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Nace Fuerza Suma +, para sumar voluntades y unir al país

Con el objetivo de participar activamente del debate público sobre la actualidad y el futuro del país, un grupo de ciudadanas y ciudadanos promueve la formación de Fuerza Suma +, que se reunirá por primera vez el sábado 12 de septiembre a las 11 en San Martín 920, de CABA. La meta es construir una corriente de opinión plural sobre la base de ideas y propuestas que ayuden a forjar un proyecto nacional de desarrollo, con justicia social y profundamente federal. Quienes promueven la iniciativa son, entre otras y otros, Ricardo Auer, Katjia Alemann, Osvaldo Cornide, Pablo Anzaldi, Cristian Módolo, Liliana Siede, María Fernanda Ruiz, Fernando Barrera, Fernando Stefani, Jorge Zaccagnini, Gustavo Reija, Amelia Franchi, Alicia Barrios, Manuel García Solá, Yvonne Blajeau, Gerardo Grippo, Elías Soso y Rafael Prieto. Aquí el documento de base para arrancar la discusión.

La Argentina del presente enfrenta un desafío inédito. La próxima década será decisiva para el futuro del país. Debemos recuperar la capacidad de decidir sobre nuestro propio destino, restituyendo el tejido económico nacional y reparando los lazos que unen a la sociedad con sus representantes en el marco de un proyecto nacional de desarrollo con justicia social. O el riesgo de que el país se transforme en un “territorio liberado”, donde otras naciones y estados, o incluso algunas pocas corporaciones transnacionales, impongan decisiones a la medida de sus exclusivos beneficios, sin que exista una contraparte que desde el estado nacional defienda los legítimos intereses del pueblo y la nación, se presenta como una realidad que con el correr de los años puede adquirir un carácter irreversible.

Ese, y no otro, es el horizonte que se presenta para el país de persistir la actual orientación del programa económico-social y, lo que se corresponde con la índole del modelo libertario, el alineamiento forzado que en materia de política exterior fue impuesto a los argentinos por el gobierno. Dicho alineamiento va a contramano de lo que hacen la inmensa mayoría de los países del mundo, que fijan su política exterior sobre la base del interés nacional, el respeto al principio de la no intervención en los asuntos internos de otros países y el reconocimiento del creciente multipolarismo que, en esta etapa, se impone como tendencia manifiesta en las relaciones internacionales.

Sin embargo, el camino que sigue el gobierno de Milei va en un sentido contrario: no solo está dañando vínculos con socios cercanos y aliados, sino que está produciendo un progresivo aislamiento del país que compromete la estabilidad de un sistema de reciprocidades históricas que fueron construidas junto a otras naciones del mundo en el marco del respeto al derecho internacional. Hay un deterioro del sistema de alianzas que le dan sustento a la inserción internacional de la Argentina, debilitando la posición de nuestro país en causas fundamentales como es la reivindicación legítima sobre la soberanía de las islas Malvinas.

La culminación de una larga decadencia

No se trata aquí de ahondar en la descripción de cuándo se perdió el rumbo del país y se abandonó el proyecto de forjar una nación próspera para el conjunto de los argentinos. Lo cierto es que, más allá de todo debate, y aun considerando las etapas de recuperación y mejora de las condiciones económicas y sociales que durante períodos más o menos limitados permitieron restablecer el rumbo del crecimiento, la tendencia imperante fue la que marca el progresivo deterioro del país desde hace décadas.

En ese marco, el surgimiento del fenómeno libertario no es un accidente fortuito, es la culminación de una larga decadencia. Nació como reacción a la profunda crisis de representatividad gestada por el retroceso económico, la desindustrialización, la precarización del trabajo, el empobrecimiento y el aumento acelerado de la desigualdad. No es difícil comprender que el sucesivo empeoramiento de las condiciones que impactan sobre la mayoría del pueblo argentino, incluyendo a sus clases medias, junto a la extendida percepción que relaciona a la política con la corrupción, terminó por producir un daño profundo del vínculo que afecta la relación de la sociedad con la dirigencia y las principales instituciones del estado.

Hay que señalar, además, que esa crisis de representatividad es producto tanto del mencionado fracaso de la dirigencia, desconectada de los problemas reales que agobian al pueblo argentino, como de las campañas del odio que, apalancándose en la excusa de la más que evidente crisis dirigencial, alimentan soterradamente en la sociedad argentina las corrientes de la anti-política con el propósito de debilitar aún más las instituciones y, si es posible, eliminar toda instancia de mediación o representación. Un propósito que, en plena sintonía con las políticas libertarias, el magnate tecnológico y fundamentalista Peter Thiel sintetiza cuando dice “ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.

En lo político, esa es la índole del plan libertario. Su programa, además de dañar en lo internacional las relaciones con nuestros socios vecinos y aliados, consiste en inyectar renovadas dosis de veneno y alentar todo tipo de enfrentamientos, grietas y divisiones con el propósito de evitar que la reacción social generada por sus políticas derive en la formación de un frente de oposición nacional unificado con capacidad de aglutinar a los sectores perjudicados por un modelo que enriquece a una minoría y empobrece a las amplias mayorías.

