¿Y ahora qué?

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“A los pibes les falta olla”

La pobreza de la población infantil y adolescente afecta al 42,3% de la misma y Unicef advirtió que podría subir más por la falta trabajo y factores multicausales como bajos ingresos familiares, privaciones en materia de vivienda, saneamiento, agua, educación, salud y protección social. “A los pibes les falta olla, no tienen una alimentación acorde a sus necesidades”, afirmaron desde Pediatras Contra el Hambre. 

Unicef Argentina, a través de su informe “Pobreza monetaria y privaciones vinculadas a derechos en niñas y niños. Argentina 2016-2025”, informó que la pobreza infantil en la Argentina mostró una mejora luego del salto registrado en 2024, pero sigue en niveles muy altos y con señales de fragilidad severa para este 2026. 

Según el documento recientemente difundido, en el segundo semestre de 2025 el 42,3% de niñas, niños y adolescentes vivía en hogares cuyos ingresos no alcanzaban para cubrir la canasta básica total. En términos absolutos representa unos 5.100.000 chicas y chicos. Además, el 9,4% se encuenta por debajo de la línea de indigencia o pobreza extrema, es decir que 1.100.000 niñas, niños y adolescentes viven en hogares que no logran cubrir la canasta básica alimentaria. El informe refleja que estas desigualdades afectan a hogares con bajo nivel educativo, con inserciones laborales precarias y con jefas de hogar. El 68,8% de chicas y chicos en hogares con clima educativo muy bajo y el 74,8% de quienes viven en hogares donde la persona de referencia está desocupada, y la pobreza llega al 52,8% en hogares monoparentales con jefatura femenina.

El estudio también advirtió que el 42,8% de chicas y chicos presentan al menos una privación no monetaria, relacionada a vivienda, agua, saneamiento, hábitat, educación o protección social, y que 7 de cada 10 hogares con niñas, niños y adolescentes utilizaron alguna forma de ayuda, endeudamiento o venta de pertenencias, mientras que en hogares sin chicas y chicos esa proporción descendió 10 puntos porcentuales.

Las simulaciones realizadas por Unicef para el primer semestre de 2026 proyectan la pobreza infantil en torno al 44,4%, mientras que la pobreza extrema estaría alrededor del 10,8%.

Más allá de los logros macroeconómicos expuestos por el Gobierno libertario, es evidente que el efecto derrame no ocurre y que la riqueza sigue concentrándose en unos pocos, los mismos de siempre.

Es la multidimensionalidad, estúpido

Para que estos sectores puedan salir de la pobreza, cada vez más se habla herramientas y factores multicausales, es decie que no sirve con distribuir alimentos o sostener la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Adrián Díaz, integrante de la organización Pediatras Contra el Hambre lo explicó clarito en diálogo con Y ahora Qué?: 

–Para reducir la pobreza se requieren medidas que no se están tomando. –dijo–. No depende solamente de la Asignación Universal por Hijo o de la Tarjeta Alimentar, sino que tiene que mejorar el empleo de los adultos, fortalecer las remuneraciones, reducir la informalidad… en fin, todo lo que esta política económica está deteriorando.

–No hay que ser muy agudo para intuir que en el primer semestre de este año se producirá un incremento de la pobreza o que se agravará más el cuadro. 

–Díaz: El aumento de la mortalidad infantil es un indicador sanitario, pero también social porque refleja otro tipo de deterioros, y el Gobierno está lejos de tomar medidas correctivas. Es muy preocupante porque nunca aumentó la pobreza en la magnitud que ocurrió en el primer año de Milei, y lejos frenar acelereran en las curvas.

–Usted mencionó el tema de la mortalidad infantil. ¿A qué se referiere en concreto? 

–Díaz: La tasa de mortalidad infantil en Argentina quebró una tendencia de descenso sostenido de dos décadas al aumentar de 8 a 8,5 muertes por cada 1.000 nacidos vivos. Este incremento, verificado en 2024 (último año con datos consolidados oficiales), representa el mayor retroceso sanitario en la materia desde el año 2002. Ni en la pandemia de coronavirus se produjo un aumento de semejante magnitud y, sin embargo, en el Ministerio de Salud, en Desarrollo Social y en el Ministerio de Economía siguen los recortes de asignaciones presupuestarias. Por ejemplo, eliminaron el Programa de Malformaciones Congénitas, que tiene impacto neonatal, en los primeros 28 días de vida, y posneonatal, hasta el primer año. También eliminaron, prácticamente, el Programa de Cardiopatías Congénitas, que afecta la mortalidad de los recién nacidos; o la cobertura de vacunas y la eliminación del Programa Remediar. Los centros de salud no dispondrán de medicamentos, y no todas las provincias están pudiendo reponerlos. Hay un retroceso fenomenal en todas las áreas. Y ni hablar de las personas con discapacidad, sobre todo niños y niñas. Todo está pensado para seguir ajustando y que la parte más pesada del ajuste la sufran los grupos más vulnerables.

Un tobogán multidimensional

Díaz está en lo cierto porque para este 2026, el presupuesto nacional de niñez muestra mayores restricciones ya evidenciadas en los primeros cuatro meses y medio del año, cuando la ejecución fue 6% inferior en términos reales a la ocurrida en el mismo período de 2025 debido a la reducción de la protección de ingresos, y a los presupuestos de educación, nutrición y alimentación, protección de derechos y primera infancia.

Según Unicef, al proyectar 2026 sobre la base del presupuesto vigente, de no modificarse o ampliarse los créditos presupuestarios, el financiamiento nacional dirigido a la niñez y la adolescencia registraría una caída real del 16% respecto del gasto devengado en 2025. 

Una vez más la multidimensionalidad afecta a la pobreza, y el trabajo formal encabeza la nómina de herramientas para reducirla. Un trabajo que, en la Argentina de hoy, se esfuma como arena muy fina entre los dedos.

En 2025, el 21,5% de niñas, niños y adolescentes que vivían en hogares con una persona de referencia asalariada formal seguía siendo pobre, y la pobreza aumentaba al 55,2% en situaciones de trabajo informales. La diferencia muestra a las claras que la formalidad protege.

Con el análisis de estos datos, Unicef interpretó que para reducir la pobreza infantil deben incorporarse empleos de calidad, mejores remuneraciones, formalización laboral y estabilidad de los ingresos familiares porque el trabajo -por sí solo- no garantiza la salida de la pobreza cuando los ingresos son insuficientes para cubrir las necesidades del hogar.

La organización familiar también influye. Los hogares monoparentales con jefatura femenina presentan niveles más altos de pobreza que los hogares nucleares. El informe vinculó esa mayor exposición a una combinación de factores: menor cantidad de personas adultas receptoras de ingresos, mayores responsabilidades de cuidado, más restricciones para ampliar la participación laboral remunerada y, en muchos casos, cumplimiento insuficiente o irregular de las obligaciones alimentarias. En esos hogares, la pobreza no depende únicamente del mercado laboral, sino que también de la distribución del cuidado, la disponibilidad de tiempo y la corresponsabilidad económica. 

Por eso, Unicef propone articular transferencias monetarias con servicios de cuidado, políticas laborales compatibles con responsabilidades familiares y mecanismos efectivos para garantizar el cumplimiento de las obligaciones alimentarias.

La vida no es solo una moneda

“La vida es una moneda”, cantaba Juan Carlos Baglietto el siglo pasado, cuando hasta podía ser que “quien la rebusca la tiene”, claro, “solo se trata de vivir, esa es la historia…”. Pero ya no es así: el informe de Unicef actualiza la famosa canción e incorpora una medición de privaciones (y necesidades) no monetarias vinculadas con derechos como educación, protección social, vivienda, saneamiento, agua y hábitat para vivir en condiciones dignas. 

Explica que en 2025, el 42,6% de niñas, niños y adolescentes presentaba al menos una privación no monetaria, y el 16,4% atravesaba privaciones severas. Este tipo de privaciones tienen una dinámica diferente de la pobreza por ingresos porque mientras la pobreza monetaria puede subir o bajar rápidamente -según la evolución de salarios, precios, empleo y transferencias, en definitiva, de más o menos disposición de moneda- las privaciones no monetarias responden a procesos de inversión, infraestructura, urbanización, acceso a servicios, fortalecimiento educativo y continuidad institucional que un Estado debe aportar. 

Por eso, la mirada multidimensional permite ordenar mejor las respuestas y entender con mayor claridad que las necesidades también deben ser satisfechas desde el Estado, desde el espacio social colectivo. 

En el segundo semestre de 2025, el 39,6% de niñas, niños y adolescentes no era pobre por ingresos ni tenía privaciones no monetarias. En el extremo opuesto, el 24,7% combinaba pobreza monetaria con al menos una privación vinculada a derechos. Ese grupo constituye el núcleo de mayor complejidad, porque enfrenta falta de ingresos y carencias estructurales al mismo tiempo, que no se resuelven automáticamente con una mejora coyuntural de la economía familiar.

Estado de alerta

La señal de alarma más inmediata de la vigencia de este desbalance libertario aparece en las previsiones para este 2026. A través de un ejercicio de simulación, Unicef estimó que la pobreza infantil puede subir en el primer semestre de este año. En el escenario base, pasaría de 42,3% en el segundo semestre de 2025 a 44,4%. La pobreza extrema también puede aumentar, aunque en menor medida, de 9,4% a 10,8%. Y si los ingresos familiares evolucionan peor que el supuesto central, la pobreza infantil podría llegar al 46%.

Si bien no lo toman como un dato asertivo, lo instalan como una advertencia anticipatoria si no se adoptan medidas correctivas y los ingresos familiares no se sostienen o aumentan en relación al valor de la canasta básica. 

A problema multidimensional, respuesta multidimensional

Si los problemas que arrastran a la pobreza son multidimensionales, la respuesta también debe serla. Con aumentar los salarios y garantizar trabajo no es suficiente.

Pediatras Contra el Hambre, junto a otras organizaciones sociales están trabajando y actúan en consecuencia. Pero, claro, cada uno desde su lugar, y si el aparato del Estado no hace sus movimientos, todo lo que las organizaciones de la sociedad civil intenten tan solo serán parches.

–¿Qué propondría a modo de solución?

–Díaz: Hay que recuperar el presupuesto en salud y el recurso humano asignado. En vez de decir que las provincias se arreglen, debe haber una acción más proactiva en términos presupuestarios y de directrices del órgano rector, que es el Ministerio de Salud de la Nación, para recuperar lo que se perdió en ajustes tan brutales que ha hecho Milei. Hay una idea de que cada provincia se arregle como puede, y eso va a agravar la desigualdad en el país. El Gobierno Nacional tiene que -entre otras cosas- velar para que haya una equidad en los indicadores sociales. Y lo que está haciendo es agrandar la brecha. Hay que cumplir la ley de la Emergencia en salud y la Emergencia en discapacidad; reponer el Programa Remediar, ajustar el presupuesto, el programa de Prevención de enfermedades inmunoprevenibles, y asegurar la atención. Cumplir la ley de Emergencia a las personas con discapacidad. Todo esto como punto de partida. También se deben fortalecer las estructuras de las organizaciones de base a las que este Gobierno ha demonizado con el cuento de los curros. Si había hay que resolverlo, pero no desmontar la red social de contención en los barrios. Y dado que hablamos de multidimensionalidad, también se deben mejorar las condiciones de empleo, fortalecer las remuneraciones y bajar la informalidad. Estamos cansados de ver testimonios sobre la cantidad de PyMEs que cierran, o que cuando se abre una convocatoria de trabajo se produzcan más de diez cuadras de cola para cubrirlo un puesto de trabajo.

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