Disculpas a Su Excelencia Javier Milei, pero estaba en lo cierto Juan Perón: la única verdad es la realidad. El Presidente provoca a presidentes como Lula y luego siempre su canciller dice que no hay nada institucional, y que de todos modos el comercio lo hacen los privados. Un disparate mundial. Las empresas producen, invierten y comercian, pero no firman tratados ni garantizan la seguridad nuclear. Menos todavía se ocupan de subsidiar o quitar subsidios, y de negociar aranceles. Los Estados, en Sudamérica y en el planeta, existen. Y actúan.
Cuando un presidente insulta a otro en medio de la campaña electoral del país vecino, como hizo Javier Milei con Luiz Inácio Lula da Silva, crea ruido. Es muy posible que, como hizo China con Milei al renovar el swap, Brasil aplique la paciencia estratégica: seguir pensando en el largo plazo, con énfasis en los intereses propios y comunes, más allá de la irritación que produce un injerencismo digno de Donald Trump. Pero el ruido nunca es inocuo. Convierte en camino ripioso lo que antes era una ruta lisita y sin baches.
En los últimos diez años, la Argentina y Brasil intercambiaron bienes por más de 255.000 millones de dólares. Hay automóviles con piezas fabricadas de los dos lados de la frontera, empresas brasileñas instaladas en la Argentina, compañías argentinas que hicieron de Brasil su principal mercado, electricidad que puede circular en ambas direcciones, puentes, bancos, gasoductos proyectados, vuelos, turistas y familias binacionales.
¿Alguien puede pensar sensatamente que esa trama puede sostenerse sin intervención del Estado?
¿Es razonable imaginar que el ruido no se transmite de arriba hacia abajo en el funcionariado que debe encargarse de ejecutar las políticas públicas resueltas en el punto más alto de la pirámide?
Sería un error mirar esa densa trama construida por argentinos y brasileños y concluir que los negocios privados alcanzan para sostenerla. Las empresas producen, invierten y comercian. No construyen por sí solas un mercado regional, no firman tratados como el de Mercosur, no establecen reglas de origen, no coordinan aduanas, no reconocen títulos de residencia, no garantizan la seguridad nuclear ni deciden cómo debe atravesar una frontera el gas de Vaca Muerta. La relación entre la Argentina y Brasil necesita empresarios. Y necesita Estado. Inteligente, eficaz, con espacio para el ímpetu de los privados, veloz y nada burocrático. Pero Estado al fin.
El análisis que sigue se base en 25 claves para comprender ese entramado que Su Excelencia está dañando desde que asumió.
1. La relación no nació porque dos empresarios se encontraron en un café de Avenida Ipiranga y San Juan o de Corrientes y Callao.
La integración entre la Argentina y Brasil fue una decisión política. Los dos presidentes elegidos tras sendas dictaduras, Raúl Alfonsín y José Sarney resolvieron que dos países que habían organizado durante décadas sus Fuerzas Armadas, sus hipótesis de conflicto y parte de su diplomacia alrededor de la desconfianza mutua debían comenzar a cooperar. En noviembre de 1985 firmaron el acuerdo de Foz de Iguazú, que estableció las bases de la integración productiva y la confianza mutua en asuntos nucleares. Es decir, no a la carrera por la bomba atómica.
El Tratado de Integración de 1988, paso siguiente dado por los dos presidentes, estableció criterios de gradualismo, flexibilidad, equilibrio y eliminación progresiva de obstáculos. No se limitó a estimular exportaciones. Buscó construir un espacio económico común y coordinar políticas macroeconómicas y sectoriales.
Después llegaron el Mercosur, los protocolos industriales, las reglas automotrices, los mecanismos de pagos y las instituciones binacionales.
Las empresas aprovecharon el terreno. Pero el terreno lo prepararon los Estados a través de sus gobiernos.
2. El Mercosur tiene una columna vertebral
La Argentina y Brasil no son dos socios más dentro del Mercosur. Son los países sin cuyo acuerdo el bloque difícilmente pueda moverse.
Las decisiones se adoptan por consenso y cada Estado tiene un voto. No hay acuerdo externo, modificación arancelaria, régimen automotor o cambio importante en las reglas de origen que pueda prosperar si Buenos Aires y Brasilia no encuentran una posición común.
Los gobiernos pueden pertenecer a familias ideológicas distintas. Ocurrió muchas veces en estas cuatro décadas. Lo que no pueden hacer sin consecuencias es abandonar la administración de una relación que exige decisiones permanentes.
El Mercosur puede sobrevivir durante un tiempo a una mala relación presidencial. No puede desarrollarse sin política.
La situación actual es todavía más acuciante que cuando coexistieron en el tiempo los gobiernos de Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. Al lado de Su Excelencia, el ortodoxo ministro de Hacienda de Bolsonaro, Paulo Guedes, es un populista wok socialista comunista zurdo empobrecedor.
3. La integración tiene una parte que se ve y otra que no
La parte visible de la integración es la que está formada por las exportaciones, las importaciones, los camiones y las fábricas.
La invisible tiene su base en la homologación de productos, los certificados sanitarios, las frecuencias aéreas, las cartas de crédito, los permisos migratorios, las garantías, los depósitos logísticos, las normas técnicas, los seguros y los sistemas aduaneros.
Un automóvil puede cruzar la frontera sin pagar un arancel porque antes hubo funcionarios que negociaron un protocolo. Una empresa puede utilizar una pieza brasileña, o viceversa, y ése es el caso de la industria automotriz, porque alguien estableció una regla de origen. Un turista puede residir y trabajar en el otro país porque los Estados firmaron un acuerdo.
La integración invisible suele parecer burocracia. Se descubre que era infraestructura cuando deja de funcionar.
4. Los técnicos también hacen política exterior
No toda la relación pasa por los presidentes o los cancilleres.
Funcionarios aduaneros, autoridades sanitarias, autoridades del área de energía, directores de uno y otro banco central, órganos de Migraciones y equipos de equivalencia de normas resuelven todos los días problemas que rara vez llegan a la web o a los medios.
Cuando se debilita el diálogo político, los organismos técnicos no dejan necesariamente de trabajar. Pero pierden cobertura, velocidad y capacidad para encontrar soluciones. Y a veces el miedo los puede llevar a la sobreactuación. De ahí a la inmovilidad hay un solo paso.
5. El peligro no es siempre una ruptura
Es improbable que una crisis política cierre de un día para otro todas las fábricas o detenga el comercio.
El riesgo más serio es menos espectacular. Una erosión gradual. Menos reuniones. Permisos que demoran meses y meses. Negociaciones que no terminan de cerrarse. Inversiones que se postergan. Proyectos que pierden prioridad. O una terminal que decide fabricar su próximo modelo en otro país. Adivinen cuál de los dos mercados elegiría esa fábrica, ya que están. ¿Uno de 47 millones u otro de 210?
6. Un intercambio sólido
Entre 2016 y 2025, la Argentina y Brasil intercambiaron bienes por 255.448 millones de dólares.
La Argentina exportó por 110.656 millones e importó desde Brasil por 144.792 millones. El déficit acumulado argentino fue de 34.136 millones.
El cálculo no incluye servicios, turismo, seguros, transporte, operaciones financieras, remesas ni comercio digital.
Solo en 2025, el intercambio alcanzó un récord de 31.195 millones de dólares. La Argentina exportó 12.771 millones e importó 18.424 millones.
Por eso el ruido es peligroso.
7. El déficit existe, pero no explica todo
La Argentina tuvo déficit bilateral en nueve de los diez años analizados. El único superávit apareció en 2019 y fue de apenas 227 millones de dólares.
El mayor rojo se produjo en 2017, cuando el país compró productos brasileños por casi 18.000 millones y exportó por poco más de 9.300 millones. El déficit llegó a 8.672 millones.
No todo déficit indica un perjuicio. Una parte de las importaciones brasileñas consiste en máquinas, insumos, autopartes y productos químicos necesarios para producir en la Argentina.
Pero la persistencia del desequilibrio muestra que la relación no debe quedar librada a la inercia. Necesita administración bilateral, promoción exportadora y políticas sectoriales.
O sea, gobierno. Los mismos privados, aun los más ultraliberales, no dudan en acudir a las embajadas y los consulados. Lo que hizo Su Excelencia, por eso, fue una mezcla peligrosa. No sólo fue a insultar a Lula en compañía de Flavio Bolsonaro. Llevó en su comitiva a Quirno y al cónsul general en San Pablo, Luis Kreckler, un ubicuo diplomático de carrera que fue el introductor del empresario Jorge Mas Canosa en la Argentina.
8. Brasil no es cualquier comprador
En 2025, Brasil recibió el 14,7 por ciento de todas las exportaciones argentinas y originó el 24,3 por ciento de las importaciones.
En junio de 2026 seguía siendo el principal destino de las ventas argentinas, con el 13 por ciento del total. El intercambio mensual fue de 2.593 millones de dólares y dejó un déficit argentino de 241 millones.
Pero el dato decisivo no es solamente cuánto compra Brasil, sino qué compra.
Mientras otros mercados demandan principalmente productos primarios, como sucede con China, la Unión Europea y los Estados Unidos, Brasil recibe camionetas, vehículos en general, autopartes, productos químicos, alimentos elaborados y otras manufacturas con cotización más alta que los bienes primarios en el mercado internacional.
Es, por eso, un mercado especialmente importante para el empleo industrial argentino. Cada dólar exportado genera trabajo en una fábrica de aquí.
9. Casi dos tercios son manufacturas industriales
En 2025, las manufacturas de origen industrial representaron 8.189 millones de dólares sobre exportaciones argentinas totales a Brasil por 12.771 millones.
Es decir, el 64,1 por ciento.
Un automóvil, una autoparte o un producto químico no tienen el mismo efecto económico que una materia prima. Incorporan trabajo industrial, conocimiento, ingeniería, proveedores, servicios y capacidad tecnológica.
También son más difíciles de redirigir, como imaginaría el coloso de la desregulación Federico Sturzenegger sustentado en proyectos de los grandes estudios de abogados. Un vehículo diseñado para el mercado brasileño cuenta con determinadas homologaciones, preferencias, logística y red comercial. Colocarlo en otro continente puede exigir modificaciones, mayores costos de transporte y un nivel de competencia sin ventajas arancelarias. Utópico.
10. El régimen automotor es política industrial
Los fabricantes y los sindicalistas del Smata, o los metalúrgicos de Brasil, lo saben bien: vehículos y autopartes cruzan la frontera en ambas direcciones.
Las terminales asignan modelos a diferentes plantas y producen para un mercado ampliado. Una fábrica argentina puede especializarse en una camioneta porque Brasil ofrece una demanda que el mercado nacional no podría garantizar.
Pero ese esquema no es un resultado natural del libre comercio.
Depende del Acuerdo de Complementación Económica N.º 14, de sus protocolos, de coeficientes de intercambio, preferencias arancelarias, reglas de origen y, de nuevo la palabrita, homologaciones.
Las reglas de origen estimulan la utilización de piezas producidas regionalmente. Sin ellas, una terminal podría importar componentes de terceros países y utilizar el Mercosur como una simple plataforma comercial.
El mercado produce automóviles. El Estado define si esa producción forma una cadena industrial regional o una suma de ensamblajes.
11. Brasil también está dentro de fábricas argentinas
En cifras de septiembre de 2024, el stock de inversión directa brasileña registrado por el BCRA alcanzaba los 13.969 millones de dólares.
Brasil era el cuarto origen inmediato de inversión extranjera y el principal inversor sudamericano.
Unos 10.310 millones, equivalentes al 74 por ciento, correspondían a la industria manufacturera. Otro 12 por ciento estaba relacionado con el comercio y la reparación de vehículos. Cerca del 7 por ciento correspondía a bancos receptores de depósitos.
El stock brasileño en la industria automotriz había aumentado alrededor del 52 por ciento interanual.
Eso significa que una crisis bilateral no afectaría solamente números en una cuenta financiera. Alcanzaría plantas, trabajadores, proveedores, exportaciones y decisiones de inversión. Economía real.
12. Las empresas tienen nombres concretos
Unipar opera en Bahía Blanca y produce PVC, soda cáustica y cloro. Ambev incorporó Cervecería y Maltería Quilmes a una red brasileña y global. Marfrig controla Quickfood y marcas como Paty y Vieníssima.
Banco do Brasil posee una participación mayoritaria en Banco Patagonia. WEG fabrica motores y equipamiento eléctrico en San Francisco, Córdoba. Randon, a través de Frasle y otras compañías, mantiene actividad vinculada con autopartes y transporte pesado.
La inversión argentina en Brasil es menor, pero no irrelevante. Los datos del Banco Central brasileño para 2024 registraban alrededor de 1.371 millones de dólares según el domicilio del inversor inmediato y cerca de 2.150 millones cuando se identificaba al controlador final.
La diferencia importa. Mercado Libre nació en la Argentina, cotiza en los Estados Unidos y tiene una estructura internacional. Tenaris posee raíces argentinas y domicilio jurídico en Luxemburgo.
El capital tiene pasaporte, pero a veces viaja con varias escalas. Y no siempre las da a conocer.
13. Brasil es el país principal de Mercado Libre
Su Excelencia goza del apoyo del argentino y contribuyente uruguayo Marcos Galperín. ¿Sabrá que Mercado Libre anunció para 2026 unos 57.000 millones de reales destinados a sus operaciones brasileñas?
La cifra incluye inversiones y gastos operativos en logística, comercio electrónico, tecnología y Mercado Pago. Brasil representa más de la mitad de sus ingresos.
Arcor posee cinco plantas en ese país. TenarisConfab opera una fábrica de tubos soldados en Pindamonhangaba y participa en proyectos de petróleo y gas. Bagley Latinoamérica integra los negocios regionales de Arcor y Danone.
Las empresas argentinas no ingresaron a un territorio vacío. Llegaron a un mercado protegido por normas, instituciones, infraestructura y acuerdos. Ese conjunto de organismos que Su Excelencia suele calificar de “organización criminal” y pone en jerarquía moral por debajo de la Mafia.
Cuando un gobierno desprecia esa arquitectura, no está dejando en paz a las empresas. Está dañando el terreno sobre el que invierten.
14. La electricidad circula porque alguien coordina
La integración energética funciona en ambos sentidos.
Brasil puede suministrar electricidad a la Argentina durante picos de demanda o momentos de escasez. La Argentina puede aumentar sus ventas de petróleo y, en el futuro, de gas. No es teoría. Las dos cosas ocurrieron.
Las estaciones conversoras Garabí I y II, en Rio Grande do Sul, suman unos 2.200 megavatios de capacidad. Permiten conectar sistemas que operan con frecuencias diferentes.
También existe la interconexión Uruguaiana-Paso de los Libres.
La electricidad brasileña estuvo entre las principales importaciones argentinas en junio de 2026. No era una posibilidad teórica. Estaba entrando al sistema.
Pero una red eléctrica binacional exige coordinación de despachos, regulación, seguridad, mantenimiento e intercambio de información. No es solamente un cable y una factura.
15. Vaca Muerta necesita más que gas
El crecimiento de la producción neuquina abre la posibilidad de vender gas a Brasil, uno de los mayores mercados industriales y eléctricos de la región.
Este mismo año los dos países completaron una hoja de ruta bilateral. Se estudiaron alternativas a través de Bolivia, Paraguay y Uruguay, además de una conexión directa.
Todas las rutas requieren inversiones dentro de la Argentina para ampliar la evacuación desde Vaca Muerta. También necesitan contratos firmes, tarifas previsibles, financiamiento, permisos y garantías.
La central térmica de Uruguaiana, adquirida por el grupo argentino SAESA, puede funcionar como comprador ancla.
Pero ni la central ni el gasoducto se conectarán por la mano invisible.
Una molécula de gas no conoce la frontera. Los contratos y los reguladores, sí.
16. Un puente es una decisión de dos Estados
Paso de los Libres-Uruguaiana es la principal arteria terrestre bilateral. Rompió, además, con la vieja tradición militar de que no hubiera puentes para que los tanques no pudieran pasar fácilmente a territorio enemigo, porque así consideraba cada dictadura al vecino.
En 2022, la aduana terrestre brasileña procesó operaciones por más de 8.700 millones de dólares y un promedio de alrededor de 740 camiones diarios.
Santo Tomé-São Borja ofrece otra conexión estratégica. Puerto Iguazú-Foz do Iguaçu y Bernardo de Irigoyen-Dionísio Cerqueira sostienen economías cotidianas de turismo, comercio, trabajo, salud y relaciones familiares.
El proyectado puente San Javier-Porto Xavier demandaría unos 44 millones de dólares para el puente, sus accesos y el centro fronterizo.
Aunque uno de los países disponga del dinero, una obra binacional no puede avanzar sin coordinación política y administrativa.
17. También hacen falta trenes y aviones
La recuperación del ferrocarril Urquiza contempla una inversión argentina de aproximadamente 44,5 millones de dólares para rehabilitar 210 kilómetros, dos puentes y el ramal que llega a Paso de los Libres.
Una conexión ferroviaria eficiente reduciría costos y presión sobre las rutas.
La integración aérea también excede el puente Buenos Aires-São Paulo. GOL proyectó hasta 16 vuelos diarios desde trece ciudades brasileñas hacia Buenos Aires y conexiones con Córdoba, Mendoza y Rosario. LATAM anunció nuevas rutas y una red de seis enlaces directos para 2026.
El turismo y los negocios necesitan empresas aéreas. Las rutas, las frecuencias, los aeropuertos y los acuerdos aeronáuticos son materia estatal.
18. Hasta el comercio privado necesita bancos centrales
El Sistema de Pagos en Moneda Local permite que importadores y exportadores paguen y cobren en pesos o reales.
Después, los bancos centrales realizan la compensación.
El objetivo es reducir costos de conversión y evitar que cada operación deba pasar primero por el dólar.
La utilización es asimétrica. En 2024, las exportaciones brasileñas liquidadas mediante el sistema alcanzaron unos 3.380 millones de reales. Las importaciones pagadas de esa manera fueron de apenas 1,75 millones.
El mecanismo no elimina el riesgo cambiario ni resuelve el desequilibrio comercial. Pero demuestra que incluso para usar menos al dólar hacen falta instituciones públicas.
19. Pix tampoco cayó del cielo
Pix es un sistema creado por el Banco Central de Brasil. Funciona las veinticuatro horas, reúne a más de 170 millones de personas y alrededor de 900 instituciones.
Desde marzo de 2026 puede utilizarse en comercios argentinos adheridos mediante un acuerdo entre Banco do Brasil y Banco Patagonia.
El turista brasileño paga en reales. El comercio argentino recibe el importe en moneda local. En el medio se procesan la conversión, los impuestos y la liquidación.
Hoteles, restaurantes y comercios obtienen un beneficio privado.
La infraestructura que lo permite es pública y regulada.
20. Hay más de 92.000 vidas humanas permanentes entre los dos países
El Censo argentino de 2022 registró 49.943 personas nacidas en Brasil.
El Censo brasileño contabilizó 42.647 personas nacidas en la Argentina, contra 29.067 en 2010.
La suma da 92.590 migrantes de primera generación. Es una base mínima. No incluye a todos los dobles nacionales, descendientes, estudiantes temporales o trabajadores que alternan su residencia.
El Mercosur facilita esa circulación. Permite viajar con documento de identidad, solicitar residencia por nacionalidad, trabajar y establecer actividades.
Las personas deciden migrar. Los derechos con los que migran dependen del Estado.
21. El turismo también necesita buen clima político
Entre enero y mayo de 2026, Brasil recibió aproximadamente 1,9 millones de llegadas de argentinos. La Argentina del dólar barato continuaba siendo su principal mercado emisor.
En enero de 2026, los brasileños representaron el 19,4 por ciento de los turistas extranjeros ingresados en la Argentina. La cifra podría mantenerse o aumentar en la próxima temporada de verano.
El tipo de cambio influye. También la conectividad, la promoción, la seguridad, la facilidad de pago y el clima diplomático.
Un turista puede no leer los comunicados de las cancillerías. Las aerolíneas, los inversores y los operadores turísticos sí observan la relación entre los gobiernos.
22. La confianza nuclear es integración en serio
La Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares fue creada en 1991 y cumplió 35 años en 2026.
La ABACC, una derivación de aquel acuerdo de Foz de Iguazú, verifica que los materiales nucleares de ambos países se utilicen con fines pacíficos.
No es una oficina comercial. Es una institución única que transformó una antigua rivalidad en confianza verificable.
También existen redes de cooperación en biotecnología y nanotecnología, con investigadores, laboratorios, formación y proyectos compartidos.
Desarmar una institución puede llevar poco tiempo. Reconstruir la confianza que la hizo posible puede llevar décadas.
23. La diplomacia también produce
Una embajada no produce camionetas ni extrae gas.
Pero puede destrabar una autorización, coordinar una reunión de reguladores, organizar una negociación sanitaria, defender una inversión o evitar que una diferencia comercial se convierta en una represalia.
Por eso, la diplomacia es una forma de infraestructura productiva.
Un puente cerrado se ve. Una comisión bilateral paralizada, no siempre. El efecto económico puede ser parecido.
El Estado no fabrica cada producto. Pero hace posible que miles de productos, personas y servicios circulen.
24. El mercado puede conservar lo que hay, pero no garantiza futuro
Una terminal automotriz no cerrará necesariamente porque dos presidentes se insulten. Puede seguir utilizando las plataformas, los proveedores y los acuerdos existentes.
Pero cuando decida dónde producir el próximo modelo, evaluará si la relación es previsible.
Lo mismo ocurrirá con el gasoducto, una planta química, un centro logístico, una frecuencia aérea o una nueva integración de Pix.
La pregunta no es solamente si hoy continúan pasando camiones.
La pregunta es dónde se realizará la próxima inversión.
Una mala política bilateral puede tardar años en aparecer en las estadísticas. Para entonces, la decisión empresarial ya habrá sido tomada.
25. La Argentina perdería más
En caso de que el conflicto avance y se incruste en el tejido productivo, Brasil perdería un mercado industrial, una posible fuente regional de energía y parte de su capacidad de liderazgo sudamericano.
La Argentina perdería su principal mercado manufacturero, un proveedor de máquinas e insumos difícil de sustituir, inversiones industriales y al socio sin el cual gran parte de la integración regional deja de funcionar.
La asimetría no obliga a la subordinación. Obliga a tener política, sobre todo cuando a nivel de la conducción del Estado Lula y sus funcionarios siguen concibiendo que parte de su influencia internacional precisa de un alto nivel de fluidez en los vínculos barriales.
En diez años hubo 255.448 millones de dólares de comercio, casi 14.000 millones de inversión brasileña registrada en la Argentina, capitales argentinos en Brasil, líneas eléctricas, proyectos gasíferos, bancos, puentes, vuelos, pagos digitales, cooperación científica y más de 92.000 migrantes de primera generación.
Todo eso contiene intereses privados.
Pero no fue construido solamente por privados.
El mercado puede aprovechar la integración, invertir dentro de ella y obtener ganancias. No puede reemplazar a los Estados que firman acuerdos, administran asimetrías, construyen infraestructura, garantizan derechos y sostienen una estrategia.
Si la relación con Brasil forma parte de una condición de existencia nacional de la Argentina, Su Excelencia está poniendo en peligro el carácter de nación de nuestro país.
La única verdad es la realidad.