Serán los 250 años de EEUU, será que la guerra es algo que siente que él puede manejar solito, la cosa es que esta semana Donald Trump hizo su show al máximo. Mientras iba y venía en las negociaciones con Irán, el miércoles 10 de junio, por ejemplo, escupió el asado de las delicadas tratativas comerciales con México y Canadá, urgentes porque se vence el tratado de libre comercio que las regula desde los noventa.
Los memoriosos recuerdan que el NAFTA iba bien, al menos para las multinacionales, hasta el primer gobierno de Trump, que detestaba públicamente el negocio. En ese momento, el nuevo presidente poco menos que lo canceló por decreto, y terminó negociando otro, con otro nombre. Fue desconcertante: excepto por algunos detalles, era igualito al de Bill Clinton.
Pero este año hay que renovarlo o firmar otro, cosa hasta ahora de rutina y muy cuidada, porque el intercambio comercial entre los tres firmantes ya llegó a los dos trillones de dólares. Cuando le sacaron el tema, Trump dijo sueltito que “no sé si lo voy a renovar”.
Dos trillones de dólares y “no sabe”.
“La verdad es que no necesitamos nada de Canadá, no necesitamos nada de México, pero ellos necesitan todo de nosotros. No necesitamos sus autos, su madera, su energía, no necesitamos nada de lo que tienen”.
A todo esto, el Representante Comercial de Estados Unidos Jamieson Greer ya se había sentado con los mexicanos y está esperando la delegación canadiense que le prometió el ministro de Comercio de Canadá a principios de mes. Son discusiones técnicas, de detalles contractuales donde cada parte se queja y se busca un acuerdo. Y Trump las dejó en el aire, pedaleando.
Un sapo que el presidente tuvo que comerse crudo y con cuero fue fracaso de su idea de nombrar a un muy leal incompetente como jefe provisional de la Agencia Nacional de Inteligencia. La Agencia es un producto del 11 de Septiembre, cuando se descubrió que las 18 agencias de inteligencia y seguridad -sí, tienen 18- no se hablaban entre sí y se creó una coordinadora. Hasta ahora, la jefa era Tulsi Gabbard, verdugueada como “la rubiecita” por sus muchos enemigos dentro del gobierno. Pero la blonda anunció que se va a fines de junio. Ahí empezó el circo.
Es que Trump anunció que lo quería como interino a Bill Pulte, alto funcionario del ministerio más despreciado del gobierno, el de Vivienda. Es difícil dar una idea de a dónde llega el desprecio y más explicar su origen, pero Vivienda es donde mandás a los punteros que pusieron el hombro pero no tienen todos los jugadores en fila. Pulte, para más, se hizo famoso violando la ley: el tipo publicó la información de hipotecas y gastos en vivienda de los enemigos de su amado presidente.
Pulte no tiene la menor experiencia en inteligencia, ni en temas legales, ni de seguridad, pero su Jefe explicó que su misión es recortar personal y gastos, hacer un flor de ajuste mientras se busca un titular. Por eso iba de interino, además de que no tenía ni chance de pasar por el filtro de la Comisión de Inteligencia del Senado. Pero, raramente, Trump la pifió porque no se dio cuenta de que la oposición tenía un arma de las fuertes para matar la candidatura. Resulta que este viernes 12, a la medianoche, se vence la Sección 702, la famosa Ley de Vigilancia de Inteligencia Externa, más conocida por su sigla en inglés de FISA. La ley se pasó en tiempos de Bush Jr, cuando saltó el escándalo de los espías, incluyendo la CIA, que andaban pinchando teléfonos por todo el país. Eso estaba prohibido y mal, y FISA buscó crear una excepción: se podían escuchar las conversaciones e interceptar los mails entre locales y extranjeros bajo sospecha.
Por años, los espías juraron y perjuraron que la ley había salvado vidas permitiendo prevenir atentados, cosa que por supuesto nunca probaron. Perder la ley sería una tragedia para ellos, y por eso los legisladores demócratas y un número sorprendente de republicanos se rebelaron. El ultimátum era que, si no retiraban a Pulte, la ley se caía. Trump se rindió el jueves y anunció que quiere a Jay Clayton en el puesto. Clayton por lo menos es abogado, un tipo bien visto, actual representante legal del gobierno federal en Nueva York y ex titular de la Agencia de Regulación Bursátil.
