Ricardo Dubatti, historiador, docente e investigador de las representaciones teatrales sobre la Guerra de Malvinas, afirma que “un objeto completamente mundano como una sábana de hotel fue convertida en bandera” tras la victoria de Argentina sobre Inglaterra 2-1 en el Mundial. El emblema concebido por hinchas, y empuñado por jugadores de la Selección, “habla de un empoderamiento simbólico de un pueblo al construir su propia soberanía”, agregó en diálogo con Y ahora qué?
Tres veteranos de guerra argentinos y tres británicos, después de polemizar con ardor, terminan tocando juntos en una banda de rock and roll al final de la pieza de teatro ‘Campo minado’. Dubatti, doctor en Historia y Teoría de las Artes de la UBA, dramaturgo y músico, comenta que la citada obra, de la argentina Lola Arias, “es un caso fantástico” que compromete al espectador a “producir sentidos” y “llevarse las Malvinas a su casa”, según una de las conclusiones de quien, en los últimos 10 años, lleva compilados más de 220 textos sobre la guerra de 1982 y sus consecuencias socioculturales en el teatro, con apoyo del CONICET. Publicó la antología ‘Malvinas, la guerra en el teatro, el teatro de la guerra’, y artículos en España, Estados Unidos y Chile. Dubatti dice que el partido con los ingleses y la bandera demuestran que Malvinas “es una metáfora viva que nos atraviesa”.
–¿Cuál fue el enfoque para vincular al acto teatral en sí con la causa de Malvinas?
–Dubatti: Lo que me interesa es trabajar, desde el arte, cómo se ha imaginado y cómo se han producido apropiaciones simbólicas de la Guerra de Malvinas. Me interesa, específicamente, desde el teatro y desde el convivio como el encuentro de un actor y un espectador producido un espacio y en un tiempo determinados.
–¿Cómo se explica la vivencia de ese convivio?
–Dubatti: Es una situación que impone una respiración y un sentir, desde y a través del cuerpo. Se impone tanto en el actor como en el espectador. Esto propone algunas diferencias con otras disciplinas artísticas. Pero no significa que el teatro sea superior ni inferior a nada, sino que ofrece algo particular. Eso me interesa profundamente.
–¿De qué manera se ha conseguido traer la guerra a un escenario?
–Dubatti: En este sentido, hay elementos muy interesantes que podríamos sintetizar para referirnos a las perspectivas que se han tomado en el corpus de esta investigación. Esto, que se inicia en 1982 -año de la guerra- continúa hasta el presente y se parte de la idea de remitir a un suceso histórico. Se asume que se da como real. Y, a través de esa realidad, se busca imaginar. No se busca simplemente contar Malvinas.
–¿Qué surge, entonces, de tus estudios?
–Dubatti: Se busca construir sobre esos imaginarios de Malvinas. Esta es una diferencia muy interesante porque implica que se parte de un universo, pero -en realidad- el acontecimiento teatral trae sus propias formas de imaginar. Es muy difícil hacer una guerra en el escenario. Quizás al cine le podría interesar mucho más.
–De hecho, hubo películas de ficción de fuerte impacto como ‘Los chicos de la guerra’, de Bebe Kamin, o ‘Iluminados por el fuego’, de Tristán Bauer.
–Dubatti: Pero el teatro puede priorizar otros elementos que, quizás, enfatizan más lo físico en escena. En este sentido, aparece la idea de un corpus múltiple en esta enorme cantidad de poéticas y de formas de mirar la guerra de Malvinas en términos estéticos y en términos artísticos. Pero también en términos históricos, políticos y culturales.
–¿Qué efecto produce en la sociedad una obra teatral sobre el conflicto con las islas?
–Dubatti: Nos invita a pensar en algo que me gusta llamar ‘una guerra desbordada’. Me refiero a una guerra que no ocurre solo en el frente de batalla. Una guerra que no es, por lo tanto, exclusivamente política o militar, sino que es cultural ¿Por qué? Porque al teatro le interesa pensar lo que pasa en el frente de batalla, pero también cómo eso repercute en las familias, en los medios de comunicación, en los amigos y en todos los actores sociales que, al fin y al cabo, están involucrados de una u otra manera a través de la guerra. La paradoja de estar de acuerdo en que no hay una única manera de pensar Malvinas, lo cual me parece sumamente rico.
