El PT salió a la calle a sacar el voto y Lula tomó una batería de medidas populares. Bolsonaro quedó a la defensiva, porque la campaña del Presidente le recordó a los votantes lo que hizo su padre en el poder. Ahora, aparece un empate entre ambos candidatos para este domingo 25.
Cinco claves:
1. Quaest registró 45% para Flavio Bolsonaro y 44% para Lula, empate técnico. Los votos válidos de Data Folha dan 50 y 50.
2. Además, un 11% de los encuestados considera cambiar su voto.
3. El PT impulsó cerca de 1.700 movilizaciones el 17 y 18 de octubre.
4. La movida se llamó El Ejército de Lula, irónicamente nominado como “más grande que el ejército de China”.
5. Lula promovió cambios laborales y aumentó un 15% la Bolsa Familia.
Es de comerse las uñas, pero llegamos a la segunda vuelta de las elecciones brasileñas con un empate técnico. La primera, se sabe, terminó con la sorpresa de Flavio Bolsonaro dando vuelta todas las previsiones y ganando por casi dos puntos, 2.200.000 votos. El ausentismo fue del 23%, alto pero no extraordinario, con una característica que explica, tal vez, el resultado: fue ligeramente más alto en el Norte lulista y más bajo o estable en el Sur liberal.
El presidente Lula da Silva, veterano de siete campañas y tres presidencias, aterrizó como esos gatos que ni parecen tocar el piso y, de inmediato, se movilizó y electrizó a la tropa. La campaña pegó un giro el mismo domingo 4 de la primera votación y la orden fue clara: sacar la militancia a la calle, activar a los indiferentes y llevarlos a votar.
Flavio, mientras, disfrutó de los laureles, trató de instalar un “ya ganó” canchero, como le va tan bien, y perdió días valiosos. El jueves 15 de octubre fue a ver a su papá en la lujosa prisión domiciliaria en la que pena, y salió con nuevas órdenes. Desde ese día y en este final de campaña, el hijo 1.0 se transformó en populista, amigo del pueblo y partidario de los planes sociales.
Su truculenta campaña contra los delincuentes, no contra el delito, se transformó en mensajes cariñosos como “yo lo voy a cuidar a usted en la calle”. Y claro que no tiene problemas con darle dinero al pueblo, de hecho prometió un “Ministerio de la Prosperidad”. ¿Y el ajuste?
El PT, mientras tanto, mostró por qué es un partido de masas. Tres días después del primer voto, Lula estaba aprendiendo a hacer selfies y reels con una diputada electa de 21 años que resultó la segunda más votada en Minas Gerais gracias a su vida digital. A los 80, el Presidente la pescó al vuelo y barrió las redes con su voz rasposa, cálida, mirando al elector directo a los ojos. El partido activó los talleres creativos, con animaciones por IA de un Lula canoso y supermusculoso que cumple misiones como rescatar a un perrito perdido llamado Pix, como la app bancaria atacada personalmente por Donald Trump.
A esto se sumaron movilizaciones masivas. El fin de semana del 17 y 18 de octubre hubo casi 1.700, grandes y chicas, tomando avenidas urbanas y calles principales de pueblo, con o sin Lula. La movida, masiva, se bautizó como El Ejército de Lula, activo en la vida digital y en la real. El presidente/candidato, medio en broma y medio en serio, dijo que ya era “más grande que el ejército de China”. Figuras como Caetano Veloso y Chico Buarque tocaron, hablaron, fueron a la televisión a defender las libertades de los brasileños y a avisar la que se viene si gana otro Bolsonaro.
Estaban en mensaje, como dicen los publicitarios, porque la segunda parte de la estrategia era justamente esa, la de hacerle pensar al votante independiente si realmente quería un segundo acto de la familia presidencial. Lo primero fue recordar cómo el ajuste neoliberal era la única política coherente de Jair, que dejaba morir de asfixia inflacionaria los programas que no podía eliminar, recortaba presupuestos donde podía y cerraba lo que no despertaba resistencia en las calles.
Flavio creó, para su desventaja, un silogismo argentino: si papá era un Macri, él va a ser un Milei. La imagen despeinada, agresiva y sacada del presidente argentino abundó en los videos petistas junto a breves informes sobre la que pasamos por acá. Cosa de lugares comunes, y se repitió tantísimo lo de comer carne de burro.
Encuesta
La semana pasada, las encuestadoras empezaron a detectar los primeros resultados de la nueva estrategia de Lula. No tanto en las intenciones de voto, que repetían básicamente los porcentajes de la primera vuelta, sino en dos preguntas cruciales. Una era la de imagen de los candidatos, la otra la posibilidad de modificar el voto de la primera vuelta. En ambas hubo cambios. Este miércoles 21, la prestigiosa encuestadora Quaest publicó su último estudio y fue clarísimo:
Flavio Bolsonaro con 45% del voto. Lula da Silva con 44%.
Esto es un empate técnico, sobradamente en los márgenes de error de cualquier encuesta, una prueba de que el Presidente mantuvo su intención de voto y la del opositor se deterioró.
Más claro todavía, la mala imagen de Lula bajó al 47% -negativa y muy negativa- por primera vez en casi un año en la que estaba consistentemente por encima del 50. La de Bolsonaro subió al 52%, primera vez en diez meses. La gente se lo está pensando, dirían en el Caribe. Es que un 11% de los encuestados dice que está considerando cambiar su voto.
