Nicolás Freiburn, que publicó el libro Borges y la política, es el indicado para reflexionar sobre ese costado del gran escritor a los 40 años de su muerte, el 14 de junio. Fue un escritor de dimensión universal, pero con un flanco político que es “un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha”, señala.
Borges aceptó ser condecorado por Augusto Pinochet, pero afirmó una vez que “una felicidad colectiva no puede ser innoble”, aseguró Freibrun, quien agregó que el creador de ‘Ficciones’ tuvo una “deriva antipolítica” y que las biografías indican que el amor de su vida fue una escritora comunista.
Fue un “liberal progresista” y “demócrata popular”, pero celebró la Revolución Libertadora, en un contraste que marca el autor, doctor en Ciencias Sociales y docente. Freibrun, investigador del Instituto Gino Germani de la UBA, apuntó “la complejidad”, “la ironía” y lo “contradictorio” en Borges, a quien consideró “un desestabilizador” en lo literario, que “se permite la desmesura en la ficción”, pero “no en la realidad concreta”.
Hay cosas de Borges “que no nos gustan para nada”, dice Freiburn, aunque supo plantear “la ficción como un modo de pensar imaginarios políticos”. Y recordó que tampoco se privó de asistir al Juicio a las Juntas, donde se horrorizó con las torturas relatadas, tal como lo pensó en el cuento ‘Deutsches Réquiem’, donde “pone la primera voz de un torturador nazi”.
–¿Cómo entender al Borges político? ¿Se puede considerar reaccionario a uno de los más grandes escritores de la historia, un vanguardista y pensador agudo de estatura mundial?
–Freibrun: La motivación para escribir este libro, como todo libro, siempre es personal. Por la pasión, por el interés entre política y literatura. Y, quizás, más ampliamente, un tópico muy interesante para pensar a Borges es el de política y ficción, que se podría extender a otras artes. Como el cine, por ejemplo. Pero, en Borges, pensar a partir de su ficción cierta politicidad, ciertos elementos políticos, me parecen que eran más productivos que ese registro más común que suele circular que tiene que ver con un Borges ‘gorila’ o antipopular, con un Borges político.
–¿Es un abordaje diferente de la politicidad en Borges?
–Freibrun: Si vamos a ficciones y ensayos, e incluso a algunos poemas de Borges, podemos ver que hay elementos muy importantes de la política, como la historia, la verdad, el individuo, el Estado o el orden. Aparecen tematizados de una forma mucho más compleja, lo cual nos hace volver a pensar cuál es esa relación de Borges con lo político. En el libro digo que la ficción produce un cierto desplazamiento para leer la política en Borges. Y eso ya genera una complejidad del propio autor y un interés para ver otras aristas de este Borges más obvio o más sabido. Incluso, a veces, no leído que tiene que ver con su antiperonismo.
–¿Cómo analizar sus travesuras, sutilezas e ironías? ¿Es apropiado tomarlo en forma literal cuando decía -por ejemplo- que los peronistas no eran buenos ni malos, eran incorregibles?
–Freibrun: Todo esto tiene que ver con que Borges no es solamente un escritor. Me gusta verlo como un pensador complejo. Y diría que Borges es un pensador del lenguaje. Es muy difícil comprender a Borges, creo yo, por fuera de una reflexión del lenguaje. Lenguaje que ya se encuentra, incluso, en sus primeros ensayos que luego él va a rechazar. Menciono a ‘El tamaño de mi esperanza’, ‘Inquisiciones’ o ‘El idioma de los argentinos’, ensayos de los años de 1920. La reflexión de Borges es una reflexión de lenguaje en el sentido de las limitaciones que el propio lenguaje que todos tenemos para manejarnos en la realidad y para escribir textos, en su caso, es siempre un problema y no una solución. Por supuesto, que luego tenemos que solucionar, que abordar, que escribir, que decir, etcétera.
–¿No hay una manera de revalorizar sus ironías?
–Freibrun: La ironía en Borges es muy productiva, es muy eficaz lo que genera al desestabilizar una situación, y eso me parece que es un punto muy importante. Borges como un lector, pero también como un escritor de la desestabilización. De que nunca hay algo fijo. De que siempre parece que algo nos confunde. Y ahí me gustaría agregar algo más, porque es un autor de cierta hibridez. Podemos leer ensayos de Borges como cuentos. Pero podemos leer cuentos de Borges como ensayos. Por ejemplo: Pierre Menard, autor del Quijote o Historia del guerrero y la cautiva.
