller. Ella sobrevivió porque no hay, como sentenciaba el profético referente del “libertariado” vernáculo Carlos Menem, quien muera en la víspera. Y apenas pudo articular palabra lo denunció públicamente, agregando al hecho la evocación de ciertos episodios molestos para El Granjero, como la conexión con su esposa argentina en el escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDis) que hasta ahora sólo volteó a Diego Spagnuolo.
Tal vez no importe en demasía que El Granjero fuera caracterizado como el principal referente de la enorme granja de trolls creada para difundir y defender las ideas de Milei, y que en los círculos de la extrema derecha se lo vincule con el asesor presidencial Santiago Caputo, el impulsor de “Las Fuerzas del Cielo”. Tampoco sería especialmente destacable su paso por el bolsonarismo brasileño, o por varias campañas electorales, como la chilena por la reforma de la Constitución, o por la que ganó el casi recién asumido presidente Rodrigo Paz en Bolivia.
Alcanza con saber que El Granjero estudió abogacía, pero no terminó la carrera, que probó suerte con alguna presunta estafa inmobiliaria en su Mar del Plata natal y que también se dejó tentar por el periodismo. En esta decorosa actividad dio varias vueltas hasta cofundar La Derecha Diario, donde animó la batalla cultural publicando fake news a troche y moche contra adversarios reales e imaginarios.
El mundo, mientras tanto, continuó su curso, y a mediados de 2024 mantuvo una intensa discusión de pareja que terminó con violencia. Llegaron a las redes imágenes de los daños, las desmentidas, las desmentidas de las desmentidas, los vaciamientos del sentido o contrasentido de cada uno de ellos, etcétera. Entonces El Granjero apeló a su reservorio sofístico y publicó el 25 de julio un extenso descargo, con una “meditada” conclusión: “entiendo que, en tiempos de redes sociales, una falsedad puede propagarse con rapidez entre personas que no se detienen a discernir el verdadero propósito de quienes construyen y difunden este tipo de historias. Sin embargo, por mucho que una mentira se replique, jamás se convertirá en verdad. No es casualidad que ningún medio serio, ni siquiera aquellos abiertamente adversos al Gobierno, haya decidido hacerse eco de esa fake news. Quiero pedir respeto por todas las personas involucradas en esta grotesca historia. Inventar acusaciones de esta naturaleza no solo perjudica a quien es señalado falsamente como agresor, sino que también expone injustamente a la supuesta víctima, banalizando y manoseando un problema tan grave y sensible como la violencia”.
Que El Granjero diga que la mera repetición no implica una “transubstanciación” de una mentira en verdad, y que la falta de avales de los dispositivos comunicacionales “serios” la desenmascararía como fake news, mueve a risa. Máxime porque es sabido que gran parte de su desempeño profesional consistió en el uso de las TIC con fines non sanctos, ya sea para manipular redes sociales y opinión pública (desinformando masivamente y desacreditando a personas, marcas o dirigentes), cometer presuntos ilícitos y fraudes digitales, ataques informáticos y largos etcéteras.
Y amerita destacar que semejante actividad requirió el marco de la 4ª Revolución Tecnológica, caracterizada por el despliegue y la articulación, entre otras herramientas, de la Inteligencia Artificial, la Internet de las Cosas, la Biotecnología y la Robótica de vanguardia, impactando en la física, la biología y lo digital mediante sistemas autónomos y BigData. Todas estas cuestiones eran impensables hace apenas un par de décadas, cuando todavía no habían trascendido a nivel planetario los líderes de Silicon Valley, quienes pusieron al alcance de la mano de cualquier “granjero” de la vida recursos tecnológicos muy potentes y de alto riesgo.
