¿Y ahora qué?

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Las internaciones sociales, el limbo de los pibes desclasados

Profesionales de la salud que trabajan en hospitales porteños denunciaron que en las salas guardia e internación viven niñas, niños y adolescentes que no pueden externarse porque no tienen adónde volver y el Estado no los reubica en hogares de cuidado. 

Salvo para los médicos, enfermeras, psicólogas o asistentes sociales, nadie repara en ellos y viven en un limbo que se ve agravado desde la asunción del gobierno de Jorge Macri en la Ciudad y de los libertarios a nivel nacional.

Los médicos y asistentes sociales consultados por Y ahora qué? definieron la situación como internaciones sociales, un eufemismo que refiere al abandono que ejerce (sí, ejerce) el Estado sobre estos pibes y pibas.

La licenciada en Trabajo Social Paula Cantor fue la única que autorizó a difundir su nombre entre los entrevistados para esta nota. El resto le teme a las represalias del gobierno porteño, un fiel émulo de los libertarios a nivel nacional.

El origen del “paciente social”

Preocupada por la situación, “que no es nueva, solo que en estos últimos años se vió agravada”, Cantor tomó el tema para su tésis y explicó el origen del concepto.

“La referencia a los pacientes sociales refiere a aquellos pacientes que ya no presentan la dolencia aguda por la que fueron ingresados al servicio hospitalario pero que, en virtud de determinados condicionamientos que no pueden resolverse desde las competencias médicas del servicio, su externación se ve comprometida y asumen una condición liminar porque ya no reciben tratamiento especializado pero tampoco pueden abandonar el hospital, que se convierte en una especie de espacio asilar”, explicó esta trabajadora social de la Ciudad de Buenos Aires con 16 años de antigüedad en el sistema público de salud.

Los médicos hacen uso del concepto “paciente social” para referir los perfiles de pacientes atravesados por una fuerte vulnerabilidad socioeconómica, vincular y habitacional o aquellos no autoválidos por diferentes causas (por ejemplo, como resultado del evento de salud que generó en primera instancia la internación hospitalaria, una enfermedad infantil, un ACV o un traumatismo resultado de un accidente de trabajo o de tránsito, entre otros). 

Las condiciones de vida precarias y la falta de una posición económica que garantice un cuidado adecuado, complica su retorno al hogar. Otro factor definitorio mencionado es la ausencia de redes de contención, pacientes “sin familia” (adultos mayores con deterioro físico, cognitivo y/o psíquico, personas con una discapacidad inhabilitante, consumidores problemáticos de sustancias) que no son capaces de vivir solos y no pueden ser retirados del nosocomio por parientes o allegados. 

Son personas que no disponen de los medios para acceder a los derechos básicos, economía y vivienda digna, la alimentación, la vestimenta, que son por ejemplo personas en situación de calle. Son los pacientes traídos por un amigo o familiar y, cuando tienen el alta, nadie los busca. Hay adultos en esta categorización, pero también muchos niños y niñas.

El silencio de los responsables

Y ahora qué? Salió a buscar datos estadísticos sobre niños y niñas en esta situación que permitieran dimensionar este drama silenciado por los organismos del Estado, municipal y nacional.

Las consultas fueron derivadas a los voceros del Ministerio Público Tutelar de la justicia porteña, al Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes y al Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires. Ninguno, al cierre de esta edición, reportó la información solicitada. 

Sin embargo, una psicóloga de un hospital porteño y un médico de un hospital de pediatría aportaron una estimación más o menos coincidente: el cálculo es que cada centro de salud de la ciudad de Buenos Aires aloja entre tres y cinco niños y/o niñas en condición de pacientes sociales. Pibes y pibas abandonados por sus familias postergadas, y por un Estado que no cumple la función básica de preservar los derechos elementales de los niños.

Cantor explicó que “la necesidad de derivar colisiona contra las falencias del sistema, incapaz de canalizar la atención y el cuidado de una población que no cuenta con los recursos para afrontar su situación de manera adecuada y la escasez de vacantes en los centros y hogares existentes. El obstáculo es el lugar definitivo de traslado de estos pacientes, conseguirles una vacante”. 

