Toto Caputo sigue fantaseando: afirmó que se vienen dieciocho meses de mejora en la economía, pero los indicadores de actividad solamente llegaron a marzo y la producción industrial ya muestra una baja en abril. Los precios al consumidor todavía no reflejan el incremento en los precios mayoristas, el excedente del sector externo se malgasta y es imposible que la economía mejore si la política mantiene a la población empobrecida.
Luis Caputo es temerario. Hace sólo dos semanas, en un evento celebrado por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, afirmó que los próximos dieciocho meses serán mejores en términos económicos, y sentenció que “vamos a entrar a 2027 creciendo fuertemente y con inflación a la baja; sin ese revuelo político que tradicionalmente hay en años electorales”.
El único indicio reciente que hubo de algo “mejor” fue el crecimiento de la economía de marzo. Tanto la actividad industrial como la general tuvieron crecimiento luego de caer en los dos meses anteriores. Ese hecho culminó una desaceleración que tuvo lugar desde la segunda mitad del año pasado, y adelantaba un estancamiento de la economía argentina.
La industria volvió a caer
Sin embargo, ya cuando se conocieron los indicadores sectoriales, anticipaban una caída de la actividad, lo cual se corroboró con el índice de producción industrial, que dio una baja intermensual desestacionalizada del 2,1 por ciento en abril, y una variación contra el mismo mes de 2025 del 2,8 por ciento, quedando la acumulada en el año en 2,4 puntos menos.
Tampoco el aquietamiento del Índice de Precios al Consumidor —IPC—, que en mayo dio una suba del 2,1 por ciento mensual, es favorable por sí mismo, porque los precios se estabilizan en base al congelamiento de los salarios, consolidando la misma pérdida de poder de compra que conduce a que la actividad no se recupere.
Además, los precios mayoristas tuvieron una suba del 5,2 por ciento en abril, que todavía no fue absorbida por el IPC, y adelantan un recalentamiento. Esto se inscribe en la continuidad de las tensiones por el cierre del estrecho de Ormuz, y su consecuente impacto sobre los precios internacionales de la energía, los fertilizantes y los fletes.
Reservas, riesgo país y enfriamiento
El panorama es el mismo que se vislumbra desde comienzos del año. La única novedad es la baja del riesgo país. El indicador que mide JP Morgan cayó hasta los 435 puntos, el nivel más bajo desde abril de 2018.
No necesariamente se aclara en las justificaciones públicas, que versan sobre el desempeño macroeconómico, pero lo que le da lugar es la acumulación de reservas internacionales del Banco Central, que después de un desembolso del Fondo Monetario Internacional superaron los 47 mil millones de dólares.
El incremento de las reservas, además de obedecer a la decisión de compra de la autoridad monetaria que se tomó al iniciar el año, es facilitado por la merma de la actividad, que provoca una caída de las importaciones. Sumado al crecimiento de las ramas exportadoras —minería, energía y alimentos—, acrecienta el superávit comercial. Esa combinación explica el ingreso de divisas.
Un superávit de espaldas al mercado interno
El problema es que ese desenlace se da a espaldas del mercado interno. No se trata de un dinamismo económico con potencial reversión del enfriamiento que tuvo lugar. Por el contrario, forma parte del estancamiento.
En este contexto, los regímenes de incentivos como el RIGI solamente sirven para que las empresas multinacionales que ya planificaron inversiones retengan una mayor parte del excedente producido en las actividades en las que se insertan, en detrimento de la Argentina. Y la eventual toma de deuda externa, si tiene lugar, contribuiría a financiar una salida de capitales similar a la que se vivió en el gobierno de Mauricio Macri.
No hay planificación para utilizar ese flujo de fondos en el crecimiento de la economía nacional, porque esta política provoca lo contrario. El excedente del sector externo se malgasta en sostener una contracción con una estabilidad de precios endeble.
Dieciocho meses de ilusión
Eso es lo que le aguarda a los dieciocho meses de florecimiento que augura Caputo, aunque se trate de una ilusión que los indicadores no permiten sostener por un mes.
Es imposible que la economía mejore si la política mantiene a la población empobrecida.