Así lo reporta, entre otros indicadores nefastos, el último informe realizado por la Fundación Pro Tejer, y su vicepresidente, Marco Meloni, aseguró a Y ahora qué? que “los textiles podemos competir con los productos chinos pero hay un plan de ataque al sector”.
El reporte de Pro Tejer detalló que, en enero de este año, la industria textil registró una caída del 23,9% interanual en su nivel de actividad, y si la comparación es contra dos años atrás, la retracción es del 34,6%. La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado cayó un 20,6% interanual para enero de este año.
Sobre la capacidad instalada, la industria textil tuvo el peor enero de la historia, con un nivel de utilización de la capacidad instalada del 23,7%, cifra que se ubica un 10,2 porcentuales por debajo de los niveles de uso de la capacidad de enero del 2025 y un 17,3 porcentuales si la comparamos con el 2023.
Respecto al empleo, en diciembre del año pasado, el empleo asalariado registrado privado total cayó un 3% comparado al mismo mes del 2023, equivalente a la pérdida de 189.845 puestos de trabajo. En el caso del sector textil, confecciones, cuero y calzado, la caída porcentual del empleo fue la más alta de todos los sectores de la economía, con un 17%, más importante que la caída de trabajos en la construcción (11%). Esto representó una pérdida 20.727 puestos de trabajo en el gremio.
Respecto a la industria textil en sí misma, en enero de este año se registró una caída del 23,9% interanual en su nivel de actividad, pero si la comparamos dos años atrás (es decir en enero del 2024, cuando recién comenzaba la era libertaria) la contracción es del 34,6%. Todos los rubros textiles registraron caídas interanuales, salvo el de las fibras textiles. Las caídas más profundas se dieron en hilados de algodón (33,1%) y en tejidos y acabado (33,7%).
Sencillamente: lapidario.
–¿Qué implican estos datos para la industria textil nacional? A diferencia, por ejemplo, de la construcción (donde decidieron para la obra pública) su rama parece que es atacada de ex profeso porque hay toda una política de importación planificada.
–Meloni: En un principio creí que era contra nosotros, pero me parece que buscaron un cliché, una especie de herencia del Doña Rosa de Bernardo Neustadt: es importante generar un enemigo y, al mismo tiempo, empatía con la gente que puede sentir que ese enemigo existe. En este caso es el tema de la ropa cara, de lo que mucha gente se quejó. Pienso especialmente en Adorni cuando dijo que cazamos en el zoológico porque vendemos al precio que queremos. O no conoce ni sabe, o es un plan de ataque al sector para tener empatía con determinado grupo.
–¿Por qué?
–Meloni: Porque la clase baja va a la calle Avellaneda y no a Patio Bullrich, y en Avellaneda un jean nacional sale 14.000 pesos y en un shopping comprás uno multiplicado por veinte. Hay marcas que los venden a 280.000 pesos.
–¿El mismo jean, pero con distinta marca?
–Meloni: No necesariamente. El 75% de las quejas de la ropa cara se da en los shoppings, que es donde se vende más ropa importada.
–¿Quiere decir que además lo traen más barato que lo que podría llegar a producirse en Argentina?
–Meloni: Me atengo a los dichos de Caputo cuando dijo que tiene un amigo que tiene una marca en los shoppings que compra por tres dólares en China una remera muy linda que le sale cinco dólares puesta acá, y la vende a 50. ¿Mirá vos? Y le respondí a este muchacho Caputo: gracias Toto, pero el precio de producción de origen, sea nacional o importado, con el precio de vidriera de una marca en un shopping, no tiene nada que ver.
–¿Cuánto saldría esa misma remera producida en Argentina y puesta en un negocio?
–Meloni: Algo que se vende en ochenta mil pesos, una remera linda de algodón peinado, en Argentina puede valer ocho mil pesos hacerla (aproximadamente 5,7 dólares), Ese es el precio.
–O sea que, más o menos está en los mismos números que la importada.
–Meloni: Absolutamente. Ahora China tiene sobreproducción, y devaluó su moneda frente a los ataques americanos para compensar el tema de los aranceles, así que salieron a matar.
–O sea que sale más barata que tres dólares.
–Meloni: Sí. Puede venir un fabricante que quiere importar, porque los hay, y dice, no, dejá que la hago yo.
–¿Por qué?
–Meloni: Porque puesta acá vale cinco dólares, y a mí hacerla me sale cinco y medio y no tengo que adelantar la plata, no tengo el problema de la devaluación, etcétera, etcétera. Pero el chino dice no, yo te quiero vender, ¿qué querés? Y… que me salga 1,30 dólares de costo.
–¿De costo?
–Meloni: De costo. Un pantalón de gabardina, de costo, acá con la tela que yo le vendo a la marca que produce nacionalmente también, tenés 5 mil, 6 mil pesos de tela y otros 6 mil pesos entre corte, confección, cierres y botones. O sea, unos doce mil pesos de costo. Si lo venden con un 30% de margen, en Avellaneda, ahí tenés los quince o dieciséis mil pesos que te cobran en los negocios de esa zona porteña.
–Usted me está diciendo que son más o menos lo mismo los costos de producir que traer de China.
–Meloni: Sí, pero hasta la puerta de la fábrica. El problema es que el costo fijo se amplía porque dividís por muchísimas menos unidades porque se vende mucho menos. El problema no es la importación, ese es el segundo problema. El primer problema es el consumo. Ahora, a partir de la puerta de la fábrica, ¿qué me pasa a mí? La logística. Mandar un camión, que equivale a un contenedor, a Corrientes o a Salta vale lo mismo que traer un contenedor de China, que está a 16.000 kilómetros. Pero que, además, trae muchos más productos. El camión puede cargar 14 o 15 toneladas, y el contenedor de China trae 25.
