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Fin de fiesta para Trump, Milei y Orbán, o la derecha en su mala hora

Hace mucho que Donald Trump descubrió el nada discreto arte de hacerse odiar como resultado de lo que los psicólogos conocen como narcisismo maligno. Pero compararse con Jesús y enfrentarse con el Papa, ya supera todo lo visto.

No importa si pocas horas después borrara la figura mesiánica con su mano sobre la cabeza de un hombre postrado sobre su lecho del dolor. No importa si sus seguidores griten a voz en cuello que lo de “invadir el Vaticano” era un chiste (muy malo por otra parte).

Lo cierto es que se ha tirado encima a la más poderoso: la Iglesia del mundo entero y a sus millones de seguidores. En lo que no ha retrocedido es en sus ataques al patriarca de Roma: “Si yo no estuviera en la Casa Blanca el no estaría en el Vaticano”. y lo ha llamado “débil”.

Su ministro de guerra, Pete Hegseth, ha ido más allá falsificando un versículo de la Biblia para justificar la contienda. Para colmo la frase ha sido tomada de la película policial Pulp Ficción de Tarantino, y todo esto ha llevado al mundo católico a hablar de blasfemia.

Con tranquilidad y contundencia el Papa ha respondido: “el mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos”, a los que además ha llamado “malvados”.

Incluso el vicepresidente Vance se ha sonrojado, él es un ultracatólico. Y todo esto pesa, y mucho, a la hora de los votos, porque la comunidad católica, en su mayoría hispana en Norteamérica, en estados como Pensilvania y Arizona es determinante a la hora de romper la que fue una frágil mayoría republicana en las elecciones del 2024. Y ojo que un reciente informe publicado en Fox News señala que en solo el último año, la arquidiósesis de Los Ángeles ha crecido en un 139%, la de Chicago en un 52%, la de Nueva York en un 36 % y la de Phoenix un 23%.

Durante la última Pascua, en Estados Unidos, hubo 220 mil bautismos católicos. Y León XIV, el único Papa nacido en Estados Unidos, no se ha quedado corto a la hora de criticar no solo la guerra sino la soberbia y la ambición.

“Dios no bendice ningún conflicto. Quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca se pone del lado de quienes ayer empuñaban la espada y hoy lanzan bombas” dijo el sumo pontífice.

Claro que Trump continúa con un fuerte grupo de incondicionales, pero hasta éste ha comenzado a hacer agua porque una cosa es bombardear a los demás y otra, mucho peor, meterse con la religión.

Si a todo esto le sumamos que Irán ya ganó la guerra por el sólo hecho de:

  1. Resistir 40 días sin doblegarse y tener fuego todavía guardado para seguir peleando.
  2. Se ha hecho del estrecho de Ormuz y ha mostrado que éste es un factor desequilibrante de la economía mundial.
  3. A pesar de los daños que se le ha causado a su infraestructura la verdad es que la nación islámica emerge como la cuarta potencia mundial.
  4. La subida del precio de la gasolina y la inflación han abierto un hueco en los electores al punto que es difícil pensar que los republicanos puedan ganar las elecciones de medio término.

La batalla por la opinión pública está siendo perdida por Israel y su aliado. El documental de la BBC que muestra que francotiradores del ejército israelí han matado 168 niños con disparos al pecho o a la cabeza, es una prueba por demás contundente; ahí se realiza un genocidio.

Y León XIV y su iglesia no pueden permanecer ausente. Ya no son tiempos para eso.

Es la economía estúpido

No le va mejor a Javier Milei quien tiene dos poderosos frentes en contra: la inflación (3,4% el último mes) y los diarios descubrimientos de que su gente metía la mano en la lata.

En algunos casos, con descaro patológico como es el caso de Manuel Adorni.

Y el ciudadano sabe que si la inflación subió, entre otras cosas por la subida de la carne, es culpa del modelo que permitió desabastecer el mercado interno en beneficio de los exportadores.

Y bancar a Adorni tiene un precio político muy grande. La mayoría lo cree culpable.

Beneficia a Milei que a diferencia de Trump, no tiene al frente un enemigo cohesionado, pero sorpresas te da la vida, y ahí todo puede pasar.

Víktor Orbán, sin pena ni gloria

La victoria de los moderados en Hungría por paliza es otra muestra de la mala hora de la derecha mundial.

Se va el aliado de Trump y de Milei, y vuelven los globalistas Y también son malas noticias para Vladimir Putin pues Orbán frenó muchas medidas de la Unión Europea contra Moscú.

Y hablando de aliados la pelea Trump – León XIV también se ha cargado las buenas relaciones con Giorgia Meloni, la ultraderechista gobernante de Italia quien ha salido en defensa del Sumo Pontífice.

En resumen: la ultraderecha está presa de la economía, empeorada por la guerra de la cual Trump y Netanyahu son culpables, y eso acrecienta la molestia entre los electores y, también de la locura de Trump y de Milei. Antes ésta caía, para muchos, hasta de simpática, pero hoy ya es causa de repudio.

Como diría la Negra Sosa: “cambia, todo cambia”, y esta vez no para mal.

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