Quien sigue la política de nuestro vecino y socio no puede olvidar la enormidad de la operación Lava Jato, el armado que terminó con el entonces ex presidente Lula da Silva detenido. Jueces y fiscales arrancaron carreras políticas que parecían eternas, policías fueron ascendidos y la derecha se sintió en olor de santidad delante del PT. Se sabe, todo terminó en cenizas, papelones, grabaciones mostrando cómo se montaban pruebas y figurones que aspiraban al Nobel de vuelta en el barrio, calladitos.
El tema vuelve a sonar en Brasil por el escándalo del Banco Master, cuyo dueño Daniel Vorcaro parecía ser amigo de todo el arco de derecha del país. Y muy amigo, que el hijo presidencial, senador y candidato de la derecha dura Flavio Bolsonaro le decía “hermano” mientras lo mangueaba. Y que gobernadores e intendentes de derecha se tiraban de cabeza depositando miles de millones de dinero público en su banco trucho. Cuando el Master cayó, dejó un tendal de heridos y averiados en el sector. Cuando se supo que le puso millones a Flavio para una supuesta película sobre su papá, le costó diez puntos en la intención de votos.
La Policía Federal, que lleva la investigación de la estafa bancaria, acaba de mencionar por primera vez a alguien relevante del oficialismo. Es nada menos que Jaques Wagner, íntimo de Lula, histórico del PT y jefe de la bancada del gobierno en el Senado. Los federales lo acusan de haber actuado en el Congreso moviendo hilos a favor de Vorcaro. Según los policías, el banquero preso compró un departamento de casi medio millón de dólares en Salvador, Bahía, para una hija del senador. Y le además le prestó su avión particular y le pagó un camarote en un show en Los Angeles por doce mil dólares.
Los investigadores dicen que la conexión entre el banquero y el senador es un amigo en común, el empresario bahiano Augusto Lima, ahora también peinado por los federales. Lima le dio un contrato a parientes directos de Wagner por 600.000 dólares. El empresario, que entre otras cosas se dedica a la construcción, hace años que tiene buenos amigos en el PT bahiano, y hay que recordar que Wagner fue gobernador del estado por dos períodos. Los policías incautaron celulares y computadores en la casa y el despacho del senador, y encontraron 55 mil dólares y 33.500 euros en efectivo.
La defensa de Wagner impugnó los allanamientos, acusando a los federales de cometer errores formales y actuando sin indicios firmes, sólo suposiciones. Por ejemplo, los abogados recordaron que el senador estuvo en contra de la “enmienda Master”, presentada por una bancada de derecha, que zafaba al banco de dar ciertas garantías. Y respecto al dinero extranjero, parte era de viáticos de viajes oficiales realizados, parte comprada en el mercado legal, con recibo y todo.
Pero la campaña manda y el miércoles a la mañana el senador y Lula tuvieron “una charla de amigos” en el palacio presidencial en la que se decidió que deje el liderazgo del bloque, aunque no la banca. En sus redes, Wagner dijo que “en este momento, mi prioridad absoluta es probar mi inocencia y dedicarme a la reelección del Presidente Lula”. Puertas adentro, la conducción del PT se enojó con senador porque apenas surgieron las acusaciones, dijo en un reportaje que se quedaba hasta que Lula le pidiera que se aleje. Esto, dicen en la campaña, fue tirarle el fardo al candidato, compartirle el costo de la crisis.
Como para devolver el foco del escándalo a la derecha, la Policía Federal le cayó con fuerza a uno de los pilares del sector, las iglesias evangélicas. Resulta que había una operación secreta, llamada Espejismo, que venía investigando el Banco Digimais, propiedad del obispo Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, una de las mayores de Brasil. Macedo es un multi-multi-multi millonario que hace años no vive en su país, pero sigue controlando su iglesia y su ya verdadero imperio empresarial, y es un obcecado enemigo de Lula y partidario de Jair Bolsonaro.
La Operación Espejismo descubrió maniobras financieras muy a la Banco Master, con trucos contables que inflaban el valor de sus activos y especulaban con las garantías estatales de fondos depositados. La justicia le bloqueó 130 millones de dólares en bienes fiduciarios e inmuebles, y allanó las oficinas del banco y las residencias de dirigentes como Joao Urbaneja, obispo y hombre de confianza de Macedo, y varios ejecutivos. Los contadores oficiales estiman que el clavo, que va a tener que levantar el fisco, puede llegar a 1500 millones de dólares.
La campaña
Aun así, el vicepresidente Geraldo Alckmin dijo que la investigación de Wagner “era una crisis” que el presidente Lula “va a conducir con espíritu republicano. Quiero destacar la independencia de la investigación de la Policía Federal”. Más allá de que le crean al viejo socio, la campaña oficialista evalúa que en un año electoral el asunto es grave. Resulta que la caída de Bolsonaro en las encuestas fue dura y rápida, pero se detuvo: Flavio mantiene intacta su base dura. En el comando de campaña y en la cúpula partidaria evalúan una estrategia de apoyo irrestricto a la investigación, “caiga quien caiga”, para distanciar a Lula del caso.
Esto se verá realmente en la semana que viene. La última encuesta, anterior a las acusaciones contra Wagner, mantienen a Lula en un firme 41 por ciento frente al 31 de Flavio, con 47 a 43 en una segunda vuelta entre los dos.
Las encuestas, se recordará, fueron objeto de censura por parte del Superior Tribunal Electoral. Como es imposible suprimirlas a todas, y se siguen publicando, la corte armó una reunión con los principales estudios especializados, que se espera se realice en julio. La idea es que se pueda lograr un acuerdo sobre cómo hacer encuestas antes del 16 de agosto, cuando comienza oficialmente la campaña. El tribunal también busca salvar a su presidente, Kassio Nunes, del que se burlaban hasta en los bares, y ponerle un velo de legalidad a lo que fue un simple acto de censura.
Como, pese a la manito del tribunal, Flavio sigue abajo en las intenciones de voto, su campaña cambió de rumbo. El candidato se mostraba como un moderado, sensible a la imagen de bestia peluda de su padre, que crea rispideces entre los votantes independientes y las mujeres. Pero el palo del Master le dio poder a los que querían que Flavio fuera un Bolsonaro. Esta semana, el candidato prometió una guerra a la delincuencia por medio del programa Brasil Sin Miedo, que incluye crear cárceles para medio millón de presos nuevos y atacar al Comendo Vermelho y al Primeiro Comando da Capital. Esto es, reinvindicó sin nombrarla la masacre de Penha, en Río.
Una nota graciosa: los que fueron al acto de Flavio se pudieron sacar selfies con su padre preso, gracias a grandes telones digitales que reproducían al Jefe sonriendo.
Una nota nada graciosa: la mujer de Jair, Michelle Bolsonaro, candidata a senadora en el Distrito Federal de Brasilia, con buenas chances, le sacó la madre al hijastro candidato en un video de 27 minutos donde le dijo de todo. Según Michelle, Flavio a trata como una idiota, la ningunea, le falta el respeto y la humilla cada vez que hablan. Según la primera dama, su único pedido para participar en la campaña fueron tres de los diecisiete nombres femeninos en la lista para el Senado. Se los dieron, pero “es una lucha mantenerlos, las quieren sacar”. Flavio contestó enseguida con un videíto vistiendo la camiseta de la selección, su uniforme de campaña, diciendo que “nada” le iba a arruinar un día de fútbol.
Sonreía, pero Michelle era parte clave de la estrategia de suavizar su imagen de machirulo derechista. Sonreía, pero Michelle difícilmente hubiera hecho el video sin que lo supiera papá Jair, su marido.
China observa
Pekín anda observando con cuidado la campaña presidencial y calculando qué puede ocurrir el 4 de octubre. Resulta que desde 2009 los chinos son los principales compradores de productos brasileños, en particular soja, minerales y petróleo, y desde el año pasado Brasil es el mayor destino de sus inversiones. Es buen dinero que hay que cuidar, y Flavio los inquieta con sus declaraciones de amor a Donald Trump.
El diario Folha de Sao Paulo investigó el tema en Brasil y en China, y descubrió que la inquietud no es sobre el área privada, ya que Pekín considera que las empresas brasileñas no se dejarían influenciar en sus negocios por xenofobias bolsonaristas. Pero con Lula se lograron avances institucionales y financieros importantes, que sí pueden peligrar. Por ejemplo, normalizar que los negocios se realicen en reales y yuanes, sin pasar por el dólar o el euro.
Lula abrió esta puerta cuando dijo en Pekín en abril de 2023, que “siempre me pregunto por qué todos los países están obligados a hacer su comercio con referencia al dólar. ¿Por qué no podemos usar nuestras monedas?” En septiembre del mismo año, la firma Eldorado Celulosa hizo su primera transacción internacional entre reales y yuanes. Esto ya es normal y el próximo paso es que Brasil tome su primer swap en yuanes, algo que ocurriría esta semana.