–¿Qué opinás de obras teatrales como ‘Campo minado’, de Lola Arias, que es un alegato antibélico que humaniza a seis veteranos de guerra reales, tres argentinos y tres británicos?
–Dubatti: El trabajo con lo diverso y con el espectador como creador se potenció en las últimas décadas. Muy especialmente a partir de un tipo de teatro que propone al espectador como co-creador de esa memoria, de ese contar, de ese imaginar Malvinas. Muchas obras, como ‘Campo minado’, están trabajando hoy en día con la idea de estimular al espectador, de proponerle que piensen Malvinas, pero que al mismo tiempo tengan que realizar un proceso adicional. Que se tengan que llevar Malvinas a su casa.
–¿Cómo es eso de llevarse Malvinas a casa?
–Dubatti: ‘Campo minado’, por ejemplo, es un caso fantástico porque nos da un montón de información. Nos da un montón de situaciones, de detalles de la guerra y, cuando termina la función, nosotros no estamos del todo seguros de qué hacer con todo esto.
–La obra termina con los seis veteranos casi hermanados por el rock.
–Dubatti: No hay una explicación de cómo ordenar todos esos datos, matices y pliegues de la guerra. Por el contrario, es el espectador el que tiene que intentar producir sentido con todos esos materiales. En esto, creo que hay un factor muy muy valioso.
–¿Recopilaste más de 220 creaciones de teatro sobre Malvinas?
–Dubatti: El corpus teatral con el cual yo estoy ahora mismo trabajando, y que me encuentro todavía ampliando y completando, tiene ya más de 220 textos. Son de diferentes partes de la Argentina, desde 1982 hasta el presente. El proyecto de mi tesis y de mi investigación siempre buscó tener una perspectiva lo más federal posible.
–¿Encontraste diferencias en la manera de entender la guerra?
–Dubatti: No es lo mismo verla desde diferentes lugares de la Argentina porque se establecen relaciones diferentes entre el público y lo que se cuenta. Y eso, para mí, es fundamental en la investigación porque muestra que hay un interés sostenido y muy claro. Pero marcado, a su vez, por una baja visibilidad.
–¿Le falta difusión al fenómeno teatral sobre Malvinas?
–Dubatti: Muchas veces me ocurre que me preguntan si hay obras sobre Malvinas. Más allá de ‘Campo minado’ o de ‘Islas de la memoria’, de Julio Cardoso, o de algunos casos que son los más conocidos, la verdad es que existe y es numerosísimo. Hay mucho teatro independiente. Y otro hecho con el apoyo de instituciones públicas. Hay muchas obras que se hacen en municipios y otras que se han podido realizar gracias al apoyo del Instituto Nacional del Teatro.
–¿Es un acto casi teatral o escénico que unos futbolistas de la Selección exhiban una bandera con la leyenda ‘Las Malvinas son argentinas’, en un estadio del Mundial, tras vencer 2-1 a Inglaterra?
–Dubatti: Me parece que es una de las claves de mi investigación, pero también de las posibilidades del teatro, que tiene que ver con la posibilidad de multiplicar Malvinas. Multiplicarla como algo que no ocurrió solamente en el pasado sino como un acontecimiento que sigue ocurriendo, que sigue repercutiendo en nosotros y sobre el cual debemos construir esas memorias. Debemos construir esas formas de imaginar, esas formas de apropiarnos de Malvinas. Esta es una de las cosas tan fascinantes que ocurrieron con el Mundial de Fútbol recientemente terminado y la famosa bandera que la hinchada le acerca a los jugadores.
–¿No hay algo de representación de un sentimiento popular, pero no alentado desde arriba, sino nacido desde lo más llano de la sociedad?
–Dubatti: Lo que pasó con el Mundial de fútbol y la bandera de Malvinas creo que habla con mucha nitidez del interés popular que genera la cuestión Malvinas y la necesidad que hay por parte de la población argentina de pensar un acontecimiento que está todavía vivo entre nosotros. Que todavía es una metáfora viva que nos atraviesa, que nos hace preguntarnos una enorme cantidad de interrogantes. Creo que en esto la bandera y el partido sirvieron como un disparador para movilizar esos sentimientos.
