La prolongación de la vida requiere, entre otras cosas, una planificación pendiente en la política argenta para disponer de jubilaciones dignas, ciudades amigables y sistemas de contención que contemplen aspectos estratégicos como sistemas de salud confiables, espacios de sociabilización y controles alimentarios de los viejos. Opina Roberto Pereyra, gerontólogo y subdirector del Hospital Piñero.
Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC), a mediados de 2026 la Argentina tendría aproximadamente 5.920.000 personas de 65 años o más, entre ellas 1.480.000 de 80 años o más, 283.910 de 90 años o másy10.217 con más de 100 años.
Demográficamente, el envejecimiento relativo es mayor en CABA y en el centro del país, mientras que la mayor cantidad absoluta se encuentra en la Provincia de Buenos Aires.
Por proporción, la jurisdicción más envejecida es CABA: casi una de cada cinco personas tiene 65 años o más. Le siguen La Pampa y provincias del centro y la región pampeana como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Por cantidad absoluta, la concentración cambia: la Provincia de Buenos Aires reúne 2.340.000 personas, aproximadamente el 39,5% de todas las personas de 65 años o más del país; y siguen CABA, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Las menores proporciones se observan en las provincias más australes y en buena parte del NEA y NOA. Sin embargo, la Patagonia no es uniforme: Río Negro y Chubut presentan porcentajes bastante mayores que Santa Cruz y Tierra del Fuego.
Para Roberto Pereyra, médico especialista en geriatría y gerontología y actual subdirector del Hospital Piñero “la longevidad es un desafío que golpea a todo el sistema de salud, al social y al previsional. Argentina ya tiene personas centenarias de las que un 75% son mujeres. También hay una gran diferencia social que influye en el envejecimiento porque no es lo mismo el adulto mayor que envejece en el norte o en el noreste o en la Capital”.
Pereyra se refiere a la población que hace que Argentina esté en camino a lo que se denomina Zonas Azules. Hoy son sólo cinco regiones en el planeta en las que sus poblaciones se caracterizan por una longevidad excepcional, superando con frecuencia los 100 años de edad con una excelente salud.
Las cinco ubicaciones reconocidas a nivel internacional son:
*Okinawa (Japón): sus habitantes tienen las tasas más bajas de enfermedades crónicas, gracias a una dieta rica en soja y un fuerte sentido de propósito comunitario.
*Cerdeña (Italia): concentra la mayor proporción de hombres centenarios. Su estilo de vida incluye una dieta mediterránea y caminatas diarias en terrenos montañosos.
*Península de Nicoya (Costa Rica): destaca por una baja tasa de mortalidad en la mediana edad y una fuerte red de apoyo familiar.
*Icaria (Grecia): una isla del mar Egeo que registra las tasas más bajas de demencia y problemas cardíacos a nivel mundial, vinculado al consumo de la dieta mediterránea original; y
*Loma Linda (California, EE. UU.): una comunidad de Adventistas del Séptimo Día cuya longevidad se atribuye a un estricto vegetarianismo estricto, la prohibición de fumar y el descanso dominical.
El secreto de estas Zonas Azules radica en un estilo de vida que incluye mover el cuerpo, consumir alimentos de origen vegetal, tener un propósito de vidayfomentar vínculos sociales sólidos.
Para Pereyra, “los que llegan a los 100 años tienen otras condiciones de vida y alimentarias. Tienen en común la sociabilidad, un envejecimiento activo en el sentido de que no abandonan sus funciones, es decir que si son carpinteros siguen haciendo carpintería, la alimentación, más bien mediterránea y, sobre todo, el hecho de vivir en familia y estar rodeado de afecto. En el interior de nuestro país se conserva mucho más esto de la familia reunida en la mesa, que es un poco lo que nos falta en las grandes ciudades. Hoy en día las personas que envejecen, lo hacen en otro contexto y con otra realidad social”.
–¿Qué diferencia nota en las personas mayores de 65 años, antes y ahora?
–Pereyra: La actitud hoy es mucho más vital. Eso cambió muchísimo.
–¿Por qué?
–Pereyra: Porque envejecemos con un concepto distinto. Ya no somos esas personas que a los 65 años nos vamos a sentar en el jardín o el patio de casa a ver cómo pasa la vida. Trato con muchos adultos mayores que van a gimnasios, que se preocupan por su salud y por su bienestar. Hay gente que reinicia parejas, hay un concepto distinto en estos últimos 50 años sobre el envejecimiento.
–¿Tendrá que ver con esa generación de los sesenta o setenta que miraba la vida de otro modo?
