Del director británico Christopher Nolan se puede decir cualquier cosa, en favor o en contra, menos que pase inadvertido. Inclinado mientras puede a la grandiosidad en las salas de cine, se atrevió a llevar a la pantalla el legendario poema épico atribuido a un tal Homero. “Si todo preso es político”, como decía el Indio Solari, “todo cine, también”, aunque no sea la intención manifiesta del realizador aludir, de manera elíptica claro, a la masacre en Gaza o la guerra emprendida contra la República Islámica de Irán.
Siempre arde Troya aunque pasaron más de 30 siglos. Las potencias agresoras vuelven a sembrar destrucción y muerte a su paso. O desde lejos, por computadora, como en la era contemporánea.
“Muchísimos elementos siguen teniendo ecos”, declara en una entrevista antes del estreno el director y guionista de la nueva versión de ‘La Odisea’, el ganador del Oscar de la Academia de Hollywood con ‘Oppenheimer’.
Los ejércitos conquistadores continúan hoy en día imaginando caballitos (o caballos) de batalla para vencer al enemigo con astucia. Derrotarlo con algún ardid, como el de esconder a los mejores combatientes dentro de un gigantesco equino de madera. Y así penetrar con sigilo la amurallada y casi inexpugnable ciudad. Pero a veces ni hace falta tanto ingenio. Alcanza con una buena andanada de miles de bombas. Más rápidas y eficaces que las espadas, flechas y lanzas de los antiguos griegos.
Otras veces, sin embargo, las armas ultra tecnológicas fracasan. Las ciudadelas no se rinden ni siquiera al poder de los robots de la Inteligencia Artificial. La que teledirige los explosivos con la puntería de un Guillermo Tell. La que dispara como con ballesta, con el fin ya no de partir una manzana en dos pedazos perfectamente iguales. El objetivo con las manzanas es destrozarlas. Aquellas edificadas con viviendas, hospitales, escuelas o puentes y, si se lo considera oportuno, también al armamento, los arsenales o las centrales de servicios esenciales del país oponente.
“La historia es tan atemporal que sigue resonando en cada generación”, subraya el estadounidense Matt Damon, quien encarna al aventurado Odiseo.
La lucha cuerpo a cuerpo, como en la Antigua Grecia, pasó a la historia hace rato. Lo que no parece haber cambiado tanto en más de 30 siglos es la motivación de las guerras. Sus razones profundas. Entre ellas, adueñarse de las riquezas del enemigo, ablandarlo y expandirse. Las campañas militares para tomar el control de pasos y lugares estratégicos.
El final de la saga bélica contra Troya está narrada también en verso en ‘La Ilíada’, otro largo poema atribuido a Homero, a quien las crónicas describen como un anciano ciego y de cuya existencia real también se duda. La historia continúa en ‘La Odisea’ con las hazañas, de regreso al hogar, del hombre que los romanos rebautizaron Ulises.
No era amor, era codicia
Hay una línea del guión de Nolan que roza la modernidad, cuando dice Odiseo: “La guerra es una excusa para que Troya no controle las rutas comerciales”. Se lo cuenta a su esposa Penélope (Anne Hathaway), poco antes de que la mujer del rey de Ítaca empezara a tejer y destejer su bendito sudario mientras su marido se ocupaba en hacer la guerra. Odiseo revela a Penélope que la razón de fondo de la guerra no era un conflicto de tinte amoroso.
Se decía que la misión consistía en rescatar a otra esposa, la de Menelao (Jon Bernthal), rey de Esparta. Su mujer, la espartana Helena, se había unido al príncipe troyano Paris. Fue raptada o tal vez se fue por propia voluntad, vaya uno a saber, porque casi nada es una certeza histórica en la obra escrita en verso por Homero, a quien las crónicas describen como un anciano ciego de cuya existencia real también se duda.
La mitología griega responde o no a verdades históricas. No es eso lo que realmente importa. De lo contrario, no sería leyenda, enseñanza de virtudes, narración de fortalezas y debilidades humanas, las gestas heroicas, los errores que se pagan caro y otras profundidades literarias.
La pura verdad es que el poema es uno de los pilares de la cultura occidental de todos los tiempos, junto con un rico legado literario, filosófico, matemático y teatral.
Odiseo marcha a unirse a los ejércitos de los reinos aqueos, comandados por Agamenón (Bennie Safdie), el rey de Micenas y hermano de Menelao. La “excusa”, como le marca Nolan decir a Damon, era atacar Troya para traer de regreso a Helena a su hogar legítimo. El realizador de ‘Memento’ y Batman, el caballero de la noche’, no escatimó transgresiones y corporizó como una mujer negra a Helena (la keniana-mexicana Lupita Nyong’o).
Helena, ya rescatada, y sentada a la mesa de un banquete en el palacio espartano, pone más puntos sobre las íes acerca de los motivos de la guerra. Mira sin empatía a Menelao y lo corrige: La guerra fue “por la ambición de tu hermano (Agamenón)”. No deja así lugar a dudas sobre lo que Nolan intenta argumentar sobre la presunta guerra por el amor y la posesión de una hermosa dama, la más bella de su tiempo, como la mitología considera a Helena.
“Morirá toda una civilización”
El aspecto del personaje de Agamenón, incluso, tiene un toque de villano de ciencia-ficción: de gran altura física y enfundado en una armadura negra que le oculta por completo el rostro, parece un Darth Vader (Guerra de Galaxias) de la Antigüedad. Nada que envidiar en su apostura altanera a ninguno de los conquistadores contemporáneos. Hombres que tienen nombre, apellido y función de Gobierno: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.
Imposible olvidar la amenaza de tono apocalíptico pronunciada no hace tanto por Trump, mientras los cañones de las fuerzas armadas estadounidenses tenían en la mirilla a Irán: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”.
No ocurrió algo tan grave, pero la advertencia sonó digna de una película de contiendas medievales como ‘El señor de los anillos’ o de una serie como ‘Game Of Thrones’.
¿Será mera coincidencia con la frase lanzada en el filme por uno de los miembros de la corte de Ítaca al anticipar el ataque masivo contra Troya?: “Hacerla arder hasta sus cimientos”.
El cine puede tomarse todas las atribuciones que le parezca al realizador o a los productores, en tanto arte en sí mismo. ‘La Odisea’ no es un documental, es una ficción. Con menos obligación de atenerse a verdades históricas aún si se sabe que casi no hay certezas sobre si tuvo lugar y tiempo la misma guerra, el desarrollo dramático y los protagonistas del poema homérico.
“Agamenón caerá sobre todo Troya”, promete Odiseo antes de poner proa por mar al combate. No son palabras en vano. Las imágenes que atormentan las culpas del Odiseo nolanesco (si se permite la licencia lingüística) muestran una Troya en llamas, mientras hombres, mujeres y niños son masacrados sin piedad por los aqueos que entraron a sangre y fuego cuando los infiltrados del caballito les abrieron por fin los enormes portones de la ciudad, tras 10 años de guerra sin ganador a la vista.
En su prolongado y accidentado retorno a casa, a Odiseo lo acosan las pesadillas de la ciudad en ruinas. “El horror”, diría el coronel Kurtz (Marlon Brando) en la película ‘Apocalipsis Now’ de Francis Ford Coppola.
Un presente griego
Fue idea de Odiseo el Caballo, según Homero. Le confiere al rey de Ítaca el don de la astucia y la paciencia de la que carecen otros héroes de aquellos combates. Ni los amores y embrujos para el olvido que le brinda la ninfa Calipso (Charlize Therón) ni los consejos de la diosa Atenea (Zendaya) logran darle consuelo al héroe. Pero a ningún espectador le quedan dudas de su humanidad, condición que parecería estar faltando en la Era de la IA generativa y sus magnates.
Implacable, en cambio, aparece en la película el vengativo Menelao: “Gozar de la gloria no siempre nos salva del fuego. Marchamos a Troya para asegurar el porvenir de Grecia”.
¿No suenan familiares tales expresiones a las manifestadas por Netanyahu, cuando en 2023 anunció el intento de “derrotar totalmente al enemigo de Hamas en Gaza?”. La franja palestina quedó convertida en tierra arrasada, con decenas de miles de muertos luego de la matanza a mansalva perpetrada por fuerzas de la organización palestina en Israel. Desde entonces también arden las llamas del aniquilamiento de un pueblo y su territorio a la vista del mundo entero.
Fuentes del Gobierno israelí, citadas por los principales medios de comunicación de su país, señalaban una frase de Netanyahu: “La suerte está echada, vamos por la conquista total”.
La llamada Guerra de Troya habría acontecido entre el año 1.100 y 1.250 AC, según se tome la versión del historiador Heródoto o la del matemático y geógrafo Eratóstenes. Aquella epopeya era memorizada y cantada por los llamados rapsodas. En el siglo VIII AC, Homero la convirtió en poema épico. Según el vate, las batallas troyanas duraron 10 años. Y pasaron otros 10 años sin que Odiseo volviera a casa. Perdido y envuelto en aventuras mitológicas con dioses vengativos, diosas protectoras, hechiceras malignas, monstruos devoradores e incluso una tenebrosa excursión al Hades, el territorio de los muertos.
El tango dice que 20 años no es nada. Pero fueron demasiados para Penélope, quien alejaba a las decenas de pretendientes a ocupar el trono vacante con un pretexto y una artimaña. Sólo pudo frenar a la corte de seductores codiciosos de calzarse una corona con el argumento de que volvería a contraer matrimonio el día en que finalizara de urdir la mortaja. Todos sospechaban que la deshilachaba de madrugada, pero era la reina y los paraba en seco. Con la ayuda de los dioses, Odiseo retorna a ella para consagrar sucesor a su hijo Telémaco (Tom Holland).
Estrechos
Otra coincidencia con el presente, involuntarias de parte de Nolan, es que la importancia de Troya radicaba en el control marítimo del Estrecho de los Dardanelos, en la antigua Anatolia, ubicable hoy en Turquía. Del mismo modo, por el actual Estrecho de Ormuz pasa una buena parte del tráfico de petróleo y gas licuado. Tanto se parecen, que en aquel tiempo los troyanos tenían el monopolio del cobro de peaje a las embarcaciones que llevaran alimentos y metales desde el Mar Egeo al Mar Negro. Fue Heródoto uno de los primeros en plantear serias dudas de que la guerra fuese por una mujer y no por el control de territorios y el comercio.
En 1870, el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann dijo haber hallado el lugar donde se asentaba Troya. Con su millonaria billetera, financió excavaciones en la localidad turca de Hisarlik. Han sido halladas ruinas como base de construcción de otras ciudades, a la vez también convertidas en ruinas. Ocupan varias capas arqueológicas ¿Se filmarán en el futuro historias antiguas sobre las ruinas de otra civilización?