La trabajadora social agregó que “en niñez y adolescencia esto en general se vincula con la falta de recursos ante la vulneración de derechos. Cuando tenemos a niños y niñas y adolescentes, vemos que se pueda garantizar la efectivización de los derechos una vez dada el alta, y el gran problema en la Ciudad de Buenos Aires son los recursos y los dispositivos residenciales o convivenciales”.

–¿Qué se evalúa en esos casos?

–Cantor: Si esos chicos pueden vivir con algún referente socio afectivo que pueda garantizar cuidados, que no se van a vulnerar sus derechos y que pueda conservar su vida. Que pueden seguir en la escuela, jugar con los amigos del barrio, visitar a tíos, primos, hermanos, que pueda conservar su vida cotidiana. El gran problema es que no se pueden garantizar seguimientos comunitarios para evitar que esos chicos y chicas pierdan su centro de vida, porque en la Ciudad cada vez hay menos disponibilidad de recursos para el sostenimiento comunitario. 

–¿A qué se refiere con sostenimiento comunitario?

–Cantor: A un acompañamiento efectivo de las defensorías de niños, niñas y adolescentes porque tienen mucha rotación de personal por contratos precarios y salarios empobrecidos. 

–¿Y eso cómo o en qué impacta?

–Cantor: En profesionales con cabezas más saturadas, menos predispuestas a hacer evaluaciones y a sostener acompañamientos prolongados. Si bien hace muchos años que ocurre, ahora está más agudizado. Para externar a los chicos hay que garantizar equipos que acompañen y recursos que sostengan a nivel comunitario. Pero termina pasando que no se puede armar nada con la red que tiene el pibe, y es así que puede terminar en un dispositivo convivencial si se consiguen vacantes en algún hogar.

Los pibes del limbo social

El concepto de ‘limbo’ se utiliza en diversos contextos. En lo religioso se refiere al lugar donde residen las almas de quienes mueren sin sacramento a través del cual se supone -para los fieles creyentes- Dios otorga su gracia. Y en lenguaje callejero, es la expresión que describe una situación indefinida sobre lo que ocurre alrededor. 

Parece no haber diferencia hay entre la falta de esa gracia divina de Dios y la indefinición a la que somete la sociedad a estos pibes que quedan boyando dentro de los hospitales, sin familia, amigos o Estado superior que los contenga. Como si no hubiera dios que los salve.

Otra profesional, esta vez una psicóloga que pidió preservación de identidad, profundizó en la situación.

–¿Qué cambió en esta etapa del país con los espacios de contención? 

Básicamente, que han desaparecido dispositivos, que nunca fueron gran maravilla pero había todo tipo de instituciones comunitarias, territoriales y barriales que cumplían esas funciones. Por ejemplo, todos los programas que había en barrios como orquestas para niños y jóvenes, clubes de barrios, comederos, bibliotecas comunitarias… todo tipo de instituciones barriales y comunitarias que les daban un espacio a estos chicos, que suplían o complementaban los espacios familiars. Desaparecieron y fueron desfinanciados y están más preocupados por conseguir comida que por otras necesidades, y los chicos quedaron en banda.

-¿Esos pibes están viviendo en las instituciones hospitalarias? 

–Sí, por tiempo indeterminado, pueden pasar semanas o incluso meses. Te puedo dar el ejemplo de una adolescente que hace meses que está en una sala de un hospital porteño con lo que esto significa porque el hospital es un techo continente, pero no es el más adecuado. Son chicos que tendrían que estar estudiando e insertados socialmente. Además, hasta corren riesgo de contagios intrahospitalarios.

–¿Dónde duermen, en una cama de hospital?

Sí. Y como las salas de internaciónes de los hospitales están ocupadas por pacientes, muchas veces lo hacen en las camas de las guardias, y si las guardias están colapsadas, duermen en la camilla de un consultorio.

–¿Quién los rescata? ¿Cómo termina esa relación entre el hospital y el pibe?

