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Ameghino anticipó las ciudades esponja 

La llegada de un fenómeno de El Niño muy fuerte durante 2026-2027 pone bajo presión a las ciudades y cuencas bonaerenses. Parques inundables, humedales, reservorios y superficies permeables podrían ayudar a retener el agua. La idea parece novedosa, pero Florentino Ameghino ya la había formulado en 1884.

De arranque, algunas claves:

*El NOAA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. calcula una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance gran intensidad durante la primavera y el verano 2026-2027.

*La Plata, Mar del Plata y las cuencas de los ríos Luján y Salado cuentan con estudios o propuestas basados en retener y liberar lentamente el agua.

*En 1884, Ameghino pidió “obras de retención y no de desagüe”: más de un siglo antes de las ciudades esponja desarrolladas por China.

Plazas y calles inundables

Las llaman “ciudades esponja”, pero no se trata de cubrir las calles con un material absorbente. Es un modelo urbano que utiliza parques inundables, jardines de lluvia, pavimentos permeables, reservorios, techos verdes y humedales para recibir el agua, almacenarla temporalmente y liberarla de manera gradual. 

En lugar de intentar expulsar toda la lluvia por conductos y canales -que pueden colapsar durante un temporal- la ciudad recupera parte de su capacidad natural de absorción.

La idea cobra urgencia ante las proyecciones para El Niño 2026-2027. El Centro de Predicción Climática de NOAA estima más de un 90% de probabilidad de un episodio muy fuerte y calculó, en su actualización de agosto, un 69% de posibilidades de que entre octubre y diciembre alcance una intensidad histórica. 

Para la región pampeana, El Niño suele aumentar la frecuencia de precipitaciones superiores a lo normal y de tormentas intensas, aunque no permite anticipar con precisión cuándo ni dónde caerá cada lluvia.

En la provincia de Buenos Aires, sus efectos potenciales incluyen saturación de los suelos, ascenso de las napas, desbordes de arroyos, anegamientos urbanos y rurales, daños en caminos y pérdidas agropecuarias. 

El riesgo puede resultar especialmente sensible en la cuenca del Salado, el norte bonaerense, la cuenca del Luján, el conurbano y el Gran La Plata. La combinación de lluvias abundantes, terrenos con escasa pendiente y superficies urbanas impermeabilizadas dificulta el escurrimiento y puede prolongar los anegamientos.

En China es una política de Estado 

China convirtió esta filosofía en uno de los mayores experimentos urbanos del mundo y resolvió implementarla como una política de estado desde 2014. Ciudades como Wuhan incorporaron parques inundables, humedales y sistemas de lagos al manejo del agua. 

En Europa existen soluciones similares con otros nombres. En Copenhague (Dinamarca) se desarrollaron espacios urbanos preparados para recibir grandes volúmenes durante tormentas extraordinarias.

En Rotterdam (Países Bajos) se crearon las conocidas “water squares”: plazas utilizadas normalmente para actividades recreativas que, cuando llueve intensamente, se transforman temporalmente en depósitos.

Ameghino lo pensó antes que los chinos

Sin embargo, la idea de una “provincia esponja” no nació en China. En 1884, Florentino Ameghino publicó Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires: obras de retención y no de desagüe

Ameghino fue un precursor en materia hídrica. En su obra mencionada cuestionó las soluciones basadas exclusivamente en evacuar rápidamente el agua hacia el mar. 

Su consigna fue impulsar “obras de retención y no de desagüe”: utilizar lagunas, depresiones naturales, reservorios, canales y forestación para guardar los excedentes de los años lluviosos y aprovecharlos durante las sequías. 

No habló de “ciudades esponja”, expresión creada mucho después, pero formuló con notable anticipación el principio central que hoy sostiene ese modelo.

China convirtió el concepto de ciudad esponja en política nacional recién en 2014: Ameghino lo había previsto 130 años antes.

La trágica inundación de La Plata en 2013

Después de la trágica inundación de La Plata de 2013, investigadores de la UNLP y el CONICET retomaron principios semejantes. 

Los equipos de Isabel López, Juan Carlos Etulain, Sara Fisch y Daniela Rotger estudiaron la posibilidad de crear parques inundables y reservorios sobre el arroyo del Gato, recuperar las riberas y adaptar plazas y espacios públicos para demorar la llegada del agua a los desagües. También surgieron proyectos académicos bajo la denominación “La Plata, ciudad absorbente”.

En la actualidad la idea comienza a ingresar en la agenda institucional bonaerense, aunque todavía de manera muy incipiente. 

Hasta septiembre pueden identificarse al menos dos proyectos municipales que emplean expresamente el concepto de “ciudad esponja”. 

Uno presentado por la concejala Fabiana Ungaro en Bahía Blanca, aprobado por unanimidad por el Concejo Deliberante, aunque sin un plan de ejecución integral conocido.

El otro proyecto impulsado por el ex intendente de Mar del Plata Gustavo Pulti y Melisa Centurión en febrero de este año, propone transformar a la ciudad en una “ciudad esponja”, recuperar un plan elaborado con técnicos del BID y promover la desimpermeabilización del suelo.

En la Legislatura bonaerense no aparece, hasta ahora, una ley específica con esa denominación. 

En la cuenca del Luján, especialistas y organizaciones ambientales también reclaman preservar humedales, impedir construcciones sobre planicies inundables y crear reservorios temporales en la cuenca alta.

Una estrategia bonaerense requeriría combinar esas soluciones naturales con las obras hidráulicas tradicionales: reservorios rurales, humedales protegidos, parques capaces de inundarse sin provocar daños, ampliación y mantenimiento de desagües, alertas tempranas y límites estrictos para construir en zonas de riesgo. 

Pero ninguna “esponja” puede impedir por sí sola una inundación extrema, aunque sí puede reducir el volumen y la velocidad del agua. 

Ante un “Niño” muy fuerte, la provincia enfrenta una vieja disyuntiva: seguir corriendo detrás del agua o recuperar, finalmente, aquella advertencia de Ameghino: retenerla antes de que se convierta en desastre.

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