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¿A quiénes quiere seducir Milei desde el Financial Times?

El Presidente eligió las páginas del Financial Times para ofrecer a la Argentina como territorio disponible para el desarrollo desregulado de la inteligencia artificial y de nuevas corporaciones “no humanas”.

Javier Milei abrió un nuevo kiosco para intentar vender los bienes que atesora la Argentina al primero que quiera comprarlos. Esta vez eligió las vetustas páginas color salmón del sesquicentenario diario londinense The Financial Times, considerado por algunos como una de las publicaciones financieras más prestigiosas del mundo.

Como detalle de color, el Financial Times tomó distancia del contenido del artículo al aclarar solemnemente que “el autor es presidente de la Argentina” e informar que Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, contribuyó a la nota.

Con poco menos de 800 palabras y el presuntuoso título “Argentina invites AI to free itself”, Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse, Milei hizo su estreno como columnista de ese medio a dúo con Sturzenegger. Su pluma se reconoce fácilmente en el estilo con que se expresan las barbaridades de la nota, como la afirmación de que, así como la Revolución Industrial liberó a la humanidad de las limitaciones de la fuerza muscular, la inteligencia artificial la liberará de las limitaciones del cerebro humano.

Ese aserto no merece mayores comentarios, salvo recomendarles a ambos que aprovechen el tiempo de vuelo de su próximo viaje a Estados Unidos para leer y releer la carta encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Quizás puedan aprender algo.

La promesa de corporaciones no humanas

Lo que sí tiene sentido analizar es a quiénes les habla Milei en esa nota. A quiénes intenta convencer cuando anuncia que envió al Poder Legislativo un proyecto de ley para establecer “un marco legal específico para la implementación de la IA”, apoyado en tres pilares.

El primero es la creación de una nueva categoría societaria en el derecho argentino: la “corporación no humana”, es decir, entidades operadas por agentes de inteligencia artificial o robots.

El segundo es la promesa de que esas corporaciones sin humanos se beneficiarán de una baja tasa de impuesto a las ganancias y de que sus accionistas podrán elegir el régimen de gobierno corporativo que prefieran.

El tercero es el compromiso formal de mantener a la inteligencia artificial sin regulación para que pueda desarrollarse libremente, sin lo que Milei y Sturzenegger llaman “la mano mortal” de regulaciones prematuras y mal comprendidas.

A quiénes les habla Milei

Milei y Sturzenegger le hablan a la oligarquía digital. A ese conjunto de nuevos ricos que, en treinta años, gracias a la inadvertencia, la indiferencia y la incomprensión de las clases dirigentes de todo el mundo, treparon a la cima del poder económico y manejan los instrumentos más eficaces para la acción bélica, la formación de opinión y el control social a escala global.

Allí aparecen nombres como Elon Musk, Larry Ellison, Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos, Bill Gates o Mark Zuckerberg. No se trata apenas de empresarios exitosos, sino de actores que concentran plataformas, datos, infraestructura, capacidad de cálculo, redes sociales, tecnologías críticas y poder de intervención sobre la vida pública.

Según Infobae, la fortuna de Elon Musk, valuada entre 684.000 y más de 830.000 millones de dólares según Forbes y Bloomberg, supera el Producto Interno Bruto anual de unos 172 países del mundo. Y Musk es solo uno de esos oligarcas digitales.

Milei se esperanza con que Peter Thiel funcione como aquellos pasajes de llamada con los que los primeros inmigrantes traían a sus paisanos para “hacerse ricos en América”. Espera que Thiel convenza a otros magnates de mudar sus demandas fenomenales de energía y refrigeración al laboratorio anarco-capitalista instalado en la Argentina a partir de 2023.

Argentina como laboratorio desregulado

La invitación consiste en ofrecer a la Argentina como territorio para profundizar proyectos de dominación global mediante el desarrollo incontrolado de una inteligencia artificial al servicio de esos intereses. Milei supone que el país tiene recursos suficientes para concretar esos planes y que, además, el pueblo argentino sostiene su modelo pese a la falta de trabajo, la pobreza generalizada, el maltrato social y la impotencia de una democracia meramente procedimental.

En esa lectura, la Argentina ofrecería algo más que recursos naturales, energía o condiciones fiscales favorables. Ofrecería impunidad política, debilidad regulatoria y una sociedad sometida a un experimento extremo de desprotección estatal.

Por eso, cuando Milei escribe “esto también es, vale decirlo, una invitación”, no se dirige principalmente al pueblo argentino. Les habla a quienes podrían encontrar en la Argentina una plataforma para desplegar tecnologías, negocios y estructuras de poder con menor control público.

El hipotético desembarco masivo de la oligarquía digital en el país constituiría un proceso de consecuencias irreversibles para el futuro del pueblo argentino y de su territorio.

La advertencia del papa León XIV

Quizás sea el momento de iniciar una verdadera gesta para revertir la inadvertencia con que muchos argentinos y argentinas observan un proceso determinante del futuro inmediato de la humanidad.

El papa León XIV lo describe con claridad en Magnifica Humanitas: en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo ya no es prerrogativa de los Estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las posibilidades mismas de participación.

Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público. Crece entonces el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoque nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades.

Frente a esa concentración de poder en el mundo digital, los grandes principios de la Doctrina Social se convierten en criterios para juzgar y discernir el nuevo escenario: la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.

Esos principios obligan a preguntarse si el poder de las infraestructuras digitales y de los algoritmos favorece realmente la participación y la responsabilidad, protege a los más vulnerables, asegura un acceso equitativo a las oportunidades y se ordena al bien de todos.

La pregunta de fondo, entonces, no es si la Argentina debe relacionarse con la inteligencia artificial. La pregunta es si aceptará convertirse en territorio de ensayo para corporaciones sin rostro, capitales sin responsabilidad y plataformas sin control democrático.

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