Como están bajo la órbita del Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, ellos toman las decisiones. A veces intervienen juzgados de familia y entra el juzgado y el Consejo, buscan los dispositivos y determinan la estrategia. Si hay suerte y consiguen un lugar, los chicos se van pronto. Si no, pueden estar mucho tiempo hasta que encuentran cómo ubicarlos, si no se escapan antes porque a veces son chicos que no aguantan estar encerrados en un hospital por mucho tiempo.

–¿Hay una cantidad estimada de pibes que viven en esta situación?

No sabría decirte, pero en todos los hospitales de la ciudad tenemos chicos y chicas en esa condición, tres o cuatro por lo menos. En mi hospital tenemos uno en la guardia y tres más en distintas salas. Si hablás con alguien de otros hospitales te van a decir lo mismo.

Todo empeora

Otro tramo del diálogo con Cantor transcurrió así:

–¿La cantidad de pibes en esta condición aumentó? ¿Ocurre que los organismos públicos que deberían recibirlos disminuyeron o se redujeron los cupos en las instituciones por temas presupuestarios?

–Cantor: Mi hipótesis es que no cambió nada y todo venía empeorando. Empezamos a tener internaciones sociales de tres o cuatro meses hasta que un chico puede externarse. Y si hay situaciones de algún padecimiento mental de mucho compromiso, se complica mucho más porque se requieren hogares especiales y hay muy pocas vacantes en hogares terapéuticos. Los chicos viven mucho tiempo en los hospitales en espacios inadecuados, durmiendo en una cama de hospital y con otras disyuntivas. Por ejemplo, si pueden ir al patio. En ese caso, ¿quién los acompaña? Y si les pasa algo en el patio, ¿quién es el responsable? ¿El médico que está de guardia? Así empiezan las complejidades en un lugar que no es el adecuado para que las infancias vivan con dignidad porque no hay espacios para jugar o son muy limitados, y no todos los hospitales están equipados de la misma forma. Todos los hospitales generales tienen las mismas condiciones para acompañar a las infancias en internaciones prolongadas, pero son lugares seguros para que vivan las infancias y las adolescencias. Tendría que ser algo transitorio y rápidamente tendrían que poder volver a un espacio acorde a sus requerimientos, a lo que necesita cualquier niño o niña o adolescente en desarrollo.

–¿Hay una disminución en las cápitas en las instituciones públicas?

–Cantor: No, disminución no. La problemática está cada vez peor porque cada vez se tarda más en externarlos y la complejidad social es cada vez mayor porque las familias deterioraron mucho sus condiciones de vida y cada vez tienen menos posibilidades de cuidar a sus hijos. Al egresar, ¿con quién van? ¿Qué familia está en condiciones de sumar un integrante para sostener económicamente? El deterioro social hace que también se reduzcan las posibilidades para externar, porque siempre el ideal -como equipo de salud- es que pueda volver a su centro de vida. De lo que sí estoy segura es que hay menos plata desde el Estado para reforzar el tejido comunitario, y si no se puede apoyar la red que tiene ese niño o niña adolescente a nivel familiar, va a terminar en un hogar. No hay agilidad en el egreso, respecto a las familias, y se tarda muchísimo en conseguir una vacante, si hay que buscar un hogar sustituto. 

–Si tuviera que plantear algunos puntos de solución para esta problemática, ¿qué propondría?

–Cantor: Para poder trabajar en red necesitamos equipos que puedan sostenerse en sus espacios de trabajo. Y para eso es clave que las políticas públicas puedan financiar mejor a los equipos que trabajan a nivel local. Y sobre todo a los equipos de niñez. Que dispongamos de equipos que trabajen la cuestión cultural, recreativa, que puedan trabajar a nivel local y que puedan sostener su trabajo, que haya recursos puestos en los dispositivos comunitarios. Que pueda recomponerse lo que está vulnerado porque las familias no pueden, están sobrepasadas. Que se disponga de recursos a nivel comunitario para lograr un mayor acompañamiento y los chicos puedan seguir con su familia. El centro son los chicos con su vida cotidiana, su escuela y su club. Para mí es por ahí.

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