El Gobierno argentino de Javier Milei integra “una red transnacional” ultramontana, “muy influyente e instalada”, con apoyo de “empresarios, militares, políticos y comunicadores”, según Bernabé Malacalza, autor de “Las Cruzadas del Siglo XXI – Cómo la disputa global entre Estados Unidos y China está transformando a América Latina”, publicado por Siglo XXI Editores.
Casi 200 años duraron las Cruzadas medievales. El objetivo era recuperar Tierra Santa. Multitudes de guerreros atravesaron miles de kilómetros para luchar a caballo, a pie, con lanzas, espadas, escudos, ballestas, arcos y flechas. Cosecharon triunfos y derrotas frente a fuerzas islámicas. Se enfermaron de pestes. Muchos murieron. Muchos volvieron. Pero participaron bajo la promesa cristiana del perdón de sus pecados ¿Alguien perdonará a los cruzados contemporáneos, que combaten con misiles y drones orientados por la Inteligencia Artificial para dejar tierra arrasada de pueblos enteros y recursos materiales? El fenómeno de las nuevas guerras es analizado por Malacalza, doctor en Ciencias Sociales, docente e Investigador del CONICET, en diálogo con Y Ahora Qué?
–Si las Cruzadas se libran entre Estados Unidos y China, ¿se trata de un capitalismo de tipo occidentalista frente a otro regulado por un sistema de partido único?
–Malacalza: Estamos en presencia de un enfrentamiento, las Cruzadas, entre dos capitalismos. Tenemos inversiones de ambos lados. Un comercio fluido, movilidad estudiantil, es decir interdependencia. En ese escenario, podemos ver las Cruzadas.
–¿Qué forma adquieren estos dos capitalismos en pugna?
–Malacalza: Dos capitalismos, pero en un contraste que no está ordenado en base al sistema político. Es decir, hay un capitalismo con control férreo del Partido Comunista, por un lado. Y por otro lado, un capitalismo de tipo privado, abierto. Si observamos los modelos de negocios, en la Inteligencia Artificial, la IA, vemos algún otro matiz.
–¿En qué se diferencian en términos de la IA?
–Malacalza: Es muy diferente en lo que, a priori, podríamos pensar. El modelo estadounidense de las empresas y plataformas de IA generativa, como OpenIA, Anthropic o Gemini, que conocemos en el sistema de Silicon Valey, es de código cerrado. Está basado en suscripciones. Es muy dependiente del ecosistema privado de infraestructuras, de las grandes suscripciones que hacen las empresas de Estados Unidos a ese sistema. Es decir que así se financia y así funciona. Este modelo, con una lógica de captura de renta dentro del ecosistema privado de EE.UU., está muy basado en las empresas propias, en la rentabilidad.
–¿El modelo chino de IA es distinto?
–Malacalza: La diferencia es que el modelo chino, lejos de ser estructurado en torno al Estado o al Partido Comunista, es de código abierto. Tiene innovación abierta, sin suscripción al modelo de base. No se monetiza este sistema en la entrada de base, sino que lo hace a través de un ecosistema de compras públicas y bancos estatales. Hay fondos soberanos. Se monetiza en una segunda fase la plataforma. No es la suscripción al modelo sino una dependencia en la cadena de código abierto. Y una penetración en sectores públicos y privados. En el modelo de Estados Unidos importa lograr mayor volumen de suscripción. En el modelo de China se trata de escalar el número de usuarios. Por eso es un modelo más barato el de China y de acceso abierto al código.
–En síntesis ¿es una confrontación de modelos?
–Malacalza: Para resumirlo, de alguna manera, hay dos visiones muy distintas, dos modelos de negocios muy distintos dentro de lo que es el capitalismo. La visión sobre el futuro de la tecnología en China es optimista. Hay una confianza en que el uso de la tecnología, incluso sin límites, llevará a una sociedad mejor.
–En cambio, ¿cómo se lo ve en EE.UU.?
