Bolivia vive un empate catastrófico porque ni los bloqueadores ni el Gobierno tienen la fuerza suficiente para desbalancear el conflicto. Sin embargo, ahora el presidente Paz suma a su favor una nueva ley de excepción que no es otra cosa que la habilitación a dictar el estado de sitio mientras los indios advierten: “es con nosotros”.
Casi no circulan vehículos por las calles de La Paz. Quien quiera gasolina debe o hacer cola toda la noche o comprarla a tres veces su precio en el infaltable mercado negro. Sobre las aceras de las principales calles mujeres indígenas exponen sus productos: algo de fruta, verdura, quesos y si hay suerte huevos. Son productos que pasaron por caminos de herradura o de los huertos pequeños de la periferia que rodea la ciudad. Todo a más del doble de su precio habitual.
En El Alto, el bloqueo es más completo en el sur de la ciudad. En la zona norte se ha hecho un cuarto intermedio pues es la feria de Corpus Christi de cada año donde se venden animales.
Pero luego del comercio vendrá de nuevo la movilización.
La policía también desbloqueó algunos accesos al valle del sur de La Paz, de donde provienen sobre todo verduras, papa y maíz, aprovechando que muchos de los manifestantes están festejando el aniversario de Palca. Sin embargo, todo el viernes se registraron enfrentamientos.
Horas después de que los tractores recogieron las piedras del camino estas volvieron a aparecer.
Son pequeñas escaramuzas. Lo cierto es que puedes levantar un bloqueo pero momentos después aparece otro y la policía no puede estar en todas partes.
De hecho, y por el momento, en Bolivia se vive un empate catastrófico: ni los bloqueadores, de momento, tienen la fuerza para derribar al gobierno, ni este puede evitar que las piedras estén en el camino.
La propaganda gubernamental festeja cada desbloqueo (son 90 en todo el país) y la contra propaganda festeja cada movilización que se suma.
La ley de excepción
Mientras, el Senado ha aprobado una nueva ley de excepción (antes llamada de Estado de Sitio) que remplaza a la promulgada por la mayoría Masista en el 2020.
La principal diferencia es que da mayores garantías a las Fuerzas Armadas y a la Policía de uso de armamento letal en circunstancias extremas y que señala que en caso de juicios por genocidio o asesinato el Estado deberá asumir la defensa jurídica de los uniformados.
En resumen, dice que la represión tendría “presunción de legalidad”. Era una exigencia, sobre todo del Ejército, que en experiencias pasadas vio a sus altos mandos enviados a prisión por la muerte de varios civiles a fuerza de bala.
Falta aún la aprobación de la cámara de diputados y hasta el domingo se espera la dictación del Estado de Excepción que restringe algunas garantías y permite los desbloqueos de manera violenta.
Pero, acá nada está escrito en piedra. Por tanto, el pronóstico es reservado. Si bien hay mucho cansancio entre los bloqueadores, no menos cierto es que si los muertos se multiplican puede haber mayor radicalización.
Mientras tanto en las redes sociales crece el rumor de que la razón para que la medida excepcional se dicte recién el domingo responde a que este sábado se gradúa la hija del presidente Rodrigo Paz que estudia en el colegio Calver, el más caro de Bolivia y cuyo sistema de bachillerato no corresponde al calendario nacional sino al norteamericano.
Por supuesto, las clases, son todas en inglés. Puede que sea una exageración, ya que el motivo para no dictar el Estado de Excepción respondería más a la falta de una Ley para cumplir con la Constitución, ley que está en camino. Pero, muestra el estado de disgusto entre los sectores más conservadores de la sociedad.
Y es una ironía el hecho de que el tío del actual mandatario, Néstor Paz Zamora, muriera en la guerrilla precisamente en un estado de sitio y su esposa, Cecilia Ávila fuera victimada el año 72 en otro estado permanente de sitio que fue la dictadura de Banzer.
En los hechos, Rodrigo, alias “el pollo” Paz, está atrapado entre los sectores que lo apoyaron (y a los cuales él abandonó) y los que sin votar por él creyeron que su gobierno posibilitaría una rápida restauración de la Bolivia anterior a Evo y Álvaro.
En etapas de polarización (como la que vive el país) el centro suele ser triturado entre las dos fuerzas contendientes. Sin embargo, la ultraderecha no ha logrado sacar grupos de choque a las calles pese a varios intentos en los que incurrió.
