La humanidad traspasó siete de los nueve límites planetarios definidos por los científicos. Desde el
Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) advirtieron que hay que cambiar el rumbo porque “aumentan los riesgos extremos”. Para Greenpeace, “Argentina empuja sus ecosistemas a un punto de no retorno”.
El informe difundido por el director del PIK (Potsdam Institute for Climate Impact Research de la Universidad de Potsdam), Johan Rockström, destacó que la humanidad transgredió siete de los nueve Límites Planetarios.
Esos “límites planetarios”, detallados en el Planetary Health Check 2026, se refieren a un espacio seguro de los sistemas de hábitat y producción humanos. Por ejemplo, indicó que la humanidad aumenta los riesgos de eventos extremos graves cuando incrementa las emisiones de combustibles fósiles. Y, como contrapartida, destacó que un clima estable depende (por ejemplo) de sostener bosques saludables, sistemas de agua dulce y la calidad de la biodiversidad y los océanos.
Para Rockström la salud humana depende de la estabilidad de los sistemas naturales de la Tierra y advirtió que “la salud del planeta es inseparable de la salud humana”.
Siete al hilo
Según la evaluación, ya se sobrepasaron siete de los nueve límites recomendados, y los únicos que permanecen dentro de los parámetros aceptados son el ozono estratosféricoy losaerosoles atmosféricos.
La humanidad se desarrolló bajo condiciones relativamente estables, pero desde mediados del siglo XX, el aumento geométrico de la población, el uso excesivo de recursos naturales y energía, la transformación del suelo y la contaminación ambiental convirtieron a la humanidad en una fuerza capaz de alterar el planeta con consecuencias cada vez más visibles.
Entre otros ejemplos, el informe cita la aceleración del calentamiento global con olas de calor cada vez más extremas, inundaciones, sequías y tormentas que provocan daños a ecosistemas y poblaciones mientras avanza la pérdida de la biodiversidad, y se degradan los sistemas de agua dulce y los bosques.
Esta destrucción coral expone la relativa capacidad del planeta para amortiguar o sobrevivir a las presiones humanas que sobre explotan la naturaleza. El informe del 2026 muestra una fuerte presión sobre el ecosistema terrestre y asegura que siete de nueve límites planetarios están sobrepasados. Y que la tendencia es que todo seguirá barranca abajo.
Argentina no está exenta
La advertencia de PIK no pasa desapercibida en nuestro país. Matías Arrigazzi, biólogo y especialista en biodiversidad de Greenpeace Argentina, aseguró a Y ahora qué?, que en el país “estamos empujando a nuestros propios ecosistemas hacia un punto de no retorno debido al avance extractivista y la desregulación ambiental. Mientras la ciencia advierte que la pérdida de bosques, el estrés hídrico y la destrucción de la biodiversidad retroalimentan el cambio climático a nivel global, en Argentina estamos acelerando esa misma crisis a escala local a través de tres frentes críticos”:
*Deforestación legal e ilegal y ecosistemas presionados: El límite planetario de Cambio en el Sistema Terrestre y la Pérdida de Biodiversidad se traslada directamente a regiones como el Gran Chaco, el segundo bosque continuo más grande de Sudamérica. La deforestación ilegal e impune para la expansión agropecuaria y la especulación inmobiliaria destruye sumideros de carbono, arrasa con el hábitat de especies amenazadas como el yaguareté y destruye la capacidad del suelo para retener agua, aumentando inundaciones y sequías extremas.
*Ofensiva contra el agua dulce y nuestros glaciares: En Argentina, la principal reserva estratégica de agua dulce de la Cordillera de los Andes está bajo amenaza directa. Los constantes intentos del Gobierno y las corporaciones mineras por debilitar o desmantelar la Ley de Glaciares para habilitar la minería en áreas periglaciares representan una regresión ambiental inaceptable.
*Avasallamiento de leyes ambientales: Los límites planetarios no se respetan congelando compromisos internacionales mientras puertas adentro se impulsan reformas regresivas, el desfinanciamiento del Servicio Nacional de Manejo del Fuego o la flexibilización de los controles ambientales.