–¿Se puede engarzar al Borges como mente brillante con el Borges antiperonista que decía que el fútbol era un juego estúpido y brutal?
–Freibrun: Por supuesto que no pueden evitarse, y Borges mismo no evitó sus posiciones políticas. Posiciones que, por momentos, son reaccionarias, por momentos son derecha, por momentos anticomunistas y antiperonistas. Pero en otros momentos, como en el principio de los años de 1930, cuando Borges adhería a cierto Yrigoyenismo. Viene el Golpe de Estado del general Uriburu y Borges es una especie de liberal. Podríamos decir que hay en él una conciencia liberal progresista. Incluso, todavía en la época de Yrigoyen, podríamos calificarlo como un demócrata popular.
–¿Se inclinaba más por el radicalismo popular?
–Freibrun: Es interesante ahí que a Borges no le interesaba la figura de Torcuato de Alvear y sí la de Hipólito Yrigoyen. Pero es cierto también que, después, en esa deriva conservadora, que es una deriva bastante antipolítica, Borges tendió a tener comentarios muy poco felices. Pero eso entronca de nuevo con una visión que me parece que hay que complejizar. En el libro está esa visión y puede ser conectada con la idea de orden.
–¿Empieza a volcarse en favor de un orden conservador?
–Freibrun: Borges es un autor que, a partir de la Segunda Guerra Mundial, piensa muy fuerte la idea de un orden occidental. Eso se ve muy bien en un ensayo que es fantástico que es ‘Anotación al 23 de agosto de 1944’, que escribe por una manifestación en Plaza Francia donde confluye este liberalismo progresista, antifascista, antinacionalista, antimilitar. Va gente de izquierda. Allí aparece una idea de Borges en relación también -por ejemplo- a las masas y al individuo.
–¿Qué idea rescata de aquel ensayo borgeano?
–Freibrun: Hay una frase de ese ensayo que me gusta mucho. Dice que una felicidad colectiva no puede ser innoble. Dice algo así, al pasar. Entonces, me parece que ahí su anticomunismo, su antiperonismo también debe ser repuesto en función de una idea de orden occidental.
–¿No se opone, luego, a un gobierno de corte nacional y popular y saluda a la Revolución Libertadora que derrocó a Perón?
–Freibrun: Por supuesto que esto último que decíamos siempre está conectado con Borges con un cierto rechazo a las masas. Una cierta apología del individuo. Un cierto anarquismo conservador que le viene incluso del padre. Le viene de las lecturas de Herbert Spencer, de William James, e incluso de Macedonio Fernández que era amigo del padre, una figura muy interesante. Hay toda una construcción de Borges en contra de cierta desmesura de lo político. Las masas irrumpen en la escena pública en la historia moderna y eso hace un poco trastabillar la cosa.
–¿Hubo un traslado a lo literario de esta tendencia?
–Freibrun: Todo esto Borges lo va a estar, incluso, poniendo en sus ficciones. Tengo una hipótesis: en la ficción, diría Borges, nos podemos permitir la desmesura, nos podemos permitir la violencia, nos podemos permitir que el sujeto vacile, que el individuo se pierda. Pero en la realidad empírica, en la realidad concreta, mejor dejar las cosas en orden. Ahí hay un juego muy interesante entre la ficción y la política. Y cómo Borges piensa de una forma, ahí sí, muy revolucionaria y poco conservadora a estas figuras desestabilizadoras de la historia. Lo que sucede es que Borges reserva ese pensamiento para la ficción.
–Al fin de cuentas ¿en él no se refleja la tensión de los opuestos?
–Freibrun: Me gustaría reponer una idea de Borges como un pensador de las contradicciones, de las paradojas, de las tensiones que no se resuelven. Allí tenemos que hablar no solamente del individuo, del Estado, sino, por ejemplo, de civilización y barbarie, una metáfora que hace funcionar a la historia. Una especie de motor de la historia a lo Borges. Podríamos decir que también tiene que ver con esta idea, más filosófica, que está muy presente en Borges, que es la del caos y el orden, dos ideas que están todo el tiempo.
–¿En la literatura, el caos, y en el mundo real, el orden?
