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Directores: Martín Granovsky y Rafael Prieto | Edición: 140
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En Brasil las bets ya le quitan riqueza a la economía

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Las bets le están restando a Brasi el 1 por ciento del PBI.

Las apuestas online en Brasil ya no son solamente un fenómeno deportivo o un problema de ludopatía. Una investigación de la Universidad de San Pablo (USP) calcula que durante 2025 las “bets” pudieron restarle unos 25 mil millones de dólares a la actividad económica.

De arranque algunas claves:

*El Centro de Investigación en Macroeconomía de las Desigualdades (Made) de la FEA-USP estima que las apuestas redujeron la actividad económica brasileña en un monto equivalente al 0,9%-1,1% del PIB durante 2025.

*Los brasileños depositaron 220.600 millonesde realesdurante 2025 solamente en las plataformas autorizadas por el gobierno federal. De ese total, 36.900 millones de reales quedaron como ingresos de las casas de apuestas después de premios y bonos.

*El Gobierno respondió con restricciones a la publicidad, una plataforma nacional de autoexclusión y nuevas facultades para identificar y bloquear cuentas y pagos relacionados con operadores ilegales.

Las apuestas online dejaron de ser en Brasil solamente un fenómeno deportivo o un problema de ludopatía. Una nueva investigación de la Universidad de San Pablo Paulo calcula que durante 2025 las “bets” pudieron restarle entre 120.000 millones de reales y 141.000 millones de reales a la actividad económica.

Menos consumo, más morosidad y dificultades de acceso al crédito llevaron al gobierno de Lula da Silva a endurecer las restricciones sobre una industria que mueve cifras multimillonarias.

De la cancha al bolsillo

Brasil se convirtió en pocos años en uno de los grandes mercados de apuestas online, impulsado por las apuestas deportivas y los casinos virtuales.

El crecimiento fue tan rápido que sus consecuencias comenzaron a sentirse fuera de las propias plataformas. Datos del Ministerio de Hacienda revelan que durante 2025 los brasileños depositaron 220.600 millones de reales en las bets legalmente autorizadas.

Los jugadores recuperaron buena parte de ese dinero mediante premios y bonos, pero 36.900 millones de reales quedaron como ingresos de las compañías. A esas cifras debe agregarse un mercado ilegal cuya dimensión es mucho más difícil de establecer.

Ahora, una investigación del Made de la Facultad de Economía de la Universidad de San Pablo (USP) introduce una dimensión todavía mayor.

Sus economistas calculan que el desplazamiento de recursos desde el consumo hacia las apuestas pudo quitarle a la actividad económica entre 120.000 millones y 141.000 millones de reales durante 2025, aproximadamente entre 0,9% y 1,1% del PBI.

Según los investigadores, esa magnitud representaría entre el 40% y el 50% del crecimiento económico del año. La explicación es sencilla: el dinero destinado al juego deja de circular, al menos parcialmente, por supermercados, comercios, restaurantes, servicios y otros sectores con mayor efecto multiplicador sobre la economía.

La transferencia de las familias hacia las apuestas

La USP calcula además una transferencia neta de 62.500 millones de reales desde las familias hacia el sector de las apuestas y advierte sobre posibles consecuencias distributivas.

La menor actividad podría haber significado una pérdida de recaudación de entre 31.100 y 54.800 millones de reales. Incluso descontando aproximadamente 9.000 millones de reales ingresos públicos generados directamente por las plataformas, el estudio estima un saldo fiscal negativo de entre 22.000 y 46.000 millones de reales.

Los autores también plantean que la transferencia de recursos puede profundizar la concentración del ingreso, aunque estos cálculos son estimaciones macroeconómicas y no una medición directa de cada real que dejó de consumirse.

El problema aparece también en las cuentas personales. Una investigación encabezada por el economista Sérgio Firpo, del Insper, junto con investigadores de Stone, siguió la situación financiera de personas que comenzaron a apostar después de enero de 2025.

Durante los doce meses siguientes, la proporción de personas con pagos atrasados aumentó en promedio 20% más entre los apostadoresque entre quienes no apostaban; la parte impaga de las tarjetas creció 38,7% y la disponibilidad de crédito cayó alrededor de 16%.

Otro dato resulta particularmente revelador: uno de cada diez apostadores enviaba a las plataformas más del 20% de todo el dinero que salía mensualmente de su cuenta. El estudio todavía no había sido publicado en una revista científica al difundirse sus resultados.

Que hizo Lula al respecto

Frente a este escenario, el gobierno de Lula da Silva pasó de regular el negocio a intentar contener sus consecuencias. Desde julio funciona una plataforma centralizada de autoexclusión: mediante el CPF, cualquier brasileño puede bloquear simultáneamente todas sus cuentas en operadores autorizados, impedir nuevas altas y dejar de recibir publicidad personalizada.

El Ejecutivo también endureció la propaganda: los avisos deben incluir advertencias como Apostar puede causar dependencia”, “Apostar hace que usted pierda dinero” o “Apostar no es una inversión”, ocupando al menos el 10% del anuncio, además de restricciones específicas para impedir que la publicidad alcance a los menores.

La última medida llegó esta misma semana. La Secretaría de Premios y Apuestas del Ministerio de Hacienda publicó una nueva normativa destinada a atacar el circuito financiero de las apuestas clandestinas.

Los bancos e instituciones de pago tendrán mayores herramientas para identificar transferencias hacia operadores irregulares, bloquear cuentas e impedir nuevas operaciones.

El objetivo oficial es atacar uno de los grandes problemas de la regulación brasileña: mientras el Estado aumenta los controles sobre las empresas autorizadas, una parte de los jugadores puede desplazarse hacia plataformas ilegales donde no existen los mismos límites ni mecanismos de protección.

La paradoja

Brasil enfrenta así una paradoja. Las apuestas generan impuestos, empleo, publicidad y enormes contratos de patrocinio -especialmente en el fútbol- pero las nuevas investigaciones sugieren que una parte de esos beneficios puede quedar ampliamente contrarrestada por menos consumo, mayor endeudamiento, morosidad y pérdida de actividad económica.

El debate dejó entonces de ser únicamente cuánto dinero pierden quienes apuestan.

La pregunta que comienza a hacerse Brasil es bastante más importante: ¿cuánto pierde una economía cuando millones de personas empiezan a tratar la apuesta como una alternativa al consumo, al ahorro o incluso como una falsa vía para salir de sus dificultades económicas?

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