Para demorar al Anticristo
El elenco de líderes de Silicon Valley tiene algunas cosas en común: son de veras ultra-mega-híper-archi-millonarios. Magnates que, sin conocerlo, siguen el consejo del Viejo Vizcacha y se abstienen disciplinadamente de escupir el asado. Todos proclaman una suerte de optimismo tecnológico inapelable y obsesivo y, por lo tanto, aseguran que los mayores problemas (desde el cambio climático hasta el estancamiento económico) deberán resolverse recurriendo a las tecnologías de punta y la ingeniería, no mediante la política.
También aseguran que las empresas privadas cruzan el cielo de la historia dejando una estela de mayor eficiencia tras vencer la inercia de los gobiernos burocráticos, por lo cual es lógico el rechazo a la regulación estatal, aunque difieran en el grado.
Peter Thiel, Elon Musk y Jeff Bezos, los que animan el polo más volcado a la derecha libertaria, son acérrimos enemigos de la estatalidad mientras que Sundar Pichai, Tim Cook y Mark Zuckerberg son algo más moderados. Sin embargo, todos acuerdan en que las regulaciones estatales frenan la innovación y proponen reemplazarlas por esquemas de autorregulación y libre mercado.
Pero hay diferencias. Los primeros (Thiel, Musk y otros) animan el ala ideológica y “aceleracionista” del fenómeno, fundamentalista y de claro enfrentamiento con el orden institucional vigente mediante criptomonedas, ciudades privadas y colonización espacial, entre otras cosas.
El ala relativamente más moderada recomienda negociar con los Estados nacionales y respetar los marcos regulatorios, incluidos los de alcance global. Además, plantean que las tecnologías de vanguardia, como la IA, deben ser abordadas como productos comerciales, especialmente aptos para optimizar las plataformas de consumo.
Peter Thiel se trasladó a la Argentina, compró una mansión de unos 1.600 m² diseñada por Alejandro Bustillo en Barrio Parque (Palermo Chico), y el quinto piso del emblemático Palacio Devoto de avenida del Libertador entre las calles Ugarteche y Raúl Scalabrini Ortiz. Hizo varios negocios, y hasta ahora el más notable fue la adquisición, a través de su fondo Thiel Macro LLC, de aproximadamente el 1% de Vista Energy, una de las principales petroleras que operan en Vaca Muerta, por un valor estimado de U$D 75,9 millones.
Pero la personalidad de Peter Thiel excede las cuestiones crematísticas y muestra facetas más sofisticadas. Fue cofundador de PayPal y Palantir Technologies (la ferozmente rentable empresa de análisis de datos y software, orientada a la inteligencia militar, agencias gubernamentales y grandes corporaciones), y el primer inversor externo de Facebook. Su desempeño como financista de riesgo ha sido extraordinario, y lo prueban sus aportes en las etapas iniciales de SpaceX, LinkedIn y Palantir. Del perfil de las iniciativas que contaron con el apoyo de Thiel se deduce una suerte de filosofía para la evaluación de proyectos que luego recogería en libros, intervenciones públicas y conferencias. Según su punto de vista, la auténtica innovación debe necesariamente crear también monopolios únicos para proteger su desenvolvimiento y, por lo tanto, nunca salir a competir en mercados saturados.
El magnate alemán-estadounidense pasó gran parte de su infancia en Sudáfrica, estudió Filosofía y Derecho en la Universidad de Stanford, conoció a fondo la especulación financiera trabajando en Nueva York, y desde 1996 comenzó a operar en el ecosistema de emprendimiento y capital de riesgo (venture capital) en Silicon Valley. Le fue muy bien, pero nunca abandonó su bagaje formativo en humanidades, su experiencia de entusiasta mercader de ilusiones financieras y la consecuente facilidad de palabra rayana con la poesía.
Al momento de buscar nombres para sus empresas, Thiel y su equipo eligieron, por ejemplo, Palantir, vocablo inventado por J. R. R. Tolkien en El Señor de los Anillos. Significa algo así como “visión lejana”, yes una esfera de cristal indestructible que habilita comunicaciones a la distancia o visiones presentes y pasadas en lugares muy alejados entre sí.
