Este domingo se vota en Brasil, donde sigue el empate y Lula se concentra en sacar el voto a la calle con actos y artistas en su apoyo. El rol de los evangélicos, ahora divididos, y la inesperada aparición de la Virgen.
Fue la última semana de campaña y los números no se movieron, con las principales encuestas manteniendo para el eventual escenario de segunda vuelta, el 25 de octubre, un empate entre el presidente Lula da Silva y el senador de una derecha durísima, Flavio Bolsonaro. Cada uno se dedicó a asegurar su base, con el PT concentrado en activar el voto entre los más pobres, que suelen faltar a la cita en porcentajes más altos.
En una buena elección, como la de 2022, un brasileño en cinco no se acerca a las urnas y todos recuerdan que Lula ganó esa vez por apenas 1,8%, así que bajar un poquito, un punto aunque sea, el ausentismo electoral puede ser crucial. El Nordeste fue (en estos días) la región más visitada por los dos candidatos. Lula juega de local por ahí, con porcentajes de lujo en los nueve estados de la zona: la nacional que ganó por 50,90, por allá la ganó por 69,34. La gira pudo ser agotadora, con días del Amazonas a Pará, y después a Ceará y Bahía. El mensaje fue claro y fuerte: “El Nordeste no va a volver a ser tratado como una región de cuarta. El Nordeste ya aprendió a disfrutar de cosas buenas”.
Es notable la energía que mostró Lula, 80 años cumplidos, en la gira. También cómo los viajes fueron para ayudar a candidatos locales, incluyendo gobernadores que buscan la reelección con números complicados. Todos los números indican que el Nordeste va a volver a dar una alegría al Presidente, pero la esperanza de aumentar todavía más la ventaja se desvaneció hace rato. Habrá que ver los números del domingo 4 de octubre para confirmarlo, pero Lula parece ser personalmente más popular en la región que sus seguidores y funcionarios electos.
Como el Nordeste concentra el 27% del electorado nacional, la movilización partidaria es fuerte y pasa por activar militantes para que los vecinos vayan a votar. El mensaje es doble, un “vaya a votar” primero, y un “vote bien, vote por nosotros” después. Para generar entusiasmo, la estrategia pasa por actos en vivo y caminatas electorales, con Lula como la figura que atrae y artistas populares como coprotagonistas. La idea se extiende a distritos más difíciles en el Sur, lo que explica el mega acto en la avenida Paulista de San Pablo.
La estrategia de Flavio es la misma, pero en sentido contrario, buscando limar el apoyo al presidente en su base nordestina y afirmar la suya en el Sur y el Centro Sur, en particular en San Pablo, el mayor electorado y en las últimas elecciones reacio al progresismo. Su elenco es más limitado -con una falta casi absoluta de artistas propios- pero el gobernador paulista Tarcisio de Freitas es popular y la madrastra Michelle Bolsonaro es una estrella del sector evangélico. Y es mujer, lo que ayuda a suavizar la imagen de machirulo crónico del candidato.
Esto es fuerte para la campaña, porque Lula es más popular entre las mujeres y, sorprenden los últimos estudios, entre los más jóvenes y los más viejos. Los votantes de entre 16 y 24 años, el 12,5% del electorado, le dan una ventaja de 39 a 29 frente a Flavio. Los de 70 o más, casi el 16% de los votantes, lo favorecen 43 a 33.
Evangélicos
Pese al mito, el voto religioso en Brasil no es homogéneo, y las encuestas indican que los pastores perdieron influencia en el tema político. Lula rebotó en entrarle a todo el sector, que en mandatos anteriores llegó a hacerle una guerra cultural, pero logró un ambiente mucho menos hostil. Parte de la estrategia fue ir a iglesias más pequeñas en distritos donde le va bien, y mostrarse como una persona tolerante hacia la fe de los otros. La estrategia funcionó y los analistas no ven a los pastores creando otro “pánico moral” contra un candidato supuestamente “ateo y enemigo”: nadie cree que Lula se va a dedicar a cerrar iglesias y perseguir a los fieles.
A la vez, la autoridad política de los pastores se resiente porque la opción sería llamar a votar por Flavio, que no despierta el menor entusiasmo en el sector. Muchos de sus votantes evangélicos explican que lo apoyan por su vínculo con Michelle, que sí es creíble como “cristiana verdadera”. Flavio, además, buscó apoyo de las grandes iglesias, en particular del notorio Silas Malafaia, el poderoso fundador y líder de la Asamblea de Dios. Al abrazo en el ya lejano verano, le siguió un silencio casi completo que puede explicarse por las enormes dificultades financieras del banco de Malafaia. Antes de fin de año, las autoridades brasileñas (esto es el gobierno de Lula, aunque pierda) van a decidir si lo cierran o no.
Pero la pinchadura política evangélica trasciende la pelea presidencial. En 2022 hubo 589 candidatos identificados con el sector en todos los niveles y en todo el país. Este año solo 380.
La virgen
El otro tema religioso de este fin de campaña fue muy diferente y tiene su comicidad. Resulta que el jueves 24, el programa Em Pauta, de la poderosa GloboNews, divulgó que Flavio pensaba pasar una ley para que la Señora de Aparecida dejara de ser la patrona nacional de Brasil. Fue fuerte, porque no sólo la Aparecida es el equivalente a la Lujanera, sino que está integrada al lenguaje y cada vez que un brasileño se sorprende y dice “nossa”, está resumiendo la frase “nossa Senhora Aparecida”.
El contexto político de la noticia era que el gobierno estaría coordinando una reacción al proyecto con la iglesia católica, cosa de reforzar el voto petista entre los fieles. La Globo difundió una corrección explicando que se trataba de un proyecto presentado por el bloque bolsonarista en 2007 y archivado en 2008. Pero ya era tarde, porque el tema había explotado en las redes y para el domingo ya tenía un millón de publicaciones.
La furia de Flavio fue feroz y llegó al extremo de pedir la prisión preventiva del periodista George Marques da Silva e Silva, el coordinador general de Estrategia e Información de la secretaría de Comunicación Social de la presidencia. No lo acusaba de ser el origen de la versión, pero sí de haber rebotado la noticia con comentarios contra los Bolsonaro. La idea no prendió, pero al candidato de derecha le fue mejor en el Supremo Tribunal Electoral presidido, en el peculiar sistema jurídico del país, por un juez de la Corte Suprema. El juez en cuestión es el ya notorio Andre Mendonca, nombrado por papá Jair Bolsonaro y sigue militando en la causa.
Mendonca es ahora famoso por sus ataques al colega Alexandre de Moraes, odiado por la derecha por juzgar y condenar al ex presidente por su intento de golpe. Otra vez, el juez cumplió y ordenó que se borraran 1215 publicaciones que asociaban a Flavio con la rebaja de la Aparecida. Pero el domingo 27 de septiembre, el supremo Flavio Dino canceló la orden del colega, atendiendo una apelación. Dino pasó a ser parte del odio derechista, acusado de favorecer a Lula.
Proyecto
Y hablando de Supremos, es notable el desprestigio de la Corte. Ya se instaló entre prácticamente todos los candidatos al Senado que registran en las encuestas el tema de que hay que ponerle períodos fijos de servicio a los jueces, quitándoles la silla vitalicia.
Esto es también una manera de quitarle peso a los nombramientos presidenciales, que ya no serían para tantos años. El otro tema es la casi unanimidad de la idea de hacerle juicio político a varios jueces actualmente en la Corte.