Flavio Bolsonaro supera por algún punto a Lula da Silva, y el presidente prepara una movida por lo alto para baja las tasas y aliviar la deuda de 80 por ciento de los brasileños. La extrema derecha busca una mujer en la fórmula.
El mes pasado, las encuestas dieron la sorpresa de que el improvisado Flavio Bolsonaro empataba técnicamente con el presidente Lula da Silva para las presidenciales de octubre. Esta semana Datafolha -la empresa de estudios de mercados del diario Folha de Sao Paulo- publicó otra encuesta que le agrega sal a la herida: el empate sigue, pero ahora Flavio le saca algún punto a Lula. En una segunda vuelta, el liberal llegaría a 46 por ciento frente a un 45 del petista.
Más o menos lo mismo le pasa al presidente en una virtual segunda vuelta con los candidatos Ronaldo Caiado o Romeu Zema, otros referentes de la derecha. Con lo que está quedando en claro que el hijo del golpista encarcelado tiene que llegar a la segunda vuelta superando la fragmentación de la derecha, y Lula tiene que sacudir de alguna manera la percepción negativa del electorado, sea quien sea el que lo enfrente.
La situación muestra que el bolsonarismo ya no es un fenómeno pasajero, una referencia a la disrupción. Las encuestas indican que entre un doce y un quince por ciento de los votantes brasileños son personalmente leales a Jair Bolsonaro, que lo consideran su líder. Esto, claro, no alcanza: son nostálgicos de la dictadura y creyentes en la mano dura como forma de orden social. Pero el crecimiento de Flavio muestra que por lo menos el triple de esos porcentajes acepta lo que representa el nombre Bolsonaro, que hay un peso político que trasciende a la derecha dura.
Es notable que esto ocurra con alguien que gobernó tan mal, que nunca supo qué hacer con sectores claves como la educación, que empobreció a la mayoría y causó muchas muertes inútiles con sus supersticiones sobre el covid. Jair tuvo como constante el ataque a las instituciones públicas, culminando en el asalto a la Corte Suprema y al palacio presidencial en Brasilia el 8 de enero de 2023, que lo llevó a la cárcel por golpista. Parece que en Brasil también seducen el insulto y la arbitrariedad.
Flavio, que es mucho más suave en el discurso y las actitudes, anunció su candidatura a fin de año y no hizo mucho más. Igual, logró instalar una sensación de triunfo inevitable que está quebrando el Centrao, el arco de partidos y partiditos de derecha. La corrida a su partido que se vio a principios de mes en el Congreso fue notable: los liberales tienen ahora 101 diputados, un bloque enorme para la tradición brasileña de representaciones ultralocales y fragmentarias.
Mientras, Lula tiene que gobernar y no apenas hablar, ventaja de la oposición. Una de las razones de la mufa que parece ensuciar la vida política en Brasil es el alto nivel de endeudamiento de casi todos: 80 por ciento de las familias brasileñas vive pagando intereses y ya se batió largamente el record histórico de quiebras preventivas. Lula le encargó a su nuevo ministro de Economía Dario Durigan que prepare un plan de alivio específico, que permita unificar deudas diferentes en una sola cuenta y proveer alivio a los atrapados. El veterano presidente sabe que el problema no es mágico, sino que se debe al brutal aumento de las tasas de interés, que superó por mucho el notable aumento real de los salarios que logró su gobierno.
Para dar una idea del problema, una cuenta simple: si uno contrajo en enero de 2023 una deuda de mil reales con la tarjeta de crédito, para marzo de este año ya debía el doble. Si la deuda era con un cheque certificado, la deuda era de entre 2500 y 3000 reales, depende del banco. En ese mismo período, el aumento del salario medio en términos reales fue del 17 al 18 por ciento. El Banco Central calcula que la familia asalariada media gasta hasta la mitad de sus ingresos sólo pagando deudas.
Parte del problema es familiar a los argentinos, porque las tasas subieron para domesticar el dólar, que sigue planchado en 5,15 reales. Esto frena la inflación y en el caso brasileño -para envidia argentina- modera los aumentos de alimentos, pero se hace sólo a costa de “tasas exorbitantes” que atraen al “capital motel”, como le dicen por allá a los fondos golondrina.
