El sistema nuclear nacional está en alerta máxima por el vencimiento de 170 contratos, la confirmación de casi 70 desvinculaciones en la Comisión Nacional de Energía Atómica y el avance de un plan de desmantelamiento de la ciencia, la tecnología y la soberanía energética nacional. Mientras el Gobierno desfinancia el CAREM, el primer reactor modular pequeño diseñado íntegramente en el país por la CNEA, anunció que una empresa extranjera construirá un reactor similar con una inversión privada. Para trabajadores, legisladores y especialistas del sector, se trata de una entrega planificada del conocimiento acumulado durante más de siete décadas.
Aquí va una adivinanza de dimensiones atómicas.
Primer acto: los libertarios dudan de la seguridad y utilidad del reactor CAREM, un proyecto de central nuclear de baja potencia concebido con un diseño de última generación desarrollado por la industria nuclear argentina en la CNEA.
Segundo acto: los libertarios congelan salarios en las empresas relacionadas con la industria aeroespacial y nuclear, frizan el proyecto CAREM y anuncian que no renovarán contratos en la CNEA.
Tercer acto: comienza una migración de profesionales hacia el exterior del país —principalmente Estados Unidos y Canadá— y hacia empresas privadas nacionales y extranjeras radicadas en la Argentina. Algunas de ellas, curiosamente, también asentadas en Bariloche.
Cuarto acto: esta semana se anunció la desvinculación de casi 70 personas de la Comisión Nacional de Energía Atómica como parte de una reestructuración que anuncian mayor.
Quinto acto: un día después de la cancelación de esos contratos, el Gobierno anunció con bombos y platillos que la empresa privada Meitner Energy construirá un reactor nuclear similar al CAREM de la CNEA, que fue desfinanciado estando en un 70 por ciento de avance en su construcción.
¿Cómo se llama la obra? Un afano nuclear.
Despidos con gendarmes
El cuarto acto de la obra (la no renovación de contratos de personal de la CNEA) fue definido por la delegación de ATE Bariloche como “un nuevo golpe al desarrollo nuclear argentino y otro avance en el proceso de desmantelamiento del sistema científico y tecnológico nacional”. La central sindical reportó que fueron despedidos unos 70 trabajadores y trabajadoras contratados, “de un total de 340 contratos que debían renovarse, profundizando la incertidumbre laboral y el debilitamiento de un organismo estratégico para el desarrollo del país”.
En el marco de los despidos y la no renovación de contratos en el Estado argentino, la CNEA, señaló el gremio, “redujo su estructura de 645 a 272 cargos, afectando gravemente su capacidad operativa y de gestión, medidas que impactan en el desarrollo de la energía nuclear, la investigación científica, la formación de recursos humanos y la continuidad de proyectos estratégicos”.
Ante la falta de escucha, y sin saber a quién reclamarle en el país, los trabajadores de la CNEA denunciaron este vaciamiento ante el director adjunto de la Organización Internacional de Energía Atómica, Hua Liu, a quien le expresaron su preocupación: “La CNEA y el sector nuclear argentino enfrentan importantes desafíos, entre ellos recortes presupuestarios, congelamiento salarial y despidos encubiertos de aproximadamente 62 trabajadores debido a la no renovación de contratos, vigente desde el 30 de junio”.
Agregó ATE: “Desde la creación de la CNEA en la Argentina en 1950, nunca habíamos presenciado un hecho como el ocurrido el 30 de junio, cuando decenas de gendarmes fueron desplegados para reprimir y bloquear el acceso a la sede de la institución. La insuficiencia de financiamiento, la pérdida de personal y la pérdida de docentes de los institutos de formación están poniendo en riesgo la continuidad del sistema nuclear argentino. Solicitamos respetuosamente que presente nuestras preocupaciones ante la Junta de Gobernadores de la OIEA, a fin de compartir la perspectiva de los trabajadores de la CNEA”.
El lector se preguntará por qué se dirigieron al señor Hua Liu y no al jefe de la OIEA, el argentino Rafael Grossi. La diputada nacional por Fuerza Patria de Río Negro Adriana Serquis —también expresidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica— da la respuesta para Y ahora qué?: “Grossi presentó junto a Demián Reidel un plan nuclear que fue puro humo. Lamento mucho que Grossi se haya prestado a ese show que decía que en cinco años tendríamos instalados en la Patagonia cuatro reactores modulares pequeños —ACR300— para alimentar data centers para inteligencia artificial”.
Serquis: “Nos quieren de patio trasero”
Como siempre, para entender el presente hay que recurrir al pasado. Y para ello, la mirada de Serquis resulta muy útil: “Para este gobierno la ciencia y la tecnología no forman parte de sus prioridades. No les interesa y, claramente, es uno de los sectores más afectados. Parece que la sociedad todavía no se dio cuenta o no reaccionó frente a esto”.
—¿Al Gobierno no le interesa la energía nuclear o hay otra cosa que lo impulsa?
