¿Y ahora qué?

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Adiós, María

Despedir a una poeta como María Granata (1920-2026) no es nada fácil. Es extraño cuando uno la ha leído con tanta emoción y, además, ha tenido la posibilidad de conocerla, aunque haya sido brevemente. Con sus ciento cinco años nos conecta con su historia y nos enfrenta al misterio de la finitud del tiempo.

Que María Granata se haya ido en las últimas horas de un viernes de junio nos invita a entrar en un juego literario de despedida y eternidad. Pero que ese viernes haya sido un 12 de junio, en vísperas del Día del Escritor, creo que es una señal, una sonrisa, su último verso.

Quiero contarles que llegué a María leyendo sus palabras en contratapas y prólogos que amorosamente escribía para amigos literarios. Luego me encontré con sus poesías. Sus versos, como atrapasueños, me sumergieron en la lectura y en la búsqueda de más y más poemas, de libros de sus distintas épocas, hasta llegar a sus novelas.

Buscadme en la corona que en la tierra
dejó el día más triste;
en la profundidad de la pradera,
en esa luz que al cielo devolviste.

Lejos de mí, lejos de mí buscadme,
desterrada del día,
bajo un antiguo luto refugiada,
perdida del verano y la alegría.

Recogeré el sollozo
que me sostiene como un esqueleto,
mi sombra hecha pared,
en un aire que es duro de tan quieto.

Golpeada por la luz,
yo estaré en tu dolor que guarda amores.
Caerán sobre mi cuerpo
pájaros que se secan como flores..

Poema “El sitio”, en Color Humano, Ed. Losada, Buenos Aires, 1966, p. 53.

Al leer sus poemarios sentí el vaivén de las olas, similar al de los brazos que mecen a un niño. Es que no importa quién sea su inspiración o qué tema desate sus metáforas: siempre se cuela su mística, esa que sobrevuela su escritura. Mil veces me pregunto si tal vez algunos soles pequeños entibiaron su alma, haciendo que de algún lugar bajaran los versos y las historias que publicó.

Tratando de conocerla más, escuché su voz en diferentes entrevistas, siempre amable y simple, respondiendo con la claridad de la verdad. No le importaba buscar respuestas complacientes ni quedar bien con nadie; ella abría su alma y respondía un poco desprendida del suelo, como están quienes tienen el don de imaginar y soñar. De esas respuestas tomé sus frases lanzadas como semillas de pasión y entré en esa sintonía que ella propuso con cada palabra.

“Tengo una mirada en la vida, que es siempre para adelante, nunca voltear para atrás… la vida es un milagro y tenemos que rendirle homenaje y ver la luz que irradia.”

Esta reflexión fue dicha por Granata en 2012, en El saludo, la charla y la poesía, entrevista realizada para APOA en el Hospital Moyano. Siempre “la luz”, “el sol”, “las alas”, “los ángeles”, la esperanza y el deslumbramiento ante la vida, la muerte, el amor y la naturaleza. “El vuelo y la libertad” respiran en sus historias. Los dibujos, los animales, los juguetes, las plantas y cada pedacito de universo se encienden ante la pluma de esta autora.

“Le rindo culto a la infancia…” es una frase que expresa el sentir de Granata, quien destacaba que el niño tiene un mundo interior riquísimo, ansias de descubrir todo lo que lo rodea y que, por eso, lo admiraba. “Escribir cuentos para ellos es siempre venturoso”, comentó la autora en la misma charla.

Cada uno hace su camino lector y creo que, para recordarla, es bueno contar lo que experimenté con María Granata. Mi admiración creció cuando leí sus cuentos para la infancia. Cada uno, con su ternura y fantasía —algunos más realistas, otros más disparatados—, está unido por un hilo invisible: esa voz narrativa y poética particular y natural que tenía María.

Quizá la búsqueda incansable de respuestas, los valores sociales, la contemplación de la naturaleza, los misterios del universo, la celebración de la vida por la vida misma y la curiosidad inocente que brilla en la mirada de los niños fueron la esencia de esos textos.

Celebré que, con su mirada visionaria, ella confiara en los lectores niños como lo había hecho antes con los adultos. Solo jugó con palabras, creando imágenes plenas de belleza y misterio, de amor y alegría, de poesía. En sus cuentos tocó todos los temas, sobrevolando las acciones y las emociones, como ella misma decía que escribía: despegada de la tierra, entretejiendo historias y versos, tomando lo más cotidiano para envolverlo en lo onírico. Ese era el estado que solo sentía a la hora de escribir.

