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La única velocidad es la que contrae

Caputo asegura que hay dos velocidades de crecimiento, pero en realidad hay una sola: de achicamiento.

Esta semana se difundieron el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) y el Indicador Sintético de la Actividad en la Construcción (ISAC) correspondientes a julio.

Tras dos meses de un alza tenue, el IPI tuvo una caída en la serie mensual desestacionalizada del 5%. La variación contra el mismo mes del año anterior fue de 4,9 puntos, lo que acentuó la caída acumulada en el año, que pasó de 2,2 puntos en junio a 2,6. Con la excepción de madera, papel, edición e impresión y refinación de petróleo y químicos, todas las ramas que componen el indicador muestran una caída acumulada a lo largo del año.

La caída de la actividad industrial es transversal a todas las ramas. Solamente dos muestran crecimiento a lo largo del año.

La consultora LCG destaca que el índice desestacionalizado se mantiene en 9 puntos por debajo de su nivel de noviembre de 2023. Notablemente, luego de haberse recuperado durante 2025, sin alcanzar nunca los valores de fines de 2023, vuelve a estar en los niveles de principios de 2024, que fue el más crítico para la actividad económica.

2026, el peor año para la industria

Si se toma el valor promedio del índice en los siete primeros meses de 2026, contra el total de 2023, la caída llega al 11,2%, y tiene una diferencia del 3,5% sobre el valor de 2025, que aún con la recuperación era inferior en un 8% con respecto a 2023.

Incluso, si bien el índice no cayó a los niveles más bajos de 2024, el promedio tiene una diferencia del 2% frente a ese año. Es decir que 2026 se encamina a ser el año de menor actividad industrial durante el Gobierno de Javier Milei.

Gráfico de la consultora LCG, que señala la caída de 9 puntos del IPI con respecto a noviembre de 2023. a/a (barras, eje derecho) refiere a la variación interanual y s.e (línea, eje izquierdo) a la serie des-estacionalizada.

El ISAC también mostró un descenso. En este caso, la caída de la serie desestacionalizada con respecto al mes anterior es de 4,6 puntos, y el descenso contra el mismo mes del año anterior, de 4,5. Su valor equivale a una reducción del 24,5% frente a su nivel de noviembre de 2023. La variación acumulada a lo largo del año, si bien positiva, cayó de 2,8 puntos en junio a 1,7 en julio.

La caída de la construcción fue más pronunciada en 2024 que la de la industria, alcanzando los 27,7 puntos en relación al nivel en promedio de 2023. En 2025 esa distancia se redujo al 23,2%. Si se toma el promedio de los siete meses de 2026, asciende al 24,9%. Es decir que la diferencia, comparada con 2023, se amplía levemente. Lo que demuestra que la construcción se encuentra lejos de sus niveles anteriores al inicio de este Gobierno.

En el día de la industria, que es el 2 de septiembre, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Luis Moretti, se quejó de que “esta gente no conoce el país y no conoce lo que es la industria, no tiene idea. Estamos manejados por Rivadavia II, por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”. También añadió que “no hay políticas dedicadas a la industria, sino que se hacen políticas de desindustrialización. No puede haber industria si no tenés escuelas técnicas, universidades, Conicet, INTI o mercado interno”.

En el mismo día, Martín Rappallini, el Presidente de la UIA, pronunció un discurso en el que afirmó que “el sector industrial, la UIA, pide un puente. Un puente entre la economía que estamos dejando atrás y la economía competitiva que queremos construir”. Remarcando la pérdida de puestos de trabajo y la disminución de la actividad que atraviesa Argentina, concluyó que “la economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación”.

El trader al que se refería Moretti es Luis Caputo, el ministro de Economía, quien les respondió a los dirigentes de la UIA en el mismo día desde el G-20. Allí sostuvo que “el feedback de las industrias no es el que dijo hoy el vice de la UIA. Todo lo contrario, dicen que es momento de reconvertirse, de invertir y que, como todo momento de cambio, genera una reacción”. Y añadió: “si uno se va a circunscribir al modelo de los últimos 20 años, que no generó ningún fruto (…) La industria cayó un 10%. No se benefició nadie, solo algunos empresarios, a pesar de estar subsidiados en energía, tipo de cambio y precio. El modelo anterior no es el que funciona. En este modelo se crece en dos velocidades. No es algo negativo. Es algo obvio. Estamos liberando recursos de un sector que antes estaba oprimido. Hoy son los que le permiten al resto de la economía que existan las condiciones para tener financiamiento y planificación”.

No es la primera vez que Caputo habla de un “modelo anterior” cuando, en lo concreto, la actividad industrial nunca superó su nivel de 2015, y recién en 2022 se recuperó de la debacle que mantuvo a partir de 2017, para volver a caer. Los momentos de caída coinciden con los de Caputo en la gestión pública, primero como Presidente del Banco Central durante el Gobierno de Cambiemos, y luego como Ministro de Economía en este.

Tiempo de remates y empobrecimiento

No es casual, porque fueron dos períodos en los que se hundió el mercado interno, y eso repercutió sobre la industria. Para las empresas, no representa un momento para reconvertirse. Si no, simplemente, para dejar de invertir, y, llegado el caso, rematar sus activos, porque las dimensiones de la demanda no les permiten alcanzar niveles de ventas que resulten rentables.

No se trata de dos velocidades para crecer, sino de una sola, que es la de la contracción. Los datos de la industria y la construcción ponen en evidencia que el excedente generado por los sectores que crecen, contrariamente a lo que afirma Caputo, no son aprovechados por el resto de la economía.

Más bien, son ramas exportadoras (agro y minería), disociadas del mercado interno, que producen saldos comerciales que en este momento quedan atrapados en el esquema de carry trade.

La pérdida de ingresos de la población, y el dique de contención de la situación social con el dólar, impiden que esto cambie. Y los industriales toman nota.

El problema es que no se puede salir de esa situación dándoles la espalda a los trabajadores. Es necesario agrupar una coalición política que aglutine intereses y equilibre las contradicciones para revertir una caída originada en el empobrecimiento de quienes forman el mercado.

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