Estado de los límites planetarios y nacionales
Los límites planetarios son nueve, y siete ya fueron desbordados por la acción del hombre. Entre paréntesis (al lado de cada título) se consigna la evaluación realizada por el Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático. En el punto que corresponda, también se detallan las particularidades argentas:
1-Cambio climático (ampliamente superado):
Es la alteración del equilibrio energético de la Tierra provocada principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero y cambios en el uso del suelo. Las consecuencias incluyen aumento de la temperatura, fenómenos meteorológicos extremos, daños a ecosistemas y aumento del nivel de los mares. Si continúa el calentamiento, aumentará la probabilidad de más cambios y podríamos provocar puntos de inflexión potencialmente irreversibles en la naturaleza.
2-Alteración de la integridad de la biosfera (ampliamente superado):
Este límite se refiere a la diversidad y al funcionamiento de la vida en los ecosistemas terrestres, de agua dulce y marinos. La transformación de hábitats, la extracción de recursos, la contaminación, el cambio climático y otras presiones los están degradando. El informe detalla las tasas de extinción de especies y la proporción de la productividad vegetal natural apropiada por los seres humanos. Ambas están en alto riesgo, y un mayor deterioro podría debilitar la capacidad de la naturaleza para regular el carbono, el agua, los nutrientes, los suelos y el clima.
En Argentina se considera superado.
La pérdida de integridad funcional y genética afecta a múltiples ecorregiones clave como Espinal, Selva Misionera, Chaco y Pastizales Pampeanos. La presión sobre polinizadores naturales y la pérdida de sumideros nativos de carbono reducen la resiliencia de los ecosistemas locales frente a eventos climáticos extremos.
3-Cambio en los sistemas terrestres (superado):
Se debe principalmente a la pérdida y degradación de la naturaleza por la expansión agrícola, la tala indiscriminada y las infraestructuras. Se suman, cada vez más, el calor, las sequías, los incendios y las plagas relacionadas al clima. Una mayor pérdida de bosques podría agravar el estrés hídrico y aumentaría el riesgo de incendios e inundaciones.
En Argentina se considera superado.
La conversión de ecosistemas nativos para la expansión de la frontera agropecuaria e industrial es uno de los vectores críticos en el país. Regiones como el Gran Chaco argentino registran tasas históricas altas de deforestación y fragmentación de hábitats, transformando bosques y sabanas secas en campos de cultivo y pastoreo.
4-Alteración del agua dulce (superado):
Comprende el agua de ríos, lagos, embalses y acuíferos que almacenan para las plantaciones. Esto contribuye a sequías, inundaciones, estrés de los ecosistemas, agotamiento de napas subterráneas y al aumento de la presión sobre el agua potable y los sistemas energéticos. Una alteración mayor podría amenazar la disponibilidad de agua potable y la producción de alimentos.
En Argentina se considera superado.
Para Greenpeace, el paísexperimenta una alta vulnerabilidad en el balance hídrico:
-Agua verde (humedad del suelo): está modificada por la recurrencia de sequías extremas en la región pampeana y el Gran Chaco.
-Agua azul: existe un estrés hídrico severo en las cuencas del centro y oeste (Cuyo y Comahue por el retroceso de glaciares andinos), sumado a la variabilidad histórica en el caudal de la Cuenca del Plata.
5-Alteración de los flujos biogeoquímicos (ampliamente superado):
La actividad humana incrementó los flujos de nitrógeno y fósforo por el uso de fertilizantes. Entre las consecuencias figuran la contaminación del agua, la proliferación de algas, la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire provocada por el nitrógeno. Estos daños afectan a ecosistemas de agua dulce y marinos, y generan riesgos para la pesca, el agua potable, la alimentación y la salud en general.
En Argentina se considera ampliamente superado.
El uso intensivo de agrotóxicos en zonas de alta producción agrícola genera escorrentía de nitrógeno y fósforo (arrastre de estos nutientes desde los suelos agrícolas) hacia cuencas fluviales, favoreciendo procesos de eutrofización y proliferación de cianobacterias en embalses y ríos (como en el Río de la Plata y la cuenca del Salado).
6-Acidificación del océano (superado):
Ocurre cuando el océano absorbe el dióxido de carbono producido por el hombre. Esto modifica la química del agua y dificulta que, por ejemplo, algunos organismos formen y conserven sus caparazones, conchas y esqueletos. Los cambios son especialmente intensos en el Ártico y el océano antártico. Ya se observan daños y disolución de las conchas de pequeños caracoles planctónicos (importantes para las redes alimentarias marinas), y los corales de aguas profundas están cada vez más expuestos a condiciones corrosivas. De proseguir esta acidificación podría alterarse la red alimentaria marina, la pesca, los medios de vida de los pueblos costeros y la biodiversidad.
Aunque la contribución argentina a la emisión global de gases de efecto invernadero (GEI) representa cerca del 0,7/0,9% del total mundial, los efectos del cambio climático impactan fuertemente de manera local con olas de calor, alteración del régimen de lluvias e incendios forestales. El Atlántico Sur registra variaciones en temperatura y acidez que ejercen presión sobre ecosistemas marinos y pesquerías.
7-Concentración de aerosoles atmosféricos (se mantienen en un espacio operativo seguro a escala global):
Se refiere a partículas suspendidas en el aire provenientes de la quema de combustibles fósiles, la industria, el transporte, la quema de biomasa, el polvo y el humo. Influyen en la luz solar, las nubes, las lluvias y la circulación atmosférica. El indicador global permanece dentro de los límites seguros. Sin embargo, la concentración sobre Asia meridional supera el límite regional propuesto y podría alterar las lluvias monzónicas. Esta contaminación provoca graves daños a la salud y reduce la productividad agrícola.
8-Agotamiento del ozono estratosférico (dentro de un espacio operativo seguro):
La capa de ozono protege de la radiación ultravioleta perjudicial. Los controles internacionales permitieron una recuperación considerable y devolvieron el indicador global a niveles seguros. Sin embargo, los niveles de ozono siguen por debajo de los existentes a mediados del siglo veinte. Una recuperación incompleta o nuevas presiones aumentaría los riesgos para la salud humana, los cultivos, los ecosistemas y la circulación atmosférica.
9-Introducción de nuevos productos (ampliamente superado):
Se refiere a una amplia variedad de elementos sintéticos, plásticos, pesticidas y un grupo de más de 10.000 productos químicos artificiales utilizados en la industria desde la década de 1940 (PFAS) que se liberan al sistema más rápido de lo que pueden evaluarse, vigilarse y regularse adecuadamente. El límite se está sobrepasado porque siguen circulando sin una evaluación segura. Muchos de ellos pueden persistir, dispersarse por el planeta, acumularse en organismos y causar daños duraderos e irreversibles a los ecosistemas, las cadenas alimentarias, el agua y la salud humana en general.
En Argentina se considera superado.
Se acelera la acumulación de plásticos y agrotóxicos en cuerpos de agua y suelos. Argentina afronta el desafío de gestionar el destino ambiental de fitosanitarios y microplásticos en los grandes ríos que atraviesan tierras urbanas y agrícolas.
Un planeta comprometido
El progresohumanoa arrastrado al planeta mucho más allá de su espacio de confort, y pese a algunos avances por recuperar la salud planetaria, los esfuerzos siguen lejos de ser suficientes.
El reporte de PIK asegura que aún hay oportunidad de evitar cambios irreversibles mediante acciones urgentes y muy concretas que hagan recuperar la sostenibilidad y un medio ambiente sano.
El reporte Planetary Health Check fue concebido como una herramienta de diagnóstico que indica dónde la presión humana sobre el planeta es excesiva, dónde aumentan los riesgos y dónde la transgresión permanente de los límites de la explotación de la naturaleza podría debilitar la estabilidad y la resiliencia de la Tierra. No indica un programa de políticas públicas universal, pero establece una referencia clara para actuar y advierte que las sociedades deben volver a un espacio operativo y ambientalmente seguro.
Esta premisa acarrea consecuencias que van mucho más allá de la protección ambiental o la salvación de la naturaleza porque puede implicar, en su máxima expresión, un cambio en el funcionamiento de las economías y las sociedades.
El reporte del Potsdam Institute for Climate Impact Research asegura que en esta década hay que cambiar las tendencias y “orientar a las sociedades hacia un futuro más seguro y justo. Contamos con herramientas y hay algunos pasos dados. Volver a vivir dentro un espacio operativo seguro exige medidas urgentes y decididas en todos los sectores de la sociedad”, concluyeron.