Los éxitos económicos de Lula son indudables, sobre todo después de la aridez de ideas de Bolsonaro. Brasil vio un aumento real del ingreso del trabajador, sacó a 26,5 millones de personas del hambre, a 8,7 de la pobreza y 3,1 millones de la miseria. Pero hay un desaliento palpable y pesimismo sobre el futuro económico. Para cambiar esta situación, Lula prepara un arma crediticia de amplio alcance, con fuertes descuentos y tasas favorables.
En campaña
El ahora ex ministro de Economía Fernando Haddad volvió a sus pagos de San Pablo como candidato a intendente y le está haciendo la corte a Gilberto Kassab, presidente del partido PSD. Kassab le jura lealtad al gobernador Tarcisio de Freitas, pero está resentido por lo que ve como destratos del candidato a reelección. Kassab era el secretario de gobierno del estado, hombre fuerte de la política paulista, y quería ser el vice en la reelección de Freitas. Pero en marzo renunció, cuando lo dejaron de lado por un enemigo personal. Es que Freitas llamó para coordinar la campaña a Rodrigo García, ex PSD, al que Kassab detesta cordialmente.
En el PT especulan con que Kassab sigue la frase del gran Ulysses Guimaraes y “puso el odio en la heladera” por la campaña, pero que quiere venganza. Seducirlo sería un paso importante en la política de dividir el voto centrista y hacer una diferencia en octubre. San Pablo es un estado refractario a Lula, pero con tantos votantes registrados perder por poco ayuda a ganar la general, como ya ocurrió en 2022.
Mientras tanto, Flavio Bolsonaro enfrenta un alto rechazo y grado de desconfianza, en lo que también hereda el manto de su padre. Uno de sus problemas es la imagen de machirulo de Jair, por lo que el hijo-candidato está buscando una mujer para vice, de preferencia de fuerte imagen religiosa. Las candidatas, hasta ahora, son dos, las diputadas federales Clarissa Tércio y Simone Marquetto, pernambucana y paulista respectivamente. Una podría ser una herramienta para entrar por el lado evangélico en el norte del país, bastión petista. Otra podría arrimar el voto católico en San Pablo, el mayor distrito electoral del país.
Gastos y entradas
El Centro Brasileño de Infraestructura acaba de calcular que la guerra en Irán va a aumentar en un cuarenta por ciento los royalties petroleros de los estados y ciudades brasileñas que cobran de esas exportaciones. Buena parte del dinero del negocio energético vuelve a las localidades de donde se extrae el petróleo, y el aumento del precio internacional las beneficia. El aumento sería el mayor desde 2022, cuando le guerra en Ucrania también complicó los mercados.
Lo que le queda del negocio al gobierno nacional puede terminar financiando en parte el ambicioso programa de rearme brasileño, que tiene un presupuesto especial de casi mil millones de dólares. Lula se fotografió muy contento presentando el primer interceptor de combate Gripen fabricado en Brasil, una coproducción entre Embraer y la sueca Saab. La idea es producir quince de estos cazas de alta tecnología como primera etapa, avanzar en el plan de radarización y control por drones de las fronteras, y despertar de su sueño eterno el plan de construir un submarino nuclear. Mientras, ya están llegando baterías de misiles italianas.
Sin coronita
Jair Bolsonaro ya fue internado siete veces en el hospital DF Star, de Brasilia, que tiene suites de lujo, arte original en las paredes y servicio de concierge. Nunca le faltó nada, pero igual el supremo juez Alexandre de Moraes le concedió la domiciliaria para que se recupere en su condominio de lujo, mimado por su mujer. Un grupo de legisladores petistas señaló que es un trato privilegiado y presentó un habeas corpus colectivo ante la Corte Suprema pidiendo domiciliarias para los miles y miles de presos mayores de 70 años que languidecen en las cárceles comunes.
Los legisladores destacaron que Brasil tiene 700.000 presos, la tercera población carcelaria del planeta, sólo superada por Estados Unidos y China. Las condiciones son penosas: cada año mueren 30.000 detenidos por enfermedades y la tasa de tuberculosis es treinta veces más alta que fuera de las murallas. La derecha inmediatamente criticó la iniciativa, diciendo que iban a soltar delincuentes peligrosos. Los petistas les recordaron que Bolsonaro también es un delincuente peligroso y que estaba en su casa.