—Serquis: Basado en antecedentes de reuniones bilaterales con Estados Unidos, sabemos que ellos no quieren que nos desarrollemos. Prefieren seguir viéndonos como su patio trasero y como un país dependiente. De hecho, nos suman al programa FIRST, en el cual somos un país aprendiz más de ellos cuando podríamos estar liderando muchos programas. También voltearon al CAREM —el primer reactor modular pequeño, SMR, diseñado íntegramente en el país por la CNEA—. Las nuevas autoridades llegaron con la idea expresa de bajar ese proyecto, que se suma al desfinanciamiento.
—Actitud que se repite en otros organismos de ciencia y tecnología, como el INTA, el INTI, el Instituto Balseiro o el Servicio Meteorológico Nacional.
—Serquis: En todos tienen la misma actitud agresiva y cínica con los trabajadores del sector, diciéndoles que si no les alcanza el salario vayan a manejar un Uber. Es una actitud muy despreciativa, pero que, al mismo tiempo, fuerza a que la gente comience a irse. Respecto a la CNEA, allí se perdieron casi 500 personas desde diciembre de 2023. La mayoría no fue despedida, simplemente renunció y muchos fueron a trabajar a la empresa que hoy sigue el proyecto CAREM, Meitner Energy, que ahora salió públicamente a reclutar gente.
¿Migración o vaciamiento?
Meitner Energy es una empresa creada en Delaware, Estados Unidos, que cuenta con un 40 por ciento de participación accionaria de INVAP y un 60 por ciento en manos de Ansari Group, de “una prominente familia iraní-estadounidense propietaria de empresas tecnológicas y energéticas, pero sin experiencia en el sector nuclear”, según la revista Crisis.
Meitner está aprovechando la pauperización de los salarios públicos y, curiosamente, está absorbiendo personal técnico de las empresas y organismos del Estado argentino que se dedicaron a desarrollar el CAREM. Cabe preguntarse si se está produciendo una migración casual o un vaciamiento inducido y una entrega planificada para provocar una entrega “llave en mano” del proyecto CAREM.
Efectivamente, un día después de producirse los últimos despidos encubiertos en la CNEA, el flamante vocero presidencial, Adrián Ravier, anunció como “la noticia más importante del sector nuclear en 20 años” que “la empresa Meitner Energy presentó hoy ante el Ministerio de Economía y la Secretaría de Asuntos Nucleares una iniciativa privada que contempla la inversión de más de USD 1.200 millones para la construcción de un nuevo reactor nuclear en Argentina. Esta inversión, de capitales privados estadounidenses en base a una patente argentina, implicará la construcción de un SMR, con una potencia aproximada de 300 MW. Por primera vez en nuestra historia, será un privado el que expanda la matriz energética argentina y la frontera tecnológica de nuestro país. La Argentina tiene más de setenta años de trayectoria nuclear, instituciones de primer nivel y talento reconocido en todo el mundo. Los cambios impulsados por el presidente Javier Milei han generado la confianza para que una empresa internacional elija a nuestro país para construir un reactor nuclear 100 por ciento privado”.
Casi al unísono, Serquis tuiteaba y su moneda caía del otro lado: confirmaba “el plan de entrega nuclear a Estados Unidos”. “El Gobierno anunció un proyecto privado para construir un reactor nuclear con la firma estadounidense Meitner Energy, una de las empresas que hizo lobby para aprobar el Súper RIGI. Es el mismo gobierno que desfinancia el proyecto CAREM de la CNEA, un reactor nuclear modular pequeño, 100 por ciento argentino y con un 70 por ciento de avance en su construcción, para empezar desde cero uno nuevo que podría tardar muchísimo tiempo en estar listo. La entrega es total. Dejan sin trabajo a profesionales formados por el Estado argentino, los echan o los empujan a irse al sector privado. Muchos trabajadores del CAREM ya fueron invitados a trabajar en la propia Meitner. Regalan nuestra competitividad y el conocimiento estratégico en el sector nuclear a una empresa extranjera. Ayer fueron los despidos en la CNEA. Hoy es el anuncio de este nuevo reactor. El plan es clarísimo: destruir nuestra soberanía científica y energética, privatizar los bienes comunes y el valor estratégico de la Argentina. Este gobierno de Javier Milei nos quiere hacer una colonia otra vez, y Federico Ramos Nápoli —actual secretario de Asuntos Nucleares— es cómplice”.
—¿Dónde está asentada la sede de Meitner Energy?
—Serquis: Tiene oficinas en Bariloche, así que parte de la gente se fue a trabajar ahí. Algunos solo mudaron su lugar de trabajo y siguen con el mismo proyecto. La Argentina ya había invertido 750 millones de dólares y faltaba muy poco para finalizarlo. Hay una mezcla de oscurantismo con esto de creer que el déficit fiscal cero es lo más importante, una mezcla de agresividad contra todo lo que es un modelo de país que tenga productos con valor agregado, porque van por un modelo puramente extractivista que no requiere al sector científico-tecnológico.
—¿Qué iniciativas hay en el Congreso para tratar de evitar esta sangría?
—Serquis: Hay presentado un proyecto base de sostenibilidad que ya cuenta con firmas de otros bloques, y estamos tratando de lograr una mínima mayoría para volver a refrendar y darnos la posibilidad de tener un proyecto de ciencia y tecnología que tenga un mínimo de sostenibilidad, aunque sea volviendo al 2023 y a las dotaciones existentes en la época del macrismo, porque ya estamos muy por debajo de esos números.