–Es decir que la logística local es carísima.
–Meloni: Claro, desde la puerta de la fábrica es así: tenés un combustible que en dólares subió un 50%, la energía eléctrica subió un 100%, en dólares, el gas, que subió 150%, en dólares, y el agua que subió un 200%, en dólares. La logística nos triplicó los costos en dólares. ¿Cómo quieren que compitamos?
–¿Qué otros costos atentan contra la producción y por qué?
–Meloni: Cuando se hace una colección se compra el hilo, se manda a tejer para tener la tela, que se manda al confeccionista, luego a la tintorería para darle el color, después las terminaciones, y luego va al negocio. Con todo este proceso pagamos cinco veces ingresos brutos.
–Todo impuestos.
–Sí, que representan, más o menos, un 18%. Después tenés un IVA, que es del 21% y el 1,2% del impuesto al cheque, que existe solo acá. Ya hay una acumulación del 45 o 46%, sin el impuesto a las ganancias. Yo hablé con un argentino, que es el encargado de Banana’s Republic en un local de Manhattan, y me dijo que el impuesto final, allá, es del 6%, el famoso TAX, 35 puntos menos.
–¿Y cómo es este tema en China?
–Meloni: ¿De qué me quejé?: de las energías. En China están las tres subsidiadas. Acá, estamos castigados con las tres. ¿Qué hace China? En vez de poner toda esa carga impositiva, subsidia la energía y, además, es más barata. También subsidia las cargas sociales para el que exporta. ¿Acá qué hacen? Te cobran un impuesto de retención a la manufactura, a la soja, lo que sea, y después te piden competir. El sojero podrá competir porque tiene una ventaja irreversible.
–¿Cuál es?
–Meloni: Tener la naturaliza a favor. No le podés pedir a Luxemburgo o a Italia, que el campo les rinda porque la tierra está usada, vieja, ya no es tan fértil. Entonces, no les conviene sembrar soja. Pero en el sector industrial no existe lo irreversible. Vos comprás fierros como compramos nosotros, que invertimos 1.500 millones de dólares, post-pandemia hasta el 2024. La industria textil produce mucho más que en el 2019, y por eso también tenemos máquinas paradas. Invertimos mucho para ser mucho más productivos.
–Me preguntaba quién ejerce la política liberal-libertaria. ¿China, Estados Unidos o Argentina? Porque entre los tres países, el que menos la ejerce parece ser el nuestro.
–Meloni: Sí. Además, hay otra cosa: nosotros somos víctimas de la parte financiera. En China, el plan es que el sistema financiero esté subordinado y que facilite el crecimiento productivo, tecnológico y educativo. Una cosa es estar al servicio de y otra cosa es ser víctima de.
–¿Cómo se resuelve esto?
–Meloni: Y… la crisis del mercado textil argentino, hoy, es muy fuerte.
–¿Aguanta?
–Meloni: Hay 500 empresas que ya no aguantaron, y se perdieron más de 30.000 puestos de trabajo entre la industria textil y el calzado. Es casi un calco el 2001 cuando, en 11 años cerraron cerca de 3.000 empresas textiles, la desocupación llegó al 25% y el discurso era parecido al libertario. Tenían una reforma laboral, que fue la Ley Banelco, los tickets canasta y buscaban el déficit cero. Debemos de ser los mejores alumnos en el mundo porque todo esto quedó. Todos estos muchachos estaban contentos, pero nos hicieron pisar el palito, tuvimos un crack, un corralito, 39 muertos y 500 heridos en todo el país. No digo que vaya a ocurrir lo mismo, pero los sucesos son muy parecidos.
–¿Cómo se sale de esto?
–Meloni: Con un mercado interno fuerte y consumidores, es decir los propios trabajadores con empleos mejor remunerados. Más producción, más industria, generación de más valor agregado y promoviendo planes de crecimiento. Lo hizo Corea en 20 o 25 años. Capaz que nuestro destino no es hacer 100 cosas diferentes, pero tenemos que hacer aquellas para las que somos buenos. Y hay que tener un Estado como el noruego, que -por ejemplo- con su recaudación por las ganancias petroleras que la dedica a educación, al consumo interno, a la producción, a la salud y a ciencia y tecnología.
–Pero usted no está pensando en un gobierno libertario.
–Meloni: Vos me preguntaste qué habría que hacer… y este gobierno no lo está haciendo con lo cual nos vamos a volver picapiedras, netamente extractivistas. Podemos exportar gas, por supuesto, pero hay que agregarle valor.
–¿Cómo sigue el tema, Marco?
–Meloni: Nos estamos juntando unas 100 cámaras sectoriales, que reúnen a unas 600.000 PyMEs para proponer una Ley de emergencia. Ya estuvimos en el Congreso y nos dijeron que la van a trabajar y que los árbitros serán los senadores radicales. Los vamos a estar observando porque queremos sobrevivir. Sin pretender comparar nada, esto parece el Gueto de Varsovia porque todos los días tenemos que celebrar que sobrevivimos un día más. Yo sobreviví a Martínez de Hoz, a la hiperinflación de Alfonsín, al 2001, a las crisis del 2008, al dólar barato, sobreviví a Macri, sobreviví a la pandemia, pero no quiere decir que sea inmortal. Y vamos a seguir dando pelea porque queremos un país más justo con producción, trabajo, salarios dignos y que podamos cuidar a nuestros viejos, tener buena salud y mejor educación.