Es decir, el programa del extremismo libertario viene a profundizar las causas que explican la crisis de representación que utilizó para llegar al poder, agitando la bandera de la anti-política. Y esa realidad es la que hoy, cada vez más, se le viene en contra, en tanto el propio Milei comienza a ser el blanco del rechazo que él mismo se ocupó de alimentar. Cada vez son más los argentinos que cobran conciencia de que detrás de su ampulosa promesa de cambio y superación de la crisis, se esconde el programa de desmantelamiento de la economía y del estado argentino más agresivo de nuestra historia reciente.

El momento de la construcción

La presencia en la Argentina del Papa León XIV representa un hecho inspirador para superar las divisiones, recuperar la sensibilidad por los compatriotas que sufren la exclusión social y reflexionar sobre lo que hay que hacer para recuperar el camino de la justicia y el progreso. Tal como surge del legado del Papa Francisco. La reciente Encíclica de León XIV Magnifica Humanitas contiene un verdadero programa de oposición a las políticas que impulsan los extremismos de las llamadas “nuevas derechas”, reafirmando el concepto de solidaridad y justicia manifiesto en la doctrina social de la Iglesia que comparten otras tradiciones del humanismo.

Creemos que la crisis de representatividad que se mantiene como trasfondo crea las condiciones que pueden llevar tanto a su agravamiento como a la posibilidad cierta de su superación. Es una etapa objetivamente abierta al inicio de un ciclo que deje atrás los fracasos del pasado y de este lamentable presente. Aun en el rechazo a la política, la sociedad muestra que está en la búsqueda de una nueva y genuina representación. La dirigencia de signo nacional, la actual o la que luego de tantos fracasos surja en su reemplazo, tiene que demostrar finalmente estar a la altura de ese desafío.

El cambio comienza con darle contenido real y verdadero a la “vida política” en el sentido más amplio del término, recrear los espacios de diálogo y participación que fueron cancelados a fuerza de haber reducido lo político a “lo electoral”, sin mencionar los casos ciertos de las prácticas corruptas que contribuyeron a su deslegitimación y dieron lugar a campañas que las usaron (y aún las usan), dejando desguarnecida a la sociedad argentina y sujeta a todo tipo de manipulaciones.

La crisis de representación no es sólo de un sector ideológico, político o sectorial. Abarca, con las excepciones del caso, al conjunto de la clase dirigente, incluyendo a buena parte de la dirigencia gremial y empresaria. Y se extiende incluso hacia el interior de las principales instituciones de la administración, donde el interés privado termina, en no pocos casos, cobrando una influencia tal que desplaza el resguardo del interés público, esencia de la función del estado.

La defección de la clase dirigente difícilmente pueda resolverse en sí misma si no surge algo distinto, porque las prácticas están muy consolidadas en el marco de parámetros que excluyen la discusión de los problemas de fondo y también rechazan la integración verdadera de la inteligencia argentina en la construcción efectiva de un proyecto de país viable en el mundo actual.

Fuerza Suma+ nace como una Corriente de Opinión, amplia y plural, para intervenir activamente en el debate público sobre la actualidad y el futuro de la Argentina. No solo con el propósito de reflexionar sobre lo que sucede sino con el objetivo de elaborar y proponer ideas y programas concretos para superar la decadencia actual en conjunción con los diversos sectores sociales cuyo destino está indisolublemente atado a la suerte del país. Comenzando por las fuerzas del trabajo y la producción que son, en última instancia, las fuentes motoras genuinas del progreso social. Y en ese camino contribuir decididamente a forjar la dirigencia que el país necesita para salir adelante.

Para ser viable, un proyecto nacional de desarrollo debe concebirse como una estrategia de integración de todas las regiones y provincias argentinas. El desarrollo para ser tal tiene que ser federal, porque la justicia social que lleva implícita tiene trazado en el horizonte el objetivo de incluir y brindar oportunidades de progreso a los 47 millones de compatriotas y permitirles realizarse en sus terruños. De lo contrario, la inmensa mayoría del pueblo argentino no tendrá destino y se profundizará la desigualdad y la exclusión.

Quienes formamos parte de Fuerza Suma+ no lo hacemos para sustituir los ámbitos de actuación a los que cada uno pertenece y en los que desarrolla su actividad social, política, gremial, científica, cultural o empresarial, sino para unir experiencias y forjar en común una visión sobre lo que el país necesita para salir adelante e impulsarla en cada uno de nuestros lugares de actuación.

Argentina, al contrario de las campañas que buscan destruir la autoestima colectiva, sembrar el pesimismo y convencernos de que nada distinto se puede hacer, es un país que todavía, aún a pesar de la debilidad estructural que padecemos, cuenta con extraordinarios recursos humanos, económicos e institucionales capaces de aprehender de su historia y reencausarla. Ese potencial es la base para construir un frente unido de fuerzas políticas y sociales que pongan freno a la decadencia y puedan respaldar el programa de desarrollo nacional y justicia social necesario, hoy más que nunca, para recuperar la senda de la reparación y del progreso del pueblo argentino.

¡Sumate y ayudanos a fortalecer este camino de construcción!

¡Por una Argentina soberana, productiva y unida!

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