¿Y ahora qué?

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

La independencia del Banco Central es una falacia

La independencia o autonomía del Banco Central suele presentarse como una garantía técnica frente a las interferencias políticas. Martín Aguirre sostiene que esa formulación encubre una disputa decisiva: toda política monetaria distribuye recursos, define prioridades y responde a un determinado proyecto de país. Un recorrido por la historia argentina y por las experiencias de Estados Unidos, Europa, China y Perú muestra que no existe una autoridad monetaria neutral. 

La denominada independencia o autonomía del Banco Central constituye una de las ficciones institucionales más exitosas de las últimas décadas. Pretende presentar como decisiones puramente técnicas lo que siempre fueron opciones profundamente políticas.

Pero la propia formulación del problema encierra una trampa conceptual.

Nada de asepsia

No existe, ni puede existir, una autoridad monetaria políticamente aséptica. Toda política monetaria distribuye recursos, altera los precios relativos, incentiva o desalienta actividades y favorece determinados intereses. Establecer la tasa de interés, regular el crédito, intervenir en el mercado cambiario o administrar la liquidez nunca fueron decisiones neutras. Todas expresan una determinada concepción del perfil económico y de la organización social. Quien sostenga lo contrario no elimina la política. Simplemente la disimula bajo la apariencia de una neutralidad técnica inexistente.

La técnica puede definir los medios. Nunca decidir los fines. Presentarlos como una cuestión técnica constituye una de las construcciones ideológicas más eficaces del neoliberalismo.

La autonomía técnica y operativa puede resultar indispensable para el cumplimiento eficaz de sus funciones. Otra cosa muy distinta es desvincular al Banco Central de los objetivos permanentes de la Nación. Puede no depender del gobierno de turno, pero no puede dejar de formar parte del proyecto de país que la sociedad decida construir.

Reducirlo a una autoridad exclusivamente monetaria supone desconocer la naturaleza de sus funciones. Sus decisiones condicionan el crédito, la inversión, la estructura productiva, el comercio exterior, la innovación tecnológica, el empleo, la distribución del ingreso y la estabilidad del conjunto del sistema económico. La moneda es un instrumento. El Banco Central también. Cuando un instrumento se transforma en un fin, toda la política económica termina subordinándose a una única variable, sacrificando objetivos superiores como el desarrollo económico, el bienestar social y la soberanía nacional.

La propia historia del Banco Central argentino constituye una refutación concluyente de la pretendida neutralidad que hoy se le quiere atribuir.

Un instrumento

Su creación, en 1935, representó un indudable avance institucional1. No por casualidad coincidió con los comienzos del proceso de industrialización que la crisis internacional de 1929 había precipitado y que incluso el propio régimen conservador terminó admitiendo, más por necesidad que por convicción, como una verdadera tabla de salvación frente al agotamiento del viejo esquema agroexportador.

La creación de una autoridad monetaria nacional respondía precisamente a la necesidad de dotar al Estado de instrumentos adecuados para administrar una economía cuya creciente complejidad ya no podía gobernarse con los mecanismos heredados del siglo XIX.

Pero ese mismo origen explica también muchas de sus limitaciones, porque el nuevo instrumento nació dentro de un orden político que todavía procuraba preservar buena parte de las estructuras económicas preexistentes.

Para la industria

La evolución posterior resulta aún más reveladora. La nacionalización de 1946 incorporó al Banco Central, de manera explícita, a una estrategia de industrialización, fortalecimiento del mercado interno, ampliación del empleo y desarrollo de capacidades productivas nacionales2. Décadas más tarde, las reformas financieras impulsadas por la última dictadura y consolidadas durante la convertibilidad alteraron radicalmente esa orientación, subordinando crecientemente la política monetaria a la liberalización financiera y al combate excluyente contra la inflación3.

Para el desarrollo

Finalmente, la reforma de la Carta Orgánica de 2012 volvió a ampliar sus objetivos, incorporando expresamente el desarrollo económico con equidad social, el empleo y la estabilidad financiera junto con la preservación del valor de la moneda4.

¿Qué demuestra esta trayectoria?

Que nunca existió un Banco Central único, universal y políticamente neutro. Existió, en cada etapa histórica, el Banco Central correspondiente al proyecto de país predominante. La evolución de sus funciones nunca respondió a una lógica técnica autónoma. Esa es la verdadera lección de su historia.

En el mundo

La experiencia internacional confirma exactamente la misma conclusión. La Reserva Federal de los Estados Unidos posee un mandato que incluye tanto la estabilidad de precios como el máximo nivel de empleo y, cuando las circunstancias lo exigieron, intervino decididamente para sostener el crédito, la producción y el sistema financiero5.

Hasta el Banco Central Europeo, que nació con un mandato mucho más restringido y ortodoxo, concentrado prioritariamente en la estabilidad monetaria, ha tenido relevantes intervenciones anticíclicas  (crisis de 2008, crisis de deuda soberana de 2010-2012 y pandemia de COVID-19) y políticas, como ante el  conflicto de Ucrania6.

Y si bien el simplismo de “ahí vienen los rojos” evita pensar, el Banco Popular de China merece al menos una mirada. Con un rol similar al de la Fed (reforma de 1995), responde directamente al Consejo de Estado, Poder Ejecutivo chino. La pretendida independencia institucional no forma parte del diseño, lo cual no parece haber ido en desmedro —sino todo lo contrario— de que se alcanzara toda una serie de hitos económicos, sociales y empresariales desde hace cuarenta años.

Por el contrario, Perú posee uno de los bancos centrales con mayor autonomía legal del mundo y una estabilidad de precios que muchos presentan como ejemplar. Sin embargo, esa estabilidad convive con elevados niveles de pobreza, informalidad laboral y subempleo. El caso peruano demuestra que la estabilidad monetaria, aun cuando sea exitosa en sus propios términos, no basta para garantizar desarrollo económico, bienestar social ni transformación productiva. Al gobierno de Milei estas realidades le resultan indiferentes. Pero muchos compatriotas que cuestionan sus políticas continúan idealizando este tipo de autonomías. A ellos les vendría bien reflexionar sobre la cuestión7.

Un asunto clave

La discusión de fondo, entonces, no consiste en decidir cuánta independencia debe concederse al Banco Central. Consiste en decidir al servicio de qué proyecto de Nación ejercerá las importantes atribuciones que concentra.

En virtud de todo lo expuesto, este no constituye un debate exclusivamente técnico o reservado a especialistas en cuestiones monetarias. Esa es, precisamente, otra de las falacias sobre las que se pretende construir el consenso.

La organización del Banco Central constituye una de las decisiones políticas más trascendentes que puede adoptar una Nación, porque de ella dependen la orientación del crédito, las posibilidades de inversión, el financiamiento de la producción y el desarrollo tecnológico.

Por ello, las organizaciones obreras y empresarias, los gobernadores, las universidades y todas las fuerzas políticas que se proclaman defensoras de los intereses de nuestro pueblo y Nación —salvo que opten por un verdadero suicidio colectivo, pues ellos también serán víctimas— deben asumir esta discusión como propia y enfrentar frontalmente este despropósito.

Permanecer en silencio, aceptar el debate en los términos en que ha sido planteado por el neoliberalismo libertario, o debilitar esta lucha por priorizar otros objetivos, equivaldría a convalidar el desmantelamiento de una de las instituciones estratégicas del Estado y a renunciar, sin dar batalla, a uno de los instrumentos fundamentales para construir el país que la Argentina necesita.

Los ataques se suceden y seguimos sin contar con una estrategia de acumulación política. Es decir, seguimos sin un Plan de Lucha. Y así nos va, con euforias intermitentes tras hechos puntuales que no detienen la destrucción general a la cual nos somete este gobierno.

Porque la verdadera discusión nunca ha sido la pretendida independencia del Banco Central. La verdadera discusión siempre ha sido la capacidad que tengamos para construir y sostener un proyecto político propio de desarrollo económico, bienestar social y soberanía política.


  1. LIDDLE, Patricio C., y PITA, Juan José: Historia de la creación del Banco Central de la República Argentina, Investigación Económica, núm. 64, octubre-diciembre de 2011, BCRA, Buenos Aires (https://www.bcra.gob.ar/archivos/Pdfs/investigaciones/64_liddle.pdf). ↩︎
  2. SETTIMI, Stella Maris, y ANDINO, Patricia: La nacionalización del Banco Central de la República Argentina, 1946: una interpretación. Análisis Económico, núm. 64, vol. XXVII, primer cuatrimestre de 2012. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, Distrito Federal, México. ↩︎
  3. Carta Orgánica del Banco Central (Argentina). Texto sancionado por la ley 24.114, BOE, 22-10-1992 (https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-24144-542/texto). ↩︎
  4. Carta Orgánica del Banco Central (Argentina). Texto vigente, reformado por la ley 26.739, BOE, 28-04-2012 (https://www.bcra.gob.ar/carta-organica/?utm_source=chatgpt.com). ↩︎
  5. Federal Reserve History. “Federal Reserve Reform Act of 1977”. https://www.federalreservehistory.org/essays/fed-reform-act-of-1977
    ↩︎
  6. Aunque el BCE suele presentarse como el paradigma de un banco central independiente y concentrado exclusivamente en la estabilidad de precios, su actuación durante las principales crisis de las últimas dos décadas muestra una realidad mucho más compleja. Ya en 2008 coordinó con otros bancos centrales medidas extraordinarias de liquidez. Durante la crisis de deuda soberana (2010-2012) lanzó programas de compra de bonos, y el anuncio de Mario Draghi de hacer “todo lo que fuera necesario” (“whatever it takes”) bastó para reducir drásticamente las primas de riesgo sin necesidad de ejecutar compras masivas. En la pandemia creó el Programa de Compras de Emergencia frente a la Pandemia (PEPP), que alcanzó 1,85 billones de euros, evitando una crisis financiera de mayor magnitud. Más recientemente, tras la guerra de Ucrania, creó el Transmission Protection Instrument (TPI) para intervenir cuando los diferenciales de deuda entre los Estados miembros amenazaran la transmisión uniforme de la política monetaria. La experiencia demuestra que incluso el banco central considerado más “ortodoxo” ha debido actuar repetidamente con criterios anticíclicos y de estabilidad sistémica cuando las circunstancias lo exigieron.
    Pero no se puede dejar de señalar, antes de cerrar esta nota, que algunas de las actuaciones del BCE son criticadas por su sesgo, el cual beneficiaría en mayor medida al capital que a los sectores en riesgo de la ciudadanía europea.
    Sobre este punto, véanse, entre otros:
    Banco Central Europeo. “¿Qué es el programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP)?”. https://www.ecb.europa.eu/ecb-and-you/explainers/tell-me/html/pepp.es.html
    Alternativas Económicas. “Los costes sociales de la crisis bancaria”. https://alternativaseconomicas.coop/articulo/dossier/los-costes-sociales-de-la-crisis-bancaria
    ↩︎
  7. El Banco Central de Reserva del Perú figura de manera sistemática entre los bancos centrales con mayor autonomía legal en las principales mediciones internacionales. La Constitución le prohíbe financiar al Estado y sus autoridades cuentan con fuertes garantías de estabilidad institucional. Esa autonomía se ha traducido en un desempeño destacado en su propio terreno: el presidente del BCRP, Julio Velarde, ha señalado que el país registra el período de inflación más bajo de los últimos 150 años. Sin embargo, ese éxito monetario convive con indicadores sociales muy distintos. Diversos estudios sobre la economía peruana han destacado precisamente esta coexistencia entre una notable estabilidad macroeconómica y persistentes déficits sociales y productivos. El caso peruano muestra, así, que un banco central altamente autónomo puede cumplir eficazmente sus objetivos específicos sin que ello se traduzca, por sí mismo, en desarrollo económico, bienestar social o transformación de la estructura productiva. La continuidad de Julio Velarde al frente del BCRP desde 2006, atravesando gobiernos de distinto signo político y sucesivas crisis institucionales, constituye uno de los ejemplos más acabados de autonomía institucional en América Latina y así lo demuestra.
    VELARDE, J. (https://larepublica.pe/economia/2026/02/22/julio-velarde-hay-que-recordar-que-la-autonomia-del-bcr-no-vino-de-la-constitucion-de-1993-sino-de-la-de-1979-hnews-1015344)
    ↩︎

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *