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Xi y Trump, ¿cumbre peligrosa para terceros?

La cumbre entre Trump y Xi Jinping en Beijing puede quedar, según algunos especialistas, como la más importante desde que Richard Nixon se reunió con Mao Zedong en Beijing, en 1972. Desde aquellos tiempos ocurrieron grandes cambios estructurales. Un desorden en expansión podría desestabilizar el mundo y perjudicar a ambos países, a menos que encuentren la manera de competir y colaborar simultáneamente frente a una lista creciente de desafíos. Y según el grado de acuerdo se verá cuál es el margen de maniobra que les queda a las demás naciones.

El devenir tecnológico lo ha modificado todo. Antes podían coexistir modelos ideológicos o polos geopolíticos diferentes en forma relativamente aislada. Se desconectaban unos de otros y solo coordinaban algunos pocos factores para evitar choques trágicos. Ahora eso ya no es posible. El mundo se ha fusionado por la comunicación instantánea, la interacción de internet, los teléfonos inteligentes, la fibra óptica, los satélites y las comunicaciones inalámbricas. Mientras tanto, siguen vigentes antiguos problemas comunes: el cambio climático, la proliferación de armas nucleares y biológicas, las migraciones globales, las pandemias y las cadenas de suministro recíprocas.

Cooperación y competencia

Estados Unidos mantiene su gran poder, pero no puede imponer reglas de juego ni a Irán y, menos aún, a China. Tampoco puede aislarse. Puede dañar al otro, pero las armas que utiliza pueden volverse en su contra. Tiene herramientas muy poderosas: aranceles, amenazas, sanciones diversas, controles tecnológicos, presión sobre bancos, restricciones financieras, advertencias sobre chips, software y semiconductores. Pero esas herramientas tienen un defecto estructural: pueden dañar también a quien las usa.

Estados Unidos descubrió que depende de ciertos insumos chinos. Beijing, a su vez, sabe que sigue necesitando tecnología estadounidense. Ambos están en una situación de mutua dependencia y saben que esa reciprocidad puede convertirse en arma. Déficit comercial, Irán y tierras raras, entre otros temas, son parte inseparable de la agenda común.

Aranceles

Intentando mejorar su déficit comercial, Trump impuso altos aranceles a los productos chinos, pero luego tuvo que retirarlos. La contrapropuesta china ha sido aplicar controles de exportación sobre insumos críticos o instalar aranceles recíprocos, lo cual provoca inflación, algo que en tiempos electorales no suele ser un buen consejo. Nada nuevo, hasta ahora, en temas muy trillados.

Sanciones

El Departamento de Estado de Estados Unidos impuso sanciones a varias empresas con sede en China por proporcionar imágenes satelitales sensibles a Irán, y también a refinerías chinas acusadas de comprar petróleo iraní y a empresas que lo transportan. Las sanciones se extienden a cualquiera que haga negocios con ellas.

Beijing calificó esas sanciones como “presión unilateral ilegal” y promulgó una ley de bloqueo: las “Reglas para contrarrestar la aplicación extraterritorial injustificada de legislación extranjera y otras medidas” (2021). Esa normativa obliga al Ministerio de Comercio chino a “emitir órdenes de prohibición cuando una ley extranjera, aplicada extraterritorialmente, restringe de manera injustificada las actividades comerciales normales de ciudadanos o empresas chinas”.

Esto significa que, si una empresa cumple con las sanciones norteamericanas y con eso perjudica a una empresa china, esta puede iniciar acciones ante un tribunal chino y reclamar compensación. Así, cualquier sanción de Estados Unidos puede transformarse en una compleja trama de riesgos extendida a toda la cadena comercial.

Ahí está el núcleo de la nueva estrategia china. Si una empresa extranjera cumple con las sanciones impuestas por Estados Unidos, puede exponerse a demandas o sanciones en China. Si no cumple con las sanciones de Estados Unidos, puede quedar bajo el castigo norteamericano. La empresa se convierte en rehén de dos soberanías enfrentadas, con lo cual la cadena comercial puede colapsar.

La contramedida china traslada el costo o el riesgo de una medida norteamericana a terceros no directamente involucrados. Imaginemos los problemas que esto puede generar en la cadena de pagos, las navieras, los bancos, las aseguradoras, los distribuidores, los importadores y los socios financieros.

Irán ha tomado debida nota de esa forma de razonar, al usar una ventaja geográfica —Ormuz— o su cercanía a los Estados del Golfo para trasladar el costo de las imposiciones de Estados Unidos hacia terceros, con graves problemas para Europa y Asia.

Sistema financiero

Estados Unidos podría accionar sobre los bancos chinos relacionados con los pagos del petróleo iraní. Es poco probable que lo haga, porque las represalias chinas podrían ser muy perjudiciales para Estados Unidos. China puede imponer restricciones regulatorias contra empresas norteamericanas, realizar controles de exportación o investigaciones administrativas, presionar sobre activos en territorio chino, o bien tomar nuevas medidas sobre cadenas de suministro.

Insumos vs. tecnologías

Los chinos controlan la masa de insumos críticos que necesitan las modernas tecnologías usadas por los norteamericanos. Y, viceversa, los chinos necesitan las últimas innovaciones de esas tecnologías. Las tierras raras y los imanes permanentes son insumos críticos en tecnologías avanzadas utilizadas en equipos para la defensa, autos eléctricos, turbinas, electrónica avanzada, semiconductores, robótica y sistemas aeroespaciales. Y no son los únicos. Recordemos que también Rusia provee material nuclear para las usinas nucleares de Estados Unidos.