Flavio trató de contraatacar, pero en el campo de las políticas sociales tiene un serio déficit de credibilidad. Lula, Presidente, pudo tomar medidas puntuales y forzarlo a hablar de cosas que a los Bolsonaro no les gusta hablar. Por ejemplo, apenas terminada la primera vuelta movilizó a propios y aliados en el Senado, y al fin fue ley la jornada laboral de cinco días.
Flavio, que es senador, levantó la manito a favor del proyecto al que ya había llamado de “engendro suicida”. Fue un lindo momento verlo justificar su cambio de rumbo, sobre todo después que trascendió -y fue difundido por los medios y la campaña petista- que le avisó a los empresarios que no iba en serio, que después “lo reformamos”. El Senado, de paso, es hoy gobernado por derechistas moderados que aprendieron a trabajar con Lula. No quieren perder sus presidencias porque los bolsonaristas lograron una mayoría, y le juegan en contra.
Otra que hizo el Presidente fue aumentar la Bolsa Familia, el mayor seguro social del país, en un 15%, y acelerar el cobro, de modo que todo el mundo tenga la plata en el banco para este viernes 23. Lula hizo un muy buen reel, recordando que es el mayor programa social del continente y que ya sacó de la pobreza a seis millones de brasileños que no lo cobran más porque ya no lo necesitan.
Flavio tuvo que desmentir que lo iba a eliminar y hasta dijo que los que consiguieran empleo o arrancaran su propio emprendimiento lo iban a seguir cobrando durante dos años. El hombre es tan confuso que tuvo que volver a salir a desmentir que lo iba a cerrar en dos años… Lula se hizo la fiesta con el tema, y agregó un proyecto de ley para que los transportes públicos urbanos sean gratuitos los fines de semana y los feriados, a costa del Estado federal, “para que los trabajadores puedan pasear cuando no tienen que trabajar”.
La mayor estocada fue, sin embargo, algo que el Presidente dijo en el debate y que midió bien en la audiencia: fue cuando desafió a Flavio a abrir las cuentas y los celulares a la Justicia, los propios y los de la familia inmediatamente, “a ver quién es honesto”. Bolsonaro no le contestó -cuando le tocó la palabra se puso a hablar de otra cosa- y Lula voló con el tema. Esta semana, presentó la propuesta por escrito a la Justicia Electoral, que alcanzó a murmurar que no tenía nada que ver con el tema, y siguió desafiando a su oponente.
Flavio no supo qué decir, más que “es una chicana”, hasta este jueves 22, cuando un abogado le alcanzó una estrategia: subile la apuesta. Muy suelto, Bolsonaro dijo que aceptaba si Lula agregaba a su vice, al gabinete, a sus secretarios y las cuentas de las tarjetas de crédito de uso oficial. Linda idea que sabe imposible, porque el Presidente no puede obligar a tanta gente, acusada de nada, a desnudarse en público. Flavio estaba mirando el calendario, que marcaba ya en horas el momento de votar y dejaba todo en el campo teórico.
Roberta
La estrategia de Lula no sólo sirvió para recordarle al público la cantidad de causas abiertas en las que es investigado Flavio, y su manía de coleccionar inmuebles en Brasil y en Miami, sino para dejar en el olvido el escándalo de esta semana. Hace tiempo que se rondaba al hijo del presidente, Fabio Luiz, universalmente conocido como Lulinha, para acusarlo de corrupto. La cosa no funcionaba porque nadie encontraba ningún rastro de que el hombre fuera algo más que le hijo presidencial y activo él mismo en política. Los acusadores se comieron varios sapos, como alguna vacación demasiado lujosa que resultó una invitación de una vieja e íntima amiga, la lobista Roberta Luchsinger, heredera de una sólida fortuna de su padre, un financista belga.
El domingo pasado, Luchsinger detonó una bomba en CNN Brasil cuando agredió con todo a Lula. Según dice ahora la lobista, Lulinha visita cotidianamente el palacio presidencial, se sienta en reuniones de gabinete, va y viene hablando con poderosos en el Estado, y no tiene problema en mediar negocios privados por cientos de millones. La lobista explicó que no sería “el pato de la boda” y que le pediría “a la Justicia ser testigo por la acusación”, una figura legal que puede disminuir o eliminar las condenas por colaborar. Luchsinger se lució con la derecha explicando que Lula miente cuando dice que no la conoce y que es “un chinchudo, mentiroso, senil, cobarde y machista”.
El origen de todo esto es una causa que investiga contratos en la Seguridad Social. El investigado es Antonio Carlos Camilo Antunes, más conocido como “el pelado del INSS”, pero Luchsinger tuvo tratos con él. Alguien le ofreció un trato, o alguien la empujó a ponerse a gritar en medio de la campaña. Por eso es que Lula ofreció revelar también las cuentas de su hijo.
La respuesta oficial al tema fue tersa y dura: “Brasil ya vio en otras elecciones esto de divulgar denuncias que no tienen pruebas para manipular la opinión pública. Repetir este truco es una tentativa irresponsable de ensuciar el proceso democrático e interferir en las decisiones de los electores”.
Domingo
Claro que todo esto se define en las urnas, este domingo 25, que es donde mueren o triunfan estrategias y encuestas. Lo que importa es que el “ya ganó” perdió fuerza y la reelección de Lula es imaginable. Este viernes 23 de octubre a la noche es el segundo y último debate, el sábado un día de actos y marchas, que en Brasil no hay veda electoral hasta el mismo día en que se vota.