¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Superávit (público) engendra déficit (privado)

El superávit fiscal no es un beneficio absoluto, sino que genera necesariamente un déficit en el sector privado. Los principios contables y macroeconómicos indican que, cuando el Estado gasta menos de lo que recauda, extrae ahorro neto de los ciudadanos y las empresas, obligándolos al endeudamiento. A través de un análisis de la balanza de pagos, Enrique Aschieri clasifica a la Argentina en una situación crítica: saldo público positivo con saldo externo negativo, deterioro de la actividad económica y pérdida masiva de puestos de trabajo registrados.

La bandera oficialista cárdena del superávit fiscal concita fervores que van más allá de sus partidarios. Esa mayoría impar supone que un gasto público menor al de los ingresos impositivos tiene todo a favor y nada en contra. Particularmente, su bálsamo antiinflacionario y, entonces, plataforma del crecimiento. Las aproximaciones conceptuales a esta temática y los datos de la realidad dicen otra cosa muy distinta.

“La vida en rosa”, bella canción de Édith Piaf. Para encuadrar ese deseo y participar de todo lo que promete también el resultado fiscal, es menester sopesar el verosímil funcionamiento de la vida y la realidad. Uno que resumió muy bien el filósofo neerlandés Baruch Spinoza (1632-1677) al sentar la máxima: omnis determinatio est negatio (“toda determinación es negación”). El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) tomó la posta y, a su manera, estableció que todo lo que nace genera su negación. En criollo: si alguien vende que todo es puro beneficio, está escondiendo los costos. Primera señal de que está vendiendo humo.

El pensador alemán Karl Marx (1818-1883) hizo operativo el criterio de sus antecesores Spinoza y Hegel y, en el “Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política”, de 1859, entiende que “del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción”, en tanto que “las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo”.

En el criollo al que recurrimos líneas más arriba: ¿será que el beneficio del superávit fiscal supera sus costos? Aunque así fuera, no exime a los partidarios del superávit fiscal de dar a conocer lo que cuesta el beneficio que proponen.

Las cuentas de la nación

El simple escrutinio de las cuentas de la nación encamina las pistas necesarias para enmendar la incivilidad en la que caen los partidarios del superávit fiscal al hacer silencio sobre sus consecuencias. ¿Descuido, credulidad, cinismo, arrogancia o una mezcla? Vaya a saberse qué los motiva para mantenerse silentes.

Dos caras tiene la moneda y dos caras tiene la actividad económica: comprar y vender. Lo que gasta el comprador es igual a lo que embolsa el vendedor. La contabilidad es irrefutable por trivial. Y, a escala macroeconómica, la suma de los balances de los compradores es igual —por así decirlo, más que igual: idéntica— a la suma de los balances de los vendedores. Por lo tanto, la suma de los dos balances consolidados de vendedores y compradores es igual a cero.

Aplicado al caso, esto significa que si el sector público tiene superávit —gasta menos de lo que le ingresa por impuestos—, el sector privado necesariamente tiene un déficit equivalente.

En la contracara, un déficit público es la condición lógica para la existencia de ahorro privado neto. De manera que, para que los ciudadanos de a pie y las empresas posean activos financieros netos —netos en el sentido de que ciudadanos y empresas los generaron a partir de sus propios ingresos, es decir, que no proceden de deuda de ningún otro miembro del sector privado—, el sector público debe aportarlos mediante el déficit fiscal. De la nada no sale nada o, en otras palabras: como el sector privado no puede generar su propio ahorro neto, lo tiene que proveer el sector público a través del déficit fiscal.

Jorge Luis Borges le debió “a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia” el descubrimiento de un mundo imaginario. El espejo del ahorro neto del sector privado devuelve la imagen del déficit público, y esto es muy real. Lo imaginario es el superávit fiscal sin costos de los cárdenos y su variopinta masa que los respalda en este punto. El espejo del superávit fiscal devuelve la imagen de un sector privado deficitario que vive quemando sus ahorros financieros netos.

El respaldo a ese extravagante y dañino objetivo cárdeno se funda en la creencia de que la financiación monetaria del déficit fiscal crea inflación al no encontrar una demanda de dinero que la absorba. Esto implica suponer que el dinero tiene precio. El dinero no tiene precio como sí lo tienen las zanahorias o las pelotas de fútbol, que hoy ruedan mundiales. Si no tiene precio, no se le puede aplicar la oferta y la demanda.

Entonces, ese razonamiento es una inconsecuencia o, si se quiere, un disparate. Si no lo fuera, no se hubiese registrado que entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 —con meta y meta de superávit fiscal en ese lapso— un IPC desactualizado marcara una inflación de 229 por ciento.