–De pronto, reapareció la causa Malvinas y dio la vuelta al mundo ¿No te parece singular que jugadores nacidos y criados en barrios humildes se unan a simples hinchas para producirlo?
–Dubatti: Me volvieron loco con preguntas acerca de qué pasó en la guerra y diferentes cuestiones históricas. Eso creo que habla también de la potencia que tiene Malvinas para filtrarse en lo cotidiano. Y dentro del marco de un Mundial atravesado por tecnologías de control, por prohibiciones, por esta fobia que tiene la FIFA hacia todo lo que entiende como político. Resulta increíble que esa bandera haya logrado meterse. Que haya logrado pasar a través de todo y a pesar de todo.
–¿Surgió también una relación entre lo teatral y el fútbol?
–Dubatti: El fútbol nos da algo muy fascinante que concuerda con el teatro, que tiene que ver con la idea de que en el fútbol y en el teatro somos un archipiélago de espectadores. Somos un montón de personas sueltas que nos convertimos en una masa. Que nos olvidamos por un rato quiénes somos. Para bien, y para mal, pasamos a convertirnos en una especie de ente colectivo. En una especie de voz hecha de voz, en un coro teatral. Creo que eso es muy interesante porque nos invita a pensar de otra manera. Nos invita a pensar que el que está parado a mi lado entiende Malvinas de otra manera, pero que Malvinas está en esa combinación de todas esas voces, en todas esas miradas.
–¿Compartís la idea de la teatralidad futbolera?
–Dubatti: Pensando en esto de la teatralidad y el Mundial, o el Mundial y el teatro, creo que hay una cosa muy, muy significativa y muy hermoso en el hecho de que una sábana cualquiera se convierta en un emblema y en un símbolo. Las banderas tienen una carga simbólica muy especial dentro de los imaginarios de la Argentina. Y, de golpe, que una sábana de un hotel, un objeto completamente mundano, se convierta en una bandera creo que habla de este potencial de empoderamiento simbólico y de la posibilidad que tiene el pueblo de construir su propia soberanía.
–Entonces, no era solo un partido más -como se dijo- contra Inglaterra.
–Dubatti: Podríamos decir que era solo un partido, o que era solo una sábana, que era solo teatro. Pero lo interesante es que, a través de Malvinas, a esta forma de construir soberanía a través de la gente, no es una soberanía horizontal. Ya no es solo una sábana, ya no es solo teatro, ya no es solo un partido, sino que todo se convirtió en Malvinas. Un entramado complejo, siempre libre de contradicciones, pero que por eso mismo está cada día más vivo.
–¿El teatro, el fútbol y Malvinas se viven de cuerpo presente?
–Dubatti: Por eso es tan valioso el teatro y todas las prácticas culturales, como en este caso pasó con el fútbol. Para multiplicar esos momentos en los cuales nosotros decimos: – “ok, hay mucha más gente y muchas más cosas todavía para contar y para aprender de Malvinas”. Esa perspectiva colectiva que establecen el teatro y el fútbol es también una de las cosas más estimulantes y más ricas para indagar.
–¿Qué aporta de diferente el cine respecto del teatro para abordar Malvinas?
–Dubatti: Me imagino que ahora alguien estará pensando: “bueno, el cine también puede hacer esta cosa colectiva”. Pero a mí me interesa, justamente, la cuestión del encuentro entre cuerpos. El cine ha tenido la posibilidad de contar y mostrar la guerra. Al teatro le cuesta un poco más hacer esa construcción realista del campo de batalla. Termina pensando más en las relaciones entre las personas. Lo interesante es que aparece una tensión que se replica hacia el interior de la poética, pero también entre espectador y actor. Uno está viendo en ese momento preciso al actor narrando Malvinas, dándole un cuerpo y una respiración.
–¿A qué se parece esa relación del espectador con el actor?
–Dubatti: Es algo parecido a la diferencia entre ver el compacto de un partido de fútbol, que es emocionante, que es ver los goles, con lo hermoso del fútbol cuando estás en la cancha donde la gente se enoja o se abraza con otro cuando hay un gol, y ese otro es un perfecto desconocido. Para mí, fútbol y teatro tienen ese potencial que está en el convivio. En el caso del teatro, es un convivio poético y en el fútbol no, pero están ambos fuertemente relacionados. Creo que ahí pasó algo muy especial con este Mundial.