En un campo de batalla actual es un sistema de plataformas de software y análisis masivo de datos en tiempo real para inteligencia militar. Otro ejemplo de abordaje metafórico de la barbarie (que bien leído constituye un eficaz argumento de venta) viene dado porque Palantir asegura que lo suyo no es una mera participación en los combates sino la realización de una “misión civilizatoria”, la de enfrentar con la IA a los adversarios autoritarios de las democracias occidentales.
Trolls, bots, el catalejo y la parusía
Finalmente, Thiel piensa que su existencia y las actividades de quienes lo acompañan cumplen un mandato bíblico. Es sabido, y en apretadísima síntesis, que la teología cristiana considera que la parusía, el segundo advenimiento de Jesucristo al final de los tiempos para consumar la historia humana y establecer el Reino de Dios en su totalidad, será precedida por un período espantoso hasta la llegada del Anticristo.
Se trata del arribo de La Bestia, que cometerá “la abominación desoladora”, o mejor, en palabras de Saulo de Tarso (san Pablo, 2 Tesalonicenses 2:3-10): “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”.
Esta epístola es harto compleja porque, antes de esas palabras, Pablo les advierte a los tesalonicenses que “no os alarméis ni por espíritu, ni por discurso, ni por epístola, como si fuera nuestra, que digan que el día del Señor es inminente”. O sea que les asegura que ya opera la iniquidad, la obra de anarquía mundial contra Dios, y que circulan noticias falsas (como si fueran dadas por el propio Pablo) con intenciones aviesas respecto de la inminencia de la parusía, sin que hubiera alguna granja de trolls (o bots) funcionando a pleno.
La cuestión central es que Pablo menciona con insistencia al Catejo, aquello que demora al Anticristo y la llegada del fin del mundo, pero no dice quién o qué es.
Se refiere al Catejo, pero no lo identifica. Y Thiel, transcurridos dos milenios, y abrevando en la obra de Carl Schmitt y René Girard, lo deriva del orden político que impide el colapso social y la tiranía global, aun a riesgo de convertirse en lo que demora (el Anticristo).
Pero entonces, ¿cómo lograr que el Catejo, aquello que impide la llegada de La Bestia, no termine imitándola, y adopte métodos y comportamientos tan autoritarios que lo conviertan en ella?
La tecnología de vanguardia es ambigua, según Thiel, y bien puede servir para descentralizar el poder (actuando como freno o Catejo) o para instaurar una diabólica tiranía global. De ahí que cierta defensa de la soberanía, como la que levantan algunos movimientos conservadores resulte necesaria para diferir una homogeneización global, prevenir el riesgo de caos global con estructuras fuertes (tecnológicas, políticas y de seguridad) y evitar la autodestrucción violenta de la humanidad.
El Catejo moderno requiere empresas dedicadas a la inteligencia y la vigilancia masiva, a fin de mantener el orden global y evitar el apocalipsis violento. Empresas como Palantir, claro que sí, son imprescindibles para un momento histórico ganado por la falsedad, por promesas de imposible cumplimiento de “paz y seguridad” a costa de la libertad individual y en momentos en los que la opinión pública parece inclinarse hacia la instauración de un sistema global que prohíba el progreso tecnológico con la excusa de “salvar al mundo”, y termine siendo, irónicamente, el Anticristo que debía demorar.
A dos milenios de distancia, todavía las palabras de Paulo de Tarso (San Pablo) sin ser concesivas resultan acogedoras. Para Thiel la humanidad sobrevive amenazada por el caos autodestructivo (Armagedón) o tentada por una tiranía global tranquilizadora (que por algún motivo resulta la civilización occidental y cristiana travestida en Anticristo). Pero Paulo de Tarso (San Pablo) tampoco dijo qué o quién es el Catejo, sencillamente porque -a diferencia de Thiel- no tenía nada que vender.