Un problema adicional es que, cada vez que a China le cortan un acceso tecnológico, comienza a invertir fuertemente para revertir la situación, en procura de lograr su autonomía tecnológica. China es creativa para enfocarse en solucionar los problemas que se le presentan. Su volumen económico y la centralidad de sus decisiones estratégicas le permiten reducir bastante los tiempos para lograrlo.

Liderazgo tecnológico

China comienza a liderar varios sectores de vanguardia, superando a Estados Unidos: robotización industrial, trenes de alta velocidad, energía solar e industria automotriz. China produce casi 13 millones de vehículos eléctricos por año, mientras que Estados Unidos fabrica alrededor de 1,7 millones y toda Europa supera apenas los 4 millones.

China instaló en 2024 más capacidad solar que el resto del mundo y domina las cadenas de suministro de baterías y vehículos eléctricos. Además, está progresando aceleradamente en la fabricación propia de chips de vanguardia. Una estrategia coherente y una inversión sostenida fueron fortaleciendo la posición tecnológica de China. Sin embargo, aún tiene deficiencias en litografía avanzada —la maquinaria necesaria para producir semiconductores de última generación— y en otros sectores.

Industria bélica

El Ejército Popular de Liberación (EPL) es el más grande del mundo, con 2 millones de efectivos activos, mientras India tiene 1,5 millones y Estados Unidos 1,3 millones. Estados Unidos controla el 50 por ciento del mercado mundial de venta de armas, frente al 18 por ciento de China. La mayor innovación en sistemas de armas sigue estando en Estados Unidos.

Pero China no se queda atrás, especialmente en drones y misiles, de buena calidad y variedad. China se ha especializado en sistemas no tripulados y autónomos, que el EPL considera fundamentales para el futuro de la guerra. Mientras Estados Unidos proyecta poder a nivel global, China se enfoca principalmente en el Indo-Pacífico.

La ventaja norteamericana es que sus sistemas están siendo probados continuamente en combate real. China, por su parte, parece haber obtenido cierta superioridad en algunas categorías, como misiles aire-aire, misiles tierra-aire, capacidades antisatélite y guerra electrónica. También se destaca en la producción industrial masiva de todo tipo de municiones avanzadas, cuantitativamente muy superior a la norteamericana. Un solo astillero chino produce lo mismo que la suma de todos los astilleros norteamericanos y podría botar anualmente la misma cantidad de barcos que tiene toda la Marina francesa.

Taiwán

Si empezara una guerra por Taiwán, uno de los principales productores globales de semiconductores, todo el mundo se complicaría, incluso China y toda Asia, pero principalmente Estados Unidos. Taiwán produce más del 90 por ciento de los semiconductores más avanzados. No se trata solo del impacto militar o económico directo, sino de toda la tecnología que controla la navegación marítima y la aeronavegación mundial.

Sería un Ormuz multiplicado por mil. Por ahora, independientemente de las amenazas recíprocas o de los ejercicios militares de cercanía, nada grave debería ocurrir.

Objetivos

La meta de los Estados Unidos es asegurar y aumentar los compromisos de compra de China y mantener el flujo de tierras raras. Seguramente buscó también la ayuda china para terminar la guerra con Irán. China insistió e insistirá en negociar prioritariamente el acceso a los chips de vanguardia. La frondosa lista de problemas comunes queda en stand-by.

Se trata de ir regulando y administrando la competencia. El fondo es que poco puede resolverse en el corto plazo. Pero tienen una coincidencia, porque la “destrucción mutua asegurada” ya no es solo de índole nuclear: ahora también es tecnológica.

Nuevas herramientas asimétricas de inteligencia artificial son capaces de otorgar un poder desmesurado a actores maliciosos —terroristas, anarquistas, criminales, grupos políticos o Estados—, que podrían atacar la infraestructura crítica de cualquier sociedad e inmovilizarla mediante operaciones cibernéticas, instalando programas maliciosos y robando información. Podrían, fácilmente, unos y otros, inutilizar redes eléctricas, bancarias, de seguridad nuclear, operaciones económicas o transacciones financieras.

Muchas empresas de inteligencia artificial sostienen que sus modelos más recientes son tan potentes que pueden detectar y explotar vulnerabilidades en programas informáticos. Tanto Estados Unidos como China están más que interesados en que esos desarrollos no se descontrolen, para evitar un mundo aún más incierto. Sin un serio control estatal, el mundo podría volverse todavía más caótico. Para evitarlo se necesita coordinación y cooperación entre casi todos los Estados, que no han muerto, sino que ahora serán más necesarios que nunca.

Si después de esta cumbre Estados Unidos y China se ponen demasiado de acuerdo, tal como sugirió el presidente Xi, y resuelven la “trampa de Tucídides”, entonces el resto de los países —y particularmente los que tienen poco poder nacional— entrarán en profundos problemas para lograr mayor autonomía estratégica. Un acuerdo de ese tipo significaría un reparto no solo de influencias, sino también de cotos de caza para ambos.

El término conocido como “trampa de Tucídides” fue popularizado por el politólogo estadounidense Graham Allison, basándose en la obra Historia de la guerra del Peloponeso, del historiador ateniense del siglo V a. C. Tucídides escribió que el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta hicieron inevitable la guerra entre ambas.


(*) Consultor de riesgo geopolítico.

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