El consumo de vino entre los argentinos experimenta una retracción. Las bodegas y los pequeños viñedos tratan de sobrevivir y reinventarse. Las catas de vino se expanden y abren una nueva experiencia.
De arranque, algunas claves:
*El mercado interno movilizó en los primeros seis meses de 2026 unos 282,11 millones de litros, 1,08 millones menos que en el mismo período de 2025.
*La botella continuó primera, pero perdió terreno. Concentró el 61,2% del volumen, mientras el tetra brik llegó al 36,3% y aumentó sus ventas un 7,7%.
*Siete de cada diez litros fueron vinos sin mención varietal. Esta categoría alcanzó el 72,4% del mercado, frente al 24,5% de los vinos varietales.
*Argentina continúa entre las grandes potencias vitivinícolas: es el sexto productor mundial, pero enfrenta caída del consumo, concentración productiva y problemas de rentabilidad.
*La cata de vinos atraviesa una etapa de expansión en la Argentina, especialmente como experiencia turística, gastronómica y social.
En los primeros seis meses de 2026 se comercializaron 282,11 millones de litros de vino en el mercado interno argentino, un 0,4% menos que durante el mismo período de 2025. La estabilidad del volumen total ocultó, sin embargo, cambios importantes: crecieron los vinos sin mención varietal y el envase tetra brik. Mientras los pequeños viñedos tratan de sobrevivir y se achican los márgenes, las exportaciones comenzaron a recuperarse durante este año impulsadas principalmente por productos a granel y de menor precio. A pesar de la retracción en el consumo, Argentina sigue siendo el sexto productor mundial dentro de un panorama donde la vitivinicultura busca reinventarse.
De acuerdo con los datos provisorios del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) en el semestre se despacharon al mercado interno unos 282.114.300 litros, contra 283.198.500 litros en el mismo período de 2025. La diferencia fue de 1.084.200 litros, equivalente a una caída interanual del 0,4%.
Marzo fue el mes de mayor comercialización, con 60,60 millones de litros, mientras que febrero registró el volumen más bajo, con 50,59 millones.
El cambio más pronunciado apareció en el tipo de vino consumido. Los productos sin mención varietal llegaron a 204,14 millones de litros, representaron el 72,4% del mercado y crecieron un 12,8% frente a 2025. Los varietales, en cambio, bajaron a 69,20 millones de litros, concentraron el 24,5% y registraron una fuerte caída interanual del 26,3%.
La botella mantiene su predominio, pero reaparece el envase tetra brik
La botella continuó siendo el envase dominante, con 172,53 millones de litros y el 61,2% del total, aunque perdió un 3,8% frente al año anterior. En sentido contrario, el tetra brik alcanzó los 102,52 millones de litros, el 36,3% del mercado, y creció un 7,7%. Entre ambos formatos reunieron el 97,5% de todo el vino comercializado en el país.
Los vinos tintos y rosados siguieron dominando por color, con 208,30 millones de litros y una participación del 73,8%, aunque su volumen disminuyó un 2,1%. Los blancos representaron el 26,1%, con 73,76 millones de litros, y aumentaron un 4,9%. El balance del período muestra así un mercado estable en cantidad, pero atravesado por una recomposición hacia los vinos sin mención varietal, el tetra brik y los blancos.
El vino conserva un lugar central en la identidad productiva y cultural argentina, pero cada vez ocupa menos espacio en la mesa cotidiana. Los cambios dehábitos son una de las razones de la baja en el consumo.
Según el INV durante 2025 se comercializaron en el mercado interno 7,46 millones de hectolitros, equivalentes a unos 746 millones de litros. El volumen cayó 2,6% respecto de 2024 y el consumo aparente se ubicó en 16,1 litros por habitante. La tendencia no es nueva: desde 2016, las ventas domésticas acumulan una contracción cercana al 21%.
Para agosto de 2026, según el último dato confirmado aparece una leve recuperación del consumo interno con un aumento de un 5,8% en junio y 0,8% durante el semestre. Sin embargo, el consumo continúa cerca del mínimo histórico de 2025.
Para Oscar Pinco, periodista experto en vitivinicultura: “La realidad es que el vino no está perdiendo consumidores solamente en la Argentina. Es una tendencia mundial. Los grandes países productores —Francia, Italia, España, Estados Unidos, Chile y la propia Argentina— muestran desde hace años un descenso sostenido del consumo”.
“Hay múltiples razones para ello que van desde las nuevas nuevas costumbres sociales, mayor preocupación por la salud, competencia de otras bebidas, cambios demográficos y una generación joven que busca experiencias diferentes antes que tradiciones”, agrega Pinco.
El periodista, creador y productor del programa “Pasión por el Vino” que fue distinguido con el Premio Martin Fierro Federal, subraya también que “Hace medio siglo los argentinos consumían cerca de 90 litros por habitante al año. Hoy esa cifra apenas supera los 15 litros. Es una transformación cultural enorme”
“Muchos consumidores comenzaron a sentir que el vino era cada vez más lejano, más complejo y, sobre todo que si no destapabas una botella más cara no estabas a la altura de las circunstancias. Y eso no es verdad. Los mejores vinos argentinos también disfrutan de un buen asado entre amigos. También acompañan una pizza compartida en familia. O pueden estar presentes en una picada, con unas empanadas o en una charla que se alarga hasta la madrugada”, sostiene el periodista radicado en Mendoza.
Otro detalle lo marca el vino, que sigue siendo el elegido entre los argentinos. En 2025, el 70,2% del volumen comercializado correspondió a tintos, frente a 24,9% de blancos y 4,8% de rosados.
Sin embargo, los primeros meses de 2026 mostraron un cambio incipiente: los vinos blancos crecieron 4,9% interanual y los vinos de color retrocedieron 2,1%, una señal que las bodegas observan con atención ante el avance de estilos más frescos, livianos y asociados con nuevos momentos de consumo.
Un escenario complejo para los bodegueros y viñateros
La caída del consumo interno se combina con un escenario complejo para viñateros y bodegueros. Al cierre de 2025, el país contaba con 196.220 hectáreas cultivadas y 20.939 viñedos registrados.
En apenas un año se perdieron alrededor de 3.700 hectáreas y desaparecieron unos 1.100 viñedos; desde 2016, la superficie cayó 12,4% y la cantidad de establecimientos, 15,2%.
Para Roberto de la Mota, enólogo, ingeniero agrónomo y actual presidente de la Denominación en Origen Controlada (DOC) de Luján de Cuyo (Mendoza): “El vino es una bebida de consumo social y hoy existe un cambio de hábitos de vida que muestra que hay menos vida social y en consecuencia es menor el consumo de vino, pero no sólo en nuestro país, sino en el mundo”.
“Los cambios de hábitos también alcanzan a la alimentación y eso produce que también se reduzca el consumo del vino” subraya de la Mota, que se confiesa un “apasionado por el vino” por legado familiar.
Para el experto, considerado además un referente internacional del vino argentino y defensor del patrimonio vitivinícola de Mendoza: “Las crisis como las que vivimos traen oportunidades para los vinos de calidad y en eso estamos comprometidos trabajando intensamente con el INTA y otros organismos”.
De la Mota deja abierta una esperanza y agrega que: “La vitivinicultura tiene 8.000 años y no se va terminar ni este año, ni el año que viene; por eso digo que nos quedan muchos años más de trabajo y mucho por hacer”.
Los datos de la situación de la vitivinicultura en Argentina revelan que las bodegas grandes y exportadoras tienen más capacidad para diversificar mercados, invertir en turismo y sostener inventarios; las pequeñas y medianas, en cambio, dependen más del mercado interno y de distribuidores que concentran poder de negociación.
Pese a estos problemas, la Argentina conserva una posición destacada en el mapa vitivinícola internacional. De acuerdo con la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el país se ubica como el sexto productor mundial, el octavo en superficie de viñedos y consumo total, el décimo exportador por valor y aproximadamente el undécimo por volumen.
La industria argentina conserva prestigio, conocimiento técnico y reconocimiento internacional, pero el futuro dependerá no tanto de cuánto vino pueda producir, sino de su capacidad para venderlo con valor agregado.
Walter Pavón, coordinador de Bodegas de Argentina coincide en que el “cambio de hábitos y costumbres es una de las principales razones de la baja en el consumo de vino a nivel local y global”.
“El vino es la bebida más antigua que existe y hoy su consumo se ve jaqueado por el tema de la graduación alcohólica y en ese panorama, entre otras bebidas, es la cerveza la que le ha sacado claras ventajas” añade Pavón.
El especialista resume que “los factores económicos en el ámbito local con los vaivenes de los últimos 25 o 40 años, los perfiles de consumidores a nivel local hacen que el consumo de vino se haya reducido y que la industria venga disminuyendo”.
¿La cata de vinos está en auge en la Argentina?
La respuesta es: sí, pero no porque se tome más vino. La cata de vinos atraviesa una etapa de expansión en la Argentina, especialmente como experiencia turística, gastronómica y social.
El crecimiento se observa en la cantidad de bodegas abiertas al público, las visitas enoturísticas, los wine bars, las ferias, las degustaciones urbanas y las propuestas con maridaje.
Sin embargo, hay una paradoja central: Los argentinos consumen menos litros de vino, pero muestran mayor interés por conocerlo, compararlo y vivirlo como experiencia. Es decir, hay un auge de las catas, pero no un boom del consumo masivo de vino.
“La cata de vinos es una experiencia multifacética y desde hace algunos años viene creciendo en la Argentina porque además de ser una ayuda para las bodegas es también una forma de comunicación directa con la gente que tiene avidez por conocer los miles de secretos del vino”, afirma Gabriela Jakubiec, a punto de recibirse de sommelier y organizadora de un espacio privado de catas.
Gabriela subraya además que “la cata es un excelente vehículo para hablar del consumo y del consumo responsable del alcohol” y recuerda que “en las catas tenemos una frase que dice: propiciamos el buen consumo y el consumo del buen vino”.
La expansión de la cata no debe interpretarse como una recuperación del consumo cotidiano. El vino pierde presencia como bebida diaria en numerosos hogares, pero gana espacio como producto ocasional, cultural y gastronómico.
Una persona puede comprar menos botellas durante el año y, al mismo tiempo, pagar por una degustación, visitar una bodega o asistir a una feria.
Se puede decir que el concepto que mejor resume el fenómeno del auge de las catas es el que señala que: los argentinostomamos menos vino, pero queremos saber más sobre el vino que bebemos.
En conclusión: una curva marca la curiosidad, la necesidad de conocer. Esa curva va en alza. La otra curva es de la producción y el trabajo. Es la que va cayendo.
Lo deseable sería que esas dos curvas pudiesen mezclarse en la misma botella, y que el contenido dure, sin que se pique.