–Malacalza: En Estados Unidos hay pesimismo en torno a la tecnología. Puede ser usada para el control, para el espionaje, para la infiltración de potencias dentro del sistema de EE.UU. Hay una mirada de seguridad en torno a la tecnología. Y por eso funcionan con una lógica muy diferente Silicon Valey y Shenzhen. Son dos ecosistemas tecnológicos: el de Estados Unidos y el de China.
–¿También hay Cruzados?
–Malacalza: En el mundo de los Cruzados, hay quienes buscan vender una nueva Guerra Fría o una confrontación directa entre Estados Unidos y China. Tanto en Estados Unidos, como en China, es un complejo amplio, extendido. Tenemos políticos, militares, empresarios, intelectuales, comunicadores. Es un mundo amplio. Es como en la Guerra Fría, cuando tuvimos a los Cold Warriors, que eran guerreros fríos. Es decir, eran quiénes fagocitaban e inflaban la amenaza soviética dentro de Estados Unidos y también lo hacían en la Unión Soviética.
–¿Hay un modo contemporáneo de Guerra Fría?
–Malacalza: Tenemos a quienes buscan, a través de esta narrativa, instalar la amenaza de uno y de otro lado. Creo que es gráfica e ilustrativa la figura del desacoplamiento tecnológico entre Estados Unidos y China ¿Quiénes la plantean? ¿Quiénes son los primeros en plantear la necesidad de desacoplar las cadenas de suministro tecnológico y la interdependencia? Se plantea adelgazar los suministros que tenía Estados Unidos respecto de China.
–¿Cuándo empieza ese desacople tecnológico?
–Malacalza: A principios de la década pasada, quien empieza a plantear esto, principalmente, es una persona que es Eric Schmidt. Lo contamos en el libro. Es el primer Cruzado, que fue presidente del consejo de administración de Google y de su casa Matriz. Schmidt decide la salida de Google de China en 2010. Google había llegado a China con una ambición muy importante, que era hacer pie en el principal complejo de usuarios de internet del mundo. Era ofrecerse como la plataforma de búsqueda principal del universo de internet.
–¿Lo consiguió Schmidt?
–Malacalza: No lo logra por diferentes razones. No lo logra por filtración de contenidos, por censura, por regulaciones, por competencia con China. Es decir, no la tuvo fácil. Intentó adaptarse y no pudo. Entonces, Google decide salir de China, pero Schmidt, personalmente, empieza a encarar un trabajo de tratar de influir en la política pública, un lobby, en Estados Unidos. Empieza a hacer reuniones con intelectuales, políticos del Partido Demócrata y del Partido Republicano, otros empresarios de Silicon.
–¿Con qué fin influye sobre empresarios y políticos?
–Malacalza: Empieza a hacer documentos para tratar de influir en la política pública. Es de los primeros en plantear que con China había que tomar decisiones. Tomar medidas de protección y medidas de desacoplamiento tecnológico. Tratar de que las inversiones de Estados Unidos, centrales en la cadena de valor tecnológico, se hagan en Estados Unidos y en países aliados de EE.UU. Que se traten de emular políticas que había llevado adelante China en torno a los subsidios y apoyos para la industria tecnológica. Apoyos en la fabricación de chips y en toda la cadena de valor.
–¿Apoyos en materia de competencia tecnológica con China?
–Malacalza: Sí y tomar en serio un mayor control sobre las inversiones de China en EE.UU. y las inversiones de EE.UU. en China. Algunos se suman a esta Cruzada y esto empieza a tomar forma. Luego asume Schmidt como presidente de la primera Comisión de Inteligencia Artificial de los Estados Unidos, nombrado por Donald Trump. Había empezado a hacer su trabajo de presión ya en el Gobierno de Barack Obama. Se consolida en el Gobierno de Joe Biden como un actor, una figura importante, de todo el lobby en torno al desacoplamiento tecnológico de China. Es un ejemplo de un Cruzado empresarial que presiona. Eso tiene que ver con su frustración, su fracaso en la experiencia con China. Es decir, como no podemos con China, bueno, intentemos emularla.
–En los años de 1990, una devaluación en un país de mediana influencia impactaba a nivel global ¿Qué diferencias hay ahora cuando se globaliza el cierre de un paso marítimo en el Golfo Pérsico?
–Malacalza: Hay diferencias con la década de 1990. Fue un periodo en que se daba un crecimiento o una expansión del comercio de servicios y de bienes en el mundo. El economista Dani Rodrik la llamó la hiperglobalización. Comenzamos a experimentar, a partir de la crisis de 2008, una desinflación de ese fenómeno. Algunos, como Joseph Stiglitz, empezaron a llamarla la desglobalización. Rodrik reconoce que lo que cae es el comercio mundial de bienes, no tanto el comercio de servicios.
–¿El proceso inverso a la Globalización?
–Malacalza: Estamos en una etapa de crisis de la Globalización o de Deshiperglobalización, para seguir los términos de Rodrik. En un artículo propuse la denominación Globalización Partida. Lo que estamos viendo depende del área geográfica donde nos situemos. Hay diferentes dinámicas, diferentes vías donde se canaliza la globalización, y una suerte de reconfiguración y fragmentación de la Globalización.
–¿Cómo se verifica esa Globalización Partida?
–Malacalza: Llama la atención informes del Fondo Monetario sobre el fenómeno de las cadenas cortas de valores ¿Qué significa? Significa que en función del riesgo político, las cadenas de suministro globales empresariales se van acortando. Van buscando menor riesgo y, en algunos casos, proximidad geográfica. Hay países que se vuelven nodos centrales en esto. Por ejemplo, México con Estados Unidos. En esa lógica, más que la eficiencia, lo que predomina es tratar de disminuir o gestionar el riesgo. Por eso, la Globalización Partida. Tenemos diferentes velocidades y dinámicas.
–¿Dónde se observan esas velocidades y dinámicas globales diferentes?
–Malacalza: No es lo mismo lo que sucede en el Este Asiático que lo que sucede en América Latina con el fenómeno de la relocalización de empresas. Hay diferentes velocidades. El cierre del Estrecho de Ormuz demuestra que existen puntos de estrangulamiento global. Es decir, accesos que son centrales para el comercio y para la economía global, y que la disrupción ahí puede afectar y generar lo que llamaría una guerra global.
–¿Qué guerras globales aparecen?
–Malacalza: Se ve tanto en Ucrania como en Ormuz. Son guerras que tienen efectos globales. En los precios del petróleo, en el precio del gas, en el precio de los fertilizantes y de los alimentos. Impactan en todo el mundo y, obviamente, reconfiguran las bases de la Globalización tal como la conocíamos. Entonces, Ormuz es un ejemplo muy ilustrativo de la importancia que hoy cobran los nodos. Los nodos que cobran los accesos en la lógica de la Globalización y su reconfiguración.
–Pero en estas guerras ¿Quiénes aparecen como ganadores y perdedores? ¿Ganan los que venden armas y tecnologías? ¿Ganan los especuladores financieros?
–Malacalza: La apreciación respecto de ganadores y perdedores de la guerra en Ormuz, hasta acá, en una primera idea, lo que estamos viendo es que la naturaleza de la guerra cambió. En Ucrania primero, y ahora en Ormuz, son guerras globales y no son guerras mundiales. No hay una expansión en la escala geográfica de la guerra con la intervención de actores estatales exclusivamente. Es una guerra que escala porque tiene efectos sistémicos. Escala porque también participan actores no estatales que son centrales. Desde los Hutíes en el Estrecho de Mandeb, hasta los proxies (nrd: término que deriva de gestores y ocultadores en internet), como Hezbolá o Hamás en Gaza. Actores no estatales.
–¿Y quiénes son los proxies de Estados Unidos e Israel?
–Malacalza: Las empresas de Silicon, que están produciendo Inteligencia Artificial, tanto para Israel como para EE.UU. La guerra cambió en términos de la táctica y de la operatoria. Cambió con la guerra de drones y con la IA. Con los satélites que proveen Rusia y China o que provee Starling con hilos Max, dando información para este núcleo de sistemas de IA. Así se establecen y se identifican los blancos (ndr: de ataque).
–¿Cuáles son los principales factores de guerra económica que están en juego?
–Malacalza: La guerra económica es el estrangulamiento del Estrecho de Ormuz, con el bloqueo o la denegación de acceso. Por allí pasa el 20 por ciento del comercio mundial de crudo y otro tanto de gas natural licuado. Y además pasan el comercio de fertilizantes y del helio. Ambos son importantes. Uno para los alimentos y otro para la industria tecnológica También tenemos ahí una guerra financiera, por lo que establece Irán como peaje. El comercio lo pasa a yuanes o a criptomonedas. Esto tiene un objetivo que es ir erosionando al dólar, lentamente.
–Pero ¿el dólar sigue siendo dominante?
–Malacalza: El dólar sigue siendo hegemónico en las transacciones. Pero el peso de lo que se llamó en su momento el petrodólar, esto es un acuerdo establecido en tiempos de Richard Nixon en 1974, fue uno de los pilares de la hegemonía de los dólares. A partir de ellos, Arabia Saudita, principal productor, comerciaba su crudo en dólares y ese comercio luego se reciclaba en compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Esto está cambiando lentamente.
–¿Cuán lenta es la pérdida de la hegemonía del dólar?
–Malacalza: Muy lentamente. Ni por cerca el yuan es una alternativa al dólar. Pero sí está erosionando su peso relativo respecto de otras monedas como el euro o el yen. En ese sentido, hay guerra económica, hay guerra financiera. Y una difusión del poder militar. Que no es el poder militar convencional, como el que te define una guerra. Hay empresas armamentísticas y petroleras involucradas. O las aseguradoras de riesgo aumentan las primas para las empresas navieras que intenten pasar por el Estrecho.
–¿Los Estados no tienen, entonces, tanto control sobre la evolución bélica?
–Malacalza: Las empresas involucradas son tan importantes que los Estados no pueden controlar toda la escalada. Los estados no pueden controlar la apertura del Estrecho, porque aun así, si lo hicieran, las primas de riesgo de las aseguradoras seguirían siendo altas. Sería prohibitivo pasar por el Estrecho. Por otra parte tampoco pueden controlar la escalada de los proxies ya sea en el Líbano, ya sea en Gaza, ya sea en Yemen.
–¿Se ha vuelto un problema serio el manejo de las acciones militares?
–Malacalza: Para el control de la guerra, se ha hecho una difusión de actores. Y también se ha hecho mucho más problemático, por ende, llegar a un acuerdo de cese del fuego. Es hoy muy, muy difícil, muy complejo. Entonces hay que ver esta guerra en diferentes dinámicas, en diferentes dominios. Los dominios, desde el financiero, el económico y hasta el militar, han cambiado. En términos de ganadores y perdedores, la guerra tiene un impacto global.
–¿Volviendo a estas pampas, ¿una eventual caída o debilitamiento del poder de Donald Trump, cómo impactaría en Argentina?
–Malacalza: Respecto del Gobierno argentino, es importante tener en cuenta que es parte de una red transnacional. En un capítulo del libro, junto con Juan Gabriel Tokatlian, lo llamamos la Internacional Reaccionaria. Es una internacional que opera con financiamiento de think thanks occidentales. Encuadra no solo a políticos, a partidos políticos del mundo occidental, sino a empresarios, a comunicadores. Es una red muy influyente y que está ya instalada en Occidente. Difícilmente y por una derrota de Trump, veo muy, muy improbable que ese escenario se desarticule.
–¿Un trumpismo sin Trump o un mileísmo sin Milei?
–Malacalza: Esa red será con J. D. Vance en Estados Unidos. Será con otros intereses. Pero hay una convergencia ya en la principal potencia entre sectores ideológicos y sectores militares. Con sectores de Silicon Valley. No es casual que el trumpismo haya sido electo otra vez. Confirma que hay un núcleo de poder, una facción importante del poder, que lo sostiene y que es un poder de tipo transnacional.