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Killer Race, una carrera solidaria en la que todos ganan

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Para triunfar también hay que ayudar.

El próximo 20 de septiembre, en Pilar, se realizará la 16ta edición de la Killer Race, una competencia que combina running, fuerza y difíciles obstáculos. No hay ganadores ni perdedores, pero sí mucha solidaridad e inclusión. Una prueba en la que no corre el sálvese quien pueda.

Escalando paredes de 2,5 metros, atravesando pistas con barro, y hasta tirando al blanco con rifles, los participantes de la Killer Race viven una experiencia única en la que intentan superarse y vencer los miedos.

“Esta experiencia la iniciamos en 2015 y el principal objetivo era y sigue siendo el de hacer una carrera inclusiva en la que se compite, pero fundamentalmente se ayuda al prójimo con colaboraciones de distintas cosas para quienes más las necesitan”, explica Juan Pablo Bacchi, profesor de educación física y creador en Argentina de la Killer Race.

En diálogo con Y ahora qué, Bacchi reconoce que al traducir el nombre de la competencia suena extraño hablar de “carrera asesina” pero dice: “Lo que buscábamos con el nombre era crear una prueba difícil, pero no asesina, obviamente”.

Objetivo solidario

Las ediciones de las Killer Race tienen un objetivo solidario y con el correr de los años siempre se realizan junto a alguna fundación. En esta nueva edición la prueba se realizará con la Fundación Espartanos.

Los Espartanos son un grupo de rugbiers que llevan y enseñan el deporte de la ovalada en las cárceles.

“Este año –destaca Bacchi- haremos la carrera junto a los Espartanos y la idea es que los participantes puedan acercar ropa, zapatillas y otros elementos que, si están relacionados con el rugby, será mejor, pero si no, cualquier ayuda servirá”.

La 16.ª edición se realizará el domingo 20 de septiembre en Old Skull Park, Fátima, partido de Pilar, provincia de Buenos Aires.

Los participantes deberán atravesar paredes, sogas, barro, agua, hielo y obstáculos de inspiración militar, además de estaciones de ejercicios funcionales.

“Es una experiencia única porque se corre contra la carrera, no hay ganadores; todos ganan”, relata Bacchi entusiasmado como si fuera la primera edición de la carrera, nacida hace 11 años.

Si bien se promociona como una experiencia extrema, la competencia contempla distintos niveles de preparación y tiene una característica particular: la colaboración entre participantes también forma parte de la experiencia.

“La idea es que si alguno de los corredores ve a otro con algún inconveniente durante el trayecto se acerque y lo ayude a seguir”, agrega Bacchi.

En la Killer Race los corredores se encuentran con una carrera bastante diferente a la tradicional carrera callejera o a una maratón.

“La carrera te juega en contra todo el tiempo y le tenés que ganar”, adelanta Bacchi.

Durante el recorrido aparecen paredes que pueden alcanzar los 2,5 metros, sogas para trepar, barro, cruces de agua, recipientes con agua y hielo, estaciones de ejercicios y obstáculos de características militares.

“Es lo que se conoce como ‘pista militar´”, explica el organizador al referirse a los distintos obstáculos que deben sortear los participantes entre los que se incluye un tiro al blanco con rifles, muy similares a un arma de guerra que se cargan con pequeños balines de plástico.

Bacchi subraya que “la prueba del tiro al blanco, supervisada por expertos, es parte del trayecto y quienes no aciertan a los tres objetivos deben realizar una sesión de diez flexiones y luego continuar hacia la próxima estación”.

Sin embargo, hay que aclarar que el corredor o corredora necesitará resistencia para avanzar, pero también fuerza en brazos y piernas, coordinación, equilibrio y, especialmente, capacidad de agarre para superar paredes y sogas.

“El que piense que alcanza con ser rápido puede llevarse una sorpresa”, destaca Bacchi aludiendo a las experiencias vividas después de tantas ediciones de la prueba.

Una carrera no tan killer

La competencia tiene, además, una particularidad que contradice la ferocidad de su nombre. Killer Race se presenta como una carrera inclusiva. Los obstáculos contemplan distintos niveles de dificultad y existe una tradición de colaboración entre los corredores.

La Killer Race registra antecedentes de participación de deportistas con discapacidad: en 2019 compitieron, entre otros, un atleta en silla de ruedas y una corredora no vidente.

“La carrera se divide en distintas salidas para evitar amontonamientos y problemas. Es decir, se larga con los más avezados a las 10, 10.15 otro grupo, 10.30 potro y así cada 15 minutos salen las tandas”, destaca el organizador.

Lo cierto es que, si bien cualquiera puede proponerse el desafío, no significa que sea conveniente llegar sin entrenamiento a la Killer Race.

Más allá de su nombre y los obstáculos de entrenamiento casi militar con barro, hielo y participantes que llegan exhaustos a la meta, Killer Race propone al mismo tiempo algo bastante alejado de la lógica del “sálvese quien pueda”.

“Si alguien queda atrapado frente a un obstáculo, otro competidor puede tenderle una mano y preguntarle: ¿te pasa algo?” dice Bacchi y cierra con la idea de que en la Killer Race : “hay que correr rápido, es cierto, pero a veces para llegar a la meta también hay que ayudar al que viene atrás”

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