Esto calmó las aguas, pero dejó una duda: confirmar a Clayton toma semanas, audiencias, debate y voto ¿quién se hace cargo de la Agencia en el interín? ¿Clayton o el impresentable Pulte? Y más, ¿habrá tiempo de confirmar FISA?
Chau, OTAN
Trump andaba hablando mal de la OTAN cuando era apenas un especulador inmobiliario en Nueva York, un coloradito figurón con un jopo raro. Siguió en su primer gobierno, cuando prácticamente congeló la cooperación con sus aliados europeos, a los que acusó con bastante razón de ser unos vividores. Joe Biden trató pero no pudo reparar el daño y este segundo gobierno Naranja fue peor. Esta semana, los alemanes filtraron parte del memo que Washington le mandó a la Unión avisando que reduce la presencia militar en Europa. Es grave y a los MAGA le quedan dos años más para vaciar la alianza.
Lo que se sabe hasta ahora es que Estados Unidos va a retirar 50 de sus 150 cazas avanzados, F16 y F15E, más la mitad de los bombarderos y once de los 26 aviones de reconocimiento naval de largo alcance. Más técnico, pero paralizante, también se lleva los ocho aviones de reabastecimiento que permiten misiones en profundidad. Y adiós a uno de los submarinos misilísticos y a un portaaviones, con su grupo de buques de guerra de escolta y las decenas de aviones que lleva a bordo.
Los europeos empezaron ya hace unos años a gastar más en defensa, azuzados por la guerra en Ucrania. Es que para poner tanto y bancarse fantasmas políticos de los feos, como un rearme alemán, hace falta tener un enemigo claro. Ese es el rol tradicional de Rusia. En Moscú deben estar contentos, ya que la Alianza fue creada explícitamente para contener a la URSS y siempre fue vista como un chantaje militar.
Ucrania
La guerra de Ucrania acaba de durar un día más que la Primera Guerra Mundial, la que terminó a las once de la mañana del día once del mes once de 1918. E igualito que la de hace un siglo y pico, esta terminó transformando la manera de combatir y mostró el amanecer de nuevas tecnologías. A esta altura, queda en claro que hay que pensar en drones y nada más que drones.
Según analistas militares y oficiales ucranianos mandaparte, Kiev ya produjo millones de drones, baratos y chiquitos, y los está usando con originalidad. Lo primero que hicieron, para resolver el problema de la abrumadora superioridad rusa en material y tropas, fue saturar los cuarenta kilómetros de la retaguardia enemiga con drones. A medida que los rusos crearon contramedidas, como ponerle jaulas de alambre a los blindados y las trincheras, y aprender a interferir las señales de radio que guían los pajaritos, los ucranianos fueron improvisando cosas nuevas. Ahora están usando aparatos guiados por fibra óptica, lo que implica carretes de veinte kilómetros de largo y un operador que busca blancos con una laptop. Lo que lograron fue reproducir la guerra fija, de trincheras, de 1914, tan miserable y costosa en vidas.
La misma tecnología, buena y barata, les permitió atacar un puerto en San Petersburgo y devolver gentilezas rusas contra la infraestructura de energía enemiga. Lo que están haciendo ahora es extender los ataques de saturación en el frente hasta unos doscientos kilómetros de profundidad. Esto es, están destruyendo el largo tren de tropas y suministros que apoya al frente, atacando blancos fáciles como trenes, camiones y buses, que ni blindaje tienen. La idea es paralizar los suministros y la rotación de tropas.
Los drones de esta ofensiva son nietos de los de hace cuatro años. Son chiquitos, baratos, tienen baterías de larga duración y hasta sistemas automáticos de identificación de blancos con IA. Por ejemplo, uno puede obsesionar un dron con encontrar camiones y tirarse en modo kamikaze cuando vea uno. La fabricación de estas armas ya es masiva, y Ucrania puede lanzar hasta cinco mil unidades por mes en ataques masivos. Esto lo financia la Unión Europea, que ya puso 1630 millones de dólares este año para la industria. El crecimiento es geométrico: en 2014, la firma Bars entregó 112 drones de largo alcance al gobierno, que este año le encargó 25.000.
Vladimir Vladimirovich Putin, por supuesto, sabe todo esto y cambió la estrategia de fondo. Después de atacar con todo la infraestructura ucraniana, ordenó fuerte ataques a las ciudades. Lo que le está creando a Kiev es el fantasma de una crisis humanitaria insoportable si la guerra no termina. Y termina, según Putin, sólo en sus términos.