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La religión que empieza a disputarle la política a la derecha

Una corriente de pastores y dirigentes cristianos progresistas empieza a ganar visibilidad dentro del Partido Demócrata de Estados Unidos. El caso más llamativo es el del reverendo metodista Adam Hamilton, candidato al Senado por Kansas. En Texas, Iowa y otros estados aparecen candidaturas religiosas que cuestionan la asociación entre cristianismo y derecha trumpista.

La señal fue analizada por Bill McKibben en un artículo publicado el 26 de agosto de 2026 en la sección The Lede de The New Yorker, dedicado a Adam Hamilton y a la disputa por recuperar la religión de manos de la derecha. McKibben plantea que, aunque la atención esté puesta en los socialistas democráticos, el renacimiento de un cristianismo demócrata puede terminar teniendo una influencia electoral y cultural más profunda.

Durante buena parte del siglo XX las iglesias protestantes históricas fueron centrales en la vida pública estadounidense. En los años sesenta muchas se acercaron al movimiento por los derechos civiles y a las protestas contra Vietnam. Después perdieron fieles mientras crecían las iglesias evangélicas conservadoras.

Por décadas, pastor y derecha conservadora terminaron funcionando casi como sinónimos. McKibben sostiene que eso empieza a cambiar. Religious News Service contabilizó este año al menos doce pastores, seminaristas o exmiembros del clero que compitieron por cargos federales dentro del Partido Demócrata. Siete superaron sus primarias.

El dato importa porque cerca de dos tercios de los adultos estadounidenses se identifican como cristianos. Lo que está en juego es qué significará políticamente el cristianismo en los próximos años.

Un pastor demócrata en Kansas

Hamilton tiene 62 años, lleva 36 como pastor y fundó Church of the Resurrection, la mayor congregación metodista unida del país, con unos 24 mil miembros. Ganó la primaria demócrata para el Senado y busca convertirse en el primer demócrata elegido senador por Kansas desde 1932.

No se presenta como un radical. Habla de los aranceles que afectan a los agricultores, del precio del gasoil y los fertilizantes y de la necesidad de “construir puentes”. Pero cuestiona la idea de que ser cristiano conduce necesariamente a votar republicano.

McKibben cuenta que una mujer vinculada al agro le preguntó cómo podía ser pastor cristiano y demócrata. Hamilton comparó las prioridades de ambos partidos y preguntó cuál se parecía más al Jesús de los Evangelios. Colocó en el centro la educación, la protección de los vulnerables y las redes de seguridad social.

También discute la lectura literal de la Biblia. Hamilton asegura haber pasado “veinte mil horas estudiando la Biblia” y sostiene que las Escrituras deben interpretarse dentro de su contexto histórico. Esa posición lo llevó a apoyar la inclusión de gays y lesbianas en su iglesia.

El fenómeno Talarico

Hamilton no está solo. McKibben destaca a James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, seminarista presbiteriano progresista, defensor de los derechos reproductivos y LGBTIQ, de la separación entre Iglesia y Estado y crítico del nacionalismo cristiano. Si ganara, sería el primer demócrata elegido senador por Texas en casi cuarenta años.

La resistencia religiosa a Trump ya tuvo otros episodios. Durante el oficio posterior a su segunda asunción, la obispa episcopal Mariann Budde le pidió públicamente “piedad” para inmigrantes, homosexuales y otros grupos vulnerables. Trump respondió atacándola. Más tarde, cientos de religiosos viajaron a Minneapolis para protestar contra la política migratoria federal y alrededor de un centenar fueron detenidos.

Una disputa por la Biblia

McKibben recupera al pastor liberal Harry Emerson Fosdick, figura central del protestantismo estadounidense de la primera mitad del siglo XX. Fosdick entendía que las Escrituras debían leerse dentro de una cultura en transformación. Esa tradición perdió terreno frente al literalismo bíblico que acompañó el crecimiento político de la derecha religiosa desde los años setenta.

La ruptura metodista de 2024 mostró la profundidad del conflicto. Más de 7.600 congregaciones abandonaron la Iglesia Metodista Unida y se incorporaron a una organización conservadora, sobre todo por la controversia en torno a la inclusión de cristianos homosexuales. Hamilton permaneció dentro de la iglesia histórica.

Cristianismo contra nacionalismo cristiano

La novedad no consiste solamente en que algunos pastores sean candidatos demócratas. Una parte del cristianismo estadounidense intenta recuperar conceptos que durante años quedaron asociados con la derecha: fe, Biblia, moral, compasión y comunidad.

La reacción ya comenzó. El senador republicano Roger Marshall, rival de Hamilton, lo calificó de “woke”. Talarico y otros pastores demócratas también fueron atacados por dirigentes republicanos. Al mismo tiempo, sectores del evangelismo trumpista siguen presentando a Trump como un defensor excepcional de la fe.

McKibben termina con un detalle revelador. Antes de ser candidato, Hamilton estaba preocupado por el aumento de la agresividad política. Su iglesia distribuyó carteles con mensajes como “Ama a tu vecino”, “Ámense unos a otros” y “Sé justo. Amable. Humilde.” En otro momento habrían parecido consignas inocuas. En los Estados Unidos de Trump adquirieron un significado político.

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