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La soberanía nuclear no se delega

El sistema nuclear argentino, construido durante décadas con capacidades propias, enfrenta un riesgo profundo si se lo somete a asfixia presupuestaria, apertura indiscriminada de información y pérdida de planificación estatal. La pertenencia futura de la Argentina al BRICS puede abrir oportunidades estratégicas, pero ningún socio defenderá la soberanía que el país no sepa proteger por sí mismo.

No es aventurado afirmar que el reconocimiento de la soberanía de sus Estados integrantes es una condición esencial del BRICS. Pero ese respeto tiene una consecuencia directa: corresponde a cada Estado miembro preocuparse por su propia soberanía.

Cuando la Argentina sea parte del BRICS, porque lo será, no debería esperar que sus socios se preocupen por aquello que el país no sepa defender por sí mismo. Esa defensa empieza antes que nada con el voto, con la orientación política del Estado y con la decisión de sostener capacidades estratégicas propias.

En ese marco, el sistema nuclear argentino ocupa un lugar central. No se trata de un sector más. Es una acumulación de conocimiento, industria, tecnología, recursos humanos y autonomía que llevó décadas construir y que puede perderse si se lo administra con criterios de corto plazo o de subordinación externa.

El ataque al sistema nuclear argentino

El gobierno de Javier Milei asfixia presupuestariamente a los organismos nucleares, mientras sus funcionarios los expolian. Somete a la miseria a científicos y tecnólogos, cancela proyectos estratégicos e impone decretos que obligan a abrir información tecnológica sensible a quienes quieran espiarla.

También favorece la migración de personal fundamental hacia empresas extranjeras que funcionan a la vuelta de los centros de la CNEA y de Nucleoeléctrica Argentina, justamente para fomentar esa migración. Al mismo tiempo, discute la venta por migajas de infraestructura nuclear a los enemigos de siempre, con el objetivo de satisfacer a los amigos del presidente.

El Gobierno designa para formular un plan nuclear a un individuo que piensa que los argentinos son un estorbo, mientras se dilapidan fondos de las empresas nucleares en playas, freeshops y peluquerías del mundo. Y desde ese caldo pretende afirmar que tiene alguna intención de formular una política nuclear virtuosa.

Los empleados de Milei dieron a luz un documento nuclear que propone formular principios para planificar una política para el sector. El problema es que, si los principios de la planificación están mal, la planificación llevará al país adonde no quiere ni debe ir.

Planificación, aunque no quieran llamarla así

Por supuesto, no llaman planificación a la planificación, porque para ellos el Estado planificador es anatema. Pero de eso se trata. Y el problema es todavía más grave: ese esquema resulta inconstitucional porque otorga por decreto a una Secretaría funciones que por ley corresponden a la CNEA. Encima, el secretario no sabe nada del negocio.

Los principios formulados pretenden llevar al sistema nuclear hacia una lógica en la que solo cuenta el rédito inmediato. Si el Sistema Nuclear Argentino se hubiera basado históricamente en esos criterios, el país jamás habría vendido reactores nucleares de investigación, ni habría podido reparar las dos Atuchas, ni extender con recursos propios la vida útil de Embalse.

El documento oficial culpa a los entes nucleares por la falta o demora en alcanzar logros que, en realidad, fueron obstruidos por sabotajes y zancadillas propiciados por gobiernos del mismo signo político que el actual. Se atribuye a los organismos el resultado de políticas que los debilitaron.

Dónde está el verdadero valor agregado

La propuesta de desarrollo y mantenimiento de capacidades industriales queda reducida a ciertas elaboraciones del uranio que se planean exportar. Se afirma que existe preocupación por incorporar valor agregado al uranio. Pero esa mirada ignora, o parece ignorar, un dato clave: el valor del combustible jamás supera el 15 por ciento del costo de generación nuclear, y el uranio es solo una porción menor de ese costo.

El gran valor agregado está en los equipos y partes de centrales nucleares, como las que la Argentina fabricó entre 2015 y 2020 para la extensión de vida de Embalse. El país todavía posee equipos industriales y conocimiento para producir esos componentes para sí y para exportar.

Estas capacidades pueden convertirse en una ventaja industrial esencial cuando la Argentina sea parte del BRICS. Pero solo si el país las conserva, las fortalece y las pone al servicio de una política estratégica. Sin planificación, sin Estado y sin defensa de la industria nacional, esa oportunidad puede perderse.

China, las CANDU y una oportunidad estratégica

Cuando en 2014 y 2015 se negociaban con China dos nuevas centrales nucleares, los asiáticos estaban dispuestos a financiar una primera central CANDU con tecnología argentina. China solo proveería la parte convencional, especialmente el turbogrupo. La segunda central sería una Hualong, de tecnología china.

Incluso habría sido posible proveer al menos parte de dos CANDU que China pensaba adquirir. Esa clase de negociación muestra el tipo de relación económica que la Argentina debería buscar con los demás miembros del BRICS en un gobierno donde el Estado recupere su rol planificador.

Si la idea china del “win-win” se cumple, debería ser posible negociar de Estado a Estado nichos industriales en los que los socios de mayor desarrollo no obstaculicen, e incluso contribuyan, al protagonismo argentino. A cambio, la Argentina podría seguir recurriendo a esos socios para otras actividades del mismo sector o de otros sectores de la economía.

BRICS, industria y distribución de la riqueza

La industria es una actividad fundamental para asegurar la distribución de la riqueza. Por eso una política “win-win” dentro del BRICS no puede ignorar la necesidad de que los países cuenten con industria propia de manera proporcionada y suficiente, dentro de las posibilidades de cada uno.

La pertenencia al BRICS no debe ser pensada como una simple alineación geopolítica ni como una expectativa pasiva de beneficios externos. Debe ser concebida como una oportunidad para reforzar capacidades nacionales, defender sectores estratégicos y negociar desde una posición soberana.

El sistema nuclear argentino es una prueba decisiva. Puede ser una plataforma para integrarse al mundo multipolar con conocimiento, industria y poder tecnológico propio. O puede convertirse en otro caso de desguace, extranjerización y pérdida de autonomía. La diferencia dependerá de la decisión política de defender lo que el país supo construir.

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