Yrigoyenismo, peronismo y desarrollismo fueron tres experiencias diferentes pero compartieron un rasgo decisivo: buscaron articular intereses de distintas clases y sectores sociales alrededor de grandes objetivos nacionales. En una Argentina atravesada nuevamente por la incertidumbre económica y la fragmentación política, revisar esas experiencias permite pensar cómo construir acuerdos duraderos sobre el futuro. La enseñanza principal no está solamente en los programas que impulsaron Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio. También está en la capacidad —o la dificultad— de transformar demandas diversas en una voluntad colectiva y de construir una identidad política capaz de sostener en el tiempo un proyecto de desarrollo nacional.
Cinco claves:
- Yrigoyen articuló sectores diversos alrededor del sufragio libre y la reparación democrática.
- Perón construyó una alianza basada en justicia social, independencia económica y soberanía política.
- Frondizi y Frigerio buscaron reunir peronismo, radicalismo, empresariado y nacionalismo tras el desarrollo.
- El desarrollismo no logró construir una identificación popular tan duradera como la del peronismo.
- Una alianza estable requiere algo más que acuerdos electorales: necesita un objetivo nacional compartido.
Tres formas de construir pueblo
La Argentina atraviesa una nueva etapa de incertidumbre económica, fragmentación política y dificultades para construir acuerdos duraderos sobre su futuro. Frente a esa realidad, resulta oportuno recuperar tres experiencias del siglo XX que, con todas sus diferencias, intentaron articular intereses de distintas clases y sectores sociales alrededor de grandes objetivos nacionales. Además de esta nota, puede leerse una versión más extensa de la historia y de la teoría haciendo click aquí.
El yrigoyenismo, el peronismo y el desarrollismo fueron expresiones históricas de una forma singular de construcción política que las ciencias sociales contemporáneas identifican como identidades políticas populistas. El término no se utiliza aquí en su acepción peyorativa, sino en el sentido desarrollado por Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Gerardo Aboy Carlés: una lógica política capaz de transformar demandas sociales diversas en una voluntad colectiva mediante la construcción de un sujeto político que se reconoce como pueblo.
Yrigoyen y la reparación democrática
Hipólito Yrigoyen consiguió articular las aspiraciones de sectores sociales emergentes alrededor de una reivindicación fundamental: el sufragio libre y la reparación democrática. Aquella demanda, inicialmente política, permitió reunir a clases medias, trabajadores, pequeños productores y sectores excluidos del régimen oligárquico.
La cuestión central no era sólo la reforma electoral. La democratización operaba como una demanda capaz de reunir intereses sociales diferentes detrás de una causa común.
Perón y las tres banderas
Tres décadas después, Juan Domingo Perón construyó una nueva articulación nacional alrededor de tres grandes banderas: justicia social, independencia económica y soberanía política. La incorporación de los trabajadores organizados, junto con sectores empresarios, clases medias y otras fuerzas sociales, dio origen a un movimiento que transformó profundamente la sociedad argentina.
El peronismo consiguió algo decisivo: transformar esa alianza social en una identidad política duradera, capaz de sobrevivir incluso a la proscripción y al derrocamiento de su gobierno.
El intento desarrollista
Después del derrocamiento de Perón en 1955, Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio intentaron reconstruir aquella alianza social fracturada. Procuraron incorporar al peronismo proscripto junto con sectores provenientes del radicalismo, el nacionalismo, el empresariado y otras tradiciones políticas.
Esta vez, el objetivo articulador sería el desarrollo nacional, entendido como la transformación de las estructuras productivas que impedían superar el atraso económico y consolidar la justicia social.
La experiencia llegó al gobierno en 1958, pero no consiguió consolidar una identidad política duradera. La investigación sostiene que, aunque reunió buena parte de las condiciones políticas y sociales necesarias para constituir un frente nacional, no consiguió construir la dimensión afectiva y de identificación popular indispensable para sostenerlo. El liderazgo de Perón conservaba una capacidad de identificación que no pudo trasladarse plenamente a Frondizi.
Más que un acuerdo entre dirigentes
Esa diferencia introduce una cuestión que conserva plena actualidad. Las alianzas sociales no se construyen solamente mediante acuerdos entre dirigentes, coincidencias programáticas o negociaciones electorales.
Para perdurar necesitan que sectores con intereses diferentes reconozcan un objetivo superior compartido, capaz de articular sus demandas particulares en un proyecto colectivo.
El interrogante que dejaron aquellas tres experiencias sigue abierto: ¿cómo construir una articulación social y política suficientemente amplia y duradera para sostener un programa de desarrollo nacional?
En el ensayo La identidad política populista de la intransigencia radical cuando mutó en desarrollismo se analizan estos procesos históricos, sus fundamentos teóricos, sus contradicciones y las razones que explican tanto su capacidad de convocatoria como sus dificultades para perdurar.
Más que ofrecer recetas políticas, el trabajo propone recuperar una metodología de construcción de alianzas sociales y políticas. Porque la historia argentina permite estudiar no solamente los programas que sus protagonistas propusieron, sino también las condiciones políticas y sociales que hicieron posible —o frustraron— su realización.