El Gobierno anunció un cronograma de quita de retenciones para productos agrarios e industriales. Y el FMI recomendó una reforma impositiva que incremente los impuestos a la demanda y reduzca los de la exportación como el único camino ante el enfriamiento de la actividad resultante de la baja del gasto público y la capacidad de compra de la gente.
Ante el clima político enrarecido por la economía, la respuesta por parte del Gobierno es la de disminuir los derechos de exportación para los productos agrarios y las manufacturas industriales. El cronograma que presentó el Ministerio de Economía prevé una baja mensual para la soja hasta llegar al 15% a fines de 2028, y trimestral para el maíz, el sorgo y el girasol. Los dos primeros llegarían al 5,5%, y el tercero al 3.

Cronograma de baja de retenciones para los productos agropecuarios, según el Ministerio de Economía
Para las ramas de la industria manufacturera, que tributan alícuotas del 4,5%, se propuso reducir 0,375 puntos por mes a partir de julio, hasta eliminarlas en junio de 2027.

Propuesta de disminución de retenciones para ramas industriales
El cronograma de eliminación es largo, y conviene tomarlo con pinzas, no sea cosa de que la coyuntura -en algún momento- estimule la prudencia y disminuya la ambición de las metas.
Pero, por lo pronto, interesan el sentido y la perspectiva de las medidas.
Al presentarlas, Sergio Iraeta, el secretario de Agricultura, aseveró que “cuando el productor agropecuario ve que hay una voluntad del Gobierno de que no se pierda la competitividad, se pone más activo en términos de aplicar tecnologías, fertilizantes, y en aumentar las hectáreas”. Pablo Lavigne, el secretario de Coordinación de la Producción, acotó que es “muy relevante seguir sacando impuestos para la exportación para que los sectores puedan competir en igualdad de condiciones”.
Ante la caída del mercado interno y de la demanda, por el empobrecimiento paulatino y continuo de la población, la solución es de lo más particular: si los productores se entusiasman con la baja de impuestos a la exportación, quizás produzcan más, pero no es cómo funcionan las cosas.
La demanda es un dato para las empresas, que definen su producción en función de ello. En el caso del mercado mundial, especialmente para los productos agropecuarios, las retenciones sirven para arbitrar entre el consumo interno y el del exterior. Y cuando ya los impuestos son lo suficientemente bajos como para que la venta al exterior no esté desincentivada, simplemente se recauda menos.
Por eso, desde el punto de vista de la actividad, incluso considerando la exportación, el cambio en las alícuotas impositivas es inútil.
Curiosamente, el Fondo Monetario Internacional apareció con recomendaciones sobre los impuestos, que van en un sentido complementario. En un documento titulado ‘Argentina: Selected Issues’, recomiendan modificar la estructura de impuestos, que describen como una de las más cargosas de América Latina.
La reforma que proponen consiste en cuatro cosas:
-Eliminar exenciones al IVA y a zonas económicas estratégicas.
-Retrotraer la base del impuesto a los ingresos (ganancias) a su diseño de 2019, y unificar el monotributo a la base general.
-Incrementar y mantener actualizadas las alícuotas al tabaco y los combustibles.
-Modificar el esquema de recaudación provincial de coparticipación, y reemplazar el impuesto a los Ingresos Brutos, que se considera altamente distorsivo, con un esquema de IVA doble, nacional y provincial.
Como nota de color, recomiendan avanzar con la disminución de impuestos a la exportación, especialmente los de productos agropecuarios.
El documento acompañó el Staff Report que resumió la revisión del programa por la cual se aprobó el desembolso de 1.000 millones de dólares, que llevó a que las Reservas Internacionales del Banco Central se ubiquen en casi 48 mil millones de dólares, su valor más alto desde 2019.
El Staff Report contiene la perorata ideológica usual, que elogia el recorte del gasto público por medio de la reducción de subsidios y la contención del gasto discrecional, compensado con las transferencias a los sectores más vulnerables necesaria para contener la pobreza. Además de las argucias técnicas para disimular que por medio de los desembolsos al Gobierno argentino se pagan a sí mismos y blindan la salida de capitales norteamericanos que eventualmente pueda tener lugar.
De hecho, en esta ocasión, el desembolso es poco significativo. El más importante sigue siendo los 10 mil millones de dólares de abril del año pasado, sobre el cual se comenzó a acumular reservas para mantener un margen de acción propio al iniciar este, a costa de cercenar las perspectivas de recuperación de la economía.
En términos prácticos, los recortes que propone el FMI, como la “focalización” de las transferencias, ya fueron hechas. Y sus resultados, junto con la caída de los salarios, están a la vista.
Es cierto que algunos aspectos sobre la calidad de diseño en el sistema impositivo argentino se pueden discutir con final abierto. Pero si el propósito es incrementar los impuestos a la demanda mientras se reducen los de la oferta, el resultado es ahondar la contracción en el poder de compra de la población, repercutiendo sobre el malestar político.
Por eso, es lógico que el Gobierno evite lo primero y solamente se concentre en lo segundo. Es el último conejo que le queda en la galera, además de celebrar apresuradamente que, porque los indicadores de marzo dieron un alza de la actividad, la economía se encuentra en recuperación.
El tiempo dirá si lo único que cabe esperar es la continuidad de la penosa situación actual.