Eduardo Bolsonaro fue condenado en ausencia por hacer lobby contra Brasil. Flavio sigue abajo en las encuestas, hundido por el escándalo del Banco Master. La campaña de Lula va a las bases de la derecha.
La Corte Suprema de Justicia de Brasil acaba de crear un precedente enorme, del que los argentinos deberíamos tomar nota. Esta semana y por unanimidad, el Supremo Tribunal Federal condenó a cuatro años al diputado federal, mandato suspendido, Eduardo Bolsonaro por “coacción en el curso de su proceso por intento de golpe”. Lo que hizo Eduardo, hijo del ex presidente y casi golpista Jair, condenado a 27 años de prisión, fue operar para que Estados Unidos sancione a Brasil. Los jueces lo consideraron delito de “lesa patria”, que en castellano simple se traduce como cipayismo.
Eduardo se exilió en el Norte en marzo de 2025, lo que le valió la expulsión de la Cámara en diciembre pasado por ausencia contumaz. Allá se acercó a los MAGA y le calentó la cabeza a Donald Trump, que empezó a ponerle impuestos a las importaciones brasileñas y a enconarse con Lula da Silva. El Procurador General de la República lo denunció en septiembre por intentar presionar a los Supremos para zafar a su padre. Entre los sancionados por EEUU como si fueran narcos está el juez Alexandre de Moraes, uno de los tres que acaba de condenarlo. Moraes hasta escribió el fallo, donde dice, lapidario, que “no es función de un diputado hacer lobby contra su propio país”. El texto también rechaza el argumento de la defensa, cuando dijo que Eduardo no se podía defender porque no vivía en Brasil: “¿El acusado puede estar prófugo, puede continuar delinquiendo por las redes sociales, pero no puede ser juzgado? El entonces diputado con licencia perjudicó a todo el país, pero no asustó a esta Corte”.
El prófugo puede, por supuesto, apelar el fallo, que criticó en sus redes. “El verdadero objetivo de este proceso sin pies ni cabeza es claro: sacarme de la boleta electoral. Nunca me citaron formalmente, sigo esperando la citación correspondiente. Vivo en Estados Unidos y la prensa publicó varias veces mi dirección”. Moraes, para Eduardo, “es juez y parte, una vergüenza para Brasil”.
El tema es que ahora hay una orden de captura contra el hermano menor de Flavio, candidato presidencial. Tanto en la Corte como en el gobierno dudan que Estados Unidos lo deporte, trámite que en última instancia depende del canciller Marco Rubio, uno de los valedores de Eduardo por allá. En el contexto electoral, Brasilia no quiere pagar el costo político de una negativa.
Hay que ver qué costo paga el hermano presidenciable, que ya perdió diez puntos electorales y extraña cuando estaba en empate técnico con Lula
Es interesante ver por qué la candidatura del ultraderechista se cayó tan fácil. La causa puntual es su amistad con el banquero corrupto Daniel Vorcaro, un estafador ahora preso al que llamaba “hermano” y al que le sacó millones para una supuesta película sobre su padre. Flavio se arropó en un “honestismo” que nuestra Lilita Carrió reconocería, pero no habló de una “casta” sino simplemente del PT, como fuente de todos los males. Su amistad y sus mangazos a Vorcaro le arruinaron el argumento. Con lo que queda en descubierto que Flavio, y toda la derecha, tienen como solo capital política el antipetismo y la seguridad pública. Lo primero entibia sólo a la base fiel, lo segundo lo articulan con eventos como la masacre de Penha, un ejemplo de “mano dura” que no se animaron a repetir.
De hecho, la candidatura derechista sigue existiendo sólo gracias a la polarización extrema del país. La encuestadora Genial/Quaest preguntó a quién votarían los ciudadanos si Lula o Flavio se retiraran de sus boletas, y la respuesta fue masivamente a nadie: en blanco, anulado o simplemente ni ir a votar. Si Flavio se retirara hoy, Lula ganaría en la primera vuelta. El escaso derrame de votos del hijo presidencial a otros candidatos de derecha más moderados no alcanzaría ni remotamente para forzar un segundo turno.