–Pereyra: No es una mala opción de pensamiento, porque hay un concepto distinto de vida en eso.
–Como si tuvieran una mirada más revolucionaria sobre el viejismo.
–Pereyra: No todos fueron revolucionarios en un sentido puro, pero sí creo que hoy hay mucha más información a mano, la geriatría sabe más que cuando yo empecé a estudiar medicina y los adultos mayores están más empoderados porque tienen un mayor acceso a información.Hay mucha gente hablando de esto todo el tiempo. Somos esa generación que viene envejeciendo con otros conceptos y otras ideas. Y ocurre que vamos a tener que convivir más con viejos que con jóvenes, porque cada vez hay menos nacimientos.
–¿Puede decirse que el viejismo pasó a ser la cuarta edad?
–Pereyra: Tenemos más de 8.000 mayores de 100 años en el país, y eso influye porque a un tipo de 60 o 65 años hoy no le decís que es un viejo. Se fueron corriendo los límites de edad. Y la dependencia también cambió y generó un cambio en la mirada de la evolución de la salud pública. De todos modos, también tenemos mucha gente dependiente y eso es un problema que hay que seguir con atención.
–¿Qué tipo de dependencia?
–Pereyra: Para actividades básicas de la vida diaria. Son personas que viven solas que, por ejemplo, no pueden hacer las compras por limitaciones en sus movimientos. Ese grado de dependencia a veces impacta en el sistema de salud porque tiene que tener disponibilidad de las obras sociales o las prepagas para albergarlos si no tienen una red de contención. Hay que sentarse en serio a pensar qué hacemos con esta generación que ya está entre nosotros, donde tenemos muchos más adultos mayores que niños recién nacidos.
–¿Qué tendría que hacer el Estado ante el crecimiento de esta población?
–Pereyra: En la Ciudad de Buenos Aires hay muchos programas para adultos mayores y eso es una buena mirada. Tenemos que fomentar las ciudades amigables. Hay pet shops friendly pero -en algunos casos- no tenemos baños en la planta baja de los bares para los adultos mayores. Hay que empezar a trabajar sobre qué hace que una ciudad sea amigable con sus adultos mayores. Loa gobiernos que empiezan a mirarlos y a considerarlos son los que no quieren perder la historia y la identidad de sus ciudades porque cuidarlos es, también, preservar el patrimonio cultural que ellos traen. Son nuestra memoria activa, así que hay que sentarse y empezar a ver qué vamos a necesitar y a hacer de acá, por ejemplo, a los próximos 10 años para llevar adelante ciudades amigables con los adultos mayores y un Estado que entienda esto.
Indudablemente, sentarse en la mesa y empezar a hablar sobre qué vamos a hacer con nuestros adultos mayores es una decisión política.
–¿Puede darnos algún ejemplo de país que piense formas de tratamiento a la tercera y cuarta edad?
–Pereyra: La longevidad es un tema que atraviesa a muchos sectores, así que hay que ser muy astutos e inteligentes para sentarse a pensar soluciones. En Brasil, por ejemplo, todos los adultos mayores pueden estacionar en lugares especiales, tienen prioridad en acceso a viajes, descuentos para comer en locales seleccionados… tienen un montón de beneficios con lo que hasta pueden paliar una jubilación baja. Tienen políticas de Estado
—Si tuviera que plantear, como médico gerontólogo, cuatro o cinco puntos de arranque para mejorar la calidad de vida de los viejos, ¿qué propondría?
–Pereyra: Arrancaría por un buen acceso y control de la salud; creación de centros de sociabilización y clubes; detectar hogares monoparentales para verificar que no la estén pasando mal; realizar controles con fines sanitarios y alimentario; otorgar beneficios para los transportes públicos a cualquier hora y acceso a medicación porque, hoy en día, muchos adultos están eligiendo entre tomar la pastilla para el colesterol y la de la presión porque no les alcanza con la jubilación para cubrir todos sus egresos.
–Si tuviera que señalar una preocupación prioritaria en relación al tema de la vejez, ¿qué es lo que más le preocupa?
–Pereyra: Tenemos que tener la mirada puesta en los servicios que aseguren, por lo menos, una accesibilidad a una consulta médica anual integral. Con que a un adulto mayor le pidas un laboratorio por año no hace falta más, salvo que tenga alguna patología específica, pero si la persona está bien, es suficiente. Ahora, si es diabético, por ejemplo, es otra historia. Es muy importante seguir de cerca el tema de la salud y la alimentación. A nuestros adultos mayores tenemos que ayudar para que socialicen. Hay que abrazarlos. Tenemos que entender que estamos creciendo y que la sociedad está envejeciendo.