No es la misma situación del 2019. Por un lado, los de abajo se sienten totalmente desplazados y, por otro -y no es poca cosa- la gasolina basura comprada por el gobierno actual ha destrozado el motor de 200 mil coches.
La economía boliviana necesita dólares con urgencia, incluso para comprar carburantes. El gobierno espera el préstamo del Fondo Monetario Internacional de 3500 millones de dólares, pero el organismo internacional exige privatizaciones para que, con una mayor apertura, al capital privado pueda equilibrarse la economía nacional. Algo que, choca con quienes están en los caminos
El factor narco
El gobierno ha virado de una campaña “Evo es el responsable de los bloqueos” a “el narco está financiando los cortes de ruta”.
El giro no sólo tiene que ver con la certeza de que el expresidente ya incide poco y está recluido en el Chapare, sino con la política trumpista que requiriendo una rápida victoria antes de noviembre carga contra los narcotraficantes.
Pero, he aquí el dilema boliviano. Se calcula que el tráfico de estupefaciente mueve entre 7 y 10 mil millones de dólares en Bolivia. De ellos, se queda en el país entre 1 y 2 mil millones. La economía de la droga boliviana, al decir de los expertos ha cambiado porque antes se quedaba hasta el 80% del precio en frontera.
Autoridades paraguayas dicen que el 2025, el clan de Sebastíán Marset realizó 986 vuelos de avionetas al país guaraní. Cada vuelo transporta 450 kilos que puestos en el vecino país están a 4 mil dólares el kilo. En resumen: movió casi 1800 millones de dólares, pero de ese dinero se quedó en Bolivia sólo el 25%.
Para una economía como la boliviana retirar el dinero que deja la cocaína del mercado sería terrible. Primero que nada, escasearían (como ocurrió en el pasado) las divisas; segundo, aumentaría la desocupación y zonas como El Chapare, el Beni y la propia Santa Cruz tendrían graves problemas económicos.
Por supuesto, estamos hablando de imposibles, puesto que en los hechos es impensable una política de coca cero o de cocaína cero. Mientras haya consumidores habrá productores. Es el ABC del capitalismo. De hecho no por la caída de Marset (y antes fue de Techo de paja Roca y de Roberto Suarez y un largo etc.) el negocio ha dejado de producirse.
Si Trump logra afectar a los clanes brasileños estos serán remplazados por otros. De todas maneras, la economía boliviana de inmediato podría sufrir los embates de los ataques de Trump a los carteles del Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho.
Pero en política esto podría tener también repercusiones ya que la actual administración gringa quiere involucrar a exautoridades del MAS.
Todo eso ya se analizó en otro artículo. Pero, es un proceso en marcha, más aún cuando se aguarda el arribo de un importante contingente de agentes de la DEA norteamericana.
Dos lecturas
En el gobierno creen que si se levantan los bloqueos se iría a una época similar a la que se vivió después de la Marcha por la vida (1986) donde la derrota obrera posibilitó que el neoliberalismo campeara 20 años. La izquierda ve en las movilizaciones un renacer del alicaído movimiento popular y cree que cualquiera que sea el resultado ya se ha ganado porque se lograría arrinconar al Gobierno.
Cada quién cree lo que quiere creer, pero si en el oficialismo no hay un giro de timón, los problemas se irán repitiendo, cierto es que es posible que no con la intensidad de este movimiento, pero lejos de buscar excusas o explicaciones simplistas alguien debería ver las causas del descontento.
Cuando uno ve las marchas escucha, sobre todo a las mujeres, decir que el Presidente (Paz) les mintió, y no arreglar eso es no solucionar el problema.
Sería como bajar la fiebre pero no atacar el fenómeno que la ha causado.
Siempre al pie del abismo
Muchas veces Bolivia se ha encontrado al pie del abismo, pero nunca ha dado el paso adelante.
Al borde de la enajenación, en la más completa miseria, el poeta romántico Friedrich Hölderlin escribió: «Pero donde hay peligro, crece también lo que salva».
Dos siglos después el subcomandante Marcos diría: «La libertad es como el amanecer. Hay quienes duermen toda la noche, hay quienes desvelan un pedazo de la noche, hay quienes caminan la noche entera… y hay quienes caminan la noche e inventan el amanecer.»
Con los pies llagados de tanto caminar, con los cuerpos cansados del frío y con hambre la Bolivia de los indios ha demostrado que camina hacia el amanecer, y que la luz se valora si se conoce la noche.
“Es con nosotros” le gritaron a Paz Pereira.
De escuchar o no este pedido depende el futuro.