–Freibrun: La realidad es caótica. La historia puede ser caótica. La historia puede ser una innumerable sucesión caótica de hechos que la literatura tiene que ordenar, que la ficción puede ordenar ¿Qué es la literatura? El lenguaje. Y volvemos, así, a la idea de que Borges es un pensador del lenguaje. Y la literatura, como una forma -quizás la más acabada de utilizar el lenguaje escrito- es una forma de ordenar eso que nos aparece caóticamente. Ahí yo creo que, por ejemplo, el cuento ‘El Aleph’ es muy interesante para pensar eso.
–¿Cómo congeniar al hombre que corrió a felicitar a dictadores como Augusto Pinochet y Rafael Videla con el que firmó la primera solicitada por los desaparecidos y que admitió su error, horrorizado, al asistir a una audiencia del Juicio a las Juntas en 1985?
–Freibrun: Es un polemista por naturaleza. Volviendo a esta idea de orden, me parece que cuando Borges va a ver a Videla, o cuando recibe la condecoración de Pinochet, todos esos sucesos que no nos gustan para nada, que nos hacen efectivamente rechazar a Borges, creo que habría que volver a reponer estas dos ideas de orden. En un sentido, de un orden anticomunista y también antiperonista o antipopular. Eso me parece que es el Borges más reaccionario. Un Borges, quizá, más viejo. Creo que él, efectivamente, no sabía que había desaparecidos, como luego, sistemáticamente, comenzamos a saber o la sociedad comenzó a saber. Por lo tanto, pudo revertir esas posiciones. Firmar declaraciones públicas para que el Gobierno militar dé a conocer qué estaba pasando con los desaparecidos.
–E incluso ¿no sorprende que, ante la TV española, cite al general Ramón Camps cuando admite los 30.000 desaparecidos, cifra que tanta polémica genera con quienes reivindican la dictadura?
–Freibrun: Me parece que hay una imagen muy potente. En 1985, cuando un Borges que va a morir al año siguiente en Suiza, asiste al Juicio y escucha el testimonio de un ex desaparecido (N. de la R.: Víctor Basterra). Escribe o dicta, luego, un texto muy breve que sale en el diario La Nación que es extraordinario ¿Por qué? Porque es el Borges que sigue pensando en una lógica muy interesante. Resume en una página muy breve cuál es la condición de torturado y cuál es la condición del torturador.
–¿Había un antecedente literario suyo?
–Freibrun: Me parece que es algo que lo trabajó en ‘Deutsches Requiem’, un cuento extraordinario donde pone la primera voz de un torturador nazi, que al mismo tiempo es intelectual. Entonces, creo que Borges sigue siendo contradictorio en estas cuestiones. Firmando declaraciones a favor de que se sepa la verdad de los desaparecidos y, al mismo tiempo, sacándose una foto o siendo condecorado por Pinochet.
–¿No le parece notable que quien decía que los dictadores salvaron a sus países de la “ignominia”, haya tenido como amor de su vida a una activista comunista como la escritora Estela Canto?
–Freibrun: Por supuesto, es muy difícil sintetizar muchas cuestiones que atraviesan diferentes aspectos de Borges y de su obra. Fue un escritor, pero al mismo tiempo dijo cosas sobre la política, dijo cosas sobre lo político. Al mismo tiempo, esas cosas -por decirlo de algún modo- creo que aparecen desplazadas, sugeridas, representadas de un modo diferente, como es la literatura. Por lo tanto, ahí hay algo que me parece muy importante: la ficción puede pensar la política de otro modo. La ficción es un modo de pensar imaginarios políticos. Incluso anticipando, antes que la política más concreta, que la política más mainstream, la política más de todos los días. Me parece que hay una elección muy interesante y establece una relación muy productiva entre ficción y política.
–¿Qué reflexión le merece reconocimientos internacionales como el de Umberto Eco al convertirlo en el monje no vidente que custodia una colosal biblioteca de una abadía medieval en la novela El Nombre de la Rosa?
–Freibrun: Este Borges más universal ha trascendido las fronteras. Es el Borges que ya pensaba cómo debería ser un escritor argentino en su gran ensayo, quizás el más importante, que fue ‘El escritor argentino y la tradición’. Ese escritor que ya es él, piensa cómo debe ser un escritor. Y será reconocido globalmente. Me parece muy interesante como Borges pudo también trabajar lo local y lo universal. Tanto que pasa a ser reconocido y leído. Hay gestos muy interesantes en autores como Umberto Eco, Claudio Magris, W. G. Sebald y tantos otros, donde Borges aparece citado. Y eso es maravilloso porque ese lugar en la cultura y en la literatura mundial, solo ha sido alcanzado por Borges en la historia argentina.