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Milei con Flavio Bolsonaro: una visita nefasta

Las agresiones del Presidente argentino a Lula en territorio brasileño profundizaron el deterioro de una relación prioritaria y estratégica para la Argentina. El agravio, la provocación y la confrontación ideológica vuelven a imponerse sobre la defensa de los intereses nacionales. La política exterior del Gobierno combina aislamiento, subordinación y entrega. Sus consecuencias no se limitan al presente, ya que la reconstrucción de los vínculos internacionales y de la confianza entre los países puede demandar muchos años.

La participación de Javier Milei en la campaña del ultraderechista Flavio Bolsonaro en Brasil ha sido nefasta. Sus insultos a Lula, el presidente de un país vecino y socio principal de la Argentina en intercambio comercial y en el Mercosur, no tienen precedentes. Milei, su gobierno y la coalición que lo sostiene no solo empobrecen y fragmentan a nuestro pueblo mientras revientan nuestro tejido industrial y desguazan y rematan nuestro patrimonio común. Ahora, superando sus esperpénticos discursos pronunciados con gran pompa, viene a encarajinar una relación que es prioritaria y estratégica para nuestros intereses nacionales.

Este episodio no es un hecho aislado, sino el reflejo de una conducción política que, además de socavar nuestra condición nacional, se dedica a dinamitar sistemáticamente los lazos políticos y económicos que mantenemos con la casi totalidad de las naciones del globo.

Brasil no es solamente el socio comercial número uno. Se trata del principal mercado para la producción industrial argentina. En 2025, último año para el cual existe una desagregación completa, las manufacturas de origen industrial representaron cerca de dos tercios de las exportaciones argentinas a Brasil, alrededor de 8.200 millones de dólares sobre ventas totales por 12.756 millones. La diferencia con el conjunto de nuestro comercio exterior es elocuente, ya que las manufacturas industriales explicaron el 26,9 por ciento de todas las exportaciones argentinas de ese año. Brasil compra, por lo tanto, una proporción de productos industriales muy superior a la de casi cualquier otro gran mercado. El núcleo de esa integración es el sistema automotor.

Lo más grave de esta dinámica es que quema naves de manera deliberada. Un gobierno de distinto signo puede, una vez recuperado el Estado, cambiar políticas económicas y sociales, reconstruir la confianza institucional y reiniciar la dinámica productiva (como ya lo hemos demostrado en nuestra historia), pero restaurar los vínculos de confianza rotos a nivel internacional entre pueblos hermanados por su geografía, su historia y sus desafíos comunes suele llevar años.

El agravio como política exterior

Aquí no hay error, incompetencia ni desidia. Lo que observamos en el ámbito internacional es la exportación sistemática del agravio (o, dicho en términos más llanos, la injuria y la agresión) que este gobierno ejerce como herramienta de comunicación interna. El agravio ya no es un “complemento” que acompaña a la política exterior. Cuando ésta se construye sobre la injuria, el resultado es siempre el aislamiento, el desprestigio y la irrelevancia estratégica.

Argentina está perdiendo posición internacional no solo por su crisis económica (que es conocida), sino también por su imprevisibilidad, su hostilidad y su alineamiento con gobiernos que hoy hacen aspavientos de unas políticas desafectas de la condición humana.

La Argentina que está destruyendo este gobierno no es solo la de hoy. Es la de los próximos treinta años. Y esta factura, ya firmada, no la pagarán ni Javier Milei ni los Caputo. Se la endosan a cada una y cada uno de nuestros compatriotas.

Pero no nos sigamos engañando. Esto no se trata solamente de esta banda destructora. Se trata también de quienes se proclaman críticos de esta administración o se plantean construir una Argentina diferente, justa y libre.

Sin programa no habrá alternativa

Las y los que hacemos ahora qué, con sus dudas, sus más y sus menos, con sus diferencias de opinión u origen, pero con el convencimiento y el compromiso explicitados de manera clara desde hace ciento treinta y dos semanas, insistimos en que, mientras no logremos aglutinarnos detrás de un programa y un plan de lucha consistente que convoque y articule con amplitud las resistencias que aisladamente se manifiestan, no habrá posibilidades reales de cambio. Si no se dejan de lado los irresponsables malabarismos que se vienen realizando a pasos del abismo mismo, no habrá alternativa.

Agravios, sumisión, aislamiento y entrega

En apenas dos años, Javier Milei ha consumado un verdadero desastre diplomático. Ya no se limita a sus ridículas intervenciones en foros y encuentros internacionales ni a sus reiterados agravios contra mandatarios extranjeros, a quienes llama delincuentes en sus propias casas.

El ejemplo más grotesco fue la votación del 25 de marzo de 2026, cuando Argentina, Estados Unidos e Israel fueron los únicos tres países en rechazar una resolución histórica que declaraba la trata transatlántica de esclavos como “el crimen más grave contra la humanidad”. Argentina fue el único país de América Latina y del Sur Global en adoptar esta postura, mientras 123 naciones votaron a favor y 52 (incluidas las antiguas potencias esclavistas europeas) se abstuvieron.

La Cancillería justificó el rechazo argumentando que establecer una jerarquía de crímenes es “subjetivo”, pero la realidad es que, con un simple gesto simbólico, este gobierno ha puesto en peligro décadas de capital diplomático. Al alienar a los 55 países de la Unión Africana, Milei quema los votos que Argentina necesita para sostener el reclamo por Malvinas en el Comité de Descolonización de la ONU.

Este mismo patrón de subordinación ideológica se extrapola a otras regiones y problemáticas globales con igual o mayor gravedad. En materia climática, Milei ha adoptado un seguidismo a Donald Trump y a su ninguneo, calificando el Acuerdo de París como “un verdadero fraude” y anunciando que analiza retirar a Argentina del tratado.

Al mismo tiempo, rechaza la Agenda 2030 y el Pacto por el Futuro de la ONU, abandona la delegación argentina en plena COP (la Conferencia de las Partes de la ONU sobre Cambio Climático, el principal foro global donde se negocian las políticas contra el calentamiento global) y desmantela décadas de compromiso ambiental. Esta postura aísla al país de la colaboración política y científica frente a un problema que ya está devastando la producción agropecuaria argentina, con sequías e inundaciones cada vez más extremas.

Con China, Milei se dio el tupé de anunciarle a uno de nuestros principales compradores que “nunca comerciaría con comunistas” (cosa que ni siquiera Taiwán se atreve a hacer) y rechazó de manera agraviante la invitación de los BRICS para que Argentina se sumara como socio pleno al bloque. Al mismo tiempo, mendigaba la renovación del swap de divisas para pagarle al FMI.

El resultado es una relación erosionada y un déficit comercial con China superior a los 7.000 millones de dólares, mientras la influencia estadounidense genera tensiones en áreas como el litio, la tecnología nuclear y el espacio profundo.

En Oriente Medio, Milei ha convertido el apoyo incondicional a la masacre que Netanyahu perpetúa en Gaza, Cisjordania y Líbano en el eje central de su política exterior. Argentina se alinea automáticamente con los votos de Estados Unidos e Israel en la ONU, incluido el rechazo a resoluciones sobre el fin de la ocupación y la adhesión de Palestina como Estado miembro, rompiendo con el reconocimiento argentino de Palestina vigente desde 2010.

Este alineamiento automático con Washington, que incluye el voto contra la resolución sobre la esclavitud, la confrontación con China y el abandono del consenso climático global, configura un patrón de aislamiento autoimpuesto que no beneficia a Argentina en nada y la perjudica en todo. Solo tiene explicación en la lógica de la performance ideológica y el servilismo voluntario a una constelación de intereses que ve en el desmembramiento de la soberanía argentina una oportunidad de rapiña.


Para este artículo se puede consultar:

Soratti, Santiago, Axel Yamil Chiquiar y María Luz González Pacheco: Informe sobre votaciones de Argentina en la ONU 2023-2025. CARI.
https://cari.org.ar/views/releases/detail/index.php?article_id=900

Auer, Ricardo: varios artículos publicados en Y Ahora Que.
https://yahoraque.com.ar/author/rauer/

Abanonave, Wilhelmina: “US, Israel and Argentina vote against Ghana-led slavery resolution at UN”. GBC Ghana Online, marzo de 2026.
https://www.gbcghanaonline.com/general/us-israel-and-argentina-vote-against-ghana-led-slavery-resolution-at-un/2026/3/

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