Hace muchos años que transito escrituras para chicos, Literatura Infantil, y me sorprende hablar con docentes que no han leído a Granata durante su formación, o que la han considerado una autora sin relevancia, cuando su obra es una fuente de imaginación y riqueza literaria tan inspiradora y pura.

Comencé a leerla en talleres infantiles y de adultos, en jardines y escuelas, para observar concretamente el efecto de su narrativa, y la magia ocurrió en cada encuentro, confirmando lo que suponía.

Transcribo un fragmento del libro LUMINOSA MIRADA: María Granata en la LIJ:

“Cuando le preguntaban sobre la inspiración, ella comparaba al estado de inspiración con levitar, por eso de que el que escribe ve todo como desde arriba, de principio a fin visualiza su obra, antes de estar completa. A ese estado en el que ella escribe le llama combustión, pasión a la que llega luego de un tiempo en el que ha percibido, experimentado la vida y sus matices como un mirador cotidiano. Granata cuenta que se nutre de la realidad, que ella brinda todos los condimentos que se van gestando internamente en un escritor, hasta madurar y fluir con la imaginación plasmándose en un texto. Por eso, según sus palabras, no es raro que pase tiempo sin escribir y que de ninguna manera lo sufra; al contrario, lo acepta como un tiempo de maduración. Ella asegura tener los pies bien plantados en la tierra, en la realidad, y que desde ahí es que vive con tal libertad sus tiempos de no escribir y los de producir sus textos con todo aquello que su sensibilidad y percepción han atesorado”.
(p. 11, 1.ª edición).

Suena raro leer este fragmento en presente, pero es que fue publicado en 2022. Debo compartir la alegría de saber que este libro homenaje a su obra para infancias está logrando el objetivo que nos propusimos las autoras, Honoria Zelaya de Nader y yo: poner en boca de mediadores y nuevos lectores la obra de una autora que admiramos.

En principio, fue considerado por la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil para publicar la segunda edición ampliada como el Tomo número XV de la Serie Ensayos Digitales, Ed. AALIJ. Con prólogo de Rosalía Arteaga Serrano y epílogo de su president actual, Dr. Marcelo Bianchi Bustos. Cabe aclarar que María Granata es Miembro de Honor de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil desde el año 2013. Aunque la primera edición del libro homenaje la realizamos en forma privada, tuvimos el auspicio de numerosas agrupaciones literarias del país y del exterior.

La segunda edición nos permitió llegar a un público más amplio y preparado para mover el avispero, replicar y repensar nuestra propuesta. La primera edición fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con un gran acompañamiento de escritores y profesores relacionados con la Literatura Infantil como Zulma Prina y Graciela Pellizzari, autoridades de Cultura de Tres de Febrero y San Miguel de Tucumán. También nos acompañaron familiares y amigos de María.

A partir de que la obra estuviera disponible para descarga gratuita en la web de Léeme un cuento y en la de la Academia, llegó a muchos más lectores y pasó a integrar la bibliografía de universidades y centros de formación docente, dentro de la Cátedra de Literatura Infantil.

Pero además logramos desempolvar libros y cuentos que hacía tiempo no estaban presentes en el canon escolar del país, y poco a poco pudimos ver cómo vuelven a ser leídos y revalorizados.

En esta despedida siento que debo contarles que su chispa quedó encendida en mi corazón, como en muchos otros que la han conocido. Hoy hice luz solo en parte de todo lo que me ha movilizado a seguirla y estudiarla, a querer que viva eternamente en su obra.

No es la idea escribir la biografía de María Granata; eso se lo dejo a otros. Quiero despedirla con este paseo por el camino lector de alguien que fue tocada por la luz de sus obras, como muchos otros.

Pero además les aseguro que haber podido mirar a los ojos a María, sostener su mano, escuchar su voz y hasta verla dedicarme un viejo libro de cuentos que llevé con esa ilusión, fue para mí un encuentro revelador.

Me quedo con la imagen de una señora de apariencia frágil y bella, llena de colores y rodeada de una energía surrealista. Una señora que me emocionó profundamente, quizá porque la idealicé de tanto leerla, o tal vez porque me hizo pensar en el sentido que la escritura le dio a su vida.

Solo queda cultivar la fantasía y refugiarnos en ella para soportar la realidad, sentirnos parte del universo, de ese universo poético que ahora recibe a una nueva estrella.

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