El Master
Para desgracia de Flavio, el escándalo por el desfalco de Vorcaro no para de crecer. El Fondo de Garantías del Crédito calcula que para resarcir a los depositantes del Banco Master va a necesitar unos cuarenta mil millones de reales, redondeando, unos ocho mil millones de dólares. A esto se suma el banco estatal de Brasilia, que perdió otros doce mil millones de reales. En Brasil, la ley permite que un delator, un acusado que acepte testificar para la fiscalía, reciba una pena leve de prisión si resarce el daño económico y paga una multa. El cálculo, hasta ahora, es de sesenta mil millones, unos doce mil millones de dólares.
La oferta tienta y se hace porque a la Policía Federal le interesa sobre todo saber cómo se cometió la estafa, que implica a decenas de prominentes gobernadores, intendentes y legisladores de derecha. Pero lo notable es que Vorcaro ni se mosqueó con la cuenta, y sigue negociando hasta dónde va a delatar. La pregunta es de dónde va a sacar semejante dineral un preso cuyo banco fue disuelto y cuyas propiedades y cuentas están congelados. Hay dos hipótesis dando vueltas: que Vorcaro tenía como clientes a los narcos del Primeiro Comando da Capital y del Comando Vermelho, que pondrían la teca, o que los políticos de derecha están haciendo una vaquita para comprar su silencio.
Como se ve, Flavio arranca pegado a Vorcaro y la derecha corrupta, y termina en el mismo párrafo con los narcos.
Campaña
Por eso, no extraña que el candidato haya creado un nuevo equipo de campaña, después de una seria crisis interna. Los que se fueron son los que buscaban llevarlo hacia el centro y atraer a electores moderados. Esta estrategia, que rindió frutos hasta mayo, se cayó a pedazos junto al honestismo y sus promotores se fueron o fueron corridos. La nueva orden es reforzar a la base bolsonarista, los #Never Lula, fieles al padre y al hijo. Los nuevos estrategas dijeron que lo uno no quita lo otro, pero no explicaron cómo reconciliarían el discurso duro con un aura de moderación.
Una pista es lo que llaman “segmentación”, táctica que corre el riesgo de la incoherencia esquizo. Por ejemplo, esta misma semana Flavio defendió la famosa Bolsa Familia, la iniciativa de Lula para ponerle un dinero en el bolsillo a los más pobres que es un anatema para la derecha. Al mismo tiempo, anunció que se viene un plan de seguridad pública de los duros, “una pésima noticia para los narcos”. Se supo que el anuncio incluye un video producido con IA en el que aparece pilotando un avión de guerra con su padre, Jair, de copiloto. En el video, bombardean a los narcos.
Desde el gobierno tuvieron iniciativas más sutiles, aprovechando la calma electoral del Mundial. El ministro de Economía Dario Durigan anunció que el proyecto de Presupuesto 2027 contempla un superávit fiscal, el primero desde 2017. La señal a los mercados se completó con el pedido público de que el Congreso deje de aprobar “leyes-bomba”, de las que cuestan fortunas y no traen embutidas pautas de financiamiento. Este año, la derecha legislativa se aficionó a comprometer la recaudación fiscal con varias de esas bombas.
Hablando de derechas en el Congreso, el bloque en el Senado está afilando los sables para bloquear la reforma laboral, que simplemente hace que los brasileños, como tantos otros, trabajen cuarenta horas semanales y no 44. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, se mostró creativo en embarrar la cancha y demorar el tratamiento del proyecto, que ya tiene media sanción de Diputados. Por ejemplo, este martes suspendió a última hora su reunión con la comisión de Constitución y Justicia, que tiene que tratar el tema antes de que se vote. Alcolumbre dejó en claro que no hay reunión hasta que Lula no lo reciba para “hablarlo”.
Pero Lula está ocupado haciéndose lugar en una de las bases sólidas de la derecha brasileña, las iglesias evangélicas. El cimiento de estas iglesias, es bien sabido, son las mujeres, mayoritariamente negras y pobres, entre las que está surgiendo un movimiento, todavía pequeño pero ya influyente, que rechaza la identificación de su religión con lo reaccionario y conservador. Una de sus figuras es Nilza Valeria Zacarias, que es consejera de la presidencia y amiga de la primera dama, Janja. Lula les encargó que agiten el sector, que recorran el país para mostrar que la izquierda no es demoníaca y que no hace falta seguir a obispos bolsonaristas para ser un buen cristiano. El encargo incluye escuchar y aprender cómo hablarle a ese sector de la sociedad.