Una serie de notas periodísticas instaló dudas sobre la seguridad, los costos y la viabilidad del CAREM25, el primer reactor modular pequeño de potencia diseñado íntegramente por la Argentina. Pero la filtración parcial de un informe técnico interno no aparece como un aporte al debate público, sino como una operación política para justificar el abandono de un proyecto estratégico.
Varias notas en medios digitales escritas como en cadena con tono alarmista describieron la situación del proyecto CAREM haciendo foco en supuestos problemas de seguridad. El CAREM25 es el primer reactor modular pequeño de potencia diseñado íntegramente por la Argentina, desarrollado por la CNEA y construido en el predio de Atucha, con una orientación clara hacia el desarrollo nacional, la autonomía tecnológica y la consolidación de capacidades locales de diseño, ingeniería, fabricación, licenciamiento y construcción nuclear.
Hasta 2023, además, era uno de los desarrollos SMR más avanzados del mundo, ubicado entre los pocos proyectos de este tipo con obra civil en marcha y un grado material de avance concreto.
La filtración como instrumento político
Las notas publicadas recientemente se suman a anteriores que ya hablaban de costos excesivos e inviabilidad técnica. En este caso, se basan en supuestas filtraciones de un informe interno y confidencial de CNEA sobre la situación del proyecto.
Por eso, la filtración no puede leerse como un hecho inocente. No aparece para mejorar el CAREM, ordenar una discusión técnica o fortalecer el proyecto. Aparece como instrumento político.
Toma un proceso interno y confidencial de revisión, selecciona frases de impacto, las saca del intercambio técnico que les da sentido y las convierte en material periodístico para instalar una idea: que el CAREM es inseguro, caro e irrealizable.
Una revisión de pares no es una sentencia
Una revisión de pares no es una sentencia de nada. En ingeniería, y mucho más en un desarrollo nuclear de alta complejidad, sirve para identificar fortalezas, debilidades y áreas de mejora.
Señala problemas, formula preguntas, recomienda correcciones y obliga a revisar decisiones. Un informe de pares que no encontrara nada sería bastante inútil.
Por eso es tramposo convertir observaciones técnicas en titulares de alarma. Una cosa es decir que un prototipo nuclear debe validar experimentalmente determinados aspectos antes de avanzar hacia la operación. Eso es razonable y forma parte de cualquier desarrollo serio. Otra cosa muy distinta es presentar esa necesidad de validación como si el reactor estuviera por operar sin controles, al margen de la autoridad regulatoria o condenado por fallas de origen.
Lo que no aparece en las notas
Además, según comentarios de personas vinculadas al proceso, las observaciones realizadas por los revisores fueron respondidas oportunamente por el proyecto, mediante documentación técnica e informes específicos. Esas respuestas no aparecen en las notas.
Tampoco aparece el contexto completo de la revisión. Sin ese intercambio, lo que se publica no pretende informar, sino dramatizar y orientar una conclusión previa.
La publicación parcial de información confidencial, sin el proceso completo, sin las respuestas del proyecto y sin el contexto técnico en el que fue producida, termina funcionando más como daño dirigido que como aporte al debate público.
Dificultades propias o abandono tecnológico
El momento tampoco es menor. La filtración aparece cuando el CAREM está paralizado y cuando, al mismo tiempo, se promocionan otros diseños como si fueran una alternativa inmediata.
Mientras al CAREM se le exige haber resuelto todos los problemas propios de un primer reactor de potencia nacional, a otros proyectos se los presenta como futuro sin haber atravesado todavía el mismo nivel de construcción, validación, escrutinio técnico e institucional.
Esto no implica defender al CAREM de manera acrítica. El proyecto necesita presupuesto, conducción técnica, estabilidad institucional, revisión seria y cumplimiento regulatorio estricto. Pero una cosa es usar una revisión técnica para mejorar un proyecto estratégico y otra muy distinta es usar fragmentos de esa revisión para justificar su abandono.
La discusión de fondo no es solamente si el CAREM tiene dificultades. Todo desarrollo tecnológico complejo las tiene. La discusión real es si la Argentina va a usar esas dificultades para corregir y sostener una capacidad propia, o si va a convertir cada problema en una excusa para entregar el futuro tecnológico a diseños que, por ahora, prometen mucho y demostraron bastante menos.
(*) Gabriel Barceló es miembro del Grupo Juncal.