El presidente pierde en el Congreso y en los tribunales, es repudiado por los artistas, se enoja en público y prepara cosas raras para las elecciones.
Donald Trump está de mal humor, muy mal humor. Su umbral de ira, ya se sabe, es bajo porque está acostumbrado a lidiar con empleados, gente cuya obediencia se descuenta. En este, su segundo gobierno, se aseguró de formar un gabinete que más parece un directorio dócil, y de descabezar las agencias de gobierno que tanto lo fastidiaron en su primera presidencia. Pero hay un factor que no puede controlar, gente a la que no le puede dar órdenes: los votantes. El primer domingo de noviembre son las legislativas del segundo año y la cosa le pinta mal.
La desobediencia se extiende, gracias al malhumor social por la guerra en Irán, a la propia tropa. El Presidente Naranja -en México le dicen el Nariz Naranja- quebró al partido republicano poniéndole candidatos propios a los desobedientes en las internas, y ganando casi todas. Pero no tuvo en cuenta que esos legisladores siguen en sus bancas hasta fin de año y ya no tienen nada que perder. Es por eso que el miércoles 3 de junio cuatro diputados de la derecha se unieron a los demócratas para insultarlo personalmente con una ley que le ordena retirar las fuerzas armadas de la región de Ormuz o pedir autorización para continuar la guerra.
El resto de los republicanos no pudo hacer nada para frenar la votación, que habían demorado por dos semanas. Los demócratas invocaron el Acta de Poderes de Guerra, largamente vencida en los cuatro meses de combate, y hubo que tragarse el sapo. De nada sirvieron los esfuerzos para convencer a los díscolos de por lo menos no ir al recinto ese día: ¿qué les iban a prometer? ¿un diploma? Trump tiene claras tendencias autocráticas y no oculta su desprecio por el Legislativo, que ahora le está empezando a trabar la gestión.
Por ejemplo, los senadores republicanos aportaron a que el Ejecutivo se quedara sin fondos para construir el exagerado salón de fiestas en el Ala Sur de la Casa Blanca, esa cosa dorada y grotesca que Trump mostró orgulloso en dibujos. Ahora, como amenazó, lo va a construir con fondos privados, otra oportunidad para que empresas y multimillonarios queden bien con él. Otro caso fue el del estupendo caso de corrupción del proyecto que presentó el ministerio de Justicia creando un fondo de 1800 millones de dólares para compensar a “perseguidos” del gobierno de Joe Biden, empezando por la familia Trump. La idea murió porque incluía potencialmente a indultados que habían participado en el asalto al Capitolio en enero de 2024, en el que falleció un policía y en el que los mismos legisladores que debían votar el bodrio habían tenido que rajar como podían. Esta vez ni voto hubo porque la cosa se habló en privado.
Por eso, este martes Todd Blanche, el fiscal general de la Nación, anunció tersamente que Justicia retiraba el proyecto, excepto por la última hoja… que es la que blinda a Trump y a su familia de toda revisión de sus impuestos hacia atrás. El actual presidente pasó su vida y carrera como especulador inmobiliario, y siempre fue contablemente “creativo”. Más allá de la política, se calcula que debería pagar unos cien millones de dólares en impuestos mal dibujados. De ahí la hojita al final de proyecto de ley, una inmunidad nunca vista en la historia legislativa del país.
Esta pequeña corruptela dificulta todavía más la ya amarga vida de los candidatos republicanos, que van a tener que defender de alguna manera una ley para ponerle plata en el bolsillo a una familia de ricos. Y ni siquiera asegura que no vuelva el bodrio grande, el de los 1800 millones de dólares: pese a las promesas, Trump mismo dijo el miércoles que “amo la idea” y que podría volver a presentarla.
Inteligencia
El próximo ripio legislativo va a ser el nombramiento del nuevo director nacional de Inteligencia. El candidato de Trump es Bill Pulte, perfectamente inocente de todo conocimiento en el área, pero muy leal al Jefazo. Pulte fue titular de la Agencia Federal de Hipotecas, un puesto muy menor en la primera gestión Trump, pero aprovechó para publicar la información personal de opositores al presidente. Un acto muy ilegal, por el que no fue ni citado a declarar. Como es un impresentable y ni los republicanos quieren aprobarlo en el cargo, la idea ahora es nombrarlo como “director provisional”. Esto te da unos meses sin necesidad de consultar al Senado.
Por decreto
Por supuesto, un presidente puede hacer mucho, y mucho daño, sin que el Legislativo pueda frenarlo. En nuestros sistemas republicanos, el Congreso aprueba fondos y los asigna, pero es el Ejecutivo el que ejecuta los gastos. Hace una semana, sin hacer aspavientos ni anuncios, la Casa Blanca publicó una guía de cuatrocientas páginas de largo explicándole a sus funcionarios cómo controlar miles de millones en fondos públicos de salud, vivienda, ciencia y transporte. La idea, explícitamente, es asfixiar causas que no le gusten a los MAGA, fomentar a su gente y disciplinar instituciones.
Como hace rato que estas cosas son rechazadas en el Congreso y en la Justicia, el disfraz es “custodiar los fondos aportados por los contribuyentes” y evitar “desperdicio y corrupción”. Pero la guía explica que todos los fondos federales deben ser aprobados por funcionarios nombrados por el presidente y que los dineros tienen que “servir las prioridades políticas presidenciales de manera demonstrable”. Esto significa que varias agencias federales tienen que pasar por la Casa Blanca antes de escribir los cheques, y que gobiernos locales, ONGs, universidades y otras entidades no gubernamentales tienen que seguir condicionamientos de derecha. Por ejemplo, no habrá ni un pesito para proyectos que “niegan la realidad biológica de los sexos y que los géneros son binarios”, ni para apoyar a inmigrantes o registrar votantes. Por si algo queda afuera, se advierte que no se aprobarán proyectos que “promuevan valores antiamericanos”, lo que quiere decir cualquier cosa que no caiga bien en la Casa Blanca.
Esto es un paso más en la famosa “guerra cultural” de los MAGA contra casi todo el resto del país. No les está yendo bien en ese combate, que en varios casos tontearon feo. Por ejemplo, en la explosión de ego de nombrar el Centro Kennedy de Washington como Trump/Kennedy, una tontera monárquica del Presidente Naranja. Un juez acaba de ordenar que retiren el nombre presidencial con el muy simple argumento de que ese centro de artes fue creado en 1964 con ese nombre por el Congreso, lo que no puede ser cambiado por decreto. El Centro cultural fue una idea del asesinado John Fitzgerald Kennedy para que la capital tuviera una ópera y teatro de buen nivel, y la ley creó la institución dos meses después de su asesinato “como el único memorial a su nombre en la ciudad”.
Trump se enojó tanto, que le ordenó al ministerio de Comercio, que por alguna razón administra el lugar, que se lo traspase al Congreso. Y que se arreglen.
Otro sapo cultural fue el mega recital planeado para el 4 de julio, el 250 aniversario de la independencia. La idea ya era pobretona, un concierto pop, pero la mayoría de las bandas y solistas cancelaron cuando quedó en claro que Trump iba a hablar en el evento. El presidente ordenó cancelarlo, dijo que los músicos contratados eran “aburridos” y “sobrevaluados”, y que era mejor hacer un acto MAGA con él como estrella. “Al final, tengo más público yo que Elvis Presley”, escribió en Truth Social.
Fraude
Por detrás de estas idas y venidas hay una creciente conciencia de que el trumpismo se pasó de varias roscas y está perdiendo popularidad y poder. El Donald cansa, de tan hiperactivo, el costo de vida no baja y la guerra sigue, una mala combinación. Con lo que los republicanos están preparándose para embarrar la cancha electoral. Ya empezaron redibujando los distritos electorales en los estados que gobiernan, para favorecer a los suyos, lo que no les salió muy bien porque, por una vez en la vida, los demócratas hicieron lo mismo y les empataron.
Para ir preparando el ambiente, se reflota la acusación de que hay inmigrantes sin papeles que votaron y votan, azuzados por los demócratas para hacerle trampa a los conservadores. Esta semana trascendió que el 13 de mayo un tal Aakash Singh, capo en el ministerio de Justicia, armó una reunión con docenas de fiscales regionales para hablar del tema. Singh, básicamente, les sacó la madre porque hay noventa investigaciones de este tipo de fraude que no avanzan. “Sean creativos”, ordenó el funcionario, “es importante”, “trabajen rápido”. Si es cierto que existen noventa causas, nuevamente queda en claro que el problema es casi inexistente, ya que en 2024 votaron decenas y decenas de millones de personas. El número de acusados es todavía más pequeñito, pero el tema está instalado en el votante MAGA, que lo acepta como artículo de fe.
Mientras, en Líbano
La guerra con Irán sigue en ese extraño coma de negociaciones que no llegan a nada, con Teherán bombardeando Kuwait y los americanos escoltando buques en Ormuz. El último episodio es que los ayatolas se niegan a hacer una paz que no incluya las operaciones de Israel en el Líbano. Este miércoles, Beirut y Jerusalén firmaron un armisticio, pero el jueves Benjamín Netanyahu ordenó feroces bombardeos en el sur y en barrios de la misma capital libanesa, apuntados a Hezbolá. Es un desastre, porque estas operaciones ya costaron 3300 vidas y un millón de evacuados.
El líder de Hezbolá, Naim Qassem, rechazó de plano el armisticio, que implica una rendición incondicional de su organización. Los extremistas están contraatacando con cierto éxito, usando drones guiados con fibra óptica que tienen veinte kilómetros de alcance y ya mataron a diez soldados. Fue un shock para los israelíes, acostumbrados a una casi perfecta impunidad militar en sus operaciones, y una fuente de quejas internas.
Resulta que Israel ya sabía que su enemigo tenía este tipo de dron, pero no cambió sus sistemas de defensa. Los israelíes usan fuertes interferencias de radio para desorientar los drones enemigos, pero los guiados con fibra óptica -literalmente un larguísimo cable- son inmunes. Los ucranianos aprendieron hace rato a defenderse de estos bichos, usando alambradas por encima de blindados y posiciones fijas. Los israelíes no hicieron nada.
Y la que se viene con esa tecnología es todavía peor. Kiev está produciendo drones que usan tarjetas SIM, las de los teléfonos celulares, y usan la red civil de comunicaciones para guiarse. Así atacan blancos rusos a cientos de kilómetros de distancia, como el reciente bombardeo en la base naval de Kronstadt, en San Petersburgo. La única manera de frenarlos es apagar la red de celulares…