La balanza de pagos

La lógica de que la suma de los saldos financieros sectoriales siempre da cero se completa cuando se considera el resultado de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

La cuenta corriente de la balanza de pagos —la CuCo— se define como la suma del saldo comercial —exportaciones menos importaciones— y el saldo de los ingresos de los factores: lo que el país cobra desde el exterior por intereses y dividendos de las inversiones menos lo que se paga en el país por intereses y dividendos de las inversiones que son de los extranjeros.

Según fundamenta el economista británico Wynne Godley, de la Universidad de Cambridge, los balances de los tres sectores —público, privado y externo— están inextricablemente vinculados. Un sector no puede alterar su balance sin que al menos uno de los otros dos se vea afectado negativamente. Si la CuCo es positiva —superávit—, conlleva que el resto del mundo tiene un déficit con la Argentina. Si la CuCo es negativa —déficit—, implica que el resto del mundo tiene un superávit con la Argentina.

Al considerar la “vinculación inextricable” entre el saldo público, el saldo privado interno y el saldo externo —cuya suma da siempre cero— se tipifican cuatro situaciones.

1)Déficit público-déficit externo. Tal el caso de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. El primero emite la moneda mundial. Mediante el déficit comercial dota al mundo de liquidez. A través del déficit fiscal, permite que el resto del mundo coloque parte de los activos financieros ganados con el déficit fiscal norteamericano en bonos públicos. Por cierto, todo dólar que abandona el territorio norteamericano deja de ser activo monetario para convertirse en activo financiero, porque se mueve a través de las entidades bancarias, lo cual genera intereses. Con Francia pasa algo parecido, pero a la escala reducida de sus antiguas colonias africanas. La antigua “zona del franco”, por más euros que circulen ahora, sigue siendo tan francesa como antes. Al Reino Unido, en la división internacional del trabajo financiero, le tocó ser el núcleo del mercado mundial de cambios.

2)Déficit del sector público-superávit externo. El perro verde de la economía mundial no es otro que Japón. El enorme superávit comercial y de CuCo convive desde hace décadas con un atenuado déficit fiscal. De los nipones se podría decir que están inundados de ahorro privado, y la economía más envejecida de los países desarrollados, desde que llegó y consolidó esta situación, es un caballo de plaza: no va para ningún lado. Anda intermitente y estancada, aunque —como todo camposanto— muy estable. En la división internacional del trabajo financiero, le tocó a Tokio ser el núcleo donde se asienta la actividad bancaria centrada en las grandes corporaciones multinacionales.

3)Superávit del sector público-superávit externo. Alemania o Noruega son típicos exponentes de esta situación. Año tras año, el prominente y descomunal superávit comercial que alcanzan, junto al superavitario componente de ingreso de los factores de la CuCo, hace que puedan financiar, sin mayores problemas que no sean el estructural China y el coyuntural guerra de Ucrania, el superávit fiscal y, al mismo tiempo, el ahorro del sector privado.

4)Superávit del sector público-déficit externo. La Argentina se enmarca en esta situación. Teniendo presente que, si hay superávit fiscal, necesariamente debe haber déficit privado, esto significa que el sector privado se ve obligado a endeudarse masivamente para financiar tanto el superávit público como el déficit externo. España e Irlanda estuvieron practicando superávit del sector público-déficit externo en el prolegómeno de la crisis financiera de 2008, y se comieron un palo de aquellos. La vida en rosa viró al negro.

Si los dólares mineros y del shale van a enmendar esta situación y tornar el déficit de CuCo en superávit, para que resulte estable y sostenible en el tiempo tal perspectiva, el declive muy pronunciado en el nivel de vida de las mayorías debe seguir como la sombra al cuerpo de la desindustrialización en marcha, la cual se debe profundizar. De lo contrario, un nivel de actividad y uno de vida como los alcanzados en el alicaído 2015, con el aumento de importaciones que suponen, tensionaría todo el cuadro al punto de desmentirlo. Más claro: el superávit comercial de mayo marcó un récord de 3.504 millones de dólares por salto exportador y caída de las importaciones.

Pruebas al canto

A mediados de la semana, el ministro de Economía, Luis Caputo, comunicó en las redes sociales que el Sector Público Nacional (SPN) logró en mayo un superávit primario de 1,92 billones de pesos y un superávit financiero de 478.613 millones de pesos.

El superávit primario es el saldo positivo que surge de contabilizar los ingresos fiscales corrientes y deducirle los gastos antes del pago de intereses. El superávit financiero se consigue cuando el saldo permanece positivo una vez que se le restó el pago de intereses de la deuda pública. El pago de intereses de la deuda pública, descontadas las tenencias dentro del propio sector público, totalizó 1,45 billones de pesos. Cabe puntualizar que, con el acumulado del año, se alcanzó la mitad del objetivo de superávit primario pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para todo 2026, de 1,4 por ciento del PBI.

Para la consultora Equilibra, el superávit fiscal “se achicó en mayo porque los ingresos cayeron más que los gastos”. De acuerdo con sus cálculos, en los primeros cinco meses del año el superávit primario sufrió una caída real del 14,9 por ciento y el superávit financiero, del 45,7 por ciento. Respecto de mayo del año pasado, el deterioro acumulado hasta mayo de este año es de 12 por ciento para el superávit primario y, durante el mismo lapso, el superávit financiero declinó 25,2 por ciento.

El informe de Equilibra destaca que los ingresos cayeron 4,1 por ciento en términos reales por décimo mes consecutivo. “La excepción fue el impuesto a las ganancias de sociedades, que subió 29,5 por ciento por el ejercicio 2025 y achicó la caída de los recursos tributarios a su mínimo del año (-2,4 por ciento). El consolidado de las partidas restantes cayó 22,5 por ciento, traccionado por el desplome del resto de ingresos corrientes (-60,1 por ciento) y de las rentas de la propiedad (-17,1 por ciento). En mayo no hubo ingresos por privatizaciones, por lo que queda pendiente para junio el cobro de los 365 millones de dólares de la venta de Transener”, consigna el informe de Equilibra.

Por el lado de los gastos, si bien la baja fue menor, en torno al 2,2 por ciento en términos reales, resalta que las prestaciones sociales se mantuvieron estables, en tanto fue muy marcado el adelgazamiento de las transferencias a provincias (-40 por ciento), los gastos de capital (-27,8 por ciento) y los subsidios económicos (-19,8 por ciento). Los intereses crecieron 4,9 por ciento en el mes. Acumulan una baja de 4,5 por ciento en lo que va del año hasta mayo. Eso da cuenta de la mayor porción de la caída del resultado financiero.

El espejo del superávit fiscal refleja la debacle privada. Las noticias de que el endeudamiento de las familias está al rojo vivo se suceden a todo ritmo. El endeudamiento externo de las grandes corporaciones es cada vez más voluminoso.

El informe “Análisis de la dinámica laboral y empresarial”, del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), realizado con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), indica que entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 cerraron sus establecimientos 26.448 empleadores y se suprimieron 339.841 puestos de trabajo registrados en unidades productivas de todo el país. Durante ese período fueron dados de baja 30.646 puestos registrados de empleadas domésticas.

Los datos muestran que el cierre de empresas se concentró casi exclusivamente en las pequeñas y medianas empresas. Salvo un par de casos muy sonados, las grandes empresas permanecen funcionando. En el reverso, las grandes empresas fueron las que más trabajadores despidieron. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el 67,1 por ciento de los despedidos corresponde a empresas con más de 500 empleados. Esto significa 228.084 operarios registrados que perdieron sus trabajos. En las empresas de hasta 500 empleados se dieron de baja 111.757 puestos de trabajo registrados, o sea, el 32,9 por ciento del aumento de los enlistados en el ejército de reserva de desempleados. Este es el dudoso éxito del gobierno contra la demanda efectiva.

Patas para arriba

Gran parte de la mayoría silenciosa de la Argentina sigue muy convencida de que el superávit fiscal es lo más. Ignora la realidad de que el verdadero peligro está en el superávit fiscal prolongado. Cuando el gobierno registra superávit, destruye los activos financieros netos del sector privado. Para seguir operando, el sector privado se ve obligado a endeudarse. Y no se puede endeudar por siempre. Además, la lógica del interés compuesto es letal.

Los mareados, en vez de entender el “mirá lo que quedó” y actuar en consecuencia, se quejan amargamente de sus secuelas y derivaciones. Para colmo, cuentan con porciones importantes de la clase política que les siguen el juego, abogando por un irrenunciable superávit fiscal, pero más humano. No entienden que, como se dice en jerga, el resultado fiscal es “endógeno”; esto es, que la voluntad política cuenta poco y nada. No hay otra forma de lograr superávit fiscal que no sea la que practica este gobierno. Además, esa visión “humanista” no puede impedir que el superávit público destruya los activos financieros netos privados.

Los libertarios, que siempre están al pie del cañón para proferir que “no hay tal cosa como almuerzos gratis”, siempre se olvidan de confesar que son partidarios de almuerzos prohibitivamente caros e inútiles. Menos actividad económica deviene en menos recaudación y más motosierra. El multiplicador keynesiano funciona para adelante y para atrás. Hasta que la sociedad civil los aguante o tome conciencia —lo cual no es automático ni está escrito— seguirán tronchando. No saben de otra cosa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *