La visita de Milei a Israel, la tercera desde que asumió la Presidencia, satisfizo sus aspiraciones de constituirse en un gran referente de la ultraderecha planetaria y sumió a la Argentina en un grado de alineamiento y sumisión sin antecedentes.
Parafraseando una vez más a “La tierra baldía”, un inmenso poema de T.S. Elliot, “abril es el mes más cruel”, aunque para el hemisferio norte se trate de la apertura primaveral, el mes de la fertilidad y de la restauración plena de la vida.
En el hemisferio sur es posible omitir la ironía que expresó Elliot porque abril, en efecto, prologa al otoño, la estación cuando todo se pone mustio y, en consecuencia, es el mes más cruel que mezcla “recuerdos y anhelos, y despierta inertes raíces con lluvias primaverales”.
Es válida la licencia literaria, de paso dilucidando un enlace polisémico entre las dos apreciaciones del mismo mes en distintas circunstancias. Un ejemplo: los gobernantes libertarios argentinos en abril debieron anoticiar aquello que la población padece cotidianamente en las góndolas de los supermercados, cuando le llegan las boletas de los servicios o debe pagar para tener medicamentos. El hecho era inocultable, porque la inflación del mes previo fue la más alta del año (3,4%), logrando semejante privilegio pese a coronar una seguidilla de diez meses de alza ininterrumpida.
Y si por anunciar semejante inflación, abril hubiera devenido lúgubre, sobredeterminar a la cifra con las palabras del Presidente Milei en la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AMCHAM), donde sin hesitaciones expresó que “esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios”, contribuyó a su conversión en el mes más cruel, bufonesco y acorde con la licencia literaria mencionada de Elliot.
Sirva para dilucidar el mes de abril en la release/2026 local, además, el tercer viaje de Milei a Israel y su primera actividad durante la mañana del día 19, la visita al Muro de los Lamentos en la Ciudad Vieja de Jerusalén, acompañado por el rabino y embajador argentino, Axel Wahnish, quien también oficia como su guía espiritual. Fue el único momento en que Milei se mostró severamente circunspecto. Luciendo el kipá riguroso, rezó un rato como siempre que tropieza con el Muro, después firmó un libro de visitas y se fue sin tomar contacto con la prensa para no llegar a destiempo a su cita con el éxtasis.
En efecto, el éxtasis lo aguardaba con los brazos abiertos, y no era otro que el primer ministro Benjamín Netanyahu, líder de la ultraderecha también notable a raíz de la limpieza étnica en Gaza que arrojó 80.000 víctimas y la orden de arresto, por crímenes de guerra y de lesa humanidad, emitida por la Corte Penal Internacional de las Naciones Unidas.
Y era previsible el saludo aparatoso de quien había escrito en su cuenta de X: “Bienvenido a Israel, bienvenido a Jerusalén, mi amigo, Presidente de Argentina @JMilei, un gran amigo del Estado de Israel. Israel y Argentina están juntas, más fuertes que nunca”.
Los mandatarios mantuvieron un encuentro privado y luego hablaron a la prensa, ocasión en que Milei recibió una suerte de lluvia de elogios perfumados: “No es simplemente un amigo personal y alguien a quien admiro profundamente -dijo Netanyahu-. Es un gran líder, un gran líder económico y un gran líder mundial. También tiene un significado especial la visita porque es la primera vez en la historia de Israel, en setenta y ocho años, que otorgamos a un líder extranjero el honor de encender una antorcha en nuestro Día de la Independencia.”
Y había más porque, según Netanyahu, el Presidente argentino es fuerte, tiene claridad moral y es corajudo, todos atributos que ha demostrado “defendiendo al pueblo judío, enfrentándose a las difamaciones antisemitas, estando presente en nuestra hora de necesidad, estando presente cuando luchamos la batalla de la civilización contra la barbarie”. Y concluyó con un par de reflexiones como: “Te saludo, mi amigo. Creo que el mundo libre debería saludarte. La libertad debería saludarte.”
Se miraron a los ojos. Era el turno de Milei y, visiblemente conmovido, también llamó “mi amigo” a Netanyahu, anunció que desde noviembre comenzará a funcionar la primera ruta aérea directa entre Buenos Aires y Tel Aviv, y repitió un viejo proyecto personal, la mudanza de la embajada argentina a Jerusalén, todo un desafío a la posición histórica de las Naciones Unidas al respecto.
Como es sabido, además de los EE.UU. sólo Guatemala, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea y Fidji emplazaron sus embajadas en Jerusalén, motivo por el cual -de llevar a cabo ese proyecto- Milei acentuaría, aún más, el aislamiento de la Argentina en el sistema internacional promovido por su Gobierno.
Si algo Milei no ahorró en esta tercera visita a Israel, fue el desborde sin orillas de palabras tributarias de un misticismo creciente. Al referirse a la ruta aérea directa enfatizó la iniciativa: “es un honor y un orgullo para mí ser el Presidente encargado de hacer este anuncio tan valioso. Este vuelo es la representación física de una unión moral, espiritual y política que Argentina comparte con Israel”.
Respecto del memorándum de entendimiento en materia de inteligencia artificial, dijo que “Israel es hoy una potencia tecnológica de primer orden y Argentina tiene el capital humano, la energía y la libertad regulatoria para convertirse en el próximo hub de inteligencia artificial del mundo. Vamos a desarrollar modelos de inteligencia artificial de forma conjunta, formar especialistas, aplicar esta tecnología a nuestros sectores productivos y trabajar juntos en los foros internacionales donde se define el futuro de esta revolución tecnológica. Porque las naciones que creen en la libertad deben ser las que lideren el cambio”.
Tras la firma de los documentos ad hoc, de nuevo tomaron contacto con algunos periodistas y Milei destacó el liderazgo de Donald Trump, según su particularísima visión de la historia el hombre clave para poner fin a la inestabilidad de la región merced a su convencimiento de que Medio Oriente necesita paz, crecimiento y desarrollo, y tomar distancia de los extremismos que tanto daño causaron en el pasado.
También se refirió a la firma de “los Acuerdos de Isaac, una iniciativa inspirada en los Acuerdos de Abraham que en septiembre de 2020 firmaran en Washington (durante la primera presidencia de Trump) Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, y posteriormente Sudán y Marruecos.
Ahora el primer ministro israelí y el Presidente de Argentina hicieron lo propio mediante los “acuerdos de Isaac” para extender ese mismo espíritu a Latinoamérica y “fortalecer los vínculos diplomáticos, comerciales, culturales y estratégicos entre Israel y las naciones de nuestra región -explicó Milei-, y sumar voluntades en la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico, con una invitación abierta a todas las naciones que comparten esos valores y desean sumarse”.
Habrá que aguardar, sin embargo, la opinión del Parlamento argentino cuando la iniciativa le sea remitida, según lo dispuesto por la Constitución Nacional (art. 75 inc. 22).
Durante la gira Milei incurrió en gestos, provocaciones y boutades que alimentaron la perplejidad de numerosos analistas.
En la ceremonia del encendido de antorchas en el Monte Herzl por el Día de la Independencia de Israel animó un comportamiento esperpéntico (debidamente ensayado) que hubiera hecho las delicias de Ramón del Valle Inclán: vociferó, cantó y bailó con una pareja de artistas profesionales la canción Libre, de Nino Bravo.
La reunión con el Presidente de Israel, Isaac Herzog, quien le entregó la “Medalla Presidencial de Honor” en reconocimiento a su compromiso con el Estado de Israel, no sería musicalizada, pero sonó una versión rockera de Libre cuando lo recibieron académicos y estudiantes de la Universidad Bar-Ilán.
Allí, un Milei desbordante de felicidad recibiría su Doctorado Honoris Causa, galardón que en ocasión de visitar la Yeshivá Hebrón (escuela de estudios religiosos judíos) se complementaría con la condecoración otorgada por la Academia de Estudios Talmúdicos.
El tercer viaje de Milei a Israel sirvió para que se profundizaran, y por lo tanto fueran aún más visibles, las identidades y proyectos comunes de la ultraderecha global.
Durante su estadía la situación militar continuaba siendo compleja, aunque Trump extendiera el plazo de alto el fuego con Irán a pedido de Pakistán, pero manteniendo el bloqueo hasta que avancen las negociaciones. Trump, el numen de Milei que llegó a decir que eliminaría a “toda una civilización”, habría suspendido el genocidio cultural y físico del mundo persa. Pero Milei sostuvo en la Universidad Bar-Ilan, perseverando en la línea trazada por su “querido amigo” Benjamín (Bibi) Netanyahu, que “con determinadas culturas no vamos a poder convivir, porque nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”.
Y como las cosas así planteadas quedarían demasiado claras, para contribuir al desconcierto general Milei rindió homenaje al papa Francisco, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento. En un raro ataque de modestia lo calificó como “el argentino más importante de la historia”, y lo evocó durante una breve ceremonia en el Santo Sepulcro en Jerusalén.
Durante su exposición en la Universidad Bar-Ilán el Presidente leyó el epílogo de su último libro, donde plantea al capitalismo como una maquinaria productora del paraíso. Y no se privó de algunos temas que lo deleitan, al estilo de mortificar al periodismo, calificar a Marx como “satánico”, o a Smith como “estoico”.
También descargó sobre la audiencia la idea de que la humanidad fue expulsada del paraíso (o sea, del capitalismo), pero “si obramos acorde a las leyes, el paraíso va a venir a nosotros”. Algo difícil de creer, aunque Milei golpeando la cabeza contra el Muro con lágrimas en los ojos, o bailando y cantando para Bibi y sus funcionarios, o declarando virtualmente una guerra sin pasar por el